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La titular de la Secretaría Presidencial de la Mujer, Seprem, -hasta el cierre de esta edición-, habla apasionadamente de las lecciones aprendidas y desafíos pendientes, como Mujer, para alcanzar una Guatemala incluyente, con equidad y respetuosa de la visión de género.
En la tranquilidad de su hogar, María Gabriela Núñez Pérez respira el motivo central de su labor: la defensa de los derechos, promoción y participación de la mujer. Escucharla y ver cómo el brillo de sus ojos refuerza intensamente sus palabras, inspira confiar en que, definitivamente, existe un futuro mucho más pleno de oportunidades para sus congéneres.
Su récord profesional es bastante amplio…
Soy socióloga de formación, estudié una licenciatura en Ginebra, Suiza, y una maestría con especialidad en estudios de la mujer en la Universidad de Iowa, Estados Unidos. Al regresar, me dediqué a la docencia e investigación. A finales de 1980 participé en un programa de desarrollo integral de la población maya, con la que tuve mayor contacto y me identifiqué con la problemática que viven niñas y mujeres indígenas.
Soy una de las precursoras del Programa de la Niña, del Ministerio de Educación y la Asociación Eduquemos a la Niña; trabajé en la descentralización de políticas públicas y, en 2004, después de un proceso de convocatoria pública, el Presidente Oscar Berger, me nombró como Secretaria de la Seprem.
En una escala de 1 a 10, ¿cuánto ha hecho por el bienestar de sus congéneres?
Yo me daría 8 porque todavía hay mucho por mejorar.
¿Qué comentario le merece la Política de Promoción y Desarrollo de la Mujer?
La Política actualizada contiene los lineamientos generales, ahora corresponde al nuevo gobierno, elaborar el Plan de Equidad de Oportunidades -PEO-, involucrando a funcionarios, autoridades e instituciones para que se incluya en la planificación y presupuesto, de acuerdo con sus prioridades.
Una de las principales satisfacciones es haber conseguido que la Seprem, hoy, no sea vista únicamente como un ente dirigido y dedicado a responder a las necesidades de las mujeres mestizas, sino que las indígenas, mayas, garífunas y xincas la sienten como una institución suya, luego de la actualización de la Política. Todo eso me deja un buen sabor.
Tal vez hemos avanzado un 20 por ciento y queda una brecha muy grande para que dentro de las instituciones del Estado no haya que exigir la participación de las mujeres, sino que se dé de forma natural, reconocida y valorada, mediante una mayor apertura y cambio de visiones en la sociedad.
¿Cuál es su visión de las organizaciones de mujeres, y su papel en la conquista de espacios?
Sin el empuje de las organizaciones de mujeres no hubiesen ocurrido los cambios alcanzados o habrían sido más limitados. Pero no han logrado abrirse a nuevas necesidades y ha sido difícil mejorar su visión de lo que debe ser la Seprem, del rol que nos toca jugar y comprender que somos complementarias.
La maquinaria pública no puede responder con la celeridad e ímpetu que quisieran. E incluso a las mismas funcionarias les cuesta ponerse el sombrero de la Secretaría, por eso a veces actúan como representantes de sociedad civil cuestionando y exigiendo al Estado.
Al querer las organizaciones de mujeres asumir el papel del Estado se generan dificultades y tensiones, porque si bien son vitales no pueden sustituir a las instituciones de gobierno, sino aprovechar los espacios que se dan dentro de él. Comparto que, en muchos casos, los funcionarios no son los más abiertos a reconocer las reivindicaciones de las mujeres, pero es ahí donde las organizaciones deben actuar para que los temas se discutan.
A sus 53 años, Núñez se declara una mujer hogareña que disfruta al máximo de la unión con su familia, así como de la lectura de obras de escritoras latinoamericanas y libros de sociología y antropología.
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¿Puede el Estado realmente cambiar el panorama actual de las mujeres?
Sin duda, si hay voluntad política, capacidad instalada y sobre todo si asigna recursos para que puedan desarrollarse programas, proyectos y acciones que conduzcan a la promoción de la mujer y a la búsqueda de la equidad de género a nivel de todo el Estado.
¿Cuál ha sido su receta para sobrevivir en la esfera de gobierno?
Para mí estos cuatro años fueron como un doctorado práctico, aprendí de todas las áreas de la gestión pública. Me he caracterizado por ser una persona comprometida y apasionada de lo que hago, inclusive a veces hasta un poco workaholic. Pero yo veo que el trabajo retribuye, y sé que con mi rectitud, honestidad y transparencia he podido ejercer influencia en algunas áreas.
¿De qué manera ha influido el trabajo en su vida personal?
Sin duda me ha enseñado a ser más tolerante y comprensiva, a dar siempre lo mejor de mí, a esforzarme al máximo y contagiar a mis hijos -de 22 y 24 años- para que hagan bien su trabajo.
¿Cómo combinar vida política y familiar?
Desde antes de tomar posesión en la Seprem inició la consulta en familia, les pregunté ¿están dispuestos ustedes a acompañarme? Me dijeron que sí, de lunes a viernes. Y así fue, salvo algunas excepciones, el fin de semana era esposa y mamá.
¿Tiene proyectos personales pendientes de realizar?
Sí varios, uno de ellos es dedicar más horas al trabajo voluntario de la Asociación Eduquemos a la Niña. Sueño con que se valore y reconozca la importancia de la participación de la mujer, y ver a mujeres empoderadas y valerosas contribuyendo con la sociedad.
Quisiera seguir aprendiendo porque, cada día, uno se da cuenta de los vacíos que tiene en términos de la realización propia. Hace mucho tiempo dejé pendiente un doctorado que me gustaría retomar y me encantaría profundizar más en el conocimiento de la situación de las mujeres para poder dar mayores aportes.
¿Cómo se visualiza a sí misma?
Como una mujer con muchos sueños y expectativas por delante, en términos de contribuir con la sociedad guatemalteca. Siempre me he considerado privilegiada y muy sensible, desde el punto de vista social. Creo en mi fortaleza, potencial y liderazgo para aunar esfuerzos con diferentes grupos y sectores, y así generar cambios importantes. No solamente puedo hacer algo por mi país, ¡lo he hecho!
“El proceso de formación inicial que reciben las niñas es fundamental para después desenvolverse plenamente como mujeres: para valorarse, dignificarse y realizar sus expectativas de vida”.
Por Maria Reneé San José