ico Editorial

De comadronas y sus aliadas

agosto - 2006

En nuestra sociedad, pocas son las personas que tienen acceso a continuar sus estudios a nivel universitario.  De esas pocas, menos aún son mujeres del interior de la República.  Sin embargo, las necesidades de atención obstétrica han obligado a algunas mujeres a armarse de valor y asumir el compromiso de atender los partos, aun aquellos que requieren tratamiento especializado.  Esta labor también la realizan actualmente algunas auxiliares de enfermería, cuya participación es ofrecer cada vez más un parto limpio y seguro para disminuir la mortalidad materna y neonatal en Guatemala.  La comadrona es considerada un personaje sabio y valioso en las comunidades, pero no está en sus manos evitar las complicaciones de un embarazo.  Los estudios evidencian esa desventaja, pues en 2001 la mayor cifra de muertes maternas ocurridas, 46 por ciento, fue atendida por comadronas.  Los lugares con más alto índice de mortalidad -por arriba del promedio: 153 por 1,000 nacidos vivos- son Alta Verapaz, Sololá, Huehuetenango, Izabal, Totonicapán, Quiché y Petén.  Ante esta realidad que viven las comunidades alejadas de los centros urbanos, hay que aplaudir el valor de las comadronas que acompañan a las mujeres cuando están a punto de dar a luz, en especial si no hay un centro hospitalario cercano.  La situación presenta complicaciones adicionales ante la falta de transporte propio de las comadronas o de ambulancias que presten el servicio en casos de emergencia.  Esas experiencias difíciles, confirmadas en los registros de mortalidad materna, han movilizado a todo un grupo de expertos en salud para coordinar esfuerzos con la comunidad y asegurar una mejor atención a las gestantes y sus hijos.  De todo ello trata el tema central de esta edición. 

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