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Las secuelas de un secuestro no se resumen en la repetición continua de elementos que hacen revivir el trauma del momento y la sensación de inseguridad que obliga a las víctimas a cambiar sus hábitos. La pérdida de libertad y el temor a morir dejan una herida emocional tan profunda que puede hacer tambalear la estabilidad familiar. Muchos hogares se desintegran por señalamientos y sentimientos como frustración o culpa. Siendo la clase media la más afectada actualmente, tampoco se puede dejar de mencionar el factor económico. La adquisición de deudas o la pérdida de bienes también hacen la diferencia entre la vida antes y la vida después del secuestro. Para seguir adelante es indispensable recibir un tratamiento integral que va desde la orientación psiquiátrica, hasta el fortalecimiento espiritual.
Si bien los casos parecen extraídos de películas de suspenso, los registros del Ministerio Público muestran que son parte de la realidad. De enero a marzo del presente año se han denunciado 47 casos, y empresas de seguridad privada afirman que el subregistro es del 74 por ciento. Las mujeres, los niños y los ancianos, como en muchas otras situaciones de violencia, son los más vulnerables a un evento de esta naturaleza. Por eso en AMIGA traemos el tema, agregando algunas recomendaciones de prevención y manejo de crisis.