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Bipolaridad: emociones encontradas

noviembre - 2008

El enojo, la depresión y la alegría son emociones normales que toda persona experimenta en su vida. Sin embargo, cuando se anidan en tu estado de ánimo por períodos prolongados, manifestándose como un ciclo de emociones encontradas que no puedes controlar, es hora de buscar ayuda profesional. Podrías estar desarrollando el trastorno bipolar.

El trastorno bipolar o trastorno afectivo bipolar se manifiesta con cambios drásticos de humor, los cuales van desde la extrema tristeza y depresión, hasta la euforia o exaltación -manía-. Afecta a hombres y mujeres de diferente edad.

Los altibajos que sufre una persona con trastorno bipolar pueden compararse con las emociones que se experimentan en la montaña rusa. En un momento la persona siente que está en la cima, suben los niveles de adrenalina, hay mucha euforia y éxtasis, pero cuando baja queda sin aliento y la tristeza la invade.




Cuando el paciente pasa por el episodio de la depresión, tiene pérdida de interés o placer en las actividades habituales. Suele ocurrir que algunas situaciones, por insignificantes que parezcan, lo llevan a deprimirse o acelerarse. Por el contrario, en un momento de euforia puede suceder que gaste dinero en exceso y tome decisiones apresuradas como hacer un viaje, aunque para esto tenga que endeudarse. Otra característica es que no duerme y rebosa de vitalidad; algunos pacientes pueden tener alucinaciones auditivas o visuales, explica el psiquiatra Octavio Reyes, del Hospital General San Juan de Dios.  

Originalmente el trastorno fue reconocido como una enfermedad maníaco depresiva, pero el término era muy inexacto, así es que se le denominó bipolar. El término hace referencia a los extremos: el de la depresión y el de la manía o aceleramiento. Este último es uno de los trastornos del ánimo más comunes y pocas veces diagnosticado, ya que la persona acude a consulta sólo cuando está deprimida.

Algunos estudiosos sobre el síndrome bipolar han decidido contar sus experiencias con pacientes, y reunir los testimonios de éstos en la página de Internet: www.redbipolar.com. Uno de los puntos a los cuales hacen referencia es la necesidad de asumir el trastorno como un padecimiento de importancia y al cual hay que enfrentar con toda la responsabilidad del caso. No se trata de una enfermedad irreversible, aclaran.

Padecer del trastorno bipolar no es sinónimo de discapacidad ni implica resignarse a una mala calidad de vida. Se puede vivir, crecer, crear y ser talentoso, no a pesar de la bipolaridad, sino gracias a ella. Porque, aunque resulte difícil imaginar, la bipolaridad puede ser una oportunidad. Todo consiste en cambiar la perspectiva con la cual se vea al trastorno bipolar y sus vías de sanación, señala Eduardo Grecco, psicoanalista argentino.

Esta idea clínica permite ampliar el concepto de bipolaridad. De esta manera ahora se sabe que muchas conductas, tales como pánico, síndrome de déficit de atención, fobias, hiperkinesis, adicciones -al juego y al sexo, por ejemplo-, y la predisposición a los accidentes, entre otras, pueden ser manifestaciones encubiertas del síndrome bipolar. 

Un buen diagnóstico

Los estudios fisiológicos demuestran que cuando se presenta un cuadro de síndrome bipolar, los neurotransmisores son los que tienden a verse afectados. Hasta donde apuntan los estudios hay cierta predisposición genética. Algunas investigaciones indican que existe una alteración específica en el cromosoma número 11. Las personas con familiares que han padecido esa enfermedad tienen más probabilidad de desarrollarla. Puede afectar a ambos sexos. Por lo general, se empieza a desarrollar desde la adolescencia hasta la edad mediana, es decir, entre los 25 y 50 años. Los niños y adolescentes se ven afectados y muchas veces es difícil diagnosticarlo, porque los síntomas son confundidos con déficit de atención o con hiperactividad. Es importante prestar atención a la frecuencia e intensidad con que se dan estas manifestaciones: arrebatos episódicos de ira, efectividad sexual inapropiada, búsqueda de conducta de riesgo, fluctuaciones del estado de ánimo y problemas cíclicos en la escuela, agrega el psiquiatra José Antonio López.  

Cuando la persona presenta depresión es necesario hacerle un adecuado historial clínico, porque puede que también tenga episodios de aceleramiento. Es normal que no consulte cuando está en la fase de euforia excesiva, porque cree estar bien y sólo acude al médico cuando la tristeza la embarga. El equipo de exploración Spect es uno de los utilizados para medir la funcionalidad de los neurotransmisores y el control de la glucosa, para derminar si el proceso es lento o acelerado, agrega Reyes. Además, son básicos los análisis de laboratorio para descartar problemas orgánicos como los desequilibrios hormonales. También es básico que se determine si el paciente ingiere bebidas alcohólicas o consume drogas. El médico debe analizar los síntomas y el historial clínico del paciente y el tratamiento que más le convenga.  

Tratamiento integral

Para lograr el equilibrio emocional el paciente requiere de fármacos y apoyo psiquiátrico, de lo contrario es casi seguro que quede atrapado en ese círculo vicioso. Cada caso debe ser tratado de diferente manera, ese es el criterio de muchos psiquiatras.

La mayoría de los profesionales recomienda el uso de fármacos eutimizantes o estabilizadores, que constituyen un factor esencial para el control de la patología. Se recomienda el tratamiento con litio, para estabilizar los episodios maníacos, y el tratamiento con lamotrigina para la depresión.

Sin embargo, el psicoanalista Grecco afirma que en todos los casos es indispensable cambiar la rutina de vida para realmente alcanzar la sanación. “Por eso propongo un plan de vida como tratamiento. Esto incluye alimentación, actividades físicas y recreativas, tratamientos con recursos naturales, psicoterapia, entre otros”.

Los psicofármacos deben ser una ayuda puntual, mientras sean necesarios, durante un tiempo limitado y si no hay otras opciones. Pero no puede ser el recurso de vida. Hay otros recursos efectivos con los cuales los pacientes pueden tener un ritmo de vida adecuado.

Grecco sostiene su teoría porque considera que la bipolaridad es semejante a la dislexia. En ambos casos, las personas carecen de un punto de orientación. No obstante, cuando pueden llegar a construir y manejar ese “punto de referencia” -giroscopio interior-, lo que inicialmente parecía como una dificultad comienza a desaparecer. En el disléxico se trata de la carencia de un punto espacio-mental; en el bipolar, de una “coordenada vincular”.

Esta carencia es la que hay que remediar en todo tratamiento terapéutico de la bipolaridad, para que su lugar lo ocupe una “relación guía”, ya que la falta de eje provoca confusión. Ante la emergencia de tal estado psíquico, la inestabilidad aparece como una respuesta defensiva.

Al trabajar bajo esta perspectiva y aplicar una metodología destinada a que la persona bipolar cree un “vinculo interior referencial” -la báscula mental-, que le sirva de timón para alejarlo de los cambios extremos y de la confusión que le generan algunas situaciones cotidianas, los logros que se alcanzan son sorprendentes.

Hay cosas que la persona bipolar no puede representar, que le crean desorden, desorientación, caos y desconcierto, y entonces la oscilación es la respuesta para defenderse de esa circunstancia. Del mismo modo, como su pensamiento es plástico -imágenes en movimiento-, su ir y venir emocional refleja su discurrir mental. Cuando le dicen “tienes que ser estable”, ella escucha -oscila-.

Esta situación es decisiva porque desde la medicación y la palabra lo que se le está repitiendo al bipolar es algo que no puede comprender o lo traduce exactamente al revés.

Por ello, la “estabilidad” que el bipolar tiene que lograr no debe provenir de afuera, sino surgir como una “referencia interior”. No puede equivaler a la detención o quietud, sino a movimiento con sentido y proporción. Tampoco hay que pretender que deje de oscilar -su oscilación es su virtud-, sino dejar que sane la desproporción que se lo “traga” en el remolino del eterno vaivén sin eje.

“Los pacientes bipolares nos enseñan, con sus expresiones, aquello que los terapeutas tenemos que aprender para saber ayudarlos. Sólo hay que poner atención, escucharlos y valorar sus puntos de vista. Y acompañarlos a precisar sus emociones encontradas” afirma Eduardo Greco en su libro ¿Quién se ha subido a mi hamaca?.

Para Grecco, las relaciones humanas, las actividades de servicio, el desarrollo sensorial, la danza, el yoga y el tai chi son excelentes herramientas para construir y sostener el eje interior.

¿Cuáles son las manifestaciones?

Polo de la depresión
• pérdida de interés o placer en las actividades habituales
• carencia de energía y actividad que puede llegar a la apatía
• pérdida de apetito o de peso, en algunos casos aumento de apetito
• trastornos del sueño: insomnio o dormir en exceso
• disminución del deseo sexual
• dificultad para concentrarse y razonar
• sentimiento de culpa, incapacidad y ruina
• pensamientos o deseos de morir o ideas de suicidio.
• en casos severos pueden existir cuadros delirantes de contenido culposo y catastrófico.

Polo de la manía:

• estado de ánimo eufórico y/o irritable
• disminución de la necesidad de sueño
• aumento de la actividad.
• hablar sin poder detenerse
• pensamientos que saltan de un tema a otro
• aumento de la actividad sexual con pérdida del pudor
• grandiosidad en las conductas
• pérdida del autocontrol y del juicio
• en casos severos, fuga de ideas -incoherencia en el lenguaje- e ideas delirantes de contenido grandioso
• eufóricos, exaltados e hiperactivos, se sienten brillantes y creativos
• la grandiosidad los lleva a tomar decisiones irreflexivas. gastan dinero sin medida, su sexualidad está exacerbada y pierden el pudor. aun sin dormir se encuentran llenos de energía.
• suelen hacer planes irrealizables y pueden llegar a ser agresivos y violentos
• la exaltación los puede llevar a perder el control de la realidad.

Se puede vivir, crecer, crear y ser talentoso, no a pesar de la bipolaridad, sino gracias a ella. Eduardo Grecco, psicoanalista argentino.


Por Margarita Pacay

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