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Cada año más de un millón de personas decide dar un desenlace fatal a su vida y no existen datos exactos de cuántos lo han intentado, marcando el resto de sus días con secuelas físicas y emocionales. Poner alto al fenómeno del suicidio es una tarea que involucra a familiares, profesionales y a toda la sociedad.
En Guatemala es difícil hablar de estadísticas del suicidio. Los registros guardan datos erróneos, la mayoría de veces el acta de defunción describe el hecho como muerte violenta o accidente, y de esta manera se pierde información, se cita en la encuesta Suicidio en jóvenes, presentada en 2003 por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, y organizaciones nacionales.
Pero es imposible esconder este fenómeno presente en la vida cotidiana y que no distingue niveles económicos ni edad, aunque algunas organizaciones han identificado a los adolescentes y adultos jóvenes como los más vulnerables.
Explicar qué sucede en el pensamiento de un suicida no es sencillo. Esta decisión drástica es la suma de diferentes factores. “Encontramos que los casos patológicos son los de menor número y la mayoría de hombres y mujeres suicidas padece de depresiones severas”, dice Marco Antonio Garavito, director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental.
Quien está deprimido se siente frustrado y lo demuestra de distintas maneras, tiene altibajos en sus hábitos alimenticios, podría padecer de trastornos del sueño, estar irritado y también existe una mayor tendencia a consumir bebidas alcohólicas en exceso, en especial los hombres.
Se ha descubierto que quienes se suicidan han anunciado sus ideas hasta seis meses antes de tomar acción, explica Hernán Cortés, psiquiatra guatemalteco y vicepresidente de la Red Mundial de Suicidiólogos. Algunos dicen directamente que quieren suicidarse, mientras otros lo hacen de forma pasiva, duermen tiempo prolongado deseando no despertar, se aíslan o dejan de comer para que estas acciones los lleven lentamente a la muerte, asegura el profesional.
Sin embargo, estas acciones no significan que las personas quieran morir, por el contrario son los primeros gritos pidiendo auxilio.
Lamentablemente, los expertos describen que en este primer momento uno de los mitos más arraigados se hace presente en la familia y los amigos: no creerle a la persona o pensar que si no se habla al respecto esas ideas desaparecerán.
Por el contrario, toda amenaza suicida debe ser considerada como un llamado de socorro grave y el comienzo de un proceso terminal, por el cual el afectado debe ser sometido a una evaluación profunda de inmediato con un psicólogo o psiquiatra, y tomarse todas las medidas de prevención necesarias para evitar que se mate. Así el acompañamiento de los seres queridos y acercarse a estos profesionales se convierte en un pilar para superar el problema.
La mayor recomendación para quienes comparten con alguien que está en esta situación es acercársele para escuchar, más que para dar un consejo, criticar su postura o cambiar su forma de pensar. Lo mejor es decirle que es comprensible que se sienta de esa manera, guardar silencio mientras ella o él habla, mostrarle apoyo y, por supuesto, decirle que es necesario buscar apoyo profesional.
Por lo regular, quienes están en medio de una crisis depresiva se sumergen en algo llamado visión de túnel, es decir, que se sienten en un lugar sin salida, cada vez más oscuro. Por ello, “mejoran mientras hablan, es una catarsis que incluso les lleva a encontrar respuestas propias a sus problemas”, agrega Alejandro de León, psiquiatra.
También se sugiere a la familia acercarse más, experimentar con actividades creativas como salir de paseo, reunirse con frecuencia y realizar actividades poco cotidianas que les ayude a sentirse mejor.
La depresión es un proceso bioquímico y se relaciona con la tolerancia a la frustración que tiene cada ser humano. Es similar al umbral del dolor, un simple pellizco para unos es nada más incómodo, mientras para otros podría hasta hacerles gritar. Así esta idea se traslada a las emociones, por ejemplo, para unos el final de una relación sentimental es un aprendizaje un tanto doloroso, mientras otros ven un panorama oscuro y sienten que el mundo se acaba.
Sin duda, es en la niñez que se aprende la mayor parte de herramientas para asimilar los altibajos de la vida, dice Garavito. Por ello, los especialistas hacen énfasis en no dar a los hijos todo lo que ellos desean y, en ocasiones, decir “no” para que ellos aprendan que existen limitaciones. De lo contrario, se acostumbrarán a tener todo a su disposición y en el momento de las crisis se sentirán demasiado agobiados.
Sumado a lo anterior, cada uno es el encargado de fortalecer el amor propio, reconocer las capacidades, así como sus propias limitantes. Además, otro factor que ayuda es trabajar en la inteligencia emocional, aprendiendo técnicas para manejar el enojo, la tristeza y otra serie de emociones.
La red social es otro complemento, tener gente de confianza e ir con ellos para expresar alegrías y problemas, ayuda. “La dificultad hoy es que cada vez más nos escondemos del contacto social, queremos una casa segura, lejos de todos, no nos involucramos en tantas actividades sociales, y esto a la larga nos hace personas solitarias”, dice Garavito. Aún así, los puntos anteriores pueden disminuir el desarrollo de depresión, pero no es garantía que en cierto momento se desarrolle.
Diferentes organizaciones mundiales se preocupan por prevenir el suicidio. Garavito señala que la prevención no se ha trabajado en el país, hace falta más información, así como campañas y una línea telefónica mediante la cual especialistas atiendan a las personas que están pensando en la muerte.
Los profesionales explican que un sinnúmero de causas podría llevar a alguien a pensar en quitarse la vida. Cuando la familia pasa por este trauma, uno de sus miembros tiene un intento o pierde la vida por esta razón, se vive una serie de emociones dolorosas, culpa, enojo y frustración, entre otros sentimientos difíciles de superar.
Silvia Peláez, directora de Último Recurso y presidenta del comité organizador del XXV Congreso Mundial de la IASP -International Association Suicide Prevention-, a realizarse en Montevideo del 27 al 31 de octubre, hace énfasis en que también se requiere dar seguimiento a los sobrevivientes. Se tiene que hablar de lo sucedido, vivir un duelo y acercarse a expertos para manejar esta etapa.
En el ambiente se manejan ciertos mitos que dificultan detectar y ayudar a personas con este problema. Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, cada 30 segundos alguien se suicida y en el mismo tiempo seis personas más lo están intentando, así que se requiere reflexionar y discernir en los siguientes aspectos:
1. Mito: La persona que amenaza con suicidarse no lo hace en realidad, y quien desea hacerlo no avisa.
Verdad: Se ha analizado que la mayoría de suicidas ha hablado de sus intenciones casi seis meses antes de hacerlo.
2. Mito: El suicidio es un problema solo de adultos mayores.
Verdad: Cada vez se registran más suicidios de jóvenes y adultos jóvenes.
3. Mito: Hablar de suicidio con la persona que ha pensado o intentado hacerlo, induce al acto.
Verdad: Los especialistas aseguran que hablar disminuye las posibilidades de que el acto se realice.
4. Mito: Solo los locos o raros se suicidan.
Verdad: El suicidio es un problema que se relaciona con diversos factores internos y externos, que puede afectar a cualquier persona.
5. Mito: Cuando alguien planea suicidarse, nada ni nadie puede detenerlo.
Verdad: Existe la posibilidad de cambiar esta actitud con un seguimiento apropiado.
6. Mito: La pobreza es el mayor desencadenante del suicidio.
Verdad: El suicidio es un fenómeno que se presenta en todos los niveles sociales.
7. Mito: La gente que intenta suicidarse realmente quiere morirse antes o después.
Verdad: En realidad ellos pueden recuperarse y no están seguros de querer morir.
8. Mito: Solo se suicidan los cobardes.
Verdad: El suicidarse no es señal de debilidad.
9. Mito: Todos escriben cartas antes de suicidarse.
Verdad: Solo uno de cada seis suicidas deja una nota escrita para los seres queridos.
10. Mito: Quien tiene un intento de suicidio fallido no lo intenta nuevamente.
Verdad: El 80 por ciento de los casos vuelve a intentarlo una o más veces.
11. Mito: Alguien que está en depresión y parece más tranquilo, se ha recuperado.
Verdad: Es necesario estar más atentos porque su aparente tranquilidad podría ser señal de que ha decidido terminar con su vida, ser una despedida y una manera de dejar asuntos terminados.
12. Mito: Los suicidas solo se dañan a sí mismos.
Verdad: En realidad existen casos en que las circunstancias los llevan a matar a su pareja o familia, entre otros casos.
Por Ingrid Reyes
Fuentes: Hernán Cortés, vicepresidente de la Red Mundial de Suicidiólogos. Marco Antonio Garavito, director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental. Alejandro de León, psiquiatra. Nelson Tarache, homeópata. Silvia Peláez, directora de Último Recurso y presidenta del comité organizador del XXV Congreso Mundial de la IASP -International Association Suicide Prevention-.