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Un mensajero del techo del mundo

julio - 2006

Dagri Rinpoche, leemos en el sitio oficial de la Fundación para la Preservación de la Tradición Mahayana, “es la reencarnación de Pari Dorje Chang, quien fuera uno de los grandes geshes de Lasa y maestro de muchos lamas, incluyendo al lama Yeshe...”.

Reencarnación, geshes, Lasa.  Palabras extrañas para el común de los occidentales, pero familiares para quienes estudian de este lado del mundo las enseñanzas milenarias de los lamas tibetanos, país hoy ocupado por China, cuya historia, de mediados del siglo XX para esta fecha, se acercó al gran público gracias a películas como Siete años en el Tíbet, de Jean-Jacques Annaud, con Brad Pitt, o El pequeño Buda, de Bernardo Bertolucci, con Keanu Reeves y Bridget Fonda.

Gracias a Casa Tíbet, Dagri Rinpoche llegó a Guatemala desde Estados Unidos, donde estaba de visita.  Al verlo el saludo fue gestual, pues la entrevista se hizo por medio de la intérprete mexicana Karen Molina, quien tradujo del tibetano al español.

Dagri Rinpoche nació cerca de Lhasa,  capital de Tíbet, en 1958 y creció durante un período convulso de la historia de China, la Revolución Cultural que arrasó con templos, monasterios e incluso con algunos de sus más preciados manuscritos con el fin de cambiar la cultura tibetana hacia una cosmovisión materialista.

Una de las creencias más arraigadas en Oriente es la reencarnación.  A través de los siglos los lamas desarrollaron un sistema que les permite seguir a un maestro a través de sus distintas encarnaciones y Dagri es uno de ellos.

Cuando fue reconocido como la reencarnación del lama Pari Dorje Chang y quiso regresar a su templo, lo encontró destruido por los chinos, quienes lo enviaron a trabajar en una mina de carbón recién abierta.  “Muchos tibetanos murieron allí”, recuerda, sin perder su aspecto afable.  Allí abundaban los analfabetas por lo que él aprovechó para alfabetizar a los que pudo.


“...deseaba beneficiar a todos los seres y ellos me obligan a no matar ni mentir, sino sólo a luchar por el bien”.

Cuando tenía 25 años escapó a India para poder completar sus estudios y18 años después obtuvo el grado de Geshe Lharampa, que lo califica para enseñar los sutras (las escrituras) y el tantra (una práctica común a muchas religiones de Oriente).  Esta formación equivale a los estudios universitarios de un teólogo y decidió tomar los votos de monje, porque “sentí que deseaba beneficiar a todos los seres y ellos me obligan a no matar ni mentir, sino a luchar por el bien”.

Su amistad con el Dalai Lama, el actual líder espiritual del Tíbet, data de la infancia.  Esta cercanía al máximo jerarca indica que se trata de una persona de alto rango.  Cuando completó sus estudios, el Dalai Lama le pidió que se dedicara a extender las enseñanzas tradicionales.

El día de Dagri empieza a las cuatro de la madrugada.  Después del aseo personal realiza ejercicios y medita con mantras (sonidos repetitivos), recita oraciones y hace cien postraciones.  En total, la práctica le toma hasta las diez de la mañana, pero a veces termina a las nueve, dice con una sonrisa.  También los retiros son importantes.  Estos períodos de aislamiento, que pueden durar hasta varios meses, le sirven para interiorizar el conocimiento.

Guatemala goza de libertad, dice.  No obstante, aquí no se vive con paz por la falta de seguridad y por eso debe desarrollarse un buen corazón por medio de elevar la mente de cada individuo.  “Si esta técnica ha funcionado en otras sociedades deberá funcionar en este país”, concluye mientras se prepara para dictar una de las varias conferencias queofreció durante su corta visita a esta tierra.

León Aguilera Radford

Para más información visite www.casatibetguatemala.org y www.fpmt.org

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