ico Protagonistas

El VIH, mi compañero fiel

enero - 2008

Tenía 15 años de casada cuando mi esposo empezó a engañarme con otras mujeres, lo cual causó inseguridad en mi hogar. De repente comenzó a frecuentar a una en particular.  Yo pensé que era una relación como las que habitualmente sostenía, pero para mi sorpresa fue más que una simple aventura.

A raíz de mis reclamos por infidelidad, empecé a ser víctima de violencia.  Recuerdo el día que me golpeó tanto, me fracturó las costillas y me rompió la nariz.  Sin embargo, a pesar de la situación yo lo seguía amando y luchaba para revivir la chispa que nos unió tantos años.

Un día el rumbo de nuestras vidas dio un giro.  Mi esposo enfermó y comenzó nuestra odisea económica.  Gastamos mucho dinero en la búsqueda del diagnóstico de su enfermedad, se pensó que era cáncer, incluso, se le hizo la prueba de VIH y salió negativa, pero seguía con malestares: fiebres, diarrea y pérdida de peso.

Tiempo después, parecía que el destino me llevaba a encontrar las respuestas a todas mis incógnitas.  Un día fui con mi ginecólogo y se me ocurrió pedirle una prueba rápida de VIH sin pensar jamás lo que iba a encontrar.  Cuando la prueba dio positivo, mi reacción fue de enojo, hasta insulté al médico y le dije: “¿Por qué a mí?  No, eso no me puede pasar, yo soy fiel”.  Ante mi estado de ánimo, el doctor me mandó a hacer la prueba ELISA y volvió a salir positivo.  Como último recurso se me realizó la Western Blot, por medio de la cual se confirmó que soy una persona con VIH.

En ese momento sentí que se me juntaba el cielo con la tierra, mis hijos están muy pequeños y me preocupaba pensar quién cuidaría de ellos.  Lloré mucho.  Cuando le di la noticia a mi esposo, su reacción fue escudarse y echarme la culpa, acusándome de haberle sido infiel.  Sin embargo, su culpabilidad se pudo comprobar fácilmente al hacer un recuento de CD4 -células del sistema inmunológico-. El resultado demostró que yo estaba en fase de SIDA con 970 CD4 y a él sólo le quedaban 79.  Era claro, yo acababa de ser infectada.    

Al sumar los casos no oficiales, expertos en salud consideran que la cifra de seropositivos asciende a 49,000.

Empezamos a recibir atención integral en la clínica 17 del Hospital Roosevelt.  Ahora él me pide perdón y me dice que jamás pensó en el daño que me haría.  Aunque un día consideré divorciarme, después de cuatro años sólo pienso en seguir apoyándolo, pero no sólo a él, sino a todas las personas que padecen de SIDA.

En la actualidad pertenezco a la Alianza Nacional de Grupos de Personas que Viven con VIH y me he convertido en vocera.  Lucho por toda la población infectada para que obtenga su medicamento, además ayudo a educar a la sociedad en el tema del VIH para que se nos respete y no se nos discrimine.

Recuerdo que un día nos reunimos con mujeres seropositivas para la conformación de la red guatemalteca, decidimos hacerlo en un hostal de La Antigua Guatemala.  Para nuestra sorpresa, las meseras nos sirvieron con guantes.  Nos sentimos muy mal y nos dolió esa falta de sensibilidad.  Sin embargo, lo más duro fue perder mi trabajo donde laboré tantos años.  Sufrí una lesión que no sanaba porque también padezco de diabetes, y mi jefe dijo que yo ya no era útil.  Me despidió sin pagar mis prestaciones.  De éstas podría contar muchas historias más.

Sin embargo, nada de lo que me suceda cambia mis sueños. Voy a graduarme de abogada para trabajar por mis hermanos de sangre infectada.  Quiero conocer el mundo, ver crecer a mis hijos y sueño que un día se encuentre la cura.  

En el país se han registrado 10,304 personas infectadas con VIH: 3,072 son mujeres, 7,221 son hombres y 11 no se identifican con ninguno de esos géneros.  Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.

Adaptado por Brenda Enríquez

Fuente: Alianza Nacional de Grupo de Personas que Viven con VIH, alianzanacionalpositivagt@gmail.com
Foto: Jorge Morales.

Artículos relacionados

archivoArchivo de ediciones
cargando
fotosGalerías
Fotos
load
Videos
load