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A muchas de ellas se las puede ver laborando en una oficina y/o asistiendo a la universidad varias horas al día. Visten a la moda, visitan con frecuencia el salón de belleza y algunas conducen un auto de modelo reciente. Las trabajadoras sexuales “de alto perfil” también saben conversar sobre temas de actualidad con clientes exigentes quienes pagan hasta US$1000 por un fin de semana en su compañía.
Cuando la institución bancaria para la cual trabajaba fue declarada en quiebra, *Roxana, de 25 años de edad, secretaria bilingüe y estudiante de administración de empresas, analizó sus alternativas. Mientras leía los anuncios encontró uno que captó su atención: “Buscamos lindas modelos, si quieres unirte a nuestra organización, llena el siguiente formulario”. El anuncio fue publicado en Internet por una empresa que vende los servicios sexuales de jóvenes guatemaltecas y extranjeras por medio de negociaciones telefónicas.
Organizaciones como la que contrató a Roxana se dedican a reclutar mujeres cuyo perfil incluye estudios a nivel medio o universitario, algunas de las cuales ejercen una profesión pero “aprovechan” sus horas libres para incrementar sus ingresos. Estas jóvenes son identificadas como escorts. Literalmente, ésta es la traducción al inglés de escoltas o acompañantes, pero en este contexto el término anglo identifica a trabajadoras sexuales -TS- que pueden estar a la altura de un cliente que desee llevarlas a eventos sociales y/o viajes. Algunos se atreven a compararlas con las geishas porque deben ser bonitas, educadas y capaces de abordar temas de actualidad.
“Entre las escorts hay secretarias, visitadoras médicas, maestras y agentes de ventas, por mencionar algunas profesiones”, refiere una fuente anónima cuyo trabajo le permite ser testigo de tales actividades. “Hay niñas de las distintas universidades del país”, comenta Roxana cuyos padres y novio creen que labora para una empresa de suministros de limpieza, la cual funciona en el mismo local donde son recibidas las llamadas de clientes solicitando el servicio de escorts. “Algunas chicas están en su casa -o en la universidad- y cuando las llaman van a cubrir un servicio; pero yo no puedo porque sería muy sospechoso, así que estoy ahí -en el local comercial- de lunes a viernes, y sólo doy servicio de 9:00 de la mañana a 6:00 de la tarde”.
“No fumo, no bebo; soy muy extrovertida; atiendo hombres, mujeres y parejas; no practico sexo anal”, es la presentación que acompaña la fotografía -sin rostro- de Roxana en su aviso de la Internet. Teniendo como promedio una cita de una hora por día, ella obtiene un salario mensual de aproximadamente Q6,000. Quienes trabajan fines de semana pueden ganar la misma cantidad por un servicio de 48 horas. Este tipo de servicio, por lo general, es solicitado por extranjeros que visitan el país con fines de negocios o turísticos.
Pero no sólo los turistas contratan acompañantes de alto nivel por horas o por días. Funcionarios públicos ofrecen, incluso, transporte aéreo para las jóvenes que aceptan viajar a los departamentos que visitan en sus giras de trabajo. Entre quienes suelen duplicar el pago, dando a las escorts generosas propinas y todo tipo de comodidades, figuran artistas y deportistas internacionales quienes, por lo general, realizan visitas breves al país. En la mayoría de estos casos, los encuentros tienen lugar en hoteles de cuatro y cinco estrellas, con la complicidad de los empleados de estos lugares quienes tienen las instrucciones de ser discretos.
Entre los clientes frecuentes de Roxana figuran un piloto aéreo estadounidense que visita el país con regularidad y un hombre viudo a quien, en ocasiones, ha acompañado a eventos culturales en sábado.
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| El administrador de una empresa de escorts es quien determina las condiciones de servicio con cada cliente y obtiene un porcentaje significativo por cada transacción. |
“Quien, con ánimo de lucro o para satisfacer deseos ajenos, promoviere, facilitare o favoreciere la prostitución, sin distinción de sexo, será sancionado con multa de quinientos a dos mil quetzales”. Artículo 191, Código Penal
¿Dinero, moda o placer?
Al referirse al trabajo sexual en general, Franely Gregorio, del Programa Nacional de Prevención y Control de ITS, VIH y SIDA, del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, señala: “En la mayoría de casos la motivación es el dinero, independientemente de que se esté en extrema pobreza o en otro nivel. Conozco casos de chicas que necesitan terminar sus estudios y de otras que, simplemente, desean mantener ciertos lujos como un vehículo, ropa o una casa”.
A las “jóvenes de encuentro” o escorts se les vende la idea de que estarán protegidas por el empresario -por lo general, armado-, serán transportadas en vehículo y ganarán mucho dinero, explica Lourdes Saravia, psicóloga con varios años de experiencia orientando a TS de La Línea. “Esta modalidad puede ser vista como menos grave ya que las jóvenes están en sus casas, en sus trabajos o en la universidad (...) Sin embargo, están realizando exactamente el mismo trabajo que desempeña cualquier persona de La Línea, de un bar o una casa cerrada”, sostiene.
Antonio Salas -seudónimo-, periodista español que se introdujo en las mafias que trafican con mujeres en Europa para investigar los alcances de la trata de personas, afirma que muchas estudiantes se inician en el mundo de la prostitución por curiosidad. El periodista refiere el caso de Yolanda, quien, como otras chicas de su edad, “es alérgica a la pobreza y gana en una noche lo que sus compañeras de clase quizá ganen en un mes (...) A cambio, sólo tiene que alquilar su cuerpo joven a empresarios, políticos o profesionales”.
Mercedes Asturias, abogada y feminista activa, observa el hecho como resultado de un sistema que ha cambiado el valor del ser por el tener. “Estamos ante una desvalorización absoluta de las personas como tales y no es una justificación, pero creo que muchas de estas jóvenes provienen de hogares desintegrados donde los hijos son tratados como mascotas”. Esta desvalorización también se refleja en la adopción de modelos de vida promovidos por figuras del espectáculo y programas que honran a quienes poseen grandes riquezas y en los cuales las normas morales son consideradas tonterías del pasado, agrega Saravia.
De acuerdo con Saira Ortega, psicóloga y directora del Área de Prevención de la Asociación de Salud Integral -ASI- que promueve la seguridad sanitaria entre TS, la disfuncionalidad familiar es un factor frecuente en la vida de las jóvenes que llevan esta doble vida. “Muchas sienten la necesidad de salir de ese círculo hostil de violencia o de indiferencia y optan por estar en un espacio donde las aceptan, las consideran importantes y, como valor agregado, les pagan”.
En cuanto a la experiencia física en sí, Roxana comenta: “No ha sido mala, todos los clientes me han tratado muy bien”. Agrega, además, con picardía, que entre sus compañeras muchas mienten al decir que no experimentan placer durante los encuentros sexuales pagados. “Es obvio que una siente también”. Respecto de los beneficios económicos es enfática al afirmar: “Este dinero se hace nada en un dos por tres”.
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| Algunas para costear sus estudios; otras, para mantener ciertos lujos, jóvenes guatemaltecas y extranjeras consideran el comercio sexual como una alternativa para obtener ganancias extra. |
La falta de control de las autoridades, tanto de salud como de seguridad pública, sobre este tipo de negocios multiplica los riesgos implícitos en el ejercicio del comercio sexual. “La cadena siempre se rompe por el eslabón más débil y en este caso no se trata ni del jefe ni del cliente”, afirma Mercedes Asturias. Para las acompañantes los peligros incluyen desde agresiones verbales, pasando por cualquier tipo de vejación y agresión física, hasta el contagio de enfermedades de transmisión sexual y la muerte misma.
Contrario a lo que pudiera suponerse, el grado académico no se relaciona de manera inversa con el grado de riesgo, afirma Franely Gregorio refiriéndose tanto a las TS como a sus clientes. “El colmo es que los médicos que, se supone, tienen el mayor conocimiento acerca de las vías de transmisión de ITS, son quienes más dinero ofrecen -a las TS- para no utilizar preservativo”, comenta, basándose en entrevistas realizadas a estas trabajadoras.
Pero, por obvios que puedan parecer, los riesgos no son advertidos por muchas jóvenes. *Jasmín, quien se inició en el medio de las escorts a los 18 años, recuerda haber sido contratada por un cliente quien, durante la cita, lo único que hizo fue drogarse. “No tuvimos relaciones. Estaba tan drogado que creía que lo estaban persiguiendo, tenía las ventanas cubiertas con papel, y sólo me pidió vigilar que nadie se acercara”. Así como los servicios de Roxana son negociados en el mismo local donde se vende suministros de limpieza, la mujer que contrató a Jasmín tiene como centro de operaciones un restaurante de su propiedad.
Aunque aseguraba que durante los 23 años que ejerció como policía ha tenido conocimiento de esta modalidad de servicios, Víctor Soto, ex jefe de la División de Investigación Criminal -DINC- de la Policía Nacional Civil, dijo que es imposible ejercer control alguno en lo referente a participación de menores de edad y extranjeras indocumentadas, y supervisión sanitaria. “Operan de manera clandestina, no se sabe en dónde están (...) Tendría que haber una denuncia”, indicaba.
Soto afirmaba tener referencias acerca de denuncias de hechos violentos relacionados con este tipo de actividades, pero que, por lo general, son manejados como “ataques” sin que se declare el contexto en el cual ocurrieron. Citó el caso reciente de dos adolescentes asesinadas en el interior del país por hombres a quienes, se presume, contagiaron con VIH mediante la prestación de servicios sexuales en esta modalidad. El supuesto móvil no fue dado a conocer por las autoridades.
En este sentido, dice Saravia, las TS de La Línea tienen como ventaja el hecho de estar concentradas en un punto. “Se apoyan unas a otras; cada vez que una persona se ocupa con un cliente, sus vecinas están controlando el tiempo y alertas por si escuchan algún grito de auxilio de su compañera. El cliente observa esta unión y se ve obligado a comportarse adecuadamente”. Las trabajadoras de La Línea no tienen un jefe que obtenga comisión por sus servicios y cobran alrededor de Q25 por 10 minutos de servicio.
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| “La sexualidad se convirtió en una herramienta para mucho más que vincularme con un chico al cual me sintiera atraída. Podía ajustarse a cualquier objetivo que yo necesitara. Era un arma para explotarla sin misericordia”. Jenna Jameson, actriz de cine para adultos. |
Muchas de las jóvenes que ingresan a estos círculos lo hacen creyendo y afirmando que será un trabajo temporal. No obstante, y sumándose a los riesgos en materia de seguridad y salud, los efectos emocionales y psicológicos las marcan para siempre. De acuerdo con Ortega, llevar una doble vida suele generar en muchas de estas mujeres sentimientos profundos de culpabilidad que las convierten en presas fáciles del alcohol y las drogas. De ello da fe *Antonio, otrora cliente frecuente de clubes nocturnos y empresas de escorts. “Se escucha entre ellas que muchas usan drogas. Conocí -en un club- a una niña que tenía 16 años y cuando la volví a ver meses después, estaba totalmente demacrada; supe que se inyectaba”. Antonio también se relacionó con una bailarina que afirmaba que su desempeño en la cama no era el mismo sin la ayuda del alcohol.
Estas jóvenes -dice Ortega- han sabido distinguir entre tener sexo y hacer el amor. “Las prácticas sexuales no necesariamente deben llevar implícito el afecto y los sentimientos, sin embargo, eso se le enseña a las mujeres”. Lo anterior es una realidad en la vida de Roxana quien no parece enorgullecerse de ello. A pocos meses de haberse iniciado en el negocio, afirma que sus sentimientos se han anulado al punto que los encuentros sexuales con su novio -desconocedor de la situación- se han vuelto algo mecánico. “Siempre estoy viendo el reloj y, cuando terminamos, no hay caricias ni nada; digo ‘¿ya terminaste?’, me paro y me visto”.
La experiencia de Saravia, brindando apoyo psicológico a TS, le hace saber que muchas de estas mujeres han sufrido abuso sexual durante la infancia. Entre los efectos a largo plazo de este trauma, en algunas personas, están la precocidad y promiscuidad sexual pues con el sexo buscan llenar un vacío y se revictimizan de manera inconsciente. La depresión y las conductas autodestructivas también suelen estar asociadas. Quienes ejercen el trabajo sexual por dinero, venganza o cierto deseo de poder, viven en una negación de la realidad, sufren por las personas a quienes aman, pierden sus sueños, ven el futuro con temor, se tornan violentas, son inestables y pueden cometer intentos suicidas, señala la psicóloga.
Ortega dice conocer el caso de varias mujeres quienes, por una necesidad puntual, decidieron ejercer el trabajo sexual y lo hicieron de manera temporal, pero, pasados los años, volvieron porque “lo ven como una opción para tener dinero rápido”.
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| Quienes ejercen el trabajo sexual, a menudo, experimentan culpa, son inestables y pueden cometer intentos suicidas. |
“Eran tiempos difíciles... Yo sólo quise contribuir a la economía”, bromeó el actor Charlie Sheen, durante una entrevista al ser mencionado como cliente de la Madame de Hollywood, Heidi Lynne Fleiss. La meca del cine anglosajón fue sacudida a mediados de los años 90, cuando Fleiss fue arrestada por promover la prostitución y evadir impuestos, y corrieron rumores de que sería revelada la identidad de sus clientes. “No creo que la prostitución sea una carrera, tal vez… una forma de llegar a ella”, expresó.
En el mundo del entretenimiento también son frecuentes los casos de mujeres que se inician como modelos y terminan convirtiéndose en símbolos sexuales en el medio de la pornografía. Jenna Jameson, una de las actrices de cine para adultos más reconocidas a nivel mundial, debutó como bailarina de strip tease a los 17 años. Modelar desnuda fue el siguiente paso y la antesala a su incursión en el mundo del cine porno. Su bisexualidad hizo aún más rentable su carrera. Se convirtió en millonaria antes de los 30 años y se ha divorciado dos veces. “Algunos dicen que el trabajo es el enemigo de todos los impulsos eróticos naturales, que asesina tus deseos sexuales y los dirige a otro lugar. Esto es doblemente cierto cuando tu trabajo es el sexo”, afirma en el libro How to Make Love Like a Porn Star: a Cautionary Tale.
Otra posibilidad que, debido a las generosas ganancias que ofrece, atrae a mujeres con edades entre 15 y 35 años es convertirse en bailarinas y TS de clubes nocturnos de alto nivel. Por tratarse de un trabajo más público, aquí se observa una mayor presencia de mujeres extranjeras.
Guatemaltecas, salvadoreñas, hondureñas, rusas y colombianas se exhiben, seis días a la semana, en escenarios donde los bustos naturales contrastan con los implantes y las cabelleras rubias con las pieles bronceadas.
En el más exclusivo de estos centros situados en la capital guatemalteca, la entrada tiene un precio de US$30 que incluye barra libre hasta las cero horas. Quien desea conversar algunos minutos con cualquiera de las bailarinas debe invitarla, como mínimo, a un trago de US$17. Un baile privado de dos canciones, se paga con US$50 e incluye cierta libertad para el contacto físico. Quienes pueden costear la tarifa pagan hasta US$500 por un encuentro sexual de media hora. En el público figuran empresarios, estudiantes de universidades privadas y, ocasionalmente, miembros de la Policía Nacional Civil -luciendo uniforme- aunque no necesariamente inspeccionando el lugar.
Acerca del trabajo en materia de prevención que se realiza en estos centros de comercio sexual, Franely Gregorio señala que el mensaje no siempre es bien recibido: “Muchas -TS- dicen ‘esa información no es para mí, yo soy modelo y selecciono a mis clientes’”. Durante el día, algunas de estas jóvenes prestan servicios como escorts.
Víctor Soto reconoce como una realidad que los centros nocturnos de comercio sexual son, con frecuencia, escenario de tráfico y consumo de drogas.
Datos registrados por La Sala, proyecto de la Asociación Salud Integral que trabaja de manera conjunta con el Programa Nacional de Prevención y Control de ITS, VIH y SIDA, revelan que desde 2003 al inicio del presente año el número de trabajadoras sexuales ha tenido un incremento del 25 por ciento. En la actualidad, el proyecto cubre a 2,849 TS, distribuidas de la siguiente manera:
| Bares 1,231 | (43.20%) |
| Casas cerradas 689 | (24.18%) |
| Vía pública 364 | (12.77%) |
| Clubes nocturnos 350 | (12.28%) |
| Saunas 215 | (7.54%) |
Por Lili Beteta y Luis Fernando Alejos
* Nombres ficticios.
Ciertos detalles han sido modificados de manera que algunos entrevistados no puedan ser identificados y, a la vez, se conserve la fidelidad de los datos.
Fuentes: Franely Gregorio, del Programa Nacional de Prevención y Control de ITS, VIH y SIDA, del Ministerio de Salud. Saira Ortega, psicóloga y directora del Área de Prevención de la Asociación de Salud Integral -ASI-. Lourdes Saravia, psicóloga. Mercedes Asturias, abogada y feminista. Víctor Soto, ex jefe de la División de Investigación Ciminal -DINC- de la Policía Nacional Civil. Libro El año que trafiqué con mujeres, Antonio Salas. Libro How to Make Love Like a Porn Star: a Cautionary Tale, Jenna Jameson con Neil Strauss. Regan Books.