ico Mujer Total

Sacúdete los compromisos y comienza a bailar

febrero - 2009

Es común que a veces algunas características -tales como el color del cabello, las libras de más o de menos, tener mucho o poco busto, ser muy alta o baja- causen uno que otro disgusto. Pero no es normal ni saludable si esa molestia se convierte en obsesión, ya que poco a poco surgirán temores que influirán en tus actos al extremo de cambiar tu rutina y estilo de vida.  

El trastorno puede manifestarse con actitudes que van desde evitar el uso de sandalias porque no te gustan tus pies, esconderte bajo varias capas de ropa, o prohibirte viajar a la playa porque te angustia el solo pensar que deberás usar un traje de baño ante cientos de veraneantes.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, un complejo es una agrupación de ideas, emociones y tendencias generalmente reprimidas y asociadas a experiencias que perturban el comportamiento.

El psicoanalista Carl Jung fue el primero en popularizar el término en el libro Los complejos y el inconsciente. Para Jung este problema es una manifestación natural de la vida que depende del bienestar o malestar personal.

Es común que a veces algunas características -tales como el color del cabello, las libras de más o de menos, tener mucho o poco busto, ser muy alta o baja- causen uno que otro disgusto. Pero no es normal ni saludable si esa molestia se convierte en obsesión, ya que poco a poco surgirán temores que influirán en tus actos al extremo de cambiar tu rutina y estilo de vida. 

El trastorno puede manifestarse con actitudes que van desde evitar el uso de sandalias porque no te gustan tus pies, esconderte bajo varias capas de ropa, o prohibirte viajar a la playa porque te angustia el solo pensar que deberás usar un traje de baño ante cientos de veraneantes.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, un complejo es una agrupación de ideas, emociones y tendencias generalmente reprimidas y asociadas a experiencias que perturban el comportamiento.

El psicoanalista Carl Jung fue el primero en popularizar el término en el libro Los complejos y el inconsciente. Para Jung este problema es una manifestación natural de la vida que depende del bienestar o malestar personal.

Desde la raíz

El terreno fértil para desarrollar complejos físicos es la baja autoestima. Cuando la persona no se acepta tal y como es, y rechaza las partes de su cuerpo que no cuadran dentro del estándar ideal de belleza.

La psicóloga Ángela Reyes indica que las comparaciones constantes entre familiares o personajes de la farándula, ser el blanco de apodos o haber sido criado en un hogar donde los padres se preocupan por la perfección física, dan pie al desarrollo de los complejos tanto en la infancia como en la adolescencia.

Una niña que ha sido comparada “crecerá con una imagen distorsionada sobre ella misma, y en la etapa adulta esto se agravará por influencias externas y porque la autoestima continuará débil”, agrega Reyes.

Para el psicólogo clínico José Ricardo Sandoval, los complejos se pueden originar en personas que “verdaderamente tienen un defecto físico que haya motivado burlas y en quienes sobredimensionan pequeñas irregularidades de su cuerpo, dándoles más importancia de la necesaria”. En ambos casos se carece de seguridad para enfrentarse a los retos de cada día.

A un paso

La diferencia entre una simple molestia y vivir atosigada por los complejos es casi nula. Si el defecto puede dejarse de lado y disfrutar del día, entonces la autoestima está en un buen nivel y no hay por qué preocuparse. Reyes considera que la frontera entre ambas se cruza cuando, por ejemplo, el malestar por unas “lonjitas” en la cintura se convierte en el centro de los pensamientos y conversaciones. Se invierten tantas horas pensando en ellas, que la relación de pareja y el ambiente laboral también son afectados.

Por su parte, Sandoval señala que la diferencia entre salud y enfermedad mental es la capacidad de adaptación y cómo se percibe la persona. Cada quien tiene una capacidad diferente para acomodarse a su entorno y convive con esa nariz puntiaguda o sus caderas anchas sin sentirse mal con su cuerpo.

Qué tan lejos puedes llegar

En una etapa inicial te sentirás frustrada por no poder ser tan bonita como quisieras, pero el problema puede salirse de control si no es atendido a tiempo por un profesional. Sandoval advierte que algunas veces el rechazo hacia el cuerpo va acompañado de un trastorno dismórfico corporal, el cual provoca que la persona se empeñe en exagerar cualquier defecto, por mínimo que sea. El trastorno le resta felicidad al desarrollo de la rutina diaria, porque la persona sentirá miedo a ser juzgada y le será difícil salir de casa.

Pero eso no es todo, con la insatisfacción vienen las depresiones y los problemas de ansiedad, los cuales terminan por afectar la conducta y coartar cualquier interacción social. Si una mujer se considera fea e indigna de recibir afecto, la relación con su pareja será perturbada porque ella no permitirá que la vea desnuda o que la toque. En otros casos será ella quien sabotee las relaciones o se prive del romance para no afrontar un supuesto triste desenlace.

“Una paciente se quejaba porque rechazaba a cualquier muchacho que se le acercara, pero no relacionaba su gordura con esta actitud. Después nos dimos cuenta, en la terapia, que estaba evitando llegar al punto en que pudiera ser rechazada porque no se sentía cómoda con su cuerpo”, relata Sandoval.

Otras consecuencias son el desgano, la falta de interés por realizar actividades nuevas y el desarrollo de obsesiones. Una de las vías para encauzar la obsesión es someterse a numerosas cirugías plásticas, cuya finalidad es la transformación total. Reyes y Sandoval coinciden en que si bien la intervención quirúrgica es una posible alternativa para realizar un cambio físico, no es la única para alcanzar el bienestar.

Cambiar no es malo. Pero si no se entra al quirófano con el pleno convencimiento de que la operación por sí misma no es la que brinda felicidad, no se obtendrán los resultados esperados y la persona se sentirá peor que antes.

Es una cuestión de actitud

Los complejos no son triviales ni mucho menos superficiales. Al contrario, cada caso debe ser tratado con seriedad y supervisión profesional. Por eso la actitud para afrontarlos puede marcar la diferencia, pues es preferible prevenir antes que lamentar las consecuencias en el futuro.

Si realizas la prueba ante el espejo -ver recuadro ¿Cómo te ves?- y la repruebas, significa que tu autoestima está baja. Pero aquí no se acaba el mundo. Es el momento indicado para cambiar de enfoque y reconciliarte contigo misma. Para ello podrías retomar la dinámica del espejo y cambiar la mirada crítica por una más amigable y hasta amorosa. 

Dedica unos minutos para observar tu cuerpo, aceptarlo y asumir el propósito de ser la mujer más bonita del mundo. Aunque pueda parecer una práctica sencilla, Reyes asegura que tu seguridad será fortalecida si realizas este ejercicio todos los días.

Debes ser cuidadosa con no confundir la aceptación con la resignación y por ello descuidar tanto tu salud como el arreglo personal. Por ejemplo, asumir la obesidad como algo inevitable y dedicarte a comer alimentos dañinos que sólo perjudicarán aún más tu salud.


Sobre las terapias
Dado que los complejos no desaparecen de por sí, la asesoría psicológica es necesaria para mejorar la percepción particular. Acude con un profesional de tu confianza y del cual hayas obtenido información previa o buenas recomendaciones.

Entre las opciones que encontrarás para combatir los complejos está la hipnoterapia. Sandoval emplea la hipnosis como una herramienta que complementa al tratamiento psicológico. El objetivo es tratar la molestia desde su origen y así comprenderlo a cabalidad. De esta manera no sólo se trabajará con las consecuencias que el problema generó en la persona, sino también se estimulará el entendimiento del mismo.

Sin embargo, este recurso puede resultar ineficiente para algunas personas, ya que su éxito depende de la disposición para iniciar la sugestión. La duración del tratamiento varía de acuerdo al paciente, pues por lo general se necesita más de una sesión, y también dependerá del interés que tenga para continuar con el proceso.

Deja los complejos en la percha
La forma como vistas es otra estrategia que puedes emplear para mejorar tu aspecto personal, a la vez que acabas con el complejo. Paola Alfaro Atelier, diseñadora y asesora de imagen, comenta que en todos los seminarios y asesorías de belleza que ha dado, ha observado que son muy pocas las mujeres a quienes les parece perfecto su cuerpo.

Aunque muchas de ellas dicen no tener un trauma, su manera de vestir y actuar las delata. Puede ser que en el afán de esconder un defecto, termines por ocultarte debajo de prendas que no te favorecen. “Es mejor buscar un vestuario que en lugar de llevar la mirada hacia la parte del cuerpo que provoca incomodidad, te haga sentir cómoda y acentúe tanto tu personalidad como tus atributos”, añade Alfaro.

Para ello hay varios trucos prácticos de los que te puedes valer para exaltar tu belleza. Entre ellos está el uso correcto de los colores. Las prendas moradas, azules, verdes, grises, cafés y negras, disimulan la gordura. Mientras los tonos cálidos como amarillo, rojo, naranja y blanco dan el resultado contrario. Recuerda que aparte del buen uso de los colores también es necesario utilizar un conjunto adecuado para realzar tu atractivo.

¿Cómo te ves?

Hay conductas que demuestran cuándo los complejos han ganado gran parte de la pelea y comienzan a adueñarse de tu vida. Un pequeño ejercicio frente al espejo te ayudará a detectar esas señales. Deberás evaluar cada aspecto de tu cuerpo, y si las frases despectivas hacia determinadas partes son recurrentes, significa que tu autoestima está baja.

Otra prueba que sirve para medir la percepción de sí misma es la de la realidad. Al consultar a 10 amigos de confianza obtienes una noción acerca de cómo los demás perciben tu cuerpo. Si menos de la mitad coinciden en que ese defecto que te quita el sueño es tan malo como crees, quiere decir que estás exagerando.

De la moda... lo que te acomoda

Disimula brazos anchos: Utiliza la manga arriba del codo. Procura que el tejido sea liso y ni muy corta ni demasiado tallada. Opta por blusas o vestidos sin mangas, estilo halter.

Aumenta el busto:
Escoge colores vivos y prendas con textura o volumen en el área del busto. Usa collares medianos y gruesos, pañuelos e incluso aretes llamativos.

Disimula el busto grande: Opta por las blusas de colores fríos con escote en V, cortes verticales o traslapados. Evita las prendas con patrones marcados, paletones o escotes que corten más el torso. Puedes utilizar collares largos y proporcionados a tu estatura.

¿Tienes demasiada cadera?: El pantalón adecuado es el que tiene un corte recto en las piernas, no muy ajustado y sin detalles en la cadera. Utiliza accesorios que llamen la atención hacia el torso o la parte baja del cuerpo, en este caso los zapatos. Evita las faldas cortas porque crean una ilusión horizontal desfavorable.

Esconde las lonjitas: Usa blusas abotonadas que marquen la cintura y luego se abran en la cadera porque moldean la cintura y tienen cortes verticales que alargan la figura. 


Por Lucía León

Fuentes: Ángela Reyes, psicóloga. José Ricardo Sandoval, psicólogo. Paola Alfaro Atelier, diseñadora y asesora de imagen. Libros: Los Complejos y el inconsciente, de Carl Jung, Alianza editorial. Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Editorial Espasa Calpe.

Artículos relacionados

archivoArchivo de ediciones
cargando
fotosGalerías
Fotos
load
Videos
load