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La ciudad de Cracovia, situada al sur de Polonia, es sinónimo del pasado de este país. Puede decirse que es la capital histórica y fue sede de su monarquía.
Quien la visita no queda defraudado. Es más, no creo que pudiera pensar, antes de conocerla, que fuera tan hermosa. Será, literalmente, un agradable descubrimiento. Más de un centenar de iglesias, calles medievales, fortificaciones, cúpulas de colores, torres únicas, plazas increíbles, buen ambiente y una universidad reconocida internacionalmente son sólo algunos de sus argumentos para ser conocida.
Impresiona ver desde lejos la colina de Wawel, donde se encuentra la catedral y el castillo real, residencia, en su tiempo, de la monarquía polaca. Desde esta colina se pueden conseguir algunas de las mejores fotografías que nos brinda la ciudad, si el tiempo lo permite. Podemos tener, igualmente, una preciosa panorámica del río Vístula.
La imagen más conocida de esta localidad es su plaza mayor, una de las de mayores dimensiones de Europa. Aquí nos quedaremos ensimismados con tanta belleza. La basílica de Nuestra Señora, el mercado de los Paños, la torre del Ayuntamiento, la iglesia de San Adalberto, las casas burguesas, esperan nuestra visita. Una curiosa tradición advertirán nuestros oídos cuando paseamos cerca de esta plaza. Todos los días, a todas las horas “en punto”, durante todo el año, un trompetista uniformado, desde lo alto de una de las torres de la iglesia de Nuestra Señora interpreta una melodía cuyo sonido se extiende más allá de la plaza. Una curiosa costumbre que no revelo para que la descubras cuando estés “in situ” en Cracovia.
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| La Catedral con sus torres y cúpulas de colores. |
La ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad en la primera lista que realizó la UNESCO en 1978, es imposible de resumir en unos pocos renglones. Entre otras cosas podemos conocer la Plaza Wolnica, la iglesia del Corpus Christi, la de San Pedro y San Pablo, la plaza de los dominicos, la peatonal y comercial calle Florianska, la iglesia de la Santa Cruz, la Barbacana, el patio del colegio Maius de la Universidad donde estudió Copérnico.
Como curiosidad, se hacen muchos recorridos por la ciudad en lo que podríamos llamar la “Ruta de Juan Pablo II”. Veremos dónde vivía cuando era sacerdote y estudiaba en esta universidad, la ventana desde la que se asomaba en el palacio arzobispal, la iglesia donde acostumbraba ir para rezar, y demás. Una ruta que se complementa también con visitas al pueblo que le vio nacer, Wadowice.
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| La torre del Ayuntamiento del siglo xiv se encuentra ubicada en la plaza mayor de cracovia |
No puedo pasar por alto el barrio judío, donde veremos la sinagoga de Remuth y el cementerio judío, uno de los más viejos de Polonia.
Es importante recordar, para que la historia jamás se repita, que las tropas alemanas, durante la ocupación del país en la Segunda Guerra Mundial, aniquilaron, torturaron y exterminaron a multitud de polacos tanto judíos como de otras religiones.
Cracovia es también una ciudad animada con diversos bares y restaurantes, buenas comunicaciones y ambiente agradable. Es segura para el turista y, a pesar de tener algo más de 750.000 habitantes, el trayecto por su casco histórico no es muy extenuante. Ciertamente hay, en determinadas épocas del año, muchos turistas, pero en ningún momento resulta agobiante.
Por cierto, antes de concluir, no quiero olvidarme de su rica gastronomía. Sus embutidos, quesos y platos típicos harán las delicias de quien los pruebe.
A pocos kilómetros de la ciudad de Cracovia se encuentran las minas de sal de Wieliczka, declaradas en 1978 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Conocerlas es casi obligatorio, de no tener claustrofobia. Más de un millón de personas se acercan cada año para recorrer sus entrañas.
Juan Antonio Narro Prieto
colaborador especial