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Nacida en Guatemala, pero establecida en Los Ángeles, California desde 1972, Alma Ruiz es una de las tres personas invitadas a participar como Jurado Calificador de la versión 2007 de Juannio. Cuenta que por razones familiares cambió su residencia a Estados Unidos, en donde descubrió su pasión por el arte y de esa manera abandonó la carrera de Relaciones Internacionales para dedicarse por completo a él. Luego viajó a Florencia, Italia, para ver y sentir el arte en persona. En la actualidad trabaja como curadora del Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles (MOCA) y se especializa en el arte contemporáneo latinoamericano e italiano, a los cuales ha abierto la puerta en el mercado estadounidense.
¿Cómo surge su interés por el arte italiano y latinoamericano contemporáneo?
Puedo decir que fue oportunismo. Mi afición por lo italiano contemporáneo llegó cuando vivía en Florencia y pude ver exposiciones de artistas como Arnaldo Pomodoro y Roy Lichtenstein. Me intrigaban las nuevas formas montadas en grandes palacios renacentistas. Al arte latinoamericano contemporáneo lo seguía por interés cultural. Más tarde cuando empecé a trabajar en el museo comprendí que ninguno de mis colegas tenía conocimiento sobre estos dos aspectos.
Usted estudió Historia del Arte en Estados Unidos e Italia, ¿cuáles son sus recuerdos como estudiante en ambos países?
Son pocos mis recuerdos en Estados Unidos. Yo estudiaba y trabajaba. Tenía que ahorrar para pagar la colegiatura y los libros. Asistía a la Universidad del Sur de California (USC), privada y bastante cara. Para la maestría deseaba una experiencia diferente. Aspiraba a ser estudiante de tiempo completo, no quería trabajar, sino tener tiempo para estudiar y divertirme. Es por eso que opté por hacer la maestría en Middlebury College y escogí su campus en Florencia, Italia. Trabajé todo un año ahorrando hasta el último centavo para poder sostenerme mientras vivía en Europa.
¿Qué características debe tener un curador o curadora de arte?
Es difícil decir porque la carrera de curador ha cambiado mucho en los últimos 50 años. En la actualidad la carrera se ha profesionalizado. Según mi experiencia el mejor curador es el que trabaja detrás de bambalinas, porque comprende que lo importante es promover al artista y a su obra y no a sí mismo. Su propósito debe ser apoyar y cultivar el arte, hacer juicios objetivos sobre la calidad de la obra y comunicar su valor cultural y artístico a un público que lo desconoce.
¿Trabajar en el MOCA fue siempre su objetivo?
Por supuesto que no. Yo estaba por irme a estudiar a Europa cuando se fundó el MOCA. El museo se afianzó mientras estuve fuera. Regresé a Los Ángeles cuatro meses antes de que abriera sus puertas al público y me pidieron que tradujera las cédulas de las obras de la exposición inaugural al español. A los pocos meses la asistente del director renunció a su puesto y me llamaron para una entrevista de trabajo.
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¿Cómo llega a ser curadora del MOCA?
Al inicio trabajé directamente con el director, lo cual me dio una visión de cómo se manejaba un museo. Luego fui encargada de desarrollar el programa de muestras itinerantes. Mi experiencia en Europa fue clave. Después de varios años pasé a ser coordinadora de exposiciones tanto de las organizadas por el MOCA, como de las provenientes de otros museos. De allí, fue natural el paso a curadora.
Como latinoamericana, ¿le ha costado sobresalir en el campo artístico estadounidense?
Una tiene que luchar contra estereotipos de toda clase. Pero durante el proceso también aprendí que resulta muy difícil discriminar a una persona culta. A la educación y al conocimiento se les respeta y es mejor poner todo el esfuerzo propio y la energía en lo que a una le apasiona.
¿Es cierto que un curador o un crítico de arte son artistas frustrados?
No necesariamente, aunque sí los hay. Por ejemplo, yo nunca quise ser artista. Mi formación es otra.
¿Por qué decide aceptar ser jurado de la subasta Juannio?
Me gusta aprender y Juannio es para mí una experiencia nueva. También acepté porque se trataba de Guatemala y deseaba ver lo que los artistas guatemaltecos han estado haciendo.
¿Cuál es su opinión sobre el arte guatemalteco?
Francamente no estoy muy familiarizada con él, pero he notado que en los últimos ocho o diez años los jóvenes artistas han puesto mucho de su parte por crear una escena artística local, dentro de la cual se puedan expresar y dar a conocer. Hasta ahora la mayor parte del apoyo ha venido desde afuera. Todavía falta mucho para que lleguen a tener dentro del país el apoyo institucional y privado que necesitan para desarrollarse.
Por lo que he leído sobre su trabajo, usted es una ferviente promotora del arte latinoamericano y lo ha acercado al público anglosajón. ¿Siente que ha tenido buena recepción en el público angelino?
Empecé a trabajar en serio con el arte latinoamericano en 1993. En ese entonces se veía muy poco en Los Ángeles. El arte mexicoamericano predominaba, pero no era apreciado y no se le valoraba como se hacía con el anglosajón o europeo. Dentro del MOCA pocos conocían el arte latinoamericano y hubo un período de resistencia. Con el tiempo las cosas han cambiado. A través de nuestro programa de exposiciones fuimos cambiando la mentalidad no sólo del personal del museo, sino también de los coleccionistas, de las galerías, de los curadores, de los críticos y del público en general.
¿Cuál ha sido el mayor sacrificio que ha hecho por el arte?
Tiempo y horas de sueño. El arte es absorbente y es fácil dedicarle todo el tiempo, tanto que a veces hay que hacer un gran esfuerzo para olvidarse un poco de él y dar atención a otras cosas.
¿Considera que ha logrado lo que se ha propuesto en su carrera?
Todavía no lo he logrado todo. Considero que siempre hay que aspirar a algo más para mantener la pasión por lo que se hace.
Silvia Lanuza
Fotos: Jorge Morales