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Miradas furtivas, palabras en doble sentido, gestos amables, una sonrisa solidaria en un momento de tensión y, más tarde, la invitación a compartir un poco más allá del trabajo. Así se inician los romances en la oficina, pero ¿cuántos de ellos están basados en sentimientos auténticos, cuáles son sus ventajas y desventajas y qué consejos dan los expertos?
Julisa* lleva cinco años casada con el hombre que una década atrás fue su compañero de labores. Una relación que ninguno de los dos había considerado posible, se convirtió en el mejor de los noviazgos.
“Primero compartimos mucho tiempo como amigos, luego él me hizo algunas propuestas pero yo no las tomé en serio, sino hasta unos meses después de su cortejo”. Aunque ninguno de los dos estaba seguro de cuál sería el destino de su relación, al poco tiempo Julisa aceptó una oportunidad de empleo en otra empresa. “Tuvimos que ajustarnos a un nuevo horario para vernos, ya no podíamos compartir el almuerzo y dejamos de encontrarnos a diario por varios meses. Después de un tiempo nos convencimos de que éramos el uno para el otro y nos casamos”, afirma.
Pero no todas las historias tienen un final feliz. La tendencia, según los psicólogos, es que este tipo de relaciones limita el crecimiento individual, ambos miembros de la pareja corren el riesgo de ser sólo utilizados para entretenimiento y eso termina afectando la salud emocional y el récord profesional, en especial de las mujeres.
Esa fue la experiencia de Mirna*, quien después de una apasionante relación que no duró ni seis meses, requirió más de dos años de terapia psicológica para salir de una frustración que empezó como un simple juego de seducción. No fue el físico ni los detalles que él tenía con ella lo que la atrajo. Con el tiempo se dio cuenta de que su propio orgullo, al sentirse desplazada por otra mujer, la motivó a entablar una relación que terminó en obsesión.
Sin darse cuenta de que se perdía en un laberinto emocional, esta joven operadora de telemercadeo dio rienda suelta a un romance que puso en juego su autoestima y su puesto de trabajo.
Lo cierto es que mientras hay hombres y mujeres compartiendo a diario en un mismo ambiente, existe la posibilidad de una atracción real. Pero para involucrarse en una relación sentimental hay muchos otros aspectos a tomar en cuenta.
Cuando se pregunta a un psicólogo clínico o industrial cuál es su opinión sobre los romances en la oficina, ninguno duda en responder con un “no” rotundo. ¿Las razones? Disminución de la productividad, distracción en el grupo de trabajo y reducción del círculo de amistades.
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No obstante, ese convivir por varias horas en la oficina, la cercanía, compartir temas en común, el trato amable y la buena presentación, son parte de un mundo de aspectos que pueden despertar el interés por iniciar un idilio.
“Las estadísticas indican que las personas terminan escogiendo a su pareja entre la gente que está a su alrededor, a no más de cinco kilómetros, ya sea por trabajo, vecindario o por compartir una afición”, afirma Lionel Dardón, presidente del Instituto de Psicología y Desarrollo.
Pero uno de los aspectos que más influye en un romance entre compañeros de trabajo es esa necesidad que todo ser humano tiene de compañía y afecto, alguien con quien conversar y desarrollar una amistad íntima, indica Eugenia Toralla, psicóloga y consejera matrimonial. Por eso cuando un matrimonio no es sólido, se abre la puerta para buscar esas cualidades en otra persona con quien el contacto es diario, agrega la psicóloga.
Otros profesionales no dejan de mencionar los beneficios que también pueden acreditarse a este tipo de relaciones, entre ellos: puntualidad para llegar a la oficina, cuidado de la apariencia física, creatividad al hacer el trabajo, ambiente agradable y actitud optimista. Sin embargo, está claro que todos estos aspectos positivos se producen en la etapa de enamoramiento y mientras la relación sea satisfactoria para la pareja.
La principal recomendación cuando se está segura de que la relación de pareja vale la pena es que uno de los dos cambie de empleo o por lo menos de departamento.
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Si las cosas no funcionaron como esperabas, se sugiere actuar con mucha madurez para evitar resentimientos, choques y malos entendidos. De ser posible, debes mantenerte distante de la persona supuestamente amada por un buen tiempo para sanar emocionalmente. Además, se sugiere:
• No actuar con agresividad, exhibicionismo ni lloriqueos en el baño de mujeres. Comportarse como una mujer adulta.
• Tratar a la ex pareja como a los otros compañeros de trabajo, es decir guardándole respeto.
• Nunca hablar mal del otro en el aspecto personal ni laboral.
• Evitar con una tercera persona dentro de la oficina, aunque sea de confianza, comentarios sobre lo que sucedió.
• Aceptar que la relación terminó, siendo honesta consigo misma y con los demás.
Fuente: Anabella de Romero, terapeuta familiar, y
www.tuvida.aol.com
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Cuando la relación está basada en la atracción sexual, cualquiera sea la respuesta de la mujer incidirá siempre en su contra debido a los patrones machistas que aún imperan en muchas culturas, explican los autores del libro Lo que sabe toda mujer que triunfa. Si la fémina rechaza al hombre, puede que éste nunca olvide el incidente y su ego masculino influya en la próxima decisión a tomar. Pero si la mujer se deja seducir, es muy probable que en un futuro ascenso se la juzgue “más por su asunto amoroso que por sus destrezas gerenciales”.
En ocasiones los piropos y otras formas de cortejo no son bien recibidas, pues vienen de una persona por quien no se siente agrado. En este caso se sugiere rechazar amablemente un halago o invitación, pero actuar con indiferencia y sin rodeos. La primera vez no puedes ser hiriente porque se trata de un compañero de labores al que estarás viendo constantemente y no de un extraño en un bar.
Si la persona insiste debes ser más firme, puedes recurrir a tu sentido del humor para tomar con ironía sus palabras. Cuando la persona no se da por vencida, aclara que sólo te interesa su amistad. Si eso no parece suficiente, entonces debes denunciarlo por acoso sexual ya sea con el jefe inmediato o en la oficina de recursos humanos. Dependiendo de tu situación, también considera poner una queja formal ante la Procuraduría de Derechos Humanos, el Ministerio Público o la Policía Nacional Civil, pues aunque la ley guatemalteca no reconoce esta forma de asedio como un delito, puedes solicitar que te brinden protección.
Por Alejandra Cardona
* Nombres ficticios. Fuentes: Lionel Dardón y Eugenia Toralla, psicólogos del Instituto de Psicología y Desarrollo. Anabella de Romero, terapeuta matrimonial. Libro: Lo que sabe toda mujer que triunfa, Janice Reals Ellig y William J. Morin, Grupo Editorial Norma. Modelos: Melissa Rivasplata y Rafael Arce de agencia de modelos Four Image. Maquillaje y peinado: MC Fashion Express, teléfono: (502) 2335-2767.