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Amor y disciplina, la fórmula ideal

mayo - 2006

Durante más de 30 años el pediatra norteamericano Benjamín Spock luchó contra los modelos antiguos de crianza infantil, que consideraban el castigo como el mejor medio para formar buenas conductas. Su propuesta de un sistema más relajado y permisivo se propagó por medio del libro Tu hijo, del cual vendió más de 50 millones de copias en más de 40 idiomas. Según sus detractores, Spock estropeó toda una generación con ideas que fueron caldo de cultivo para el movimiento hippie que conmocionó al mundo en los años 60 con su ideología de amor libre, drogas y poco respeto a la autoridad. {{De acuerdo con los expertos, la crisis generacional que en la actualidad se vive en muchos países del mundo no obedece a las propuestas de un autor, sino a la ausencia de valores y sentido de responsabilidad de los padres. La clave para retomar el cauce no se encuentra en la aplicación de castigos brutales e impositivos ni en la ausencia total de corrección, sino en la implementación de un sistema equilibrado que requiere paciencia, autocontrol y mucho amor. {{“La disciplina es necesaria para que nuestros hijos tengan éxito y es un proceso que dura toda la vida”, señala Lilian Morales de Alfaro, psicóloga clínica. “Disciplinar es enseñar; la corrección es parte de la disciplina y el castigo una forma de corregir”, agrega. De acuerdo con De Alfaro, la disciplina abarca cuatro etapas:{{1. Instrucción: los padres explican al niño lo que debe y lo que no debe hacer. {2. Entrenamiento: entrenan al hijo en la práctica de lo que se le pide hacer. {3. Advertencia: exponen las consecuencias de no hacer lo que se le pide y de hacer lo que se le ha prohibido. {4. Corrección: ésta puede ser verbal, física o apelar a prácticas tales como el “tiempo fuera” y los premios y restricciones. {{

Los expertos aconsejan no imponer a los niños nuevas reglas sin antes explicarles la razón de éstas y las consecuencias de no respetarlas.
Los primeros años

“Lo mejor para las primeras etapas son las caricias, las palabras positivas, miradas y besos, porque significan mucho; el niño aprende a obedecer simplemente por la aprobación de los padres”, anota De Alfaro. La psicóloga aconseja aplicar, de ser necesario, un castigo físico moderado para enseñar al niño las consecuencias de la desobediencia: “Entre los 6 y 8 meses comienza a golpearle la cara a mamá con las manos; se le puede tomar la manita y darle un golpecito con los dedos; es posible que llore, no de dolor, sino porque no lo espera, pero irá entendiendo que no debe hacer eso”. {{El Larousse de los Padres expone que desde el primer año de vida un niño es capaz de ser dominado por la ira, pero es a partir de los 18 meses cuando se inicia en las rabietas, una manifestación del conflicto que vive entre el deseo de independencia y la necesidad de mantenerse unido a sus padres. El libro sugiere mantener la calma, tratar de distraerlo, consolarlo y explicarle las presumibles causas de su enojo.{{En esta etapa deben establecerse límites, pues una libertad demasiado grande asusta al infante y lo empuja a “provocar prohibiciones”. También es necesaria una actitud consistente por parte de ambos padres respecto de las reglas. {{

Después de los tres años

Si los padres han ejercido autoridad con serenidad y han establecido límites, en este momento el niño sabe que hay cosas permitidas y cosas prohibidas. “Después de los tres años, entiende y razona lo que se le dice”, explica María Eugenia Silva, psicóloga educativa. Esto permite que la advertencia y la corrección verbal sean más efectivas.{{El método de premios y restricciones puede aplicarse en esta fase cuando el niño ha desarrollado especial afición por la televisión y los juegos. Cuando hace algo indebido puede restringírsele el acceso por unos días. Los premios, dice De Alfaro, son un buen estímulo para forjar conductas que representan mayor dificultad para el infante. “Podemos decirle: ‘si sigues haciéndolo así -correctamente- toda la semana, vas a ganar un chocolate’. También podemos hacer un cuadro y premiarlo con estrellitas”, agrega. Los premios materiales deben ser de poco valor económico, de manera que el niño comprenda que esto no es lo importante, sino lograr la meta. {{Silva y De Alfaro coinciden en que “la paleta” aplicada sin ira y con explicación previa, puede ser útil, mientras no sea algo cotidiano. Este debe ser el último recurso y, si se aplica, no debe haber más de tres advertencias ni más de tres paletazos. Es preciso evitar el uso de otro instrumento que no sea una paleta y golpearle en otra parte que no sea los glúteos. “La madre o el padre deben estar seguros de que el niño conoce la razón del castigo y recordarle que se le advirtió”, dice De Alfaro. {{“La figura de autoridad tiene que estar muy consciente de su relación con el niño y detenerse si tiene un impulso agresivo, porque puede causar un daño permanente”, advierte Silva. “Debe preguntarse ‘¿Qué siento? ¿Creo que me está retando, tengo ira o deseos de imponerme por la fuerza?’”. {{El Larousse de los Padres sugiere no imponer al niño nuevas exigencias sin explicárselas, establecer reglas básicas y ser indulgentes respecto de las demás. {{

Después de los seis años

Aquí se ha iniciado la vida escolar durante la cual el niño debe respetar normas y aprender a convivir en grupo. “Después de los siete años, el castigo físico es una ofensa muy grande y no es necesario si se ha trabajado bien en las etapas anteriores”, anota De Alfaro. En esta fase, agrega, es más conveniente aplicar el “tiempo fuera”, así como los premios y restricciones. {{El tiempo fuera puede utilizarse desde los cinco años y consiste en aislar al niño, tras haber cometido una falta, en un lugar de la casa para que medite acerca de lo ocurrido. “Según la edad, pueden ser de 15 a 20 minutos; después, la madre o el padre debe tomarse el tiempo para dialogar con él, asegurándose de que entiende por qué su actuación fue incorrecta y dándole oportunidad de expresar su intención de no volver a hacerlo”, explica De Alfaro. “Se le puede preguntar ‘¿cuál castigo te vas a poner a ti mismo?’, así se irá autocorrigiendo”. De acuerdo con Silva, el “tiempo fuera” también permite a los padres tranquilizarse y hablar serenamente con el infante. {{Silva aconseja fomentar la autodisciplina permitiendo que el niño realice tareas tales como ordenar su ropa, sus juguetes y sus útiles escolares. No obstante, advierte, deben evitarse las expectativas demasiado altas que suelen responder a frustraciones de los padres y que son difíciles de cumplir, en especial, en el área académica. {{A medida que crece el niño debe ser más responsable y autodisciplinado. Sin embargo, no debe tener la impresión de que le dejan hacer lo que desea porque han perdido interés debido a que es mayor; destaca el Larousse de los Padres: aún en la adolescencia “su libertad sigue bajo la responsabilidad y supervisión de los padres”. {{Lili Beteta{Fuentes: Psicóloga clínica Lilian Morales de Alfaro. Psicóloga educativa María Eugenia Silva. Larousse de los Padres. webislam.com. Modelos: Jessica de Sumich y Nicolás Sumich, de agencia Choices and Options.{

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