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Danza clásica, poesía y técnica

marzo - 2009

Todo ese derroche de gracia y belleza que transmite el ballet clásico en escena es el resultado de algo más que un simple pasatiempo o ilusión infantil. Esta profesión requiere dedicación y disciplina.  

El nivel de satisfacción de una bailarina o bailarín de danza clásica al escuchar la ovación del público luego de una presentación impecable, es la recompensa a su persistencia durante las largas horas de práctica y ensayos agotadores. Pero en ese momento nada más importa. Su esfuerzo valió la pena. 

La danza clásica es una expresión de las bellas artes nacida en el seno de la nobleza del Viejo Continente, en la época del Renacimiento. Una combinación de movimientos estilizados, desplazamientos y giros dan vida a historias contadas sólo con la expresión corporal al ritmo de la música.  

Como es natural, con el paso del tiempo algunas cosas se han transformado. Ahora se trata de piezas cada vez más rápidas, hay más giros y las piernas se elevan más alto, comenta Vladimir Moiséyev, director del ballet ruso que lleva su apellido. 

Los montajes son más complejos, se usa tecnología para mejorar las producciones y las coreografías también han ido evolucionando, añade Amalí Selva, directora del Ballet Guatemala. Pero la esencia de esta técnica y la rigurosidad con que se enseña continúan intactas.  

Cuestión de naturaleza

Las y los bailarines de ballet clásico son personas peculiares. Para empezar, necesitan cierto perfil físico: flexibilidad, fuerza muscular, capacidad de rotación externa de las piernas, alineación corporal -que no haya escoliosis o una pierna más larga, por ejemplo-. Además se requiere oído musical y capacidad creativa.

El peso es importante. Los bailarines profesionales deben pesar 10 libras menos de su peso normal para manejar su cuerpo con facilidad, sus músculos necesitan estar libres de grasa para poder sentirlos, explica Blanca Rosa Quiñónez, directora de la Escuela Nacional de Danza.

En otros países la selección es más rigurosa, muchos aspirantes no pueden ingresar si tienen pie plano o el dedo pequeño es muy corto con relación al dedo de en medio, o si no llegan a un mínimo de estatura. Todo con el fin de evitar lesiones, entre las cuales son más frecuentes los esguinces, lumbagos y otros daños en rodillas, tobillos, cadera y columna vertebral.  

“Podemos dañar fácilmente al cuerpo porque el trabajo es delicado”, reconoce Quiñónez. Por eso los alumnos aprenden a conocer su anatomía para sacarle el mayor provecho, minimizando los riesgos.

Claudia García y Edwin Cruz, primeros bailarines del Ballet Guatemala.
Para tomarlo en serio

Uno de los obstáculos para llegar a ser un profesional de la danza es practicarla sólo como un pasatiempo o una forma de hacer realidad la ilusión de algunas madres. Los padres y estudiantes deben estar convencidos de que éste es un estilo de vida, pues son muchos años de formación continua y cada vez más exigente.  

A los varones les toca superar un reto adicional: “Lo más difícil ha sido vencer los prejuicios sociales de que la danza es para niñas y los niños van al karate”, dice Benjamín Hernández, quien desde los 14 años siguió los pasos de su hermano y ahora es uno de los primeros bailarines del Ballet Guatemala.

La vida social y familiar de los estudiantes de danza es diferente, una buena parte de su tiempo de juego, tareas escolares o paseos se ve reducida y, a veces, deben estar disponibles para las presentaciones en feriados o fines de semana. También es indispensable adquirir una cultura de alimentación sana y aprender a desarrollar su máxima capacidad de trabajo para dar lo mejor en el escenario.  

Lo anterior podría sonar complicado, pero para quienes logran realizar su sueño, las satisfacciones son mayores. “Nada es sacrificio cuando una hace lo que le gusta”, esa es la lección aprendida por Amalí Selva y que comparten los entrevistados.

Un arte en evolución

A finales de 1850 los guatemaltecos presenciaron los primeros espectáculos de ballet clásico, ofrecidos por compañías extranjeras. Pero el desarrollo de este arte está marcado por el surgimiento del Ballet Guatemala -en 1948-, y la posterior apertura de la Escuela Nacional de Danza Marcelle Bonge de Devaux, Endanza, que por tradición gradúa a los integrantes del Ballet Guatemala.

Ahora existen varias academias privadas, así como la Escuela Municipal de Danza Clásica que en 2008 contaba con más de 500 alumnos, entre ellos unos 30 varones. Asimismo, la Escuela Superior en Arte/Danza, de la Universidad de San Carlos de Guatemala, ofrece una Licenciatura en Ballet Clásico y Coreografía, entre otras.

El apoyo es necesario

Este año, el Bachillerato con especialidad en danza clásica, de la Escuela Nacional de Danza, tiene unos 70 estudiantes -casi todas niñas y adolescentes-, que empezaron a estudiar a partir de los ocho y 10 años de edad. Luego de nueve años de preparación se gradúan entre tres o cuatro bailarinas.

“La deserción es bastante alta, sobre todo en los últimos años, debido al desgaste de estudiar dos carreras simultáneas. Funcionamos con la autorización del Ministerio de Cultura y Deportes, pero obviamente las alumnas priorizan el título del Ministerio de Educación”, señala Quiñónez.  

Existe un proyecto que busca integrar el conocimiento científico de un bachillerato tradicional con el artístico en una sola carrera. Éste podría descargar bastante la parte académica y permitir a las alumnas dedicar más tiempo a la danza. Pese a los avances, el proyecto está en un impasse, pues entre otras cosas la infraestructura es insuficiente y falta personal para echarlo a andar.

Mientras tanto, la nota positiva es que las niñas cuentan con el apoyo de estudiantes epesistas de la Escuela de Psicología de la USAC, y los maestros constantemente intercambian conocimientos con especialistas extranjeros. 

A tu alcance

• Escuela Municipal de Danza Clásica. Teléfono 2251-1898.
• Escuela Nacional de Danza Marcelle Bonge de Devaux. Teléfono 2253-2568.
• Escuela Superior en Arte/Danza, Universidad de San Carlos de Guatemala. Teléfono 2251-6513.


Por Maria Reneé San José

Fuentes: Amalí Selva, directora del Ballet Guatemala; Eddy Vielman, coreógrafo y maestro de danza. Blanca Rosa Quiñónez, directora de la Endanza. Vladimir Moiséyev, director del ballet ruso Moiséyev. Modelos: Anoushka Devaux, Claudia García, Edwin Cruz y Benjamín Hernández, primeros bailarines del Ballet Guatemala. Libro Historia del arte guatemalteco, de José A. Móvil, editorial Serviprensa. Maquillaje: Diana Alonzo.

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