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Claudia Samayoa, defensora de defensores

julio - 2009

Menuda, discreta y amable, Claudia Samayoa no corresponde a la imagen de una guerrera. Pero cuando se trata de su tema: derechos humanos, surgen con fuerza su conocimiento, su experiencia y su pasión por la justicia.

Un currículo de varias docenas de páginas, conformado principalmente por investigaciones a su cargo, resume su calibre. A pesar de los reportajes que se han hecho acerca de su persona, incluido un documental de 24 horas para Televisión Española, conserva el nerviosismo ante las cámaras. Pero pronto deja a un lado lo superficial para dar paso a una profunda conversación sobre su labor como defensora de derechos humanos.

¿Qué significa defender los derechos humanos en Guatemala?
Como lo ha evidenciado un estudio que hicimos sobre este tema, no es sólo correr el riesgo porque a una la amenazan, sino también porque en Guatemala hay un gran problema: se cree que ser defensora de derechos humanos es defender delincuentes. Si alguien quiere que el sistema de justicia funcione, es el defensor de derechos humanos. Nosotros queremos que cuando el delincuente vaya preso se quede y no salga por tecnicismos; éste es el gran problema del sistema de justicia.

¿Cuál es el objetivo de la Unidad de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos - Guatemala, organización que usted coordina?
El reto es lograr que el Estado acabe con la impunidad. Llevamos 1,450 violaciones a activistas de derechos humanos registradas entre el año 2000 y los primeros meses de este año, más de 100 asesinatos, varios secuestros, pero hay algunos defensores que han estado bajo nuestra protección y han sido asesinados, y se cuentan con los dedos de la mano los casos en los cuales el Ministerio Público ha llevado a juicio a alguien. El principal reto, entonces, es lograr que el Estado atienda estos casos y no vaya sólo tras el autor material, sino también del intelectual. Si se hace esto, se garantizaría la seguridad de muchos defensores porque una queja que no se atiende, se multiplica.

¿Usted cree que esta percepción de defender delincuentes se da sólo en Guatemala?
Se da en Latinoamérica, en todos los países donde hubo guerra sucia. La idea fue generalizada por dictaduras militares, porque obviamente los defensores empezaron a denunciar este tipo de gobiernos y la única manera de luchar era acallándolos. Por eso se creó una Convención Universal de los Derechos Humanos, que en su artículo 11 declara que todos tenemos derecho a una profesión, y ser defensor de derechos humanos es una profesión. 

¿Cuáles considera que son las violaciones a derechos humanos que más afectan a Guatemala, y cuáles afectan más su imagen de país?
A la sociedad le afecta cuando a un defensor se le pone orden de captura o lo meten preso, porque genera la percepción de que si actúas te vas a la cárcel. Otro ataque que hace mucho daño es la amenaza. Genera mucho miedo no sólo a quien la recibe, sino a todo su entorno, porque eso de mandar un papelito o una caja con una calavera tal vez el defensor no lo tome en serio pero quienes están en su entorno sí. Como consecuencia dejan de buscar al defensor porque puede pasarles algo o porque consideran que no vale la pena defender los derechos humanos. 

Hacia afuera hacen mucho daño los asesinatos porque definitivamente constituyen un ataque muy fuerte a los derechos humanos. Otra situación dañina es la disolución de un sindicato por parte de un empresario; son prácticas de mediados del siglo XX. Las torturas, las violaciones sexuales y los ataques a los periodistas también generan una mala imagen del país.

Usted ha hecho investigaciones acerca de muertes extrajudiciales, femicidio, estructura de la Policía, situación de los defensores de derechos humanos y efectos del Rehmi*, por mencionar algunas. ¿Qué la impulsa a hacer este trabajo?
Soy filósofa, y el filósofo tiene por afición develar la verdad. A esto hay que agregar que parte de mi metodología es la fenomenología, ésta nos permite descubrir lo que está más allá del fenómeno. A mí me gusta retarme, por ejemplo cuando se hizo la investigación sobre la dimensión ética, social y jurídica del fenómeno mal llamado limpieza social. Lo que estábamos buscando era redimensionar cuándo la víctima se convierte en victimario y viceversa. No queríamos entender sólo el fenómeno de derechos humanos, sino cómo esto nos está rompiendo como sociedad, para proponer soluciones. Ese es el tipo de investigaciones que me gustan porque puedo combinar lo multidisciplinario con la filosofía.

¿Cuáles son los riesgos que usted o su familia han corrido al investigar este tipo de temas y defender los derechos de otras personas?
La época más peligrosa para mí fue de 2001 a 2003, cuando recibí amenazas de muerte. La familia sabe el riesgo en el cual se desenvuelve una persona como yo, que denuncia a un funcionario público o a una persona políticamente relevante y, obviamente, hay miedo. Esto se ha trabajado en familia pues llevo muchos años en este campo, ello nos hace estar conscientes de los riesgos que vivimos y tomar las medidas de seguridad que de todas maneras hay que tomar por la violencia común. Hemos aprendido a vivir con alegría, porque de todos modos tenemos convicción del valor de los derechos humanos y no es sólo una convicción de mamá, sino también de papá y de mis hijos.

¿Cuál es el principal obstáculo que ha encontrado como mujer al hacer su trabajo?
Creo que es toparme con el hombre macho, el que mira a una mujer y no toma las cosas en serio. Sobre todo en los ámbitos legislativo y político. Pero lo que he notado es que la situación cambia si una no se deja doblegar con intimidaciones, si una sigue adelante, segura de lo que está haciendo. Como investigadora no me dejo doblegar porque sé que todo lo que digo y hago lo tengo registrado, documento mis investigaciones y sé que estoy actuando con la verdad.

¿En algún momento se ha sentido frustrada por las muertes de compañeros o por los obstáculos más grandes?
Tú puedes ver cada una de estas cosas como algo triste porque son asesinatos, pero también puedes ver cada una de estas amenazas como intentos de parar grandes actos de democracia y paz. He tenido la bendición de hacer un trabajo que me permite conocer una Guatemala profunda, conozco defensores que están haciendo un trabajo maravilloso en desarrollo, en salud o en defensa de su comunidad.  

Obviamente, maneja técnicas de inteligencia emocional.
En el equipo tenemos apoyo permanente de salud mental y realizamos dinámicas de autoayuda. No somos una maravilla, de hecho yo aprendí de la forma más dura. Tuve un “burn-out” hace unos tres años por exceso de trabajo, pero también porque a una le cuesta distinguir entre lo propio y hacer la traslación del estrés de la persona que está viviendo en situación de riesgo. Ahora siempre tengo una llamada de atención por parte de mi familia: ‘Ya estás otra vez muy tensa’.

Con un trabajo tan absorbente, ¿cómo logra equilibrar el tiempo y la atención para compartir con su familia?
Tengo el regalo de Dios de contar con un compañero que es un gran apoyo, con quien nos equilibramos, y hemos creado una familia donde todos nos complementamos. También trato de dar calidad de tiempo, ahora mi hijo recibe clases de batería, entonces yo recibo clases de guitarra, su sueño es que podamos tocar juntos. Una de mis hijas es maestra y eso es algo que tenemos en común, porque ese es mi don. Y mi otra hija estudia filosofía, así que con ella discutimos ideas.

Y cuando Claudia Samayoa está con amigas y hablan de la violencia, ¿cuáles son sus recomendaciones?
Que estén atentas, esa es la primera recomendación. Que no salgan a la calle pensando cuánto deben de renta o qué deben comprar en el supermercado, porque la mitad de la delincuencia se puede evitar si se observa alrededor. El otro consejo es escuchar bien qué es lo que está pasando y cómo suceden los hechos delictivos, para aprender de la experiencia ajena.
*Rehmi: Recuperación de la Memoria Histórica.

Defensores en la red

Front Line es una organización de defensores de derechos humanos con cobertura a nivel mundial. Algunas de las personalidades que figuran en el consejo directivo son el cantante Bono, el líder espiritual Dalai Lama y el escritor Adolfo Pérez Esquivel. En esta página se comparte información para que los defensores se protejan. El sitio tiene versiones en inglés, ruso, chino y español. Claudia Samayoa es la persona que se encarga de revisar la traducción al castellano y, asegura, que este es su único trabajo pagado permanente en esta profesión.

[“…la situación cambia si una no se deja doblegar con intimidaciones, si una sigue adelante, segura de lo que está haciendo”.]


Por Alejandra Cardona


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