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Crista* es la mejor amiga de Carlitos*. Él dice que ella es su novia y cuando sean grandes se van a casar, comparte con ella las galletas de chocolate que su mamá le da para la refacción y se ha empeñado en invitarla a la celebración de su cumpleaños. ¿Es eso amor? {{* Nombres ficticios.{{Para algunos padres es gracioso que sus hijos confiesen sentirse atraídos por una niña o sus hijas por un niño, mientras otros lo toman con cierto recelo. Y no faltan los que, por la ausencia de palabras, no han reparado en la atracción sexual que se esconde tras el rostro ruborizado, las risas, los berrinches y las manos frías bañadas en sudor del pequeño ante su amor platónico.{{Pero no hay por qué alarmarse, pues esta primera ilusión, de la que los menores ni siquiera están conscientes, responde a un proceso normal de crecimiento, en el cual se pasa de la etapa anal (de uno a dos años y medio) a la fálica, explicadas por Sigmund Freud. De acuerdo con Sonia Melville, psicóloga para niños, en esta fase los menores se hacen muchas preguntas en relación al sexo y descubren las diferencias entre hombres y mujeres.{{Aproximadamente de los tres a los cinco años el lenguaje es simbólico y hasta los 10 u 11 años los menores no tienen una idea concreta de lo que es un noviazgo. “Es una cuestión de adaptación social, siguen los modelos de papá y mamá cuando se dicen cosas y se abrazan, o imitan lo que ven en una novela o película”, explica el psicólogo Alejandro Mena.{{De acuerdo con la experiencia clínica de Melville, estos casos también son muy comunes en hogares desintegrados, donde los niños observan la conducta del padre con una novia o la madre con su nueva pareja. Por eso podría considerarse que la conducta del hijo, al inventar un noviazgo, puede ser por una necesidad de afecto.{{Está comprobado que la conducta de los padres influye en la forma como los niños se expresan y actúan con otras personas. “Si el verdadero amor no se demuestra en casa, el niño adquirirá ideas falsas acerca del amor por medio del cine, las novelas o las revistas”, cita John Drescher en su libro Siete necesidades básicas del niño.{{
Ser padres y ser amigosLa forma en que los padres reaccionen en estos casos es determinante. Si la familia, en la cual cuentan también los hermanos mayores, ofrece un buen ejemplo y maneja la situación con madurez, la experiencia puede ser lo más satisfactoria, beneficiando al niño en la socialización con personas de otro género.{{La situación debe aprovecharse para hablar con los niños sobre las diferencias entre hombres y mujeres, el noviazgo, el amor y el matrimonio. Los regaños o castigos pueden hacer que el infante crezca con temor y en el futuro tenga dificultad para relacionarse con personas del sexo opuesto.
La actitud más recomendable para los padres es “tomarlo con naturalidad y referirse a la otra persona como “tu amiga” o “tu amigo”, para quitar de la mente al niño la idea del “noviazgo”, dice Melville. No hay que hacer mucha gracia al respecto ni molestarse por un comportamiento que es provocado por imitación. No existe total comprensión de la situación y desaparece con el tiempo.{{Alrededor de los seis y siete años los niños experimentan la etapa de lactancia, durante la cual rechazan a las personas del género opuesto, toma mayor importancia la necesidad de aceptación y pertenencia a un grupo de amigos, y la energía sexual se dirige a otras actividades como el estudio. Aunque en pocos años pasarán a la pubertad y adolescencia, por lo que volverán a experimentar una etapa de fuerte atracción física. {{Siempre y cuando no haya señales de un comportamiento sexual no correspondiente a la edad del niño, los padres deben tomar el supuesto noviazgo con naturalidad. De lo contrario, es necesario averiguar con qué personas se relaciona el menor y qué tipo de actividades realizan. Melville también sugiere que esta es la edad apropiada para hablarles de sus partes íntimas y el respeto a su privacidad. {{También se indica hacer un análisis de los programas de televisión que ven y los ejemplos que reciben de otras personas mayores, de manera que esta etapa de ilusión inconsciente tenga un desenlace que favorezca su madurez.{{
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Es normal que entre los tres y cinco años la niña sienta una profunda admiración por su padre o por un niño mayor; mientras que los niños se sienten atraídos por su madre, maestra o la persona que los cuida, lo cual se conoce como el complejo de Edipo en los varones y de Electra en las mujeres. {{Este complejo, señalado por Freud, es “el conjunto organizado de deseos amorosos y hostiles que el niño experimenta generalmente respecto a sus padres”, explica la psicóloga Ana Marcela Villalobos Guevara. Para el psicólogo Alejandro Mena, esta atracción responde a una admiración por las características de la persona mayor, la idealización de la figura paterna o, en el caso de los varones, de la mujer atractiva y afectuosa, casi perfecta.{{Una resolución favorable de esta situación permite que el infante comprenda que no puede competir con el adulto por quien siente admiración. Lo ideal es que se identifique con el género al cual pertenece. Este tipo de atracción, así como la relación existente entre el padre y la madre, son significativos en el comportamiento futuro del menor cuando establezca sus propias relaciones de pareja, concluye la psicóloga Sonia Melville.
Alejandra Cardona {Fotos: Julieta Ordóñez y servicios {{Fuentes: Psicólogos Sonia Melville. Alejandro Mena. {Siete necesidades básicas del niño, Editorial Mundo Hispano. www.binasss.sa.cr. Modelos: Gabriela María Alvarado Monzón y Erick Emanuel Rivas Monzón.{