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| La mortalidad relacionada con el embarazo y el parto es de dos a cinco veces más alta entre las mujeres menores de 18 años de edad, que entre aquellas entre 20 y 29 años. |
Pese a las consecuencias físicas, emocionales y económicas que acarrea un embarazo anticipado, en el año 2000 la tasa de fecundidad de guatemaltecas entre 15 y 19 años era de 123 por cada 1000. El fenómeno se presenta como resultado de la falta de educación sexual, violencia intrafamiliar, desintegración de hogares y pobreza en general.
Empezaba un nuevo ciclo escolar y Wesly estaba lista para cumplir con las demandas escolares. Iba a cursar segundo básico, pero nunca imaginó que pasaría el año enviando las tareas por correspondencia y, de igual manera, recibiría las lecciones nuevas. Al mismo tiempo, el inevitable crecimiento de su vientre anunciaba la llegada de un nuevo ser.
Historias como la anterior se repiten constantemente en un país donde de cada 100 mujeres embarazadas, 12 se encuentran entre los 15 y 17 años de vida, y más del 30 por ciento no pasa de los 19. Una de las principales causas de este fenómeno es la falta de educación sexual que debe empezar en el hogar y en la etapa de la niñez. “Enseñar a los hijos desde los cinco o seis años, cuáles son los programas de televisión que puede ver y cuáles no son buenos para él o ella como persona, es un ejemplo de ello”, sugiere Mercedes de Carranza, asesora en educación familiar del Instituto Femenino de Estudios Superiores, Ifes.
Para esta profesional, el secreto de una educación para toda la vida es enseñar en positivo y con libertad. “Muchos papás cometen el error de creer que educando autoritariamente se logra más, pero estamos en un mundo de sensualidad, sexualidad y consumo, en el cual lo sano es educar en libertad para que cuando no estemos, ellos sepan dominarse a sí mismos”. Y deja claro que al hablar de sexualidad, debe hacerse “de forma gozosa cuando se da en el contexto para el cual fue creado”.
Lo cierto es que la adolescencia es una etapa de descubrimiento, en la cual se ponen a prueba las primeras enseñanzas de los padres. Los problemas de embarazo temprano y la adquisición de infecciones de transmisión sexual, ITS, se deben “a falta de educación sexual o ignorancia, incluso en el adulto”, sugiere Mauricio Aquino, psiquiatra y sexólogo. Y es que a inicios del año 2001 se había notificado en Guatemala una tasa de 35,9 casos de Sida por cada 100,000 habitantes. La cifra presentaba un potencial subregistro de 50 por ciento. El grupo más afectado era el de hombres entre 15 y 49 años de edad.
Aquino hace énfasis en que al proveer educación se brinda la capacidad de controlarse, “de manejar la vida, los impulsos, los deseos y las acciones”. Pero la falta de esta se refleja lo contrario: el 48 por ciento de guatemaltecas tuvo su primera relación sexual entre los 15 y 17 años. De este porcentaje sólo el 7.2 por ciento utilizó algún método anticonceptivo a pesar de que el 84.9 por ciento afirmó tener conocimiento al respecto. Esto también indica que los jóvenes están practicando conductas sexuales de alto riesgo, y la necesidad de que “los papás y maestros empiecen a educarse y buscar apoyo para hablar con los adolescentes sobre sexo. No es cuestión sólo de usar o no métodos anticonceptivos, sino de enseñar a las personas a que se valoren y sean responsables de sus actos”, señala Dalila de la Cruz, Jefa del Departamento de Educación, de la Asociación Pro-Bienestar de la Familia, Aprofam.
Para brindar educación sexual es necesario hacer cambios en los conceptos actuales de roles de género. En la cultura guatemalteca existe “una comprensión inadecuada de la sexualidad, en la cual la mujer embarazada en la adolescencia es desvalorizada y el hombre que anda regando hijos es apreciado”, señala Aquino. Esto da como resultado la irresponsabilidad del hombre que al tener relaciones sexuales sin protección piensa: “A mí no me va a pasar nada”. Mientras que algunas mujeres creen, consciente o inconscientemente, que el embarazo puede ser un paso a la libertad, especialmente si son víctimas de maltrato o desintegración familiar, asegura Aquino.
Esta actitud machista también es causa del círculo vicioso de hogares desintegrados. Tal es la historia de Paola* quien nunca conoció a su padre y perdió el contacto con su mamá cuando aún era una niña. Bajo el cuidado de su abuela se hizo una señorita y a los 17 años llevaba un niño en su vientre. Aunque uno de sus propósitos había sido no repetir la historia de su madre, tuvo que afrontar la maternidad sin la esperanza de formar un hogar a corto plazo. Como en el caso de esta joven, en Guatemala uno de cada cinco hogares está bajo la dirección de una mujer, y en el 1 por ciento de éstos la jefa es una persona menor de 20 años, según datos presentados en el VI Censo Nacional de Población 2002.
Pero los embarazos en adolescentes no son sólo consecuencia de una actitud común y machista con la cual muchas veces “la mujer acepta una relación sexual por complacer a la otra persona y no por su propio placer”, como señala Karen Morales, ginecóloga de Aprofam. Un buen porcentaje de las jóvenes en gestación es producto del machismo al grado de aberración como lo es la violencia intrafamiliar, en la que tiene lugar el incesto y las violaciones cometidas, principalmente por un familiar o conocido. De acuerdo con datos presentados en la Encuesta de Salud Materno Infantil 2002, 4 de cada 100 mujeres sufrieron abuso sexual a los 12 años o más. En el 27.4 por ciento de casos el abusador fue un amigo o conocido; el 17.7, un desconocido; el 13.2, un novio; el 11, un familiar; el 4.6 un padrastro; el 1.8, un maestro; y el 1.2, el mismo padre.
Estos acontecimientos también demuestran una desvalorización de la mujer, con lo cual su cuerpo es utilizado con fines de consumo, pornografía y sensualidad, señala De Carranza. Los padres deben enseñar a sus hijos “a que respeten a la mujer, y le den nuevamente el valor que tiene como persona”, sugiere.
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| Mundialmente un tercio de las mujeres hospitalizadas por complicaciones relacionadas con el aborto son menores de 20 años. |
Las condiciones de pobreza en que vive la mayoría de guatemaltecos también se convierte en una causa del embarazo temprano cuando la falta de recursos impide a las mujeres asistir a un centro educativo donde posiblemente reciban educación sexual –40.5 por ciento de las adolescentes embarazadas entre 1998 y 1999 carecían de educación-, y el acceso a métodos anticonceptivos.
Pero la pobreza se perpetua al convertirse en consecuencia de una gestación anticipada. Por lo general, en estas circunstancias la mayoría de jóvenes deserta de la escuela o el colegio, cerrándose la puerta de oportunidades para tener una mejor calidad de vida. Romper con este círculo vicioso es uno de los objetivos que se persigue con los programas de prevención de embarazos en la adolescencia, ofrecidos en Aprofam. "La idea es que puedan optar a mejores condiciones de trabajo, salario y tengan una mejor calidad de vida”, reitera De la Cruz.
Y es que la realidad no se presta para menos. Entre 1998 y 1999, 17 por ciento de mujeres comprendidas entre los 15 y 19 años había experimentado un embarazo. El 43 por ciento de ellas padecía de anemia, el 14 por ciento era analfabeta y el 9 por ciento había trabajado durante los últimos 12 meses.
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De acuerdo con Karen Morales, ginecóloga y obstetra de Aprofam, las adolescentes embarazadas corren mayor riesgo de desarrollar enfermedades como “preclamsia, hipertensión, placenta previa, desnutrición con retardos de crecimiento fetal, entre otras”. A esto se suman factores de riesgo como el consumo de alcohol –71 por ciento-, tabaco o drogas, algo frecuente entre los 12 y 18 años de edad, según datos del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, MSPAS. Asimismo, la falta de una dieta apropiada, de controles médicos y los sobreesfuerzos que hacen las jóvenes, como en algún momento podría ser continuar sus estudios, afecta su salud y la del bebé. Por eso se considera que el embarazo es de alto riesgo, al igual que lo es el de una mujer mayor de 35 años. Además, son más propensas a náuseas y vómitos, infecciones urinarias y complicaciones de enfermedades pépticas. Posterior al embarazo, son más vulnerables a infecciones vaginales y de las mamas.
Las consecuencias no las sufre sólo la madre, sino también el bebé, como lo experimentó Paola, quien ignoraba su embarazo hasta el sexto mes. Conservó la regla durante los primeros dos meses de gestación, y los cambios físicos que tuvo los atribuyó a la depresión y a las amebas que la atacaron durante esos meses. Su hijo nació tres semanas después del diagnóstico.
Debido a la falta de control prenatal, el niño tuvo que ser internado varias veces en el hospital por complicaciones como hipoglicemia, malnutrición, bronconeumonía, neumonía, diarrea e inflamación delintestino, entre otras.
Los hijos de madres adolescentes están más expuestos a malformacionesdel tubo neural por la falta de ácido fólico. Los casos de muerte perinatal –nacidos muertos o muertes en los primeros siete días de nacidos- se incrementan cuando la progenitora es menor de 20 años. Latasa de este tipo de mortalidad, de abril de 1997 a marzo de 2002, fuede 35 por cada mil partos. También se ha observado una tendencia aproblemas de aprendizaje y conductuales, relacionados no sólo con la gestación, sino también con los inadecuados cuidados del bebé.
De acuerdo con un estudio realizado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, y la Procuraduría de los Derechos Humanos, los registros hospitalarios en 2003 indican que en Guatemala la mortalidad materna es aproximadamente de 100 mujeres cada año: 53 por hemorragia durante el parto, 17 por infección o mala atención del parto, 14 por complicaciones de aborto y 16 por otras causas.
Y es que las condiciones de salud de las mujeres menores de 20 años no suelen ser las óptimas para un embarazo. En una encuesta realizada por el MSPAS, en el año 2002 se observó que durante 1989, el 36 por ciento de la población de 15 a 19 años presentaba una prevalencia de anemia. Esto da relevancia a la recomendación de los médicos respecto a la necesaria recuperación nutricional de la madre y la prioridad que debe dar a su salud, indica Morales.
Los cambios emocionales que experimenta una joven embarazada varían de acuerdo con la etapa de la adolescencia en que se encuentre. De acuerdo con el psicólogo Estrada, de 12 a 14 años, no se tiene claridad de las consecuencias de un embarazo y existe más preocupación por los cambios del cuerpo. Esto lo confirma De la Cruz, quien por su experiencia trabajando con adolescentes observa que la estabilidad emocional de las jóvenes se altera por los cambios en su imagen y tener que usar ropa de maternidad.
De los 14 a los 16 años, Estrada explica que las adolescentes consideran de repente que pueden ser buenas madres y, luego se sienten incapaces. De los 17 años en adelante, la mujer puede manejar mejor la situación si cuenta con apoyo.
Sin embargo, ante la noticia de un embarazo en esta etapa de la vida,la joven suele reaccionar de la manera que lo haría un adulto ante la pérdida de algo para lo cual no estaba preparado. Esto, explica Estrada, porque para la adolescente representa también “la pérdida de su autonomía, libertad y los sueños que tenía”. Y si el novio desaparece, surge el sentimiento de abandono pues, aunque racionalice “mejor sin él”, la sensación de no tener el apoyo de la pareja causa “frustración, cólera, depresión y desesperanza”. Aún después del nacimiento del bebé, las consecuencias emocionales afloran, como cuando las amigas van a fiestas, y la joven madre tiene que quedarse cuidando al hijo. Estrada recomienda cuidar que esa frustración no se convierta en rechazo al niño.
Cuando la joven embarazada no cuenta con el apoyo de sus padres la situación es más difícil. Paola recuerda que antes de tener a su bebé, el plan era estudiar Medicina, pero sólo logró terminar tercerobásico. En un lapso de incomunicación con su madre, su abuela fuequien se hizo cargo económicamente de ella, sus hermanos, primos y hasta del recién nacido. Pues aunque ella intentó tener estabilidad laboral, las constantes intervenciones del pequeño al hospital, hicieron que renunciara a seis diferentes trabajos y se viera en apuros. Aunque las cosas cambiaron con el tiempo y pudo completar sus estudios de diversificado, reconoce que nada fue fácil.
El costo que implica traer un ser al mundo es uno de los aspectos que se analizan en los talleres en prevención de embarazos en adolescentes que ofrece Aprofam. A los participantes se les da, además de un simulador de embarazo, una hoja de trabajo para la investigación de costos de los servicios hospitalarios, medicamentos, alimentos y vestimenta para las madres y el bebé hasta los seis meses de nacido. Los jóvenes presentan tres diferentes cotizaciones, para que analicen cómo afrontarían la situación de acuerdo con sus actuales condiciones económicas. “El costo mínimo ha sido de 20 mil quetzales. A los asistentes se les motiva para que estudien y trabajen antes de tener un hijo”, explica De la Cruz.
Por eso aunque se presente un embarazo, la recomendación es que la mujer continúe con sus estudios. Para Adelita de Castillo, Directora de la Escuela Normal de Maestras para Párvulos, la importancia de terminar una carrera está relacionada con el futuro de la familia. “La mujer debe preparase por dos cosas: para orientar a sus hijos y para sobrevivir. Antes el esposo sostenía el hogar, pero ahora es necesario hacerlo en pareja”, concluye.
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Cuando la joven no cuenta con el apoyo necesario para continuar con el embarazo, es fácil que recurra a uno de los lugares donde se practican abortos,o que tenga al bebé y posteriormente lo dé en adopción.
Sin embargo, abortar implica afrontar consecuencias físicas y emocionales. Las primeras se registran a diario en los hospitales de todo el país. De acuerdo con Edgar Kestler, Director del Centro de Investigación en Salud Sexual y Reproductiva, del MSPAS, de julio de 2003 a abril del presente año se han registrado 25,652 mujeres por aborto incompleto. Con este término se refiere tanto a abortos espontáneos como provocados. La cifra recopila datos de los 36 hospitales departamentales y no incluye al Hospital General San Juan de Dios, donde se considera un aproximado de mil abortos al año; el Hospital Roosevelt, que atiende una mayor cantidad de casos que el anterior; el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, con una cifra alrededor de 1,767 casos; ni el Hospital de Amatitlán, con 1,000 emergencias más de este tipo. No obstante, los expertos consideran que estos números sólo son un subregistro de la situación real.
El psicólogo Enrique Estrada señala que en el caso de aborto, se desarrolla el sentimiento de culpa, el cual probablemente perdure para toda la vida y conlleva a cierto grado de depresión. Y cuando la madre deja que el niño o la niña forme parte de otro hogar, la culpa surge por el abandono y persiste la incertidumbre ante la duda: “Si hubiera hecho algo distinto...”. En muchos casos se tiende a culpar a los demás, con cólera reprimida, por las circunstancias del pasado y porque probablemente haya sido forzada a entregar a su hijo en adopción.
Asistencia del parto en mujeres menores de 20 años: 38 por ciento con médico, 5.9 con enfermera, 43.2 con comadrona, 12.7 con algún familiar, 0.2 no recibió asistencia.
Por Alejandra Cardona
Fuentes: Enrique Estrada, psicólogo. Secretaría de Bienestar Social dela Presidencia de la República. EdgarKestler, Director del Centro deInvestigación en Salud Sexual yReproductiva del MSPAS. Dalila de laCruz y Karen Morales, de Aprofam. Mauricio Aquino, sexólogo. Mercedesde Carranza, del Ifes. AsociaciónTierra Viva. Asociación Sí a lavida. Adelita de Castillo, Directora deEscuela Normal de Maestraspara Párvulos. Instituto Nacional deEstadística. OrganizaciónMundial de la Salud. Organización Ipas. Encuesta Nacional de SaludMaterno Infantil 2002. Situación de Salud delos y las Adolescentes enGuatemala, 2000, del MSPAS. Libro: Guía de laSexualidad.