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La cara femenina de la ciencia

marzo - 2009

El campo científico ofrece cada vez más oportunidades de desarrollo, las cuales puedes aprovechar si obtienes la preparación necesaria.

La ciencia puede ser un apasionante campo de trabajo. Las largas horas de estudio e investigación son recompensadas con la sensación de que se está ayudando a que este mundo progrese.

La humanidad ha llegado a donde está gracias en gran parte a la ciencia y a la tecnología, de la cual la mujer siempre ha sido partícipe. Sin embargo, según Elsa Quiroga, de la Organización Boliviana de Mujeres en Ciencia, se ha delegado a la mujer a un papel secundario. Según explica, no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX cuando se hizo el rescate histórico de la mujer en este campo. Esto fue fruto de las luchas por la igualdad de género, la emergente globalización basada en la ciencia y la tecnología, y el nuevo orden económico mundial.

Según la especialista, es hora de que la mujer conquiste también los campos que culturalmente han sido reservados solamente para hombres. La médica y docente guatemalteca Silvia González opina que de esta manera disfrutarían de carreras más prestigiosas y en muchos casos mejor remuneradas.

Y los campos de trabajo abundan, pues hacen falta estudios serios en todas las áreas. Si estás pensando en dedicarte a la ciencia, no solamente a estudiarla sino a desarrollarla, he aquí algunos aspectos a considerar.

Ingeniera Gilda Castellanos Illescas, de la Asociación de Mujeres Científicas de Guatemala.
Requiere trabajo duro

Ahora más que nunca hay opciones si se quiere estudiar una carrera universitaria, pues existen nuevos centros de estudios, jornadas y horarios, para todas las necesidades y bolsillos.

“Las disciplinas a elegir van desde las ciencias puras -matemática, física, biología y química- hasta otras como arqueología, antropología, ciencias sociales, ciencias de la salud o ciencias políticas”, ejemplifica Gilda Castellanos Illescas, de la Asociación de Mujeres Científicas de Guatemala.

La inscripción de personas del género femenino se ha ido incrementando año tras año en las diferentes casas de estudios superiores. “En la Universidad de San Carlos -USAC- ya superó el 50 por ciento de la población estudiantil”, informa Castellanos.

Para desarrollar una ciencia se necesitan, además de la licenciatura, estudios de posgrado y llevar a cabo proyectos propios. “Desafortunadamente, muchas mujeres no siguen estudiando por diversas razones. Algunas se dedican a su casa después de casarse, otras tienen trabajos muy absorbentes o no tienen recursos”, señala González. Según ella, esto es un desperdicio de talento, tomando en cuenta la capacidad demostrada por las mujeres en los estudios superiores.

La aspirante a científica debe invertir en su educación. “En un principio debe contarse con medios para obtener la mejor preparación. De acuerdo con su desempeño, puede solicitar una beca tanto en el extranjero como en el país”, señala María Regina Recinos, de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología.

Amarilis Saravia, docente universitaria y miembra de la Third World Organization for Women in Sciences, asegura que las becas siempre están disponibles. “Lo importante es saber buscar y estar dispuestas a sacrificarse”, dice. Tanto en la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia -Segeplan-, como en el Consejo Nacional de Ciencia y Teconología -Concyt-, así como en las universidades y diversas embajadas, hay información al respecto.

Estas oportunidades incluyen especializaciones sin tener que dejar el país. “La mayoría de universidades ofrecen maestrías y doctorados. Además, está la opción de estudiar por medio de la Internet en los diversos programas de eLearning”, señala Castellanos. Esta última opción da la oportunidad de estudiar en el horario y lugar que más te convengan, en las más prestigiosas instituciones educativas.

A partir de una buena preparación, puedes empezar a desarrollar proyectos, aunque tomando en cuenta que, para destacar en la ciencia, los ingresos económicos no deben ser tu primera prioridad. “A veces es difícil adquirir financiamientos o se obtienen luego de un arduo trabajo”, expone Recinos. Lo más importante es interesarse en desarrollar investigaciones, pues éstas son la base de la ciencia.

Doctora Amarilis Saravia, farmacéutica y catedrática universitaria.
Un tema difícil

Las expertas consultadas indican que los salarios dependen de muchos factores. Como punto de partida, se sabe que cuanto mejor preparada está una persona mejores pretensiones salariales puede tener. Pero por otro lado, muchas trabajan en proyectos individuales para los cuales consiguen los recursos por medio de patrocinios, donaciones y premios. Ejemplo de ello son las biólogas guatemaltecas Marleny Rosales y María Susana Hermes, quienes trabajan en el manejo comunitario de la cacería de subsistencia en la Laguna de Lachuá, Alta Verapaz. Gracias a su dedicación han obtenido prestigiosas donaciones, como el The Whitley Award de Inglaterra, lo cual les permite continuar con sus investigaciones.

Otro factor es la rama de la ciencia en la que se desempeña. “El campo de la economía y los negocios puede ser más lucrativo que la antropología”, compara Saravia. La industria, por otro lado, pagará lo que sea necesario para que una ingeniera resuelva algún problema en sus sistemas de producción. También hay quienes se adentran en el campo de la invención, construyendo objetos y maquinarias que luego venden a quienes lo necesitan.

En cuanto a la investigación, Saravia explica que en Guatemala no se contratan científicos por parte de la empresa privada. “En general, al ser compañías multinacionales, hacen sus estudios en el extranjero”, explica. Las investigaciones se pueden hacer por ejemplo en instituciones educativas o estatales como ministerios e institutos.

En muchos casos, según explican las entrevistadas, las científicas no buscan ganar mucho dinero, sino llevar a cabo algo que realmente les interesa. “Muchas, como yo, hemos rechazado ofertas de trabajo porque encajan con lo que estamos investigando y con nuestra rutina de trabajo personal”, ejemplifica Saravia.

Recinos cree importante que la aspirante sepa que el camino de la ciencia puede ser difícil, pero es de suma importancia para nuestro país. El prestigio y los recursos económicos son ganancia.

Su rutina de trabajo

La edad de la mujer científica en Guatemala puede ir de los 30 a los 80 años. De acuerdo con el tipo de trabajo, puede que tengan manos ásperas, callos y huellas del sol pues se involucran directamente en el trabajo de campo. Sus jornadas pueden llegar a ser largas, sobre todo cuando se tiene un plan establecido y deben manejarse recursos.  

No obstante, Castellanos ha visto cómo la mujer entregada a la ciencia tiene la capacidad de organizarse y realizarse plenamente tanto en su rol de científica, como en su papel de esposa, madre y mujer. “Por la misma naturaleza de nuestro trabajo, considero que somos más disciplinadas y focalizadas en lo que hacemos”, opina.

Según ella, el éxito de las mujeres que han destacado en la ciencia radica en amarla y desarrollarla sin descanso.  

Doctora Elfriede de Pöll es la directora del Herbario de la Universidad del Valle.
Unidas son más fuertes

González apunta que Guatemala tiene limitaciones en cuanto a la ciencia y la tecnología en general. Para lograr más espacios y oportunidades, es importante que más mujeres profesionales opten por cargos de dirección.

Para impulsar ésta y otras iniciativas, las profesionales guatemaltecas de las áreas científicas y tecnológicas se han agrupado en la Asociación de Mujeres Científicas, ADEMCIT desde 1999. De esta forma quieren crear espacios adecuados desde los cuales intercambiar los resultados de investigaciones e innovaciones tecnológicas. Desde ahí también discutirán los problemas y obstáculos particulares que enfrentan al realizar sus trabajos e investigaciones.

Según informa Castellanos, el primer Congreso de Mujeres Científicas realizado en Guatemala a finales de 2008 fue un éxito. “Tuvimos más asistencia de lo que esperábamos. Mujeres de diferentes profesiones participaron y propusieron lo que consideran importante en sus carreras”, explica.

Según Castellanos, las principales conclusiones de este cónclave fueron la necesidad de intercambiar resultados de investigaciones; hacer visible y divulgar el trabajo de las científicas guatemaltecas; y que dicho congreso se realice cada año.


El camino de la ciencia puede ser difícil, pero es de suma importancia para nuestro país. El prestigio y los recursos económicos son ganancia.




Mujeres destacadas

Amarilis Saravia supo desde pequeña que quería ser científica. Gracias a su inquietud por la farmacología, consiguió una beca para estudiar en Francia, donde permaneció hasta obtener su doctorado. La experiencia le trajo satisfacciones tanto académicas como personales, pues aprendió a ser independiente.

A su regreso, se dedicó a la investigación y a la docencia. En la actualidad investiga las bondades de las plantas medicinales de Guatemala en la Facultad de Ciencias Químicas de la USAC, en donde es docente. Afirma que le faltan pocos países por conocer, pues viaja constantemente representando a su universidad y a su gremio, y haciendo consultorías con el apoyo de convenios oficiales.  

Ha tenido que soportar los celos profesionales de sus colegas hombres, especialmente de quienes no han alcanzado sus logros académicos. En la actualidad está enfocada en coordinar la Cuarta Conferencia de Latinoamericanas en las Ciencias Exacta y de la Vida, que se llevará a cabo en octubre 2009, organizada por The Academy of Sciences for The Developing World -La Academia de Ciencias para el Mundo en Desarrollo-, Third World Organization for Women in Sciences -Organización para Mujeres Científicas del Tercer Mundo- y su Región de América Latina y el Caribe, a las cuales pertenece desde hace varias décadas. Esto le ha garantizado una comunicación constante con mujeres científicas de muchos otros países. También participa en la Asociación Guatemalteca de Bioética y en la Asociación Latinoamericana de Bioética para defender la dignidad del ser humano ante la ciencia.  

Elfriede de Pöll es la directora del Herbario de la Universidad del Valle. Tiene una maestría en Ciencias Naturales y doctorado en Botánica, ambos en la Universidad de Viena, Austria. Sus intereses radican en la taxonomía de plantas y en etnobotánica. Ha llevado a cabo investigaciones en la propagación de cardamomo y resistencia de virus. Asimismo, ha llevado a cabo investigación etnobotánica en muchos lugares de Guatemala. En 1990, Pöll inició una pequeña colección de plantas de referencia en el Instituto de Investigaciones de la UVG, la cual se convirtió en el actual Herbario. En la actualidad continúa con sus investigaciones sobre Loranthaceas y Viscaceas y su distribución en Guatemala. En docencia, imparte cursos de Botánica 1 y 2, Taxonomía de Traqueofitas y Etnobotánica, con sus respectivos laboratorios. En 1997, le fue otorgada la Cruz Austríaca para las Ciencias y las Artes en Primer Grado. Su labor en beneficio de la botánica en Guatemala durante décadas ha sido reconocida por instituciones tales como el Jardín Botánico de Guatemala.



Por Jessica Masaya


Fuentes: Silvia González de Moreno, médica y docente, Universidad de San Carlos de Guatemala. María Regina Recinos, de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología. Gilda Marina Castellanos Illescas, presidenta del Primer Congreso de Mujeres Científicas. Amarilis Saravia, docente universitaria y representante de mujeres científicas ante la Third World Organization for Women in sciences. María Elina Estébanez y Tatiana Láscaris Comneno, del Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior y Universidad Nacional de Costa Rica, sitio web: http://www.ricyt.org/interior/difusion/pubs/elc2003/6.pdf Elsa Quiroga, de la Organización Boliviana de Mujeres en Ciencia, correo electrónico: elsa-quiroga@excite.com

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