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Esas pequeñas travesuras le ponen sal y pimienta al romance. Pero no permitas que el desconocimiento o la falta de cuidado conviertan tu experiencia sexual en un problema.
Nadie puede negar que los juegos sexuales son un ingrediente indispensable en cualquier relación. Por ejemplo Marcela* es una chica curiosa, a quien le gusta experimentar con diversos objetos, hacer realidad sus fantasías e incluso arriesgarse un poco cuando de encuentros sexuales se trata. Pero una mañana notó cierta molestia que la hizo correr angustiosamente con su médico. El diagnóstico: vaginitis y traumatismo; la causa: sexo en la playa.
Como explica la doctora Ruth Palacios, el contacto con la arena no produce infecciones vaginales, pero su presencia durante la penetración sí puede causar lesiones leves y sangrado. Por otro lado, ciertos elementos impregnados en la arena, como hongos o bacterias, podrían originar una vaginitis o cervicitis.
El caso de Marcela es más común de lo que se cree. “Son muchas las mujeres, principalmente adultas jóvenes, quienes vienen a la clínica por molestias vaginales asociadas con juegos sexuales presentando infecciones, lesiones desde leves hasta moderadas, y otras más serias como atrofias de los órganos sexuales y embarazos no deseados”, agrega la galena.
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En opinión de Palacios hay dos aspectos que deben tenerse siempre en mente antes de una relación sexual, principalmente si estás planeando algún tipo de juego previo. El primero de ellos es la higiene, sin importar el lugar que elijas para tu encuentro, éste debe ser limpio en extremo para evitar riesgos.
La cama, por ejemplo, puede ser fuente de enfermedades por falta de cuidados mínimos como eliminar el polvo, objetos extraños y pelos de animales, principalmente de perros y gatos, los cuales pueden causar problemas si ingresan en la vagina. Y por supuesto, cuando la relación ocurre fuera de la cama, como en sillones, vehículos, cocina y otros ambientes menos controlados, el riesgo aumenta.
La segunda recomendación es cuidar el interior de la vagina, poniendo especial atención a todo objeto que ingrese en ella, incluido el pene, ya que cualquier bacteria representa un riesgo de infección. Debes cuidar la limpieza del órgano masculino, al igual que de los juguetes que utilices, antes y después de la relación. De lo contrario, te estarás exponiendo a una infección con la misma seguridad que si te cortaras con un pedazo de hierro oxidado, concluye Palacios.
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Otro tipo de lesiones que pueden surgir de la práctica de juegos sexuales son los moretones. “Pueden ser marcas por ataduras demasiado apretadas, marcas de mordidas en el cuello, por palmadas suaves pero repetitivas en los glúteos y, algunas veces, por golpes excesivamente rudos durante el acto”, comenta la sexóloga Ana Lucía Cifuentes.
Esta práctica no es exclusiva de hombres hacia mujeres. Algunas de ellas, en medio del fuego de la pasión, piden ser golpeadas o propinan mordidas profundas, arañazos o golpes a sus compañeros sexuales. Aunque tales expresiones podrían ser consideradas “normales” en una velada apasionada, también pueden ser el primer indicio de violencia sexual.
Por eso, aquellos juegos que implican cierto grado de rudeza y fuerza deben realizarse con la plena aceptación de los involucrados y con un alto grado de madurez para evitar frustraciones posteriores. “En varias ocasiones he atendido a hombres y mujeres que buscan ayuda porque han desarrollado una especie de miedo al encuentro sexual, ya sea con su pareja actual o por malas experiencias previas”, agrega Cifuentes.
En esta misma línea, el psicólogo Gabriel Villa explica que muchas veces alguien con problemas latentes en su psique puede llegar a expresarlos en la cama. “Si una persona tiene un nivel de agresión reprimida, un encuentro que inicia como una relación de confianza con su pareja puede darle una sensación de poder que actúa como disparador de una explosión de ira mayor”, comenta el especialista.
Hombres y mujeres que tuvieron modelos de autoridad demasiado dominantes podrían proyectar su frustración en una situación donde tienen “en sus manos” a una persona sumisa, dispuesta a aceptar parte de su ira. En esta situación, tanto Cifuentes como Villa aconsejan que la pareja hable previamente de sus deseos en lugar de dejarse llevar por el momento.
Se deben poner reglas, límites y establecer el nivel de aceptación de cada uno en el grado de violencia, tanto física como verbal. Una práctica sana es la de establecer una palabra clave, que será entendida como una orden determinante para dar por concluido el juego, concuerdan los especialistas.
Otra consecuencia negativa de algunos juegos sexuales son los embarazos no deseados, sobre todo en adolescentes que no conocen los riesgos de ciertas prácticas como el petting -derivado de to pet, acariciar, en inglés-. Esta suele ser la práctica sexual predilecta cuando se explora el mundo de la atracción física, pero aún no se completa el acto sexual como tal, comenta la sexóloga Ana Lucía Cifuentes.
El petting se define como toda caricia o manipulación de los órganos sexuales y de las zonas erógenas del compañero, o la masturbación mutua sin llegar al coito. “Un significativo número de jóvenes realiza este tipo de actividades, movidos por la excitación y el placer que produce rozar o frotar los genitales de otra persona. Asimismo, el nivel de compromiso de una relación no queda necesariamente determinado, a pesar de que haya existido cierto nivel de intimidad”, comenta Cifuentes.
Una modalidad del petting es la simulación de la relación sexual sin quitarse la ropa, en ropa interior o en traje de baño, especialmente en época de temperaturas más elevadas. Pero según la especialista, el problema es que muchos jóvenes recurren a este tipo de contacto físico creyendo que al no haber penetración no existe riesgo de embarazo o de contraer infecciones de transmisión sexual. Esa idea es errónea, ambas situaciones están latentes y suceden con frecuencia.
Si ésta es una práctica sexual habitual, Cifuentes enfatiza que las manos deben estar siempre limpias en casos de masturbación mutua, así como cualquier objeto usado para acariciar o simular el coito. En el caso de la simulación, el hombre debe usar condón. Aunque no haya penetración, existe la posibilidad que se produzca una eyaculación y el semen traspase la tela de un traje de baño o una prenda de ropa interior delgada.
Otra situación que deriva de los juegos en la intimidad son las alergias por el uso de aceites o polvos, o reacción a ciertos alimentos y a otras sustancias que se aplican sobre la piel. Al respecto, la doctora Ruth Palacios recomienda hacer siempre una prueba antes del acto sexual. Un enrojecimiento de la piel del dorso de la mano será preferible a uno en el torso del cuerpo, la espalda o incluso en un órgano genital.
Los especialistas recomiendan el uso de lubricantes a base de agua, así como los aceites de origen vegetal que expresen claramente haber sido probados contra la dermatitis atópica o eccema.
Además, algunas personas pueden experimentar una patología conocida como alergia al sexo, la cual no es más que la reacción del organismo ante diversos fluidos. Esta situación fue presentada al mundo por el médico alemán Jürgen Brater, a mediados de la década de 1970.
Brater explicaba que las alergias íntimas siguen siendo difíciles de diagnosticar, porque sus síntomas locales como irritación, hinchazón, picazón y dolor en la zona genital, son parecidos a las infecciones de transmisión sexual. El malestar empieza, por lo general, entre cinco y 15 minutos después de la relación sexual.
Los casos en que se puede presentar esta situación son:
• Saliva: algunas mujeres parecen ser alérgicas a los besos de la pareja, pero en realidad es una incompatibilidad con algunos alimentos cuyos residuos han quedado en la boca.
• Semen: otras féminas sufren reacciones vaginales alérgicas al esperma de su pareja, las cuales consisten generalmente en irritación, picazón o erupción en la zona genital, hinchazón, cólicos o incluso malestar general. Una alergia de este tipo podría ocasionar la formación de anticuerpos incompatibles con el esperma, causando algunos casos de infertilidad complejos.
• Fluidos vaginales: también existen hombres sensibles a las secreciones vaginales, padeciendo una fuerte irritación después del coito. A las parejas afectadas se les recomienda usar preservativos para evitar el contacto de las mucosas.
• Látex: una de las más frecuentes es causada por el látex de algunos condones o diafragmas. La alternativa son los preservativos de poliuretano, pero aún no se comercializan en todos los países.
• Espermicidas: las jaleas, espumas, cremas u óvulos vaginales son una protección adicional al condón y al diafragma, pero estas sustancias químicas también pueden ocasionar reacciones alérgicas, como la cervicitis o inflamación del cuello uterino en las mujeres.
Por Maria Reneé San José
* Nombre ficticio.
Fuentes: Doctora Ruth Palacios, sexóloga. Ana Lucía Cifuentes, sexóloga. Gabriel Villa, psicólogo. Libro: Sexo ¡¿y ahora qué hago?!, de Alessandra Rampolla, editorial Sudamericana. www.hombremujerypareja.biz www.consumer.es