ico Mujer Total

Hoy puedo contarlo

noviembre - 2008

Siempre pienso en las cosas que pude haber hecho diferentes ese día. Antes me culpaba por no medir los riesgos, ahora sé que con mortificarme no regresaré el tiempo para evitar que me violaran. No fue mi culpa, no lo provoqué.

El 13 de marzo salí de trabajar 20 minutos más tarde de lo normal y como el bus llevaba pocos pasajeros, el piloto nos dejó a todos en un sector de la Zona 13, cerca del monumento a Tecún Umán. 

Inmediatamente después de bajarme del bus, dos individuos me acorralaron por la espalda. Por instinto, quise soltarme y dialogar con ellos para entregarles mis pertenencias. En ese momento creí que sólo querían asaltarme, pero desde el principio me aclararon que sus intenciones eran otras.

Entré en pánico, la histeria y el miedo se apoderaron de mí. Los intentos de escapar fueron inútiles, ya que a fuerza de golpes me doblegaron y violaron. Usé todas mis fuerzas para gritar y defenderme, no obstante, no fue suficiente para evitar que sucediera el ataque. 

Cuando todo terminó, los maleantes se alejaron celebrando a gritos. Apenas pude levantarme, vestirme y caminar para buscar ayuda. Dos muchachos, como ángeles caídos del cielo, sin darles detalles por la vergüenza que sentía, me ayudaron a llamar a mi papá.

Subirme al automóvil y explicar a mi padre lo sucedido fue muy difícil, pero le conté todo. Él me brindó su apoyo y estuvo dispuesto a acompañarme a donde fuera necesario. Mi principal preocupación era ir pronto a un hospital, pues conozco los riesgos de tener relaciones sexuales sin protección, sobre todo, en casos de violación. 

En un hospital cerca de mi casa me explicaron que no podían atenderme porque debía poner la denuncia en el Ministerio Público y así lo hice. Allí pude ver en un espejo la seriedad de mis lesiones.

Después de ser examinada fui remitida al Hospital Roosevelt, donde me administraron una píldora de emergencia para evitar un embarazo y otros tratamientos contra infecciones de transmisión sexual. Fue una noche difícil para mí y las demás mujeres que, también habían sido atacadas.
Al siguiente día, en la clínica de Enfermedades Infecciosas de ese hospital, recibí un tratamiento que reduce el riesgo de contagio de VIH: una dosis de antirretrovirales durante 28 días. Por un año estaré en observación y me practicarán varias pruebas para descartar la presencia del virus.

Hoy puedo contarlo sin romper en llanto. Aún lucho por superar las secuelas de esa experiencia traumática, además de soportar los efectos secundarios de los medicamentos. Perdí 30 libras, se me cayó el cabello y sufrí depresión severa por algún tiempo.

Ahora, el principal apoyo lo encuentro en mis seres queridos y, sobre todo, en Dios. También me ayuda contar mi historia a personas que me aprecian. He recibido asistencia psicológica, la cual ha sido de mucho beneficio para salir adelante.

No hay fórmula para olvidar o dejarlo atrás. Creo que nunca voy a poder hacerlo, aunque trato de verlo como una oportunidad para comenzar de nuevo. A pesar de que perdí mi trabajo por el intenso tratamiento médico, pienso que mi historia pudo haber sido diferente. En lugar de estar contándola podría haber sido un titular más de periódico: “Otra mujer asesinada”.

Vivir en carne propia la posibilidad de no sobrevivir a un ataque sexual me enseñó a ver mi existencia de forma diferente. Aprendí a apreciar cada momento, ya no me enojo o molesto por cosas que no valen la pena. Me siento afortunada de tener a mi lado a mi familia que desde el principio me apoyó y me ayudó a salir adelante.

Me siento lista para continuar con mi vida. Mis sueños y aspiraciones no han desaparecido y tengo la determinación de luchar por alcanzar lo que quiero.

Tengo confianza en que la justicia se cumpla. En la Policía Nacional Civil me ayudaron a hacer una fotografía robot de los agresores. Esto ayudó para que mi caso se ventile en las oficinas de la Fiscalía de la Mujer, del Ministerio Público. Me siento optimista frente a los resultados de la investigación, pues me dan la esperanza de que si los capturan haya una condena para los culpables de este crimen.


“Es triste que muchas mujeres en Guatemala tengamos que vivir lo mismo y la mayoría ni siquiera sepa de la ayuda y atención médica que se debe recibir en una situación así”.

¿Qué hacer?

Si has sido víctima de violencia sexual recuerda:

• Tú no eres culpable.
• No te quedes sola. Habla con la persona en quien más confíes.
• Exige justicia y haz tu denuncia a las autoridades, las primeras 72 horas son cruciales.
• Busca ayuda especializada.
• Acude lo antes posible a un hospital nacional o centro de salud del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, u hospitales del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social -IGSS-, si estás afiliada.
• En estos centros te brindan ayuda psicológica, te toman muestras que sirven como pruebas, recibes tratamiento preventivo contra enfermedades de transmisión sexual y el VIH/SIDA, y te ayudan a prevenir un embarazo no deseado. El personal está capacitado para brindarte la atención requerida.
• Busca apoyo legal en el Ministerio Público, en la Fiscalía de la Mujer, en la Procuraduría de Derechos Humanos y en la Policía Nacional Civil.

Rompe el silencio, la violencia sexual te afecta a ti, a tu familia y a la sociedad.


Adaptado por Karla Rímola


Fuentes: Médica María Alejandra Flores, coordinadora del Programa Nacional de Salud Mental, del Ministerio de Salud Pública. Ministerio Público.

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