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Lucrecia Masaya, protectora del sagrado Balam

julio - 2007

Hubo una época en la cual los jaguares (balam en maya) andaban libres por la selva y eran considerados sagrados.  Ahora un grupo de expertos, encabezados por una joven bióloga, vigila la selva petenera para proteger a este hermoso animal.

Durante tres años Lucrecia Masaya se ha desempeñado como la Coordinadora del Proyecto Jaguar, impulsado por Defensores de la Naturaleza, con el apoyo de otras organizaciones no gubernamentales de Guatemala y México.  Su trabajo implica grandes riesgos que se resumen en velar por la conservación del jaguar en Petén.  En esta entrevista nos describe su trabajo y los principales retos que ha enfrentado.

Aunque se dice fácil, ¿en qué consiste tu trabajo en la vida real?
Estoy encargada de dirigir el campamento ubicado en la Laguna del Tigre, desde la coordinación con los asesores, así como el proceso de captura de los animales para inspeccionar su salud, hábitos de migración y colocarles chips de telemetría para mantener un control sobre la población existente.

¿Cómo te involucraste en ese proyecto?
Mi trabajo de tesis lo realicé sobre telemetría con el Iloderma o Niño Dormido.  A raíz de ello, Defensores de la Naturaleza me ofreció la oportunidad de trabajar en su proyecto de conservación del jaguar.  Cuando me lo propusieron fue como un sueño, porque desde que inicié mi carrera siempre quise trabajar con esta especie.

 ¿Cómo se desarrolla una jornada de trabajo tuya?
En los meses de la época seca, cuando se llevan a cabo las capturas, la jornada se inicia a las cuatro de la mañana.  Debo velar por la existencia y buen estado de todos los implementos y suministros necesarios como gasolina, tranquilizantes, los equipos de radio operando correctamente y todo el personal listo para actuar cuando se necesite.



[muchas personas cuidan a niños o ancianos, e incluso a mascotas como forma de vida. Pero velar y trabajar por la conservación del jaguar es una profesión mucho más arriesgada, con pocos seguidores.]



La primera parte del proceso es colocar la carnada para que el jaguar se alimente.  Al otro día, temprano, sale un cazador en motocicleta que revisa las carnadas que dejamos.  Nos avisa si un jaguar estuvo en la zona y vamos tras el animal.  El grupo es de siete u ocho personas entre cazadores, veterinarios y biólogos.  Al llegar al lugar lo primero que se establece es si el jaguar ya posee un collar de telemetría o es un ejemplar nuevo.

Luego se libera a los perros, quienes le siguen el rastro.  El jaguar, al sentir la presencia canina, inmediatamente sube a un árbol, donde los perros lo acorralan hasta que el equipo llega al lugar.  Esta carrera puede durar desde diez minutos hasta más de dos horas, a pie, en medio de la selva, hasta llegar al lugar donde lo encontremos.  Una vez nos tocó realizar una captura que tomó más de nueve horas.  Cuando ubicamos al jaguar se le dispara un anestésico que lo duerme poco a poco, y el mismo animal baja del árbol antes de quedarse dormido.

Una vez con el jaguar dormido, ¿qué sucede?

Lo primero es definir medidas y peso.  El veterinario toma muestras de sangre, heces y pelo, revisa los colmillos y, si es necesario, se los limpia al igual que las uñas.  Si detecta alguna enfermedad o hay registro que indica algún problema de salud, se le aplican las medicinas necesarias o se le curan las heridas.  Todo esto debe hacerse en 40 minutos, el tiempo que dura la acción del anestésico.

¿Cuántas veces se hace este procedimiento durante el ciclo?
Al inicio de la temporada, cuando los animales se dirigen al Norte, pueden hacerse hasta tres capturas al día.  Luego la cifra disminuye, sobre todo porque si el animal ya fue evaluado previamente buscamos nuevos ejemplares.

Luego del trabajo de campo, ¿qué hacen el resto del tiempo?
Terminada la época de capturas, el grupo de veterinarios mexicanos y nacionales se retira, y a mí me corresponde hacer la parte del estudio, que es un trabajo casi de oficina.  Esta época se aprovecha para evaluar la presencia de presas y determinar si hay suficiente alimento para mis “gatos”.  Se estudia el hábitat y su conservación y se instalan cámaras en la selva para poder observarlos. Se aprovecha, además, para entrenar a la gente que participará en la próxima temporada de caza.

¿”Mis gatos”?
(Se ríe) Así los llamo, son como mis mascotas y los he querido desde siempre.  Más que trabajar con ellos, lo hago para ellos.

¿Y cuál es la importancia en general de este trabajo, del Proyecto Jaguar?
Aparte del proceso obvio de control de una especie única en Guatemala como el jaguar, este animal por ser el máximo depredador de la zona es un indicador de la calidad del hábitat.  Es lo que llamamos una “especie sombrilla”, ya que si todo funciona para que él habite y sobreviva, todos los que se encuentran abajo en la cadena del ecosistema sobreviven junto con él.  Entonces podemos hacer recomendaciones de pasos a seguir, para conservar ese ecosistema basándonos en lo estudiado a partir de los jaguares.

Es gracias al esfuerzo de instituciones como la Asociación de Rescate y Conservación de Vida Silvestre, ARCAS, y de Defensores de la Naturaleza, que la especie del jaguar es protegida para su conservación.  Esta actividad no sólo tiene connotaciones ecológicas, sino continúa la ancestral tradición de los mayas, quienes lo consideraban un símbolo de fuerza y honor en el combate.

El mérito no se le puede negar a personas como esta intrépida joven, cuyo trabajo permite que el programa sea una realidad, crezca y garantice que el país siga siendo el santuario de Balam.



Por David Durán


Maquillaje y peinado: Erick Gracía, de salón Rendez Vous  Locación: Jardín Botánico del Centro de Estudios Conservacionistas, Universidad de San Carlos de Guatemala.

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