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Con el lanzamiento de su libro Cautiva, la colombiana Clara Rojas da a conocer no sólo los detalles de su secuestro por parte de la guerrilla de ese país, sino también lo que significó la llegada de su hijo en condiciones tan adversas.
El 23 de febrero de 2002, Clara Rojas decidió acompañar a la candidata presidencial de Colombia, Ingrid Bethancourt, de quien era amiga y jefa de campaña, en un temerario viaje por una de las zonas más afectadas por el conflicto armado.
Como consecuencia de tal viaje, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC- tomaron como rehenes a ambas mujeres. No obstante, aún en cautiverio, el partido Verde Oxígeno designó a Clara, una abogada brillante y con varios posgrados en derecho y ciencia política, como candidata a la vicepresidencia del país.
Ella, en ese entonces de 38 años, no imaginó que pasaría seis años de su vida secuestrada y, mucho menos, que daría a luz un hijo en las peores condiciones posibles. El bebé, fruto de una relación con un guerrillero, fue separado de su madre apenas ocho meses después de haber nacido. El pequeño estuvo primero a cargo de unos campesinos y luego fue a parar a un orfanato.
En enero de 2008, Rojas recuperó su libertad y se reencontró con su hijo. Poco más de un año después, la ex candidata decidió publicar el libro Cautiva. En él relata su dura experiencia en cautiverio, las tensiones entre los secuestrados y los intentos de fuga.
El libro, que a simple vista podría parecer desalentador, esencialmente habla de la experiencia de una mujer que, en las peores condiciones, logra vivir la increíble experiencia de convertirse en madre. Una historia de mucho dolor, pero también de alegría, donde la esperanza y la vida prevalecen.
Desde Colombia, Clara Rojas conversa, vía correo electrónico, con Revista AMIGA acerca de esa publicación.
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¿Cuál es su objetivo al escribir este libro?
Se dio gracias a un conjunto de factores positivos: ofertas de varias casas editoriales, mis ganas de escribir, tiempo para hacerlo y una historia que contar. Lo hice para cerrar un capítulo de mi vida, el del secuestro, y seguir adelante. También para sembrar un mensaje de esperanza en la adversidad. Escribí mi propia versión de lo ocurrido, para mi hijo y para las generaciones que él representa.
Se ha dicho que también lo escribió para perdonar ¿le ha servido?
Sí, en parte, pues reflexionar y escribir siempre ayudan a poner las ideas y los sentimientos en orden.
El relato empieza desde un día antes de que la secuestraran. Luego de más de siete años, ¿considera que ha cambiado ahora que está en libertad?
No. Lo que pasa es que ahora llevo una experiencia de vida entre pecho y espalda. Hoy, como antes, tengo una vida intensa, aunque más tranquila. Prefiero la compañía de mi hijo, antes de la de mi familia y amigos. Me interesa, igual que antes, aprender cosas nuevas y crecer como persona. En lo fundamental, sigo siendo la misma.
El libro menciona en detalle la rutina y las condiciones en las que vivió durante su secuestro, ¿habla también sin cortapisas de su embarazo?
Sí, comento casi todos los sinsabores y angustias que me embargaron y cómo los logré superar. Lo escribí lo más detallado que pude.
Pero sigue sin revelar la identidad del padre de su hijo
Así es. Desde que salí del secuestro he tenido esa actitud y la sigo manteniendo. Incluso desde que anuncié que iba a escribir mi libro dije que ese tema no lo iba a tratar.
-Se sabe que el padre del niño es un guerrillero de las FARC. Rojas ha declarado que recibió más apoyo de lo que esperaba por parte de los rebeldes y no tanto de sus compañeros secuestrados. Esta mujer vivió un embarazo complicado que culminó en una cesárea difícil, practicada con instrumentos rudimentarios. El niño, bautizado por Clara con el nombre de Emmanuel, nació con un brazo quebrado-.
¿Es cierto que padeció depresión posparto?
No. Estaba débil por la misma situación, pero la idea de salvar a mi hijo me movía enormemente y quizás por ello logré recuperarme y ponerme en pie pronto.
Ocho meses después de nacer Emmanuel fue entregado a otras personas, ¿cómo fue verlo partir?
Muy duro. Yo misma me pregunto cómo fui capaz de resistir aquello y creo que mi confianza en Dios fue lo que me permitió sobrevivir.
¿Por qué se lo llevaron?
El bebé tenía lesmaniasis -enfermedad infecciosa provocada por un parásito- y había que tratarlo pronto porque de agravarse podía haber muerto.
¿La posibilidad de reencontrarse con él le daba ánimos para seguir?
Sí, pensaba en él todo el tiempo, incluso soñaba cómo serían los días en libertad y qué actividades podríamos compartir. La realidad ha sido superior a cualquier expectativa que yo tuviese. Al momento del reencuentro, tanto mi hijo como yo estábamos en mejores condiciones físicas y emocionales que pronto nos permitieron readaptarnos para vivir juntos.
¿Cómo se enteró de su liberación?
El 18 de diciembre 2007 me enteré por medio de las noticias. Hablo de ello en uno de los capítulos del libro. Ahí cuento sobre ese último mes en cautiverio y cómo fue el reencuentro con mi hijo a los pocos días en Bogotá.
¿Qué sintió al reunirse con Emmanuel?
¡Es lo más maravilloso que me ha ocurrido! No podía dejar de verlo. Su mirada, la vivacidad de sus ojos me impactaron, fue como el encuentro con un gran amor. Maravilloso, me sentí bendecida.
Esa experiencia tan dura ¿ha creado un vínculo más fuerte entre ambos?
Sí, hay momentos en que estamos en silencio y parece que hubiésemos estado juntos siempre.
¿Cómo es la relación de ustedes ahora?
Para mí es lo mejor del mundo, pero soy consciente de que es una relación normal como la de cualquier madre con su hijo.
Bajo aquellas circunstancias convertirse en mamá ¿fue tan maravilloso como lo esperaba?
En libertad ha sido mejor. Me permite sentirme más mujer, la sensibilidad la tengo a flor de piel.
¿Tuvo en mente a su mamá al experimentar ese amor tan intenso?
Sí, por fortuna he tenido un excelente paradigma.
-La madre de Rojas, Clara González, luchó incansablemente por la liberación de su hija y al enterarse de que tenía un nieto, no descansó hasta encontrarlo, haciéndole exámenes de ADN para confirmar que se trataba del hijo de Clara-.
Por Jessica Masaya
Fotos: cortesía Editorial Norma