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Aunque no hay mucha teoría al respecto, la amistad es un tema de interés común. La importancia que tienen los amigos se evidencia en las series de televisión, filmes, canciones, redes sociales virtuales y, más cerca de la realidad, en el vecindario. Y tú, ¿qué tantos amigos tienes?
Con las amigas compartimos quejas comunes de nuestros novios o esposos, proyectos personales y también el gusto por ir de compras. En realidad son muchas las cosas que disfrutamos con las amigas, razón por la cual se llegan a establecer vínculos fuertes, sanos, productivos y trascendentales, tal es el concepto de amistad que da el psicólogo Rodolfo Sazo.
Cuando hablamos de relaciones sanas, las amistades se convierten en ese soporte que nos permite salir del entorno familiar y enfrentarnos a la sociedad de una manera protegida, explican las psicólogas Mayra Pérez y Analizzette Bolaños. Por eso son fundamentales para nuestro desarrollo integral.
La capacidad que tenemos para establecer estos vínculos afectivos fuera del hogar está determinada, en un inicio, por la enseñanza y el ejemplo de nuestros padres. A medida que vamos creciendo podemos analizar, sacar conclusiones y hasta descartar las relaciones que no son de beneficio. Esto siempre y cuando contemos con la salud emocional que nos permite distinguir entre una buena y una mala amistad.
La primera forma de vínculo amistoso a corta edad se da por medio de la empatía o afinidad. ¿Recuerdas tus primeras amistades en el kinder? Sin duda compartías con ellas la refacción, sus sueños para el futuro y los regalos que deseaban recibir en su cumpleaños.
Pero cuando los años pasan, la afinidad se va haciendo más selectiva, de manera que los vínculos también se hacen más duraderos. Mientras la adolescencia es una etapa de ensayo, en la que los valores morales son determinantes para fortalecer o debilitar las relaciones amistosas, en la edad adulta se supone que hemos aprendido a seleccionar y cuidar nuestras amistades.
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Pérez y Bolaños mencionan que la principal característica que deben tener los buenos amigos es autenticidad. “Aquella persona que basa sus relaciones de amistad en cosas o situaciones que la podrían hacer más popular, más apreciada o mejor aceptada por los demás, no está relacionándose verdaderamente”, explican.
Otra característica es que cuando no hay similitud en las actividades o algunas formas de pensar, lejos de distanciarse los verdaderos amigos amplían sus conocimientos, se divierten y son más tolerantes.
En una relación amistosa saludable también se sabe respetar los límites. Por ejemplo, una buena amiga entiende que puede contar con su “íntima” siempre y cuando no interrumpa los espacios familiares. Cuando se llega a interferir en la privacidad de pareja o del hogar, aparecen los problemas, agregan Pérez y Bolaños.
Ambas psicólogas explican que la confianza debe darse con límites, en especial si la amistad se da entre un hombre y una mujer. Bien pueden ser buenos amigos, pero las normas de su relación deben estar claras tanto para ambos como para las personas a su alrededor.
Cuidar la autoestima propia también es básico si se desea conservar una amistad, esto quiere decir no dejar que consciente o inconscientemente ésta pueda manipularnos. Tal como se recomienda a los adolescentes, debe tenerse la capacidad de cuestionar, analizar y hasta adelantarse en juicios sobre las acciones que los amigos realizan, indica Sazo.
Por otra parte, debe tenerse claro que la “mejor amiga” es aquella que siempre está ahí, nunca echa en cara algún problema y nos permite superarnos, pero esto no implica que nunca nos va a fallar.
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Cierto es que un buen amigo es un tesoro; no es fácil de encontrar, tiene un gran valor y qué mejor que conservarlo toda la vida. Para esto, como en toda relación, se debe cuidar a diario el trato, evitando errores comunes como malos entendidos, falta de comunicación e intolerancia, principales causas del rompimiento de amistades, señala Sazo. Algunas de las pautas sugeridas por Jim Burns, presidente de la asociación Home Word, citado por el líder juvenil Howard Andreujol, para conservar las buenas amistades son:
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Ser sociable, lo cual abre la puerta de posibilidades y oportunidades en el mundo laboral y de los negocios, no es igual a ser amigable. Lo primero permite relacionarse en distintos ámbitos, situaciones y tiempos; mientras que la relación de amigos implica buen trato en circunstancias y tiempo específicos, explica Sazo.
A un cliente lo buscamos porque vamos a ofrecerle con amabilidad un producto o servicio, no necesariamente tiene que ser nuestro amigo, agrega el psicólogo. Sin embargo, tener la capacidad de establecer buenas relaciones interpersonales es una habilidad cada vez más solicitada por las empresas, tanto que forma parte del perfil de puestos.
En los lugares de trabajo lo recomendable es mantener una relación de respeto y cordialidad con los compañeros, teniendo en cuenta los límites de confianza. Pérez y Bolaños resaltan no confundir la amistad con el trabajo, en especial si se forma una sociedad. Situaciones incómodas como llegar tarde, tomar dinero de la caja o faltar al trabajo, pueden parecer menos graves cuando se está “entre amigos”. Lo mejor al tener un negocio con amigos es regular la convivencia para no perder de vista que el lugar de trabajo es donde invertirán dinero, tiempo y esfuerzos para cumplir sus metas laborales, concluyen las psicólogas.
De acuerdo con Sergio G. Román, sacerdote y autor del artículo La Amistad, los amigos se pueden clasificar en:
De acuerdo con Sergio G. Román, sacerdote y autor del artículo La Amistad, los amigos se pueden clasificar en:
Por Alejandra Cardona
Fuentes: Rodolfo Sazo, psicólogo. Mayra Pérez Pivaral y Analizzette Bolaños Fletes, psicólogas de Psicogroup. Howard Andruejol, líder juvenil y consejero, sitio web: www.elbunker.net Sitios web: www.arzobispadomexico.org.mx www.homeword.com