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Cómo elegir los recuerdos de bodas

octubre - 2011

Dejar un detalle simple pero significativo para los invitados ha sido toda una tradición al contraer nupcias. Ese pequeño recuerdo es una forma de hacer perdurar la ocasión entre los familiares y amigos selectos.

El diccionario de la Real Academia Española describe como recuerdo al objeto que se regala en testimonio de buen afecto, el cual es conservado para recordar a una persona, circunstancia o suceso. En las bodas ese detalle se ha vuelto importante, aunque queda a criterio de los contrayentes la forma como desean hacerlo.

En las bodas europeas se distribuían dulces y regalos confeccionados con azúcar, para mostrar no solo el agradecimiento, sino también la riqueza y nobleza de la familia en cuestión. En nuestro país el único detalle que se acostumbraba regalar era un listón con algún adorno, el cual se colocaba como prendedor. En los años de 1960 cobran más relevancia porque se transforman en un regalito sencillo para que la nueva pareja sea recordada, y la artesanía es aprovechada para ese fin, prefiriéndose los diseños de palomas, candelabros, floreros o campanas, explica el historiador Miguel Álvarez, cronista de la ciudad.

Hace algún tiempo se puso de moda dar junto a la tarjeta de invitación, un recuerdo de boda cada vez más ostentoso y elaborado, afortunadamente esta costumbre ya no está vigente, pues en muchas ocasiones era tan costoso el regalo que la persona se sentía comprometida a devolverlo con otro presente de mucho valor, asegura Ruth de Rayo, experta en etiqueta y protocolo.

La costumbre de los recuerditos ha sido influencia directa desde México, donde son verdaderos expertos en manualidades. Debido a esto pueden encontrarse en aquel país almacenes completos dedicados a la venta de toda clase de artículos para elaborarlos, pedirlos por catálogo o comprarlos al por mayor. En general, casi todo lo que uno desea puede encontrarse en esos comercios, así como en revistas especializadas. También en Guatemala podemos encontrar este arte, en especial en locales de las calles del Centro Histórico.

En cuanto a su elección, de acuerdo con el gusto deben escogerse recuerditos delicados, pueden o no incluirse con la tarjeta de invitación, o bien distribuirlos en los puestos de las mesas del salón en donde se celebre la fiesta o recepción. Esto es lo que en etiqueta se denomina como una costumbre socialmente aceptada de acuerdo con las tradiciones locales, agrega De Rayo.

Creatividad moderna

La variedad de recuerdos pone de manifiesto la habilidad manual y la creatividad de personas dedicadas a estas labores tan especializadas. Cualquier técnica de manualidad es aprovechada para crear esas pequeñas obras que quedarán reservadas en los hogares de los invitados. Xiomara de Mendizábal, de la tienda Recuerdos Mary, sugiere que a la hora de elegir estos detalles es necesario tener en cuenta varios factores: disponibilidad económica, temática de la boda y tiempo para hacerlos. Ahora encontramos tiendas que ofrecen los materiales y los diseños terminados, la opción debe ser tomada en pareja con la asesoría de una profesional para no hacer gastos innecesarios.

En la actualidad está en boga la combinación de colores como el turquesa, fucsia y los tonos tierra, los cuales se mezclan con el tono predominante, que puede ser blanco o marfil. Resultan también funcionales los recuerdos tipo invitación, por ejemplo los diseños en vidrio en donde se insertan o se imprimen las invitaciones, vasos tequileros, pantuflas, broches o bolsos en miniatura con almendras, agrega De Mendizábal.

Maribel Pérez, maestra de Educación para el Hogar, sugiere recuerdos manuales y ecológicos, utilizando la técnica découpage, la cual se aplica muy bien en madera, botellas o platos, donde puede imprimirse la invitación. No pasan de moda las veladoras aromáticas, pero las de gel resultan ser más llamativas porque pueden combinarse con accesorios o productos alusivos a la ocasión.

Por Margarita Pacay

Fuentes: Maribel Pérez, maestra de Educación para el Hogar y experta en manualidades. Xiomara de Mendizábal, de la tienda Recuerdos Mary. Historiador Miguel Álvarez, cronista de la ciudad. Ruth de Rayo, experta en etiqueta y protocolo.

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