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En nombre del amor suelen realizarse grandes hazañas, pero también pueden cometerse las más bajas acciones. En la complejidad de la personalidad humana los sentimientos románticos son suceptibles de entretejerse con obsesiones, temores y traumas que conducen a relaciones enfermizas y peligrosas. Aprende a distinguirlas y aléjate de ellas.
Ambos términos son tan abstractos como reales; ambos hacen referencia a esas leyes inexorables de la naturaleza, cuya fuerza escapa al control humano. Cuando llegan, simplemente, llegan. Tal vez por eso amor y muerte son palabras que suelen asociarse al intentar expresar sentimientos profundos que no dejan lugar a la posibilidad de vivir sin el objeto de afecto. “Te amaré hasta la muerte”, “sin ti, me muero” o “prefiero la muerte que la vida sin ti”, son frases frecuentes en historias románticas que, cantadas y contadas, contribuyen a alimentar la idea de que el amor duele.
La creencia de que amar significa sufrir es parte de una cultura en la cual amor y posesión son sinónimos. El deseo insano de poseer y controlar –a veces en el papel de victimario, a veces en el de víctima- nace, a su vez, de un casi generalizado problema de personalidad llamado codependencia. “Somos una sociedad dependiente; la mayoría de personas pasa de depender de los padres a depender de la pareja -no necesariamente en términos económicos- y esto es más común en las mujeres”, explica Sara Pereira, psicóloga.
“Codependiente es una persona a quien le cuesta hacerse responsable de sí misma. Siempre está buscando cariño y aceptación, hace cosas por agradar a los demás y es obsesiva y compulsiva en sus relaciones interpersonales”, dice Norma Barillas, terapeuta en rehabilitación de adicciones y colaboradora del grupo Codependientes Anónimos. El término obsesión se refiere a la existencia de ideas fijas acerca de algo o alguien, mientras compulsión se aplica a la ejecución, de manera descontrolada, de tales ideas.
Casi como una norma inequívoca, las personas codependientes eligen inconscientemente como pareja a personas disfuncionales con quienes mantienen relaciones conflictivas. “Por sus características, el codependiente suele complementarse con un sociópata o alguien que, cuando menos, presenta rasgos sociopáticos: está en una constante búsqueda de placer, no considera los sentimientos del otro, es impulsivo y tiene poca tolerancia a la frustración”, indica Karen Peña, psiquiatra forense. En este contexto se produce una manipulación tal que la persona que es física y/o psicológicamente agredida crea un juicio distinto de la realidad: “si no me maltrata, ya no me quiere”.
De acuerdo con Peña, la persona dependiente se siente incapaz de salir de este círculo, pues es mejor estar ahí que estar sola. “Las relaciones disfuncionales, violentas y sadomasoquistas se caracterizan por inmadurez y egoísmo de parte de las dos personas. Aun el que recibe más agresiones siente que llena con ello su vacío existencial”. Las relaciones pasionales, agrega la experta, son adictivas. En ocasiones, cuando uno de los miembros tiene posibilidad de sostener una relación normal y tranquila se siente aburrido y desestimulado, pues necesita las emociones fuertes como una droga.
La vida sexual de las parejas disfuncionales puede ser violenta y egoísta, aunque muchas de ellas afirman disfrutar una sexualidad plena e intensa. Suelen atreverse a explorar modalidades fuera de lo común tales como sexo sádico y sexo con varias personas a la vez. “He sabido de personas que utilizan estas prácticas para agredir a su pareja prestándole más atención al tercero o invitado”, refiere Peña.
La experiencia de Mónica* no parecía ser distinta a la de la mayoría desus amigas universitarias. Tenía 22 años de edad cuando conoció aRicardo* quien durante algunos meses la cortejó enviándole flores ypresentándose, sin ser invitado, en los sitios que ella frecuentaba. “Al principio me gustaron sus detalles” recuerda, pero “comenzó acelarme exageradamente, me llamaba cada media hora, me arrinconabacontra la pared y me decía que si lo dejaba se iba a matar. Nunca seatrevió a golpearme, pero lo vi tirar a su perro de una patada por lasescaleras y sentí que era una forma de decir que eso podía pasarme amí”, narra la joven quien, tras ocho meses de tormentoso noviazgo,abandonó el país para huir de una relación obsesiva y peligrosa.
¿En qué momento y por qué lo que parecía ser un romance normal seconvirtió en un tormento? ¿Puede Ricardo ser considerado un sociópata,un psicópata o algo por el estilo? Según explica Peña, todos los sereshumanos pueden manifestar estas conductas en diferentes grados. “Entérminos de salud mental, la patología es el ser humano magnificado”señala. “Todos somos paranoicos, por razones reales, y podemos serobsesivos, pero si interpretamos la realidad paranoicamente ofuncionamos obsesivamente todo el tiempo, hay un trastorno”.
La predisposición para presentar una patología o un trastorno depersonalidad, explica Barillas, se hereda en los genes, pero estaposibilidad se hace mayor cuando se vive en un hogar disfuncional y serecibe una educación inadecuada. “La manipulación es una de lasmanifestaciones más fuertes de codependencia, y todos aprendemos esodesde muy pequeños. Los padres cometen un error cuando pretendenenseñar algo de manera repetitiva: si cada vez que el hijo se sienta ala mesa, la madre le repite ‘¿te lavaste las manos?’, éste llega a los15 años y no lo hace porque sabe que ella se lo va a recordar”.
De acuerdo con Pereira, el hombre abusador y controlador es producto desociedades patriarcales como la guatemalteca. “Desde pequeño se lepermite expresar cólera en forma abierta y hasta violenta, mientras quea la mujer se le insta a ser dulce y tranquila”. No obstante, la mujertambién puede ser obsesiva y manipuladora debido a patrones de crianzainapropiados. En muchos casos no son siquiera conscientes de lostraumas que les afectan, indica Barillas quien refiere el caso de unamujer a quien sus padres encerraban, como castigo, cuando era niña. Más adelante su matrimonio tuvo un difícil final debido a que ella nosoportaba la idea de estar sola y desesperó a su pareja a tal punto quellegó a volverse dependiente de las drogas.
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| En muchos casos, las víctimas de amenazas y agresiones denuncian, pero retiran las acusaciones el día siguiente, impidiendo así una investigación que podría evitar un hecho criminal. |
Casos famosos como el de O.J. Simpson, acusado de asesinar a su exesposa, y el de Lorena Bobbit, procesada por castrar a su abusadorapareja, han generado largos procesos, investigaciones, documentalestelevisivos y una amplia controversia en la opinión pública mundial. Pero no hace falta ir demasiado lejos. En un país como Guatemala dondeel machismo y la violencia son parte de la idiosincrasia, las cárcelesy archivos judiciales guardan decenas de historias de actos criminalesclasificados como pasionales.
Entre éstos figuran el caso de un hombre que provocó la muerte de suesposa lanzándola desde el balcón de su casa durante una fuertediscusión, y el de una mujer maltratada que aprovechó la ebriedad de supareja para clavarle un cuchillo en el pecho. También se conocenhechos dramáticos como la relación de una pareja de adolescentes queterminó con el suicidio del novio quien, negándose a aceptar el fin delromance, cumplió su amenaza de matarse mientras su novia lo escuchaba através del teléfono.
Ante esta realidad, la posibilidad de desenredar esa maraña formada porhilos de obsesión, celos, ira y frustración resulta aún más difícil. “La pasión es un arrebato, una emoción intensa que sobrepasa lacordura”, expresa Peña. De ahí que un crimen pasional se caractericepor no haber sido planificado sino obedecer a un impulso momentáneo.
“La mayoría de personas que comete un hecho de esta naturaleza hasufrido traumas; puede haber existido abuso verbal, físico o sexual”,indica Barillas. “En la edad adulta buscan a una persona problemáticaporque inconscientemente tratan de atraer lo que vivieron en lainfancia, ya sea para continuar el patrón con la idea fantasiosa de queel otro cambie, o buscando la posibilidad de venganza”, agrega. Por logeneral, los investigadores que siguen estos crímenes confirman laexistencia de patrones de comportamiento violento y antecedentes demaltrato. Incluso, dice Peña, suele haber denuncias legales previasque no prosperaron porque fueron presentadas en un momento de valor,pero retiradas al día siguiente.
La psiquiatra forense estima que el número de mujeres en espera desentencia por crímenes pasionales, supera el número de hombres acusadospor este mismo tipo de delitos. “Es un hecho que son más los hombresque cometen crímenes, pero no necesariamente por razones amorosas (…) Es más probable que lo hagan mujeres que toleran maltrato continuado,porque la cólera y el resentimiento se van acumulando e intensificandohasta que estallan en un acto de violencia, se ciegan y llegan alextremo de matar”.
Peña cita el ejemplo de Flor*, una mujer de nacionalidad extranjera quellegó al país cuando tenía 16 años de edad y se casó con un hombremayor. Tras varios años de hacerla padecer maltrato, descalificación einfidelidades, el esposo de Flor abandonó el hogar para vivir con otramujer, en tanto ella pasó a fungir como empleada doméstica de lafamilia de éste. En una ocasión en que el ex esposo visitó a lafamilia en compañía de su nueva pareja, Flor, quien se encontrabalavando ropa, entró en un estado de cólera tal que la impulsó a tomarun cuchillo y clavarlo compulsivamente en el cuerpo del hombre, antelos ojos de los incrédulos familiares quienes nunca antes vieronactitudes violentas en ella y nada pudieron hacer para evitar elcrimen.
En la investigación de estos hechos el trabajo de los psiquiatrasforenses es fundamental pues, de ser establecido un trastorno mental,el agresor puede ser eximido de responsabilidad. Por medio delperitaje psicológico se proporciona información al juez acerca dealteraciones o trastornos psíquicos del procesado.
De acuerdo con Peña, cuando existe violencia y saña extremas es másvalorada la posibilidad de que el hecho haya sido cometido por unenfermo mental. En este sentido, agrega, solamente puede considerarseobjeto de inimputabilidad un asesino con trastornos mentales mayores:psicosis, esquizofrenia, paranoia, epilepsia del lóbulo temporal ydemencia ocasionada por tumores. No obstante, son analizadas todas lascaracterísticas del delito para realizar una valoración global.
El resto de problemas mentales se clasifican como trastornos depersonalidad –sociópatas o antisociales, narcisistas y dependientes-;personalidades disfuncionales –con funcionamiento sociopático ofuncionamiento dependiente- debido a inmadurez y falta de control deimpulsos. Finalmente, se distinguen patrones de relación violenta poraprendizaje y experiencia propia. Estos casos, al igual que losanteriores, requieren atención médica, pero no son objeto deinimputabilidad en materia penal.
Rossana* quien cumple en la actualidad una pena por asesinato en contrade su esposo, dice no haber sido sometida a éste y otros peritajes quehabrían contribuido a demostrar su inocencia. Aunque insiste en sudefensa, Rossana afirma haber experimentado alivio tras el trágicofinal de la relación, e incluso tras su posterior ingreso a un centropenitenciario. “Mucha gente no sabe lo que sufrí. Era un maltratopsicológico terrible, me humillaba, me decía que no valía nada, a pesarde que cuando me conoció yo tenía una profesión y un negocio propio”. Independientemente de cómo ocurrieron las cosas, comenta: “Fue unaliberación; he podido continuar mis estudios y a las mujeres les digo:lo mejor que pueden hacer es estudiar y tener una carrera para no serdependientes de un hombre que las maltrate y las humille”.
Para Diana Maffia, doctora en filosofía, investigadora y feminista dela Universidad de Buenos Aires, Argentina, la impunidad hacia lasdenuncias de violencia es lo que impide verla, tomar precauciones ysancionarla. “Cuando no es sancionada, la violencia emite un mensajepara la víctima: ‘no puedes hacer nada’; y un mensaje para elvictimario: ‘puedes seguir haciéndolo’”.
Lecturas sugeridas
Las mujeres que aman demasiado
Robin Norwood
Editorial Vergara
Ama y no sufras
Walter Riso
Grupo Editorial Norma
¿Amar o depender?
Walter Riso
Grupo Editorial Norma
Una modalidad distinta de dependencia se observa en personas que aman en silencio y de manera obsesiva a alguien que ni siquiera se entera de tal situación. “No puedo decir que estoy enamorada, es dependencia porque es algo que me hace salir de mí: me arreglo únicamente para que me vea y hago todo lo posible pensando en agradarle”, señala Norma Barillas. Muchas de estas personas pasan la vida negándose la posibilidad de una relación con alguien distinto, pues tienen la fantasía de que algún día estarán con el objeto de su obsesión. Estos casos requieren ayuda terapéutica, en especial si la persona no correspondida presenta rasgos de personalidad depresivos o violentos.
Es ideal que antes de casarse o iniciar una vida común, cada miembro de la pareja sea capaz de evaluar el grado de conocimiento que posee acerca del otro. Una vez juntos, conviene analizar ciertos aspectos que pueden anticipar problemas.
• Tú o tu pareja suelen dar respuestas falsas, pero convincentes. La falta de honestidad puede obedecer al temor por la reacción del otro.
• Tú o tu pareja se victimizan con frecuencia diciendo frases del tipo “tú no me comprendes” o “no me consideras”. Esto indica grados de dependencia muy altos.
• Con frecuencia tienes pensamientos negativos y sospechas acerca de tu pareja –“me engaña”, “ya no le gusto”, “tiene otra”-. El autoengaño suele generar conflictos y evidencia personalidades codependientes.
• Siempre estás pendiente de lo que hace tu pareja y lo que hacen los demás. Algunos hombres se sienten anulados por mujeres que, en su afán por tener todo bajo control, les dejan al margen de las situaciones familiares.
• Tú o tu pareja han comenzado a evadir. Trabajar en exceso –fuera o dentro del hogar-, dedicar mucho tiempo a actividades lejos del otro o consumir algún tipo de sustancia son indicios de que la relación no es satisfactoria para uno o ambos cónyuges.
• Tú o tu pareja –o ambos- suelen tener reacciones violentas y se dirigen con palabras ofensivas hacia el otro. Por lo general, las agresiones verbales anticipan la violencia física.
• Si adviertes rasgos de codependencia en tus propias actitudes, empieza a conocerte: pon atención a todo lo que haces, la forma como piensas, hablas y actúas. Pasa tiempo contigo: estudia, lee e invierte tiempo para cuidar tu arreglo personal, mirándote y diciéndote palabras positivas frente al espejo. Esto genera una retroalimentación que refuerza los mensajes en tu subconsciente.
• Si no estás segura, pero tienes dudas acerca de la funcionalidad o disfuncionalidad de tu relación de pareja, busca literatura de autoayuda sobre el tema.
• Si estás consciente de presentar las características de una persona codependiente, acude a grupos de autoayuda. Uno de ellos es Confraternidad de Codependientes Anónimos, teléfono: 5405-6912.
• Si eres víctima de maltrato físico y/o recibes amenazas verbales, en especial si éstas aluden la posibilidad de muerte o desaparición, realiza una denuncia judicial. En el Ministerio Público debes solicitar ayuda de la Oficina de atención Permanente, teléfono 2411-8181, extensiones 1014 y 1021. Posteriormente, tu caso será trasladado a la Fiscalía de la Mujer. La Procuraduría de los Derechos Humanos tiene una línea de atención que funciona las 24 horas, todos los días del año: 1555. Además, esta institución cuenta con una división dedicada a la Defensoría de la Mujer.
• Si eres víctima de abuso y amenazas y no te atreves a denunciar por temor a represalias, puedes acudir a entidades que ofrecen protección y asesoría legal de manera inmediata y gratuita. Una de éstas es Fundación Sobrevivientes, teléfonos: 2285-0100 y 2285-0139.
• Si te han aconsejado o has tenido la idea de agredir físicamente a tu pareja para terminar una historia de maltrato, es conveniente que analices las consecuencias de hacerlo y busques ayuda terapéutica para encontrar una mejor salida. Algunos de los lugares a donde puedes recurrir son: Clínica Aprende a vivir, teléfonos 2474-3758 y 5213-5983. Liga Guatemalteca de Higiene Mental, teléfonos 2238-3739 y 2232-6269. Instituto de Psicología Aplicada, IPSA, teléfonos 2369-2655 y 2365-8115.
*Nombres ficticios.
Fuentes: Karen Peña, psiquiatra forense, Ministerio Público. NormaBarillas, terapeuta en Adicciones. Sara Pereira, psicóloga, Institutode Psicología Aplicada, IPSA. pagina12.com.ar Colaboración: DirecciónGeneral del Sistema Penitenciario, Confraternidad de CodependientesAnónimos.