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La película Vicky Cristina Barcelona encantó a la crítica en el pasado festival de Cannes. Además del retorno de Woody Allen a la pantalla grande, resalta un elenco con estrellas como Scarlett Johansson, Penélope Cruz y Javier Bardem. En esta ocasión, el actor español es quien toma la palabra para contarnos algunos detalles de esta experiencia.
Antes de leer la entrevista debes conocer la historia:
Vicky -Rebecca Hall- tiene toda su vida planeada, hasta su boda con el algo tímido Doug -Chris Messina-. En contraste, su mejor amiga, Cristina -Scarlett Johansson-, es una inquieta aspirante a bohemia, segura sólo de lo que no quiere.
Las dos vuelan a Barcelona para estar juntas un último verano, esperan pasar unos cuantos meses descansando y disfrutando del arte en Barcelona. Sin embargo, cuando el gallardo pintor Juan Antonio -Javier Bardem- les hace una oferta que no pueden rechazar -sin importar qué tanto Vicky quisiera hacerlo-, sus vidas se complican muchísimo más.
Cuando María Elena -Penélope Cruz-, la ex esposa de Juan, se presenta a su puerta, recién recuperada de un intento de suicidio, las cosas se hacen aún más confusas, volátiles y sensuales.
En la rueda de prensa en Cannes, Woody Allen habló sobre los aspectos tragicómicos de Vicky Cristina Barcelona, señalando que, aun cuando hay momentos divertidos, espera que el centro de la atención esté en los elementos trágicos al final de la cinta.
Dada la famosa falta de dirección específica de Woody Allen, ¿cómo pudo interpretar el equilibrio entre comedia, tragedia y sexo en relación a Juan Antonio?
Creo que ése es uno de los aspectos de la genialidad de los diálogos de Woody Allen. Es muy difícil para un actor recibir un diálogo realmente brillante que le indique la dirección a seguir.
¿Es cierto que cuando se trabaja con Woody Allen, él no dirige demasiado, pero supongo que, primero, confía en los actores a los que escoge y, segundo, en el diálogo que escribió?
Él conduce en la dirección correcta y, entonces, uno empieza a leer y ve cómo la narrativa del comportamiento del personaje empieza y por lo que pasa justo al final. Eso, más decirnos: “Sí, esto puede ser una comedia, y esto puede ser divertido o no, pero esto es en realidad un drama”. Se trata de una película sobre personas que quieren encontrar respuesta a algo que no tiene ninguna respuesta, que es como hay que abordar el amor. ¿Cuál es la mejor forma de abordar el amor? ¿Quién lo sabe? Cuando llega el final, la historia adquiere otra especie de sabor amargo, porque hay personas lastimadas por la experiencia que tuvieron en este par de meses. Y creo que, una vez que se lee eso en la historia, se entiende y se sabe que el director quiere que uno vaya en esa dirección, y uno lo hace.
Allen es un director conocido por no intervenir, pide que los actores se apeguen al guión. No obstante, al observar los pleitos entre usted y Penélope Cruz, todos en español, parece que mucho del diálogo fue improvisado. ¿Fue así?
Bueno, no le gusta adjudicarse el crédito por eso, pero es así. Lo que dijimos en español fue una traducción literal de lo que él escribió.
Es cierto que, cuando yo trabajo en español, porque es mi idioma materno, sé que es mejor usar esa palabra en lugar de otra, así es que se agrega o se quita esa palabra. Pero el pensamiento, la idea, el ritmo, todo es algo que él escribió. Y a él le gusta decir que no fue así, pero es verdad. ¿Quién se atrevería a cambiar cualquier diálogo de Woody Allen? Yo no.
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En comparación con Ramón Sampedro o Antón Chigurh, sus personajes en The Sea Inside -2004- y No Country for Old Men, uno podría suponer que Juan Antonio se acerca más a su propia personalidad. No tanto porque es un don Juan, sino por su capacidad para hablar con total franqueza y directamente. No hay ambivalencias en él. ¿Se parece más a su personalidad?
Para nada. Cuando estaba leyendo el guión, cuando vi la primera escena en la que me aproximo a esa mesa -en el restaurante- donde están Scarlett y Rebecca, pensé: “¿Cómo demonios se hace esa escena? ¿Cómo se hace para decir esas palabras?”. Supongo que no es tan extraño como algunos de los personajes que he interpretado, y eso es lo que hace que sea más lógico, que sea más cercano al actor que representa ese personaje. Pero creo, como con cualquier cosa, que se da todo lo que se tiene. No soy ellos. Ellos no son yo. Pero, al mismo tiempo, los tengo a todos dentro de mí.
Usted ha descrito a Juan Antonio como alguien con “una herida que tiene que sanar”. Sabemos que María Elena lo apuñaló en una ocasión, tanto emocional como físicamente. ¿Cómo describiría la relación entre ellos?
Creo que Woody Allen, primero que nada, hace algo realmente inteligente y acertado. Pone todos estos estereotipos y clichés frente a nosotros y, entonces, poco a poco, no sólo se burla de ellos y los destruye, sino que en el mero final termina llevándonos a ver qué es lo que está atrás de esas etiquetas y clichés, que son las personas. Gente que comparte los mismos temores, necesidades, impotencia y dependencia, sin importar de dónde provienen o qué es lo que fingen ser. Y eso es algo grandioso.
La locura que comparten todos ellos es -el temor de- no encontrar lo que están buscando. El extremo de eso es la relación entre María Elena y Juan Antonio. Es un sitio que no avanza porque está atascado en la interdependencia y en esta locura de “te necesito tanto como necesito que estés lejos de mí”, es algo que podemos ver por todas partes en el mundo. Y, supongo, la confrontación entre estos dos personajes es lo que hace que los de Scarlett y Rebecca se den cuenta verdaderamente en qué estuvieron -involucradas- en los dos últimos meses.
Allen habló sobre cómo siente que Juan Antonio es un personaje inherentemente decente. Él simplemente quiere pasarla bien con estas dos encantadoras jovencitas, pero cuando se da cuenta de que se siente atraído por Vicky más que sexualmente, decide retroceder en lugar de crear una situación más complicada. ¿Juan Antonio tiene miedo de salir lastimado si persigue a Vicky, sólo para darse cuenta de que ella no está dispuesta a romper su compromiso matrimonial sólo por él?
Siempre vi a Juan Antonio como una proyección de una imagen que no sólo las mujeres podrían asignarle a los hombres, esta especie de artista indulgente, cuidadoso, protector, seguro, sino también tierno y libre. Pero también una imagen que los hombres adjudican a otros hombres, algo así como: “Me gustaría tener el valor para ser Juan Antonio”. Pero creo que, al final, ese es un personaje que él crea para poder ocultar la verdad, que es el temor, la necesidad infantil de que una mujer lo proteja. Podríamos ir al pasado de Juan Antonio y ver lo que sucedió con su madre cuando tenía cinco años. Pero no puede quedarse solo más de cinco minutos, y eso es una maldición. Debido a eso, necesita ser como es, franco y rápido. -Ríe-.
Por Karl Rozemeyer, Premier Magazine