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Cuando uno de los dos miembros de la pareja miente, la confianza se va minando hasta hacer que la relación termine. Un mentiroso compulsivo necesita terapia para tener una relación sana.
Marisol* le miente a su novio, Hugo, de forma habitual. Sus mentiras no solamente tienen que ver con otros hombres, sino con otras cosas como el lugar donde compró algún objeto o el sueldo que percibe. Interrogada al respecto, no supo precisar por qué lo hace, al parecer no lo puede controlar. “Yo quiero a mi novio, no quiero que terminemos”, dice con aparente convicción, pero... ¿es posible amar a quien le mentimos?
Según el psicólogo Arturo Archila, la mentira se presenta cuando deformamos o disimulamos la verdad. Es frecuente, en la vida de la mayoría de personas, que la mentira se considere conveniente a nivel social, incluso como una manera piadosa y necesaria de no herir a alguien. “La mentira se torna patológica cuando se convierte en un hábito compulsivo y cotidiano en las relaciones interpersonales”, explica.
Por lo general, el mentiroso patológico miente en cosas fácilmente verificables. Aunque esté consciente de ello, no puede controlar su conducta por su incapacidad de comunicarse con sinceridad. El mentiroso compulsivo no ignora sus falsedades, sabe por qué lo hace y a quién.
Esta condición, como la mayoría de trastornos de la personalidad, es una de las formas psiconeuróticas que representan el intento del individuo para adaptarse a la interacción psicológica, social y física que hacen presión sobre él. “Es una forma de manejar la angustia que lo lleva a creer que tiene poder sobre los demás, obtener atención y afecto, o compensar su inseguridad”, explica Archila. La mentira patológica es una de las diferentes funciones de adaptación y se origina en un esfuerzo por incrementar el ego. Por otro lado, si de niño se ha mentido por norma, cabe el riesgo de que la mentira quede establecida como una conducta habitual, manifestada posteriormente en un patrón de comportamiento adulto.
En sus relaciones anteriores, las parejas de Marisol la han enfrentado con sus mentiras. En lugar de sentirse culpable, ella cuenta esto como un niño relata una travesura divertida. Sus relaciones son cortas y tormentosas.
Para construir una relación amorosa duradera se debe ser franco el uno con el otro, explica David Niven en su libro Los 100 secretos de las parejas felices. Quien convive con un mentiroso habitual, tarde o temprano descubre el evidente comportamiento de su pareja. Los problemas que las mentiras puedan generar en las relaciones de pareja dependen de la dimensión y del tipo de mentiras que se inventan.
“En general, la falta de actitudes y comportamientos coherentes afectan inevitablemente cualquier relación. El cimiento de toda relación es la confianza, sin duda ese componente esencial se ve afectado cuando la mentira se desproporciona”, explica Archila.
Cuando cualquiera de los dos tiene un problema con decir la verdad, debe hablarse en pareja para buscar la solución. En muchas ocasiones esto no será posible si el engañado está tan ofendido que da por finalizada la relación. Para los que quieren rescatarla, la comunicación es fundamental. “Se trata de entrar en contacto con la otra persona, penetrar de algún modo en su mundo y, al mismo tiempo, permitir que esa otra persona penetre en el nuestro”, afirma María Elena López y María González en el libro Inteligencia en pareja.
Quizá para el mentiroso compulsivo sea un tanto difícil aceptar sus propias mentiras, pero hay que recordar que es un fenómeno defensivo y compensativo. Además requiere del apoyo de la psicoterapia. “Aunque parezca extraño, está ligado al desarrollo psicosexual y al equilibrio emocional”, señala Archila.
Los expertos afirman que patológica o piadosa, la mentira no es una práctica que beneficie a ninguna relación. “El ‘nosotros’ se va minando entre la frustración y la desconfianza, hasta finalmente destruirse”, concluye Archila.
Las mentiras en pareja, en un alto porcentaje, tienen que ver con la infidelidad, tanto en hombres como en mujeres. El infiel debe construir, a base de mentiras, una doble vida.
Este comportamiento, según López y González, no es un problema de personalidad necesariamente. Algunas veces puede deberse a un problema interno en la pareja. Suele ocurrir cuando caen en la rutina y se busca a otras personas para dar un toque de emoción a la vida, o para sentirse más jóvenes.
En el caso de los mentirosos compulsivos es probable que engañe aunque ame a su pareja, pero busca tener poder sobre los demás, obtener atención y afecto, o compensar su inseguridad. Continuar o no la relación luego de una infidelidad depende de cada caso y requiere la ayuda de asesoría profesional.
Por Jessica Masaya
Fuentes: Arturo Archila, psicólogo clínico. Libros: Inteligencia en pareja, de María Elena López y María Fernanda González, Grupo Editorial Norma. Los 100 secretos de las parejas felices, de David Niven, Grupo Editorial Norma.