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Sinfonía Automática


Imbaluna, con su dimensión escultórica que recuerda a la luna menguante, es un útil sonoro que sedujo a Ana Carlos para filmar Sinfonía Automática.

La cinta Sinfonía Automática, es un resumen fantástico de la vida del compositor guatemalteco Joaquín Orellana. Parte del ciclo Caminos del asombro, es también muestra de que el cine guatemalteco experimenta un miniboom. Sus creadores, Ana Carlos y Guillermo Escalón, junto con Orellana, nos cuentan intimidades de la filmación.{{En Sinfonía Automática confluyen el expresionismo alemán, el simbolismo, la documental y el cine de ficción, amalgamados por medio de un guión escrito por Guillermo Escalón, su hijo Sebastián, la dirección de Ana Carlos y el apoyo de un equipo que incluyó a Ricardo Rodríguez (efectos especiales), René Sosa (fotografía) y Paulo Alvarado (organización de material sonoro).{{Pero el corazón de la cinta es la música, porque narra una historia que, a caballo entre la realidad y la ficción, intenta explorar el rico mundo interior de Joaquín Orellana y sus procesos creativos.{{Sin embargo, como sucede con frecuencia, los hechos tras bambalinas revelan con más detalle las motivaciones de sus creadores, cómo enfrentaron limitaciones y, en fin, cómo llevaron a buen puerto el proyecto en el que se habían embarcado.

La Muerte asiste a una explicación sobre el funcionamiento de uno de los útiles sonoros, obsesión y logro del personaje representado por Orellana, creado a partir de la estructura de la marimba.

La historia de Sinfonía Automática empezó, dice Ana Carlos, cuando ella y Joaquín Orellana viajaron a España en 1988 para montar un concierto del compositor en Madrid.{{³Desde entonces quedé seducida por sus útiles sonoros, porque fue un concierto de ellos, y creo que desde esa vez pensé en trabajar juntos. Me llamó la atención que llegara gente de toda Europa a escucharlo. No volví a ver la utilería sonora, sino hasta cuando se montó El gran lengua. Y de ahí lo planteamos como tema de Caminos del asombro², dice Carlos.{{Los útiles sonoros, instrumentos musicales inventados por Orellana, muchos de ellos inspirados en la marimba, son protagonistas importantes en Sinfonía automática, pues acompañan, como lo han hecho en la vida real, la trayectoria del personaje de la película.{De hecho, al finalizar la cinta se presenta la que, tal vez, sea la más compleja realización de efectos especiales en la historia del cine nacional.{{En esa escena se aprecia a una orquesta, de útiles sonoros, que tocan solos (el sueño del personaje representado por Orellana). Los movimientos de cámara, la luz de baja intensidad y el sonido de la orquesta misma, le confieren a esa parte de la cinta una atmósfera onírica que, a la vez, sirve como un clímax para el desarrollo del argumento.

"La película tiene un valor de documento y testimonio muy grande, es un homenaje a mi labor y, creo, es el primer trabajo que se ocupa de mí de una manera integral. "{Joaquín Orellana.
Los expertos

Escalón, por su parte, cuenta que Joaquín Orellana había transmitido sus ideas acerca de la automatización de sus útiles sonoros y que éstas coinciden con que la robótica también es un tema del expresionismo alemán (baste con recordar Metrópolis, de Fritz Lange).{{³Con la automatización², dice Ana Carlos, ³Ricardo Rodríguez hizo un trabajo estupendo, pues concibió cómo mover los instrumentos sin que se vieran los complicados mecanismos².{{³Para realizarla, dice Escalón, se recurrió a diversas técnicas, como motores e hilos de marioneta, pero lo importante es que la escena provino de un hallazgo que se concretó por medio de una operación nada gratuita y bien organizada. Es más, de ahí surgió el título de la cinta².{{Esa planificación cuidadosa viene, como sucede con casi todas las películas, del guión, escrito por Escalón -como ya se dijo- y su hijo Sebastián, apoyados en una obra de Orellana, el Violín Balsante, un drama musical. {{³Leyendo el Violín Balsante surgieron las ideas para hacer la fotografía, y buscando documentación e inspirados en la música contemporánea y el cine expresionista alemán, que nace de la mano de la música de compositores como Berg, Webern y Schoenberg, quisimos que la fotografía tuviera referencia a esa época², dice Escalón. {{Y sigue con que ³algunas escenas, como cuando Orellana va subiendo las escaleras del Teatro Nacional, recuerdan mucho a Nosferatu, de F.W. Murnau, y en general a la idea del romanticismo que pintaba al artista, nacido de la búsqueda de un ideal absoluto, como alguien inadecuado a la realidad. Esta idea también fue retomada por el expresionismo alemán. En cuanto a la estética de la cinta, está amarrada a su vez a la música contemporánea²{

El equipo de filmación posa en el cementerio de La Antigua Guatemala, durante un breve descanso.
La saga del artista

Aunque una película siempre es una experiencia única, tanto por Carlos como por Escalón, veteranos del Séptimo Arte, corre savia cinematográfica desde hace rato.{{En cambio, para Orellana filmar era novedoso, un reto, que le implicó ³improvisar en la película por medio de una confluencia de elementos, pero me motivaron las circunstancias².{{Por otra parte, el compositor afirma que su actuación ³estimuló mi imaginación, pues se trataba de un personaje inquisitivo del que no se sabe si es real o irreal².{{Pero no fue tan fácil, pues Orellana dice que dudó cuando se planteó la oferta, aunque los productores le aseguraron que no tendría que aprenderse nada de memoria.{³Una noche², dice Carlos, ³Joaquín de veras hizo un esfuerzo².{{³Lo que sucedió², acota Orellana, ³es que enfermé, me dio gripe la noche en que filmamos en esa mágica esquina del conservatorio². ³Lo tuvimos que arropar como a un niño², confirma Carlos, ³mientras no estábamos rodando².{{³Fue una suerte que no me diera pulmonía, tal vez porque me consiguieron un ron puro y por él se me aclaró la garganta y las ideas me brotaron con más espontaneidad².{{³Fue una experiencia muy nueva y distinta a las que he tenido en el mundo de la música, nunca había experimentado representar a alguien frente a las cámaras, con luces y todo el resto del equipo. Para mí fue algo emocionante trabajar con gente de cine, llena de energía. Me sentía como en una situación extraña, nunca había sido objeto de tanta atención en cuanto a mi labor artística. A veces me sentía como que no merecía tanto, a veces me parecía que no era cierto y otras me quedaba asombrado porque hubiera ocurrido esto. La película tiene un valor de documento y testimonio muy grande, es un homenaje a mi labor y, creo, es el primer trabajo que se ocupa de mí de una manera integral². Así resume su experiencia Orellana.

Las secuelas

Por supuesto, esta producción no pasó inadvertida. Al gran público, a juzgar por muchos comentarios escuchados, le encantó. En cuanto a la crítica especializada, la reacción fue muy variada, hubo quien la apreció y quien la denostó.{{³Han sucedido fenómenos curiosos, pienso que tiene diferentes efectos en la gente, según el estrato social, por ejemplo, fui a realizar un trabajo a Puerto Barrios del cual regresamos a las tres de la mañana, allá un obrero me reconoció y me felicitó², recuerda Orellana.{{Cuando caminaba por ³el Mercado Central, una señora con sus niños se acercó corriendo porque éstos me habían reconocido. Por donde vivo, un ambiente casi rural, un niño muy pequeño me preguntó si inventé la marimba. Y en una aldea, una niñita nos esperaba porque quería conocer al hombre que transformó la marimba², dice Orellana.{{Parte de este éxito mediático se debió a que la cinta se transmitió por televisión, pues si se hubiera limitado a las salas cinematográficas, como dice Escalón, se habría confinado a un grupito de cinéfilos, tipo club.{{También se expresaron comentarios negativos, como alguien de la Sinfónica quien dijo que esa es la marimba de Rambo (refiriéndose a la versión modificada por Orellana, que se ve en la cinta), ³porque Rambo todo lo hace leña².{{Al respecto, Joaquín Orellana explica que ese comentario surge ³porque los músicos somos muy retrógrados, debido a que la música es el arte más instintivo que existe, y por eso el músico muchas veces se queda ignorante, a diferencia del escritor quien debe cultivarse mucho más².{{Además, Orellana comenta que hay un poco de desconfianza y recelo porque ³la otra música que hago sí la entienden. Lo mismo sucede con el cine, la otra gente que hace cine en Guatemala no nos ha llamado para decirnos nada, silencio...², aporta Escalón.{{Y esa es la metáfora de Imbervalt, un país que en la cinta no acoge a sus artistas, claro, porque Imbervalt viene de imberbe, pues cultiva un arte encallado en otra época. Muchos músicos no entendieron esa metáfora, incluso me señalaron que no recordaban que me hubieran echado de la orquesta, algo que sólo le sucede al personaje ficticio de la película, concluye Orellana.

¿Quién es Joaquín Orellana?

Joaquín Orellana Mejía nació en Guatemala y desde su infancia dio muestras de inteligencia precoz. Su primer interés, apoyado por sus familiares, fue la creación de un laboratorio de química. Sin embargo, al llegar a la adolescencia se tornó rebelde y trocó aquel primigenio interés en la ciencia por la música. Decidió ingresar al Conservatorio Nacional de Música, en donde eligió un instrumento, especialmente difícil, el violín. Su obra ha sido escuchada por públicos internacionales y, en 1979, recibió un galardón en Bourges, Francia, por Rupestre en el futuro, en la rama de música electroacústica analógica. Sus creaciones se definen como paisajes sonoros, muchos de los cuales plasman las percepciones que han dejado en Orellana los entornos urbanos. Entre sus otras obras se cuentan: Humanofonía, de 1971; Malebolge, Entrope y Asediado-asediante, de 1972; Itero-azul, 1973; e Imposible a la x, de 1979. En 1992 obtuvo el Premio Internacional Sound Celebration II, concedido en Louisville, Kentuky, oportunidad en la que el crítico estadounidense Andrew Adler, escribió, ³Híbrido a presión (la pieza ganadora) presentó objetos ordinarios que producen sonidos extraordinarios...². Su obra, en ocasiones, ha reflejado también el interés del autor por la política, tal como la recordada Cantata dialéctica.

Sinopsis

Sinfonía Automática sucede en un país imaginario, Imbervalt, donde a los artistas de vanguardia les es difícil ser aceptados por esquemas académicos caducos, representados por un director de orquesta tirano. Joaquín Orellana desarrolla muchas de sus ideas sobre la plástica y sobre su búsqueda por mejores útiles sonoros, por medio de diálogos sostenidos con un misterioso personaje (Herbert Meneses), identificado en los créditos como la Muerte.

{{Por León Aguilera Radford y Claudia Navas Dangel.{Fotografías: Caminos del asombro.

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