ico Niños

Me siento solo

febrero - 2006

Si constantemente observas en tu hijo actitudes rebeldes, agresivas o depresivas, podrías tener en casa un niño que sufre de soledad y necesita de manera urgente tu atención. {{Todas las tardes, la historia parece repetirse para Rosario: al volver a casa después de trabajar ocho horas como asesora de relaciones públicas, es recibida por su hija María Fernanda con un berrinche. “Se había portado bien... hasta que llegó usted” repara la empleada de la casa quien se encarga del cuidado de la niña de ocho de la mañana a seis de la tarde. {{Con sólo tres años de edad, María Fernanda no puede entender lo que siente; al principio parece alegrarse por ver a su madre de nuevo, pero un insignificante incidente basta para que la alegría se torne en pataleta. Más que un intento por llamar la atención, las actitudes rebeldes o agresivas suelen ser reflejo de los sentimientos de soledad y frustración que un niño experimenta, explica Ileana de Morales, psicóloga clínica. {{Situaciones como la descrita se vuelven rutina para muchos padres que trabajan fuera de casa y dejan a los hijos bajo el cuidado de abuelos o empleadas. Sin demeritar la buena labor de muchos abuelos y niñeras, De Morales señala: “Si un niño se siente abandonado por sus padres, crece con un vacío existencial y esto lo puede llevar a la depresión, e incluso al suicidio”.

Daño permanente

En opinión de Fredy Ávila, consejero familiar, la soledad es un veneno mortal para el futuro de un niño. El asunto, dice, no es discutible en términos de recursos económicos, sino que debe ser analizado desde la perspectiva de los valores bajo los cuales se desea formar a los hijos. “Al menos durante los primeros seis años de vida, ningún niño debería conocer la soledad”, apunta, aludiendo la ausencia física de los padres. {{En el libro El niño de 6 a 13 años, un grupo de investigadores enumera algunos efectos de la falta de una relación afectiva permanente del niño con los padres o, al menos, con uno de ellos: puede sufrir retrasos en su desarrollo físico, sus capacidades de integración social y el lenguaje. En el mismo sentido, Rose Vincent declara en el texto Conocimiento del niño, que, al crecer entregados a niñeras o a sí mismos, los niños no tienen puntos de referencia en la vida ni bases suficiente que puedan garantizarles un sentimiento de seguridad y “corren el riesgo de ser, más adelante, personas gravemente inconsistentes”. {{Además del trabajo de los padres fuera de casa, De Morales cita como fuente generadora de sentimientos de soledad para los niños, un mal manejo de la llegada de un hermano y del inicio de la vida escolar. “En ocasiones, el primer hijo pide un hermanito porque quiere tener alguien con quien jugar, pero cuando llega se siente desplazado”, explica. Esta sensación de abandono puede reflejarse en regresiones tales como la pérdida del control de esfínteres - evacuaciones orgánicas. {{El ingreso al colegio, aunque supone también el inicio de la vida social, representa para algunos niños un nuevo conflicto relacionado con la soledad. “Puede estar rodeado de compañeros, pero si desde el principio no encuentra a alguien con quien establecer una relación de amistad, se siente solo y se aísla”, refiere De Morales, quien reconoce que la franqueza de los escolares puede conducirles a actitudes de crueldad y discriminación. {{

Bases firmes

Ávila cita tres bases que constituyen el cimiento de la personalidad del niño y que deben ser atendidas por los padres desde los primeros años de vida del infante. La primera de ellas es la autoconfianza que se fortalece con amor y aceptación: “Toda expresión de amor es un poderoso vigorizante para su estabilidad emocional”, anota.{{La segunda base es la independencia que surge del equilibrio entre libertad y disciplina. “Ambos extremos son dañinos: la excesiva libertad produce niños con una conciencia sin valía; la excesiva disciplina, niños exasperados”. Finalmente, señala, debe motivarse la iniciativa del niño mediante el estímulo y desarrollo de sus dones y habilidades naturales. “Llegará el momento cuando el niño tendrá que enfrentar la soledad, pero, para entonces, estará capacitado”, concluye. {{Lecturas recomendadas{Cómo entender a su hijo{T. Berry Brazelton{Grupo Editorial Norma{{{La generación desconectada {Josh McDowell {Editorial Mundo Hispano

Conexiones duraderas

Los sucesos violentos en escuelas de Estados Unidos motivaron a Josh McDowell para emprender una investigación, cuya síntesis se presenta en el libro La generación desconectada. En éste, el autor sugiere puntos de conexión que los padres pueden reforzar para evitar que sus hijos crezcan sintiéndose solos. {{1. Reafirmación. Se logra amándolos por lo que son, no por sus acciones. Esto significa, a pesar de sus equivocaciones. {{2. Aceptación. Es preciso hacerle sentir amado y seguro, no dar por sentado que se siente así. Este es un trabajo de tiempo completo. {{3. Aprecio. Es dar un sentido de significado al niño. “Trata de descubrir a tu hijo haciendo algo bueno y alábalo por ello”.{{4. Afecto. El niño se beneficia cuando los padres son afectuosos como pareja -se abrazan, se besan y se expresan interés mutuo-. También exprésese de manera directa: verbal y físicamente. {{5. Disponibilidad. El tiempo es clave. El niño interpreta su grado de importancia para el padre en términos del tiempo que éste le dedica. {{6. Rendir cuentas. Además de reafirmación, aceptación, aprecio, afecto y disponibilidad, un sistema que permita al niño aprender y madurar, debe incluir reglas. {

Lili Beteta{{Fuentes: Psicóloga Ileana Alfaro de Morales, consejero familiar Fredy Ávila. {

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