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Soprano del siglo XXI

junio - 2009

Pilar Jurado es una soprano coloratura nacida en Madrid para el arte y para el siglo XXI. 

Sus ojos de destello oscuro y mirada intensa revelan a una conquistadora cuya voz avasalla a públicos exigentes. Y no es para menos, porque esa voz hace palidecer, enfurece, adormece o exalta a quien la escucha.

En su recital Canciones y poesía en español, acompañada por el pianista italiano Massimiliano Damerini, se incluyeron obras de los compositores guatemaltecos Manuel Martínez Sobral y Rodrigo Asturias. Así confirmó su extenso repertorio que va desde música antigua hasta las dificultades simbólicas de John Cage. 

Su capacidad como compositora la ha llevado a ser la primera mujer en estrenar una obra propia en el Teatro Real de Madrid, un logro que le abre las puertas de la fama y de la historia. En esta breve entrevista cuenta qué han significado para ella la música y su primera visita a Guatemala.

¿Cuándo empezó su formación  musical?
Empecé a estudiar música a los ocho años y también canto. Algo poco habitual porque generalmente se inicia a los 16 ó 18, cuando ya está cambiada la voz. A los 18 ya había ganado un concurso muy importante en España, el Francisco Guiñas, y ya participaba en galas líricas. Pero no he estudiado solamente canto, sino toda la carrera de piano, dirección de orquesta, composición, musicología y pedagogía musical. En total he obtenido seis títulos superiores en música.

Es una vocación natural
Es que disfruto tanto de la música que toda ella me produce especial emoción. Este último disco que he grabado, Pilar Jurado, L’Arte della Coloratura, que para mí es muy importante y está teniendo muchísimo éxito, es la culminación de un deseo que surgió cuando empezaba mi carrera y veía las grabaciones de grandes divas, como la Callas.

¿De qué trata el disco?
Es un viaje por la coloratura, el mundo del mayor virtuosismo vocal, con un repertorio que va desde Mozart hasta Stravinsky, con las arias más emblemáticas de cada uno de ellos. Todos los comentarios que ha recibido, por parte de los más importantes críticos europeos, han sido fantásticas.

¿Su familia se dedica a la música?
No, en mi familia nadie es músico, algo que hace a mi carrera más especial y extraña: alguien que viene de una familia que no es nada musical, de pronto desarrolla tantas capacidades como para que en 2011 se estrene en el Teatro Real de Madrid su ópera Página en Blanco.

¿Sobre qué va a versar?
No lo puedo contar antes del estreno. Pero adelanto que girará alrededor de la cibercultura, que tendrá ópera dentro de la ópera y mucha emoción. Para mí lo importante es que sea una temática con la cual se pueda identificar el auditorio actual y que atraiga a gente más joven, que no esté tan cercana a la ópera tradicional, pero que se pueda enganchar con la nueva.

Hablando de  cibercultura,  ¿le gusta?
Muchísimo. Me entusiasma. Precisamente ahora estoy trabajando con sociólogos especializados en ella para estar enterada de lo último de ese mundo y de las nuevas maneras de ver al poshumanismo.

¿Le intersa la Filosofía?
Mucho, pero creo que se trata de una tendencia actual porque, quizá, hemos perdido las humanidades, que eran tan importantes en la cultura occidental. Junto con ellas se han ido valores y tal vez por eso vivimos la situación caótica con la que empezamos el siglo XXI.

Como mujer, ¿cómo ve este comienzo de siglo?
Pues como una europea del siglo XXI que quiere para las mujeres todo el espacio que siempre han merecido, pero desgraciadamente no siempre han tenido, y que siente que las cosas están cambiando

Está más que merecida la invitación del Teatro Real por lo visto. ¿Cómo le llegó?
Es mucha la responsabilidad de ser la pionera en tantas cosas, como ser la primera compositora que estrenará en un lugar de la talla del Teatro Real de Madrid, El director me pidió que le mandase diferentes obras, él ya conocía otras, y quería que el director artístico también las escuchara para evaluar un pedido. Ni yo misma me lo creía.

¿Qué se siente ser diva?
Es importante serlo en el escenario, pero en la vida hay que ser persona. Diva, porque el público va a disfrutar la magia y porque es allí donde se desarrolla el arte. Pero a la hora de vivir hay que convivir y ser natural.

Usted es empresaria también...
Sí, soy rara, muy rara -ríe-. Cubro la gestión, la producción, la interpretación, en fin. Cuando tienes una visión muy clara de lo que quieres, a veces es difícil confiar en que otros serán capaces de construir tus ideas o imágenes. Si te fijas en Madonna o en tantas otras, dependen poco de los demás porque en un momento dado han asumido todas las funciones para sí, porque tienen claro qué es lo que quieren conseguir.

¿Hay diferencia entre los géneros clásico y el moderno?
Creo que hay diferencias en cuanto a la dificultad. Sin embargo, hay una parte, la industrial, que los clásicos debemos entender. Ese es el gran error de la música clásica: nos aparta del gran público. La música pop controla bien la escena mediática, algo que nosotros no tanto.

Preguntaba por qué la ópera ha cambiado. Por ejemplo, el musical El Monstruo de la Laguna Negra y, el año pasado, David Cronenberg dirigió una ópera inspirada en su versión fílmica de La Mosca. 
Creo que cada vez buscamos más temas que se acerquen a la sociedad. Cuando Puccini escribía La Bohéme lo hacía sobre cosas que podrían haber pasado en la casa de al lado. Yo creo que hoy estamos obligados a tener una visión cinematográfica de la ópera, así como los creadores del siglo XIX se inspiraron en el teatro. La gente del siglo XXI es multimedia, entonces hay que llevar el multimedia al mundo de la ópera.

¿Le ha costado llegar a dónde está?
Estoy en un momento fantástico, me siento muy valorada, pero no he llegado hasta acá por casualidad: conozco cada peldaño anterior. Eso me da mucha seguridad porque sé que descanso sobre terreno sólido. Mis logros los he conseguido a fuerza de trabajo. Siempre he dicho que soy una hacedora de sueños, he soñado mucho y he luchado igual por ellos y ahora, lo que estoy recibiendo, son esos sueños convertidos en realidad, pero porque desde que los soñé por primera vez no hice otra cosa que trabajar para concretarlos.

¿Cómo se ve ante la historia?
El hecho de ser la primera mujer que estrenará una obra en el Teatro Real de Madrid ya es histórico pero, además, varios compositores importantes del siglo XX me han dedicado obras. Me siento privilegiada porque, cuando los compositores han creado para ti y tú eres la primera en estrenar esas obras, ya eres parte de la historia.

Como compositora, ¿qué la inspira?
Depende de muchísimas cosas. Pero creo que me inspiro en lo que digo, en lo que hago, en lo que me dan los demás, en lo que me quitan. Al final creo que cuando componemos dejamos pedacitos de nosotros mismos en un papel.

El compositor francés Olivier Messiaen, por ejemplo, recurría a ritmos de India...
Yo utilizo variados recursos, pero una de las ventajas de los compositores del siglo XXI es que tenemos muchos siglos de música occidental detrás, y técnicas de composición. Además, el eclecticismo nos permite utilizarlas al servicio de nuestra creatividad. Al final, la música tiene que ser más que un proceso constructivo, debe tener magia. Y en eso, todavía son las musas las que hacen que surja de repente.

¿Le gusta la obra de Karlheinz Stockhausen?
Me interesan sus procesos creativos, pero no siempre me entusiasman. Me parecería absurdo repetir lo que ya han hecho otros. Los que vuelven a hacer lo mismo no tienen nada que ofrecer. Pero creo que a veces se puede componer en Do Mayor y lograr algo. Lo importante es aportar.

¿Por qué incluyó al compositor guatemalteco Rodrigo Asturias en su concierto en Guatemala?
Hace ya algunos años conocí a Rodrigo Asturias en un concierto que me solicitaron en Madrid, con partes de su obra El banquete de las nubes y con las canciones de Martínez Sobral. Algún tiempo después interpretaba todo el ciclo de El banquete en Aix-en-Provence, con el pianista francés Michel Bourdoncle, y al siguiente año, en Londres, con el inglés Julian Gallant.

¿Por él vino a Guatemala?
Desde hace mucho me había pedido venir al Festival Paiz. Era obligado en mi presentación interpretar a este fantástico compositor, amante y conocedor de la música clásica, con una importante formación europea. Su ciclo, que grabaremos este año en España, es de gran complejidad y máximo virtuosismo para el piano, de estilo pos-serialista de finales del siglo XX.

Del recital Canciones y poesía en español, ¿qué más cuenta?
Debía ser español porque es la música que me nace de dentro. He interpretado este repertorio en muchos países, creo que es llevar un pedacito de mi tierra al mundo. Por supuesto que adoro la ópera y espero interpretar mis arias favoritas la próxima vez que venga a Guatemala, pero Falla, Granados, Turina y otros grandes creadores españoles son siempre un placer para mí.




Por León Aguilera

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