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Se solicitan madres con vocación

mayo - 2009

Miles de niños guatemaltecos necesitan el amor maternal que sus progenitoras no han podido darles. Un pequeño porcentaje de ellos tiene la suerte de recibirlo de mujeres que se dedican a ellos como si fueran sus propios hijos.

María* está muy orgullosa de su madre, la mujer que se hizo cargo de ella cuando sus padres desaparecieron en la década de 1980. “Es una gran mujer, no me llevó en su vientre pero para mí es como si me hubiera dado la vida”, dice. Sin embargo, según la joven, a veces es incómodo cuando le preguntan por qué no tiene los mismos apellidos que su mamá, y admite que le hubiera gustado que la adoptara legalmente.

Por diversas razones muchos pequeños son separados de quien les dio la vida. Luego de eso, no son pocas las personas que se comprometen a darles todo el cuidado y cariño que necesitan. “Tías, abuelas, hermanas, madrinas y hasta vecinas están dispuestas a ocupar la vacante de la mamá”, explica la psiquiatra Alejandra Flores. 

Es un instinto humano sentir ternura por una pequeña criatura. Debemos recordar que los bebés de la raza humana son de los más desvalidos de la naturaleza, dice la psiquiatra.

Por otro lado, según Nidia Aguilar del Cid, defensora de la Niñez y la Juventud, de la Procuraduría de los Derechos Humanos, parte de la naturaleza de los latinos es ser apegados y cariñosos. “Esto ha generado un fenómeno social que, por siglos, ha hecho que las mujeres ayuden a niños desamparados”, indica.

¿Qué se necesita para ser mamá?

El vínculo que se logra entre un infante y una mujer, aunque no sea su madre biológica, ha sido motivo de discusión y análisis. Flores expone que el instinto maternal es un deseo particular que tomará diferentes formas en cada mujer, y que bien puede no darse nunca. “No es una condición inherente al ser humano. Mas bien es un rol que se aprende, además es una decisión”, expresa. Por eso es posible decidir ser o no la mamá de un niño que lo necesita.

Según la escritora chilena Isabel Allende, cualquiera puede ser madre, pero el cargo tiene sus condiciones. “Es ejercer la vocación sin descanso. Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médica, policía, confesora y mecánica, sin cobrar sueldo alguno. Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan”, asegura.

El fin último de una mamá es sacar adelante a sus hijos, cuidarlos en todas las maneras posibles -disciplina, educación, salud, alimentación, techo-. Es importante destacar que dicho vínculo indestructible se logra principalmente con sentimientos de amor y no sólo con una rutina diaria, que es lo que hacen por ejemplo las niñeras.

“Muchas mujeres lo ven como una obligación moral, pero en realidad no debe ser algo impuesto. Es algo ético que involucra el más noble de los sentimientos”, dice Flores.  

El estrecho vínculo entre la madre biológica y su hijo está cimentado en aspectos hormonales y físicos, pero éstos no son los componentes más importantes. De otra manera, las adoptivas no lograrían tener igual nexo con sus hijos.

En el caso de que un familiar cercano se haga cargo de un niño, el parentesco puede afianzar los sentimientos, pero eso no constituye una garantía.  
De hecho, Amparo Arriaza, trabajadora social del hogar de niños Casa Guatemala, asegura haber visto bastante desinterés de parte de los familiares de pequeños necesitados de afecto y ayuda. Ello comprueba la importancia de que la persona que acepte dicho rol sienta el deseo real de incorporar a un niño a su vida.

Además las profesionales consultadas señalan que se debe diferenciar entre el papel de una mamá, y el de las personas caritativas cuya acción consiste en donar tiempo, dinero y otros recursos para el bienestar de los infantes desvalidos, pero sin hacerlos parte de su existencia.

En muchos casos, debido a que son varias las personas a cargo de menores desamparados, la figura materna no logra definirse. Sin embargo, “la necesidad de tener cerca a una madre es algo natural en los niños y es fundamental para su desarrollo”, apunta Arriaza. 

Todos hijos o todos entenados

En la mayoría de casos por buena voluntad, muchas familias han acogido a criaturas necesitadas en casa, tanto a familiares como hijos de personas ajenas, sin adoptarlos legalmente. “En épocas pasadas los llamaban ‘hijos de familia’, ‘hijos de casa’, ‘hermanos de leche’ y ‘entenados’, muy pocos los llamaban hijos”, refiere Aguilar.

La defensora explica que este fenómeno ha hecho que la cultura de adopción no sea fuerte en nuestro país. “Por cientos de años se acostumbró a acoger a estos pequeños sin que mediara figura legal alguna. En épocas irregulares, entre ellas el conflicto armado interno, las comunidades criaban a los huérfanos”, explica.

Tanto Aguilar como la psiquiatra Alejandra Flores consideran que la actitud de quienes llevan a cabo esta práctica es loable, pues evitan que un pequeño viva desamparado. Sin embargo, existen aspectos negativos al no aclarar su situación legal.

Por ejemplo, muchos ‘hijos de casa’ carecían de documentos legales, con lo que se desconocía su origen. Aguilar afirma que esto viola el derecho humano a una identidad. Otro aspecto es que no tenían los mismos derechos que los hijos biológicos. “No estudiaban en los mismos colegios y ni siquiera podían comer con la familia, incluso tenían que hacer tareas domésticas y, en su mayoría, no heredaban bienes de sus supuestos padres”, expone.

Fabiola* es una joven de 20 años que estudia el bachillerato en jornada sabatina, pues durante la semana debe trabajar como niñera en la casa donde vive desde que tenía 7 años. Los familiares lejanos que la acogieron le dan lo básico para vivir, pero no la tratan como hija. Es más, a veces su tía se refiere a ella como su empleada. Ansiosa por irse de esa casa, no puede esperar a graduarse para conseguir otro trabajo o casarse con su novio actual.

Sin embargo, conforme la difusión de los Derechos del Niño se hizo más amplia y los gobiernos se han ido comprometiendo a observarlos, las legislaciones también han cambiado y procuran que casos como el de Fabiola y otros miles más, desaparezcan.  

Varios acuerdos internacionales y leyes de carácter nacional como la de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia, y la de Adopciones, detallan cómo se debe actuar ahora si acaso un menor de edad no puede ser atendido por sus padres biológicos.

Pero en vista de que esta legislación es bastante reciente, existe desconocimiento y temor de que al pedir la intervención de un juez se pierda la custodia, pero Aguilar confía en que poco a poco esa actitud irá cambiando. “Al no aclarar la situación de un niño, sobre todo si no es familiar, se corre el riesgo de ser sindicados de secuestro o sustracción. Se recomienda en cualquier caso pedir asesoría”, dice Aguilar.

“Aun los abuelos, a quienes según el Código Civil les corresponde hacerse cargo de los niños en ese tipo de casos, deben hacer del conocimiento de un juzgado competente tal situación”, indica Nancy Amaya, de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia.

Más familias sustitutas, menos orfanatos

La cara más dura de la situación es vivida por los niños separados judicialmente de sus hogares, de los cuales sólo algunos logran correr con suerte. Catalina* es una de ellas.

Esta niña de apenas 6 años, ya no se despierta en la noche en medio de los intentos de abuso sexual por parte de su padrastro. Ahora Catalina duerme tranquila en la casa de una familia numerosa. Sus llantos y gritos fueron sustituidos por cantos y juegos que su mamá sustituta le ha enseñado. El juzgado que tomó su caso decidió que ingresara al programa de Familias Sustitutas, en lugar de ir a una casa hogar.

Y es que tanto la Procuraduría de los Derechos Humanos como el Consejo Nacional de Adopciones, han denunciado que la mayoría de las instituciones que acogen a menores de edad desamparados en nuestro país no reúnen las condiciones adecuadas para ello. Los riesgos que los niños corren van desde la precariedad y falta de atención individualizada, hasta abusos de todo tipo.

No obstante Aguilar aclara que hay buenas instituciones. Éstas son pocas y sus limitaciones no les permiten ser el lugar ideal. Además, luego de la entrada en vigor de Ley de Adopciones, a principios de 2008, los hogares han ido disminuyendo dramáticamente.

Aún en condiciones favorables, la psiquiatra Alejandra Flores afirma que en una institución un infante puede sufrir del síndrome de deprivación afectiva, el cual puede llevarlo a tener problemas en la edad adulta. Amaya refiere estudios que demuestran que, por cada mes que pasan en una de estas instituciones, pierden tres meses de desarrollo.

Es por eso que bajo todo punto de vista, según explica Arriaza, es mejor para los niños integrarse a una familia mientras se decide su situación legal. Esto es una tendencia mundial, al punto que en países europeos los orfanatos van desapareciendo. 

El programa de Familias Sustitutas, de la Secretaría de Bienestar Social busca reemplazar de forma temporal a las familias biológicas de un niño, niña o adolescente que se ven privados por diversas razones de su entorno familiar. La trabajadora social Eulalia Mateo explica que es un proceso acompañado por psicólogos y trabajadores sociales, y dura lo que se tarde un juzgado en buscar una solución permanente a la situación.
Amaya apunta que los pequeños elegidos para este programa pueden pasar con su familia sustituta de uno a dos años, dependiendo del proceso judicial. Según Mateo, este programa busca ayudar a estas criaturas a atravesar el momento difícil de la mejor manera. 

Pero Nidia Aguilar del Cid, defensora de la Niñez y la Juventud, indica que hace falta adecuar el sistema a nuestro medio, pues en la actualidad se observan casos de madres sustitutas que se niegan a entregar a sus hijos temporales, por haberles tomado cariño. El drama aumenta ante la imposibilidad de que estas mujeres puedan adoptarlos, ya que algunos regresan con sus padres u otros parientes, o son declarados en estado de adoptabilidad y entran al nuevo sistema de adopción donde muchas familias estaban esperando por ellos.

Dejar ir

A pesar de lo positivo de que un niño reciba el amor de una madre sustituta mientras se decide su futuro, existe la polémica de que sufrirá un nuevo trauma cuando sea separado de ella.

En teoría, por más apegada que esté una mujer a un niño, si no es la persona indicada legalmente para cuidarlo, debería dejarlo ir. Pero en la práctica, esto es muy difícil para ambos. Cuando una fémina se encariña con una criatura que no es suya, ya sea como parte del programa estatal o fuera de él, suele querer continuar la relación aunque no sea lo más conveniente. Por esta razón, estas personas deben estar conscientes, desde el principio, de que será algo temporal y transmitírselo también a los niños. 

Amaya recomienda a quienes ya están apegados a un infante que legalicen la situación por medio de un juez y acaten el dictamen. Las mujeres que ya han sido separadas de estos niños, deben sentirse satisfechas por haberlos ayudado. Por otro lado, quienes quieran tener un hijo para toda la vida, deben considerar tener los propios y si no les es posible, iniciar un proceso formal de adopción.

El sacrificio de dejar ir a quien se ama como a un hijo es grande, pero es parte de los esfuerzos por cambiar el destino de nuestra niñez. Aguilar afirma que las madres sustitutas son necesarias en nuestra sociedad pues su papel es muy importante, son un factor de cambio en la vida de un niño. Como todas las mamás, deben entregarlo todo sin pedir nada, con la sola intención de que el infante no se quede fuera de un círculo de amor. “Debe ser alguien con una visión solidaria con el país. Porque si cada mujer ayudara a un solo niño, la situación de la niñez y del país cambiaría inmediatamente”, finaliza la Defensora.

Algunos consejos

Cuando una mujer se ve enfrentada a la posibilidad de hacerse cargo de un niño que no es su hijo, sea su familiar o no, debería tomar en cuenta varios aspectos importantes:

  • Tomar la decisión con honestidad, considerando si será capaz de llevar a cabo dicho rol. De lo contrario, lo mejor es ceder espacio a alguien más.
  • Para no tener problemas con la ley y evitar situaciones difíciles en el futuro, debe aclarar la situación legal del niño, sobre todo si no existen vínculos sanguíneos. Se recomienda pedir la asesoría de un abogado.
  • Todos los niños necesitan una figura de amor representada por una mujer, ésta es una tarea que no puede aceptarse a medias. “Se trata de darle el mismo amor, guía, dirección y corrección que a un hijo biológico”, expone Nidia Aguilar.
  • Todo el grupo familiar debe estar de acuerdo para que no haya contradicciones ni discriminación.
  • Debido a su situación anterior, es probable que el pequeño adopte conductas agresivas, nerviosismo y malas costumbres. La madre sustituta debe armarse de mucha paciencia y comprensión.
  • No debe buscarse la compañía de un infante para complementar su propia vida o la de otros adultos, sino al contrario. Dar amor incondicional para beneficio del niño es el papel de una verdadera madre. 

Cifras alarmantes

Hay mujeres que por decisión personal rechazan y abandonan a sus hijos, pero la separación también ocurre por muerte, enfermedad y migración de las madres. Otras criaturas son separadas de su entorno familiar cuando sufren maltrato, abuso y explotación, lo cual representa un flagelo social común y vergonzoso.  

Incluso, afirma la trabajadora social Amparo Arriaza, que a pesar de amar a sus descendientes, algunas progenitoras los entregan o abandonan debido a problemas personales o porque no tienen medios para hacerse cargo de su responsabilidad. Una mujer, por ejemplo, voluntariamente dejó a sus tres hijos, consciente del grave problema de alcoholismo que sufría. “Dijo que iba a recuperarse para poder hacer un buen papel”, recuerda Arriaza.

Por su lado, la defensora de la Niñez y la Juventud Nidia Aguilar, revela que, oficialmente, existen alrededor de 4 mil casos de niños a quienes los juzgados han dictado medidas de protección. Sin embargo, ella calcula que la cantidad de quienes aún esperan el beneficio es mucho mayor: “Yo me atrevería a decir que hay entre 8 a 10 mil menores de edad desamparados, y debemos sumar los casos que han sido invisibilizados y marginados”. Muchos de ellos ni siquiera tienen nombre ni apellido, no están registrados y por lo mismo es como si no existieran.

Según la psiquiatra Flores, las condiciones de pobreza aunadas a la poca educación sexual y de planificación familiar provocan tantos casos de abandono. Además, por fenómenos como el conflicto armado interno y la violencia actual, la cantidad de huérfanos va en aumento.

En ocasiones, según la experiencia de Aguilar, es la migración la que separa a los hijos de su madre. “A la Procuraduría vienen hijos de mujeres que se han ido a Estados Unidos o que han regresado a sus países de origen y están a cargo de terceros que no siempre quieren asumir esa responsabilidad”, señala.

Mientras tanto, Arriaza refiere que ha visto todo tipo de casos. Los menores “llegan por diferentes situaciones para cuidado y protección, tanto referidos por los juzgados de la niñez como de la mano de familiares, e incluso de las mismas mamás”, informa.

Algunas madres a quienes la autoridad les ha quitado a sus hijos por tenerlos en condiciones de riesgo se esfuerzan para recuperarlos, van a rehabilitación y consiguen trabajos estables con tal de reunirse con ellos. Arriaza cuenta, complacida, que la madre de los tres niños regresó después de un tiempo, totalmente recuperada y empezó una nueva vida. Pero muchas otras no vuelven.


“Yo me siento como una gallina que acoge en sus alas a todos los pollitos que puede, sin importar si son propios. Lo importante es darles calor materno”, una madre sustituta.


Para ser mamá sustituta

Las parejas con hijos biológicos o madres solteras que quieran ser parte del programa de Familias Sustitutas de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia, deben cumplir con estos requisitos:

  • Estar comprendidos entre los 25 y 55 años.
  • Tener hijos mayores de 5 años.
  • Estar casados o unidos de hecho.
  • Saber leer y escribir.
  • Estar dispuestos a ser evaluados tanto económica como emocionalmente.
  • Carecer de antecedentes penales y policíacos.
  • Certificaciones médicas donde haga constar que no padecen alguna enfermedad infectocontagiosa ni tienen rastros de drogas.
  • Constancias y referencias laborales.
  • Cartas de recomendación.
  • Fotocopia de cédula de vecindad.
  • Aceptar asistir a capacitaciones y recibir supervisión periódica.

Para más información, puedes llamar al teléfono (502) 2414-3535.

Por Jessica Masaya

* Nombre ficticio.

Fuentes: María Alejandra Flores, Psiquiatra, Unidad de psiquiatría del Hospital Roosevelt. Amparo Arriaza, trabajadora social, Casa Guatemala. Nancy Amaya, abogada, y Eulalia Mateo, trabajadora social, Programa de Familias Sustitutas de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia. Nidia Aguilar del Cid, Defensora de la Niñez y la Juventud, Procuraduría de los Derechos Humanos.  Sitio web www.bebesymas.com

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