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Con varios títulos universitarios, una vasta experiencia laboral, una empresa propia, cuatro hijos y 10 nietos, Ruby Ortiz podría ser un personaje de televisión. Pero su encanto no descansa en la colección de sus laureles, sino en la intensidad con que vive cada día dando espacio a los negocios, la familia, los amigos y la buena comida.
Una mirada perspicaz y una sonrisa amplia hacen que desde el inicio una se sienta cómoda al conversar con ella. Minutos después es como estar frente a una caja de sorpresas con experiencias de todo tipo. No importa cuál sea la profesión, edad o condición económica de la interlocutora, su vida es una lección de la que cualquiera tiene algo que aprender.
¿Cuál es su papel como Embajadora Comercial de la Florida en Guatemala?
Tengo que hacer promoción de Guatemala. Debo enterarme de oportunidades de inversión que existen en el país para ofrecerlas a empresarios extranjeros y, a la inversa, asesorar a gente de Florida que quiere invertir en el país.
¿Cuáles son las áreas de mayor oportunidad de negocio para las guatemaltecas?
He visto que las mujeres están destacando en medicina y en arte. Pero también en aquellas áreas que permiten combinar el trabajo con el cuidado de los niños.
¿Algunos ejemplos?
Todo lo relacionado con Internet; con salud y belleza, y todas las áreas de trabajo creativo.
De hecho, usted tenía una página en Internet mediante la cual ofrecía sus servicios. ¿Qué pasó con ella?
Con ella llegué a capacitar a 500 gerentes en Miami, pero firmé un contrato con la Municipalidad de esa ciudad y por ese compromiso acepté algunas restricciones como no hacer trabajos por Internet. Pero acabo de terminar con ese compromiso y mi página es un proyecto a futuro.
Su empresa ofrece asesoría de negocios, eso significa que debe mantenerse informada sobre las operaciones que se realizan en los diferentes mercados...
Sí, en una oportunidad asesoré a un empresario que quería hacer repuestos para barcos. Para ayudarlo a montar el negocio tuve que investigar, no me volví especialista, pero tuve que conocer cuántas partes se requerían y cuáles eran los costos. En otra ocasión alguien quería poner una escuela de salsa y tuve que investigar cuándo empezó, por qué está de moda, cómo está el mercado. Mi especialidad es ayudar al empresario a formar su negocio.
¿Qué hace falta a las guatemaltecas para ejercer ese liderazgo y triunfar en los negocios?
Quitarse la pena. El principal obstáculo es pensar qué van a decir de mí. En una ocasión me dijeron: “Hay oportunidad de dar clases en la facultad de Agronomía, pero los estudiantes son sólo hombres y son unos patanes”. Y yo dije: “Voy”. Por supuesto, el primer día pensé: “Dios, qué hago con estos salvajes”, pero la verdad no lo eran tanto; es más, me casé con un ingeniero agrónomo a quien conocí cuando ambos aún éramos estudiantes. Después me divorcié, pero no se debió a que fuera un patán.
¿Cree que la familia y la profesión son compatibles?
Creo que las mujeres somos especialistas en malabarismo. La familia es siempre primero porque el negocio o la carrera se hace por la familia. No hablo sólo de mujeres casadas o con hijos, porque tengo amigas sin esposos y sin hijos, puede tratarse de un sobrino o hasta un vecino.
¿Cómo fue su experiencia?
Tuve cuatro hijos que son buenos padres y madres, saben ganarse la vida y tienen su ética donde debe estar. Lo que hice fue decirles: “Ayúdenme ustedes a criarse”, y les puse responsabilidades. Ahora nos reímos porque en aquellos tiempos había que ir a Guatel y a la Empresa Eléctrica a hacer los pagos correspondientes. Yo les daba el dinero y lo perdían, no me daban el recibo o el vuelto; pero al final aprendieron. Les enseñé que la cocina no es cosa sólo de mujeres y los cuatro sabían prepararse, por lo menos, un huevo estrellado.
Una de sus hijas es lideresa religiosa, ¿tiene eso que ver con la influencia espiritual que usted ejerció en ella?
No soy mucho de ir a la iglesia, pero soy católica cristiana. Lo que hacíamos era leer la Biblia e historias de santos. Si hacían una travesura les decía: “Aquí no está su papá, su papá está en el cielo y ¿creen que estaría contento por eso?”. A veces tenía que ir a mi cuarto y buscar en la Biblia qué hacía, si les pegaba, los ahorcaba o qué, porque criar sola a cuatro hijos es difícil.
Su amplia formación intelectual también influyó en la crianza de sus hijos...
Sí porque la formación intelectual permite cuestionarse, en lugar de decir “voy a criar a mis hijos de esta manera porque todo mundo lo hace así”.
¿Cómo es su rutina actual?
Me levanto cinco de la mañana. Me gusta preparar mi comida y a las ocho estoy en actividades aunque no tengo horario de trabajo. Me gusta tomarme el tiempo para almorzar y me gusta hacerlo con gente que me deje algo. Después de las cinco, trato de estar en ambientes artísticos para beber de esa energía creativa.
Ha habido un “boom” de libros de motivación y manejo de finanzas dirigidos a mujeres, ¿cree que éstos funcionan?
Soy amante de los libros, pero sólo si una tiene la suficiente disciplina puede comprar los libros y ponerlos en práctica. Es como inscribirse al gimnasio: si no hace ejercicio no va a funcionar.
¿Y qué hay de la excusa “no me da tiempo”?
El día tiene 24 horas. Se deben reconocer las prioridades, porque no es lo mismo ser productiva que estar ocupada. Si el objetivo es criar buenos hijos, mis prioridades deben estar dirigidas a eso, si no una se vuelve trabajólica y cuando ve ya tiene 60 años, y al hacer una retrospectiva dice: “¿Y mis hijos, mis amistades...?
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[“Los libros, páginas de Internet, todo lo que sea de superación personal y de negocios funciona si una tiene la disciplina de hacer, por lo menos, una cosa de las que ahí se sugieren”.]
Recomendaciones de su biblioteca:
• Biblia
• Novelas
• Literatura infantil
• Poesía en general -destaca a Mario Benedetti y Miguel Ángel Asturias-.
• Libros de autoayuda -destaca a Stephen Covey, autor de Los siete hábitos de la gente altamente efectiva-.
Locación: Hotel Princess Reforma Guatemala. Maquillaje y peinado: MC Fashion Express, teléfono 2335-2767.
Por Alejandra Cardona