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Arte terrenal y trascendente


Para Denis Leder (New Jersey, Estados Unidos, 1946) el camino no ha sido fácil, pero lo ha llevado a buscar un nuevo lenguaje para expresar el núcleo común entre el arte y la religión: la esperanza.{{Babel está sobre un escritorio. Es una escultura en hierro pulido desarrollada a partir de los sólidos platónicos alrededor del número Fi, o áurea proporción. Pero al mismo tiempo podría simbolizar las siete etapas de la creación, según la narración bíblica. Así es el trabajo de Denis Leder, multidimensional, rico en simbolismo, de extraordinaria factura e indicio de una búsqueda que quiere encontrar un metasignificado en lo cotidiano, así como influjos invisibles sobre lo común. Nadie mejor que él para iluminar su trabajo y, de paso, para contarnos quién es, de dónde viene y hacia dónde quiere ir.{{¿Qué recuerda de su infancia?{Soy un ³babyboomer². Nací y crecí en un ambiente de suburbios. Desde mi cuarto de infancia veía los rascacielos de Nueva York, pero casi nunca íbamos allá a pesar de que estaba a sólo 20 minutos de viaje. {{¿Cómo era su entorno familiar?{De niño nunca supe de arquitectos o artistas, ni visitábamos museos, aunque mi abuela paterna pintaba y un hijo suyo hacía escultura. A mi papá le gustaba hacer películas y pintar, venía de una segunda generación de alemanes de Alsacia. Pero mi abuela pensaba que lo mejor para sus hijos era llegar a ser profesionales, no artistas. Mi tío era ingeniero y estudió en la Escuela de Ingeniería Cooper Union. Posteriormente me di cuenta de que trabajaba en el Proyecto Manhattan. Mi papá era abogado.{{¿Desde cuándo pinta?{Desde pequeño. Dibujaba edificios modernos, de cemento ondulado, colocados al lado de barrancos, al estilo futurista, en lugares precarios.

¿Cuáles fueron sus primeras impresiones del arte? {Entré a los jesuitas a los 18 años y alguien, no recuerdo quién, me dijo que ser jesuita y artista era posible. Durante mi noviciado tuve la oportunidad de visitar, por primera vez en mi vida, el Museo Metropolitano de Nueva York. Recuerdo que fui a la sección del siglo XX para ver las obras modernas. De ellas tengo presentes Ritmo de otoño, de Jackson Pollock, y Lunes de Resurrección, de Wilhelm de Kooning. También una escultura de mármol rosado creada por Isamu Nooguchi.{{¿Dónde estudió arte?{Como no tenía obra que mostrar, no me aceptaron en la escuela de arte, pero estudié con Donald Kunz, un pintor de Nueva York, durante tres años e iba cada semana a las galerías y a los museos. Así aprendí. Pero lo que me llama la atención es que yo sabía que si se me daba la oportunidad podría contribuir con algo, a pesar de que no tenía nada todavía. Después estudié Teología y di clases en la universidad jesuita Holy Cross. Ahí, una compañera me aconsejó tomar el curso independiente del Museo Whitney.{{¿Fue difícil entrar a esta institución?{Sólo aceptaron a seis artistas y a seis historiadores de todo el país, y a mí porque la recomendación de la compañera me abrió las puertas. Esa estancia sí me cambió. Cada semana llegaba gente importante a dar clases. Por ejemplo, el compositor Phillip Glass llevó su Einstein on the Beach, y la filósofa Sussan Sontag llegaba a dictarnos conferencias.{{¿Qué le dejó la feminista Sontag? {Ella me impresionó cuando nos preguntó, ¿por qué tenemos que hacer sólo una cosa, cuando el ser humano tiene capacidad para hacer muchas? Era una gran filósofa e inteligente. Empezaba a escribir novelas y a incursionar en el cine.{{¿Cómo llegó a Guatemala?{Durante 1976 estuve en el Whitney y en Nueva York me quedé hasta 1985. Sin embargo, un año antes vine a Centroamérica con un amigo, el activista y poeta Daniel Berrigan. Junto con un periodista visitamos El Salvador y Nicaragua. Sólo quería estar un año aprendiendo lo que pasaba. Pero sentí una energía positiva y ofrecí quedarme para ayudar a los refugiados. Acudí al servicio jesuita y me vine para estudiar español. Después pasé más de cuatro años en Honduras con refugiados salvadoreños, la cual fue una experiencia inolvidable. Pero dejé el arte por más de 10 años.

¿Cuándo retoma su faceta artística?{Acá en Guatemala. En 1995 tuve mi primera exposición, con miedo de haber perdido el hilo porque durante esa década no tuve estudios y mi trabajo me impedía hacer arte.{{La vena mística, ¿de dónde le vino?{Tengo dos tíos sacerdotes, porque por parte materna somos irlandeses. De pequeño también tenía inclinación por lo ritual y lo sagrado. Henry Matisse cuenta en su libro algo semejante, porque arte y religión se involucran con la esperanza. Hacer arte implica que uno por lo menos tiene un granito de ella en el proyecto humano, porque si no, no tendría valor crear objetos sin utilidad.{{¿Relaciona su arte con la fe?{De alguna forma busco la relación de Dios con la Naturaleza, por medio de los sólidos platónicos y el número Fi o áurea proporción. Por ejemplo, Babel está construida sobre la proporción áurea y la progresión de Fibonnacci. Lo que me interesa es encontrar un nuevo lenguaje, porque el tradicional está muy desgastado y se ha vuelto sentimentalista. En esta muestra titulo una obra Adán y Eva, porque representa a los cromosomas del hombre y de la mujer, junto con los símbolos de nacimiento, muerte e infinito. Es como un cuadro universal. En la primera sala hay tres esculturas que he llamado Trinidad, porque son variantes de un mismo tema. La primera es el esqueleto, la segunda son los planos, y la tercera el contenido.{{¿La Trinidad teológica?{Los teólogos han discutido el sentido de la Trinidad por siglos, pero no quiero decir que se trata de una obra religiosa, sino de una que presenta la misma sustancia en tres cuerpos diferentes. En cierta forma es una reflexión sobre verdades importantes, pero sin trivializarlas.{{¿A qué apuesta con respecto al observador, qué desea despertar o transmitirle?{Transmitir tal vez no, porque ni yo sé qué quiero comunicar. Me limito a presentar mi fascinación por ritmos rotos, precariedad y belleza no convencional. Me gusta que las obras no sean bellas en la forma tradicional. Este es el espíritu de los siglos XX y XXI, una contradicción continua. No estamos en una época de mucha claridad y positividad, sino en una de confusión. Pero yo creo que de ella nace la esperanza, como dice en Esperando a Godot, Samuel Beckett, un trabajo casi religioso sobre el aislamiento del ser humano, pero fundamentado en el amor.{{¿Cuáles son los elementos básicos de su trabajo?{Específicamente tomemos los sólidos platónicos. Me atraen porque Platón consideraba que contenían la totalidad de la armonía del Universo. Amontonar unos sobre otros para crear el caos es el tipo de truco que me interesa, porque a partir de su armonía vemos el caos que para mí tiene sentido de lo divino. Y esencialmente creo que lo supremo es benévolo, ya que promueve evolución y armonía, aunque existan momentos de desequilibrio o reajuste. El universo mismo nos enseña esos instantes caóticos que demuestran la maravilla del proyecto divino. Lo que me interesa es llegar a esa experiencia y estar rodeado por ella.

{{Foto: Jorge Morales.

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