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Algunas tienen sólo 16 años, pero trabajan con determinación en la defensa de sus derechos y promueven mejoras para las mujeres de su comunidad. En recónditas áreas del país, estas heroínas anónimas luchan por transformar su realidad... y no están solas.
Aunque todavía no comprendía el significado de términos como “discriminación”, “identidad” y “dignidad”, cuando tenía 10 años de edad Angélica Sabán comenzó a interesarse en ellos. Originaria de la aldea Estancia Grande, de San Juan Sacatepéquez, Angélica acompañaba a su mamá a las reuniones del naciente Grupo Integral de Mujeres Sanjuaneras, GIMS.
“Desde la primera vez que asistí me gustó escuchar a las capacitadoras, quienes hablaban acerca de cómo somos las mujeres indígenas, de la identidad maya y de nuestros derechos”, recuerda. Debido a una enfermedad que sufrió su madre, Angélica abandonó la escuela sin haber concluido el sexto grado de educación primaria, pero a sus 17 años de edad maneja con propiedad los temas mencionados y es una de las capacitadoras más jóvenes en GIMS.
Angélica se cuenta entre los cientos de guatemaltecas beneficiadas mediante los proyectos de desarrollo impulsados por organizaciones femeninas locales. En su comunidad, como en muchas otras del país, las escuelas son escasas, los servicios básicos precarios y el machismo hierve, pero también hay mujeres velando por los derechos de género y organizaciones internacionales que respaldan económicamente sus acciones.
Una de estas organizaciones es el Fondo Centroamericano de Mujeres. “Recaudamos fondos de donantes individuales e institucionales y luego los distribuimos entre grupos emergentes de mujeres”, explica Fabiola Villarreal, relacionista pública de la institución. En la actualidad, el Fondo apoya a 56 organizaciones en todo el istmo; 14 de ellas en Guatemala. Entre los proyectos locales se cuentan: una frecuencia de radio, una escuela de formación política, la producción de un disco y cursos de capacitación para trabajadoras domésticas.
Si bien cada organización cuenta con pocas integrantes, entre 16 y 30 años de edad, las beneficiarias se cuentan por cientos y se encuentran desde la niñez hasta la edad adulta. Para Villarreal, una de las experiencias más satisfactorias al trabajar con mujeres jóvenes es ver su evolución. “Al inicio muchas tienen temor de expresarse y sentirse parte del grupo; después de un año ves cómo se expresan con propiedad y manejan con profundidad los temas”, cuenta.
[“Algo que caracteriza a los grupos de mujeres en Guatemala es su capacidad de trabajo en equipo. saben aprovechar la alianza con asociaciones de otros países para aprender y apoyarse”. Fabiola Villarreal, relacionista pública del Fondo Centroamericano de Mujeres.]
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| Uno de los proyectos que el Programa de Desarrollo de la Mujer espera concretar en los próximos meses consiste en capacitar a artesanas sololatecas sobre comercio electrónico. |
Cada una de las agrupaciones en la región centroamericana encaja en alguno de los tres ejes que resumen la razón de ser del Fondo Centroamericano de Mujeres: promoción de la integración física y mental de las féminas, lucha por la igualdad en el acceso a mejoras económicas, y fomento de la participación cívica y liderazgo de sus integrantes.
La selección anual de los grupos que serán apoyados implica una depuración de las propuestas que no se adaptan a los lineamientos. Luego se hace un resumen de cada proyecto, se incluye el nombre del grupo que lo presenta y de la región en la cual se desarrollará. Esta información se envía a cada una de las organizaciones aspirantes, que votan para elegir a los nuevos grupos a financiar. Con la campaña de recaudación anual que se trabajará a finales del presente año e inicios del próximo, se espera reunir los fondos necesarios para apoyar a un total de 81 grupos en toda la región.
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| Además de procurar la conciencia social, Evelyn, Herbyn y Heidy pretenden rescatar los valores culturales del país al interpretar su música. |
El machismo, la violencia y la falta de acceso a la educación y la salud son los grandes problemas que enfrentan las mujeres sololatecas, pertenecientes a las etnias kiche, kaqchikel y tzutujil. Con el propósito de cambiar esta realidad, en 2000 un grupo de mujeres inició el Programa de Desarrollo de la Mujer, el cual forma parte de la Asociación para el Desarrollo Integral de Guatemala Maya, ASODIGUA.
Inicialmente su estrategia consistió en impulsar el desarrollo de las mujeres mediante un centro de computación. “Compramos tres computadoras al crédito; después otras cinco e iniciamos la capacitación de comunidades indígenas para lograr la inclusión digital; les damos formación acerca de Internet, correo electrónico y computación en general”, explica Vilma Tuy, responsable del grupo.
Por medio del centro, el programa captó la atención de muchas mujeres y decidió iniciar, de forma paralela, un programa de orientación en otras áreas. “Las capacitamos sobre derechos humanos, equidad de género, participación ciudadana, organización comunitaria, autoestima y salud reproductiva”. En 2007 el apoyo del Fondo Centroamericano de Mujeres les permitió iniciar una serie de talleres sobre violencia intrafamiliar y VIH-SIDA en 15 comunidades. “Son dos grandes problemáticas en Sololá; hicimos estudio de campo y encontramos estadísticas alarmantes”, anota Vilma.
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| Hijas de las mujeres asociadas a GIMS y representantes del Fondo Centroamericano de Mujeres. |
Los grupos que deseen solicitar financiamiento y asesoría para ejecutar alguno de sus proyectos pueden participar enviando sus propuestas a la sede del Fondo Centroamericano de Mujeres, Rotonda el Güegüense, 4 cuadras abajo, 1/2 cuadra al lago, Managua, Nicaragua; o por correo electrónico a: convocatoria@fcmujeres.org o info@fcmujeres.org
Algunos de los requisitos para participar son:
1. Nombre completo del grupo y datos generales: persona a contactar, número de teléfono, dirección y correo electrónico si tienen.
2. Resumen sobre cómo está organizado el grupo y su historia.
3. Descripción del trabajo que el grupo ha realizado en beneficio de sus integrantes y de su comunidad.
4. Presupuesto total del grupo para el año 2008.
5. Descripción del proyecto en dos páginas.
Los fondos serán entregados a los grupos seleccionados al finalizar la campaña de recaudación de fondos, en marzo de 2008, durante una conferencia de prensa.
Con un vocablo de la cultura kiche, naik, que significa sentimiento, y uno en español, madera, estas mujeres dan nombre a su agrupación artística y pretenden sensibilizar a la población a través de su música.
El año pasado el grupo Naik Madera fue uno de los seleccionados para recibir financiamiento por parte del Fondo Centroamericano de Mujeres e hizo realidad su proyecto: la grabación de un primer disco, al cual tituló Expresión de mujer. En el presente año Evelyn Franco, Herbyn Galicia y Heidy Gressi estuvieron trabajando en la producción de su material discográfico. Como parte de ello, y de lo solicitado al Fondo, recibieron talleres con reconocidos músicos guatemaltecos y en su proyecto involucraron a varias mujeres.
Animadas u obligadas por sus padres, quienes desean alivianar la carga económica del hogar, muchas jóvenes de San Juan Sacatepéquez contraen matrimonio entre los 15 y 20 años de edad, ignorando -en la mayoría de los casos- su derecho a decidir en términos de salud sexual y reproductiva, así como su derecho a denunciar tratos violentos. La mayoría también desconoce que puede participar en la toma de decisiones en asuntos que afectan a su comunidad.
En el año 2001 cinco mujeres de este municipio formaron el Grupo Integral de Mujeres Sanjuaneras, GIMS. Apoyadas por el Centro de Acción Legal en Derechos Humanos, CALDH, orientan a las pobladoras en esta materia. “Las mujeres sufren violencia psicológica, física, sexual, económica y patrimonial y estos son los temas que trabajamos”, explica Ana María Top, directora de GIMS. Con ayuda del Comité Nacional de Alfabetización, han enseñado a muchas mujeres a leer y a escribir.
En 2007 el apoyo económico del Fondo Centroamericano de Mujeres, les permitió crear la Escuela de Formación Política para Mujeres Sanjuaneras. “Decidimos trabajar con las jóvenes porque en el área rural se vive mucha violencia y falta de oportunidades en la adolescencia y juventud”, comenta Ana María. La Escuela permite que mujeres entre 14 y 30 años de edad conozcan sus derechos y reciban información sobre autovaloración, diversidad étnica, género y feminismo, liderazgo, organización y política.
Por Lili Beteta y Alejandra Cardona
Fotos: Jorge Morales