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Con sus avances y fórmulas instantáneas que ofrecen facilitar la existencia, la vorágine de la vida moderna ha hecho crecer la demanda hacia los servicios de salud mental. ¿Podrías asegurar que no los necesitas?
"Me daba un poco de risa cuando una amiga se excusaba en ocasiones diciendo que tenía cita con su psicólogo”, recuerda Lorena, abogada de 31 años de edad y madre de dos niños, quien llegó a considerar la idea del suicidio tras un tormentoso proceso de divorcio. “Mi esposo me engañó y entré en una crisis espantosa”. A un año de haber comenzado a asistir a un grupo de autoayuda para personas con problemas emocionales y a visitar una vez por semana el consultorio de una psicoterapeuta, afirma que su vida ha cambiado.
Hoy Lorena reconoce que, de haber buscado ayuda antes, quizás la relación hubiera sobrevivido o, al menos, el rompimiento no habría sido tan dramático. “Era demasiado celosa y emocionalmente dependiente, pero no lo sabía, por eso sentí la muerte; ahora, veo las cosas de otra manera”.
Aunque las mujeres son quienes más suelen buscar ayuda psicológica en comparación con los hombres, José Carmen Morales, psicoterapeuta, señala que la mayoría de ellas la solicita para manejar problemas de conducta y rendimiento escolar en sus hijos, o problemas en la relación con su pareja. Estas pacientes suelen experimentar ansiedad o depresión pero, por lo general, no piden ayuda para sí mismas.
“El hombre que busca un psicólogo lo hace por su propio sentido de valor, en especial por situaciones que atentan contra su masculinidad, mientras la mujer lo hace más por la relación que por ella misma”, afirma Michelle Sáenz de Tejada, psicóloga clínica, cuyo lema es “enganchar a las mujeres, aunque lleguen por problemas con los hijos, la pareja u otros, porque ellas son quienes están necesitando ayuda”.
Para Sáenz de Tejada, el modelo de femineidad que sigue la mujer guatemalteca la limita en su desarrollo personal y genera sentimientos de frustración, ansiedad y depresión que afloran en algún momento de la vida. “Se encasillan en el deseo de tener un matrimonio y ser mamás; el camino se cierra ahí y lo asumen como algo que surge de ellas, cuando en realidad es una imposición cultural”, afirma.
Las características de la depresión -dice la psicóloga- están íntimamente relacionadas con lo que muchos consideran el modelo de femineidad: ser sumisa, atender a otros antes que a sí misma, reprimir deseos sexuales y deseos de expresar lo que realmente quiere. Así, muchas mujeres funcionan de manera automática hasta que, de pronto, se produce una interrupción y se preguntan: “¿Qué he estado haciendo todo este tiempo?”.
Son síntomas comunes de la depresión: sentimientos de soledad y vacío, cansancio excesivo, tristeza profunda -no siempre-, indiferencia hacia lo que ocurre alrededor, más sueño y menos hambre, sentimientos de poca valía, sensación de estar ausente o perdida sin que esto sea provocado por un evento que altere la cotidianeidad. Además, suelen presentarse enfermedades de tipo somático, las cuales “se deben a todas esas represiones y son los famosos achaques que hacen que a la mujer se la llame hipocondríaca”, explica Sáenz de Tejada.
La psicóloga agrega que entre las mujeres solteras -por lo general más jóvenes-, son frecuentes los trastornos alimenticios -anorexia y/o bulimia, entre otros-, los cuales también derivan de ese canon de femineidad que ordena: “la mujer debe estar bonita para otros”.
Es importante reconocer que “nada ha ayudado más a comprender el comportamiento humano y la enfermedad mental, como el estudio del cerebro a través de las neurociencias”, explica José Antonio López, psiquiatra, quien coincide con Morales y Sáenz de Tejada al afirmar que no se necesita estar en crisis para buscar a un profesional de la salud mental.
“Todos deberíamos acudir de vez en cuando”, dice Sáenz de Tejada, quien apuesta por la transformación del modelo de femineidad para restablecer la armonía interna en las mujeres. “La terapia hace aflorar a la conciencia lo que realmente quiero y, como consecuencia, me conozco más, soy capaz de poner límites -aprendiendo a decir no-, me relaciono de manera asertiva con otros, expreso libremente lo que pienso y lo que me molesta, tengo una mejor comunicación con mis seres queridos y aprendo a controlar y expresar mis emociones”.
De acuerdo con López, algunos trastornos del ánimo y del humor se deben a un “cortocircuito a nivel de la química cerebral”, que impide a la persona disfrutar la vida, “pasa la mitad de su tiempo poniéndose trampas y la otra mitad cayendo en ellas”, sin saber que éste no es un problema de carácter o personalidad. Estos casos deben ser tratados por un psiquiatra y, por lo general, ameritan terapias farmacológicas.
En todo caso, aprender a reconocer la causa de los conflictos internos y a tomar decisiones correctas para enfrentarlos, ayudará a avanzar hacia el fin primordial de todos los seres humanos: ser más felices.
Poner en práctica estos principios es básico para tener una salud mental y emocional duradera:
1. Ámate a ti misma. Cambia lo que es posible mejorar y acepta lo que no es susceptible de cambio.
2. Ten pensamientos positivos desde que te levantas: ¡Este día será maravilloso!
3. Haz ejercicio todos los días, por lo menos durante 30 minutos.
4. Mantén una dieta balanceada.
5. Practica técnicas de relajación y/o meditación.
6. Ríe con frecuencia.
7. Busca actividades recreativas saludables.
8. Organiza de manera adecuada el tiempo, identifica los asuntos que son prioridad.
9. No te culpes por los problemas que se presentan, responsabilízate por ellos y busca soluciones.
10. No pretendas cambiar a los demás ni te molestes por lo que hacen; acéptalos como son.
Lili Beteta
Ilustración: Archivo R y S
Fuentes: José Carmen Morales, psicoterapeuta. Michelle Sáenz deTejada, psicóloga clínica. José Antonio López, psiquiatra. Libro:Click Psicología fácil, ediciones Expresa.