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Luego de casi dos décadas de haber tomado fotografías de la guerra armada interna en Guatemala, Jean Marie Simon regresa con fines educativos. Además planea una edición en español de su exitoso libro.
De figura esbelta y sonrisa dulce, Jean Marie Simon aparenta menos edad de la que tiene. Esta estadounidense publicó en 1987 Guatemala eternal spring, eternal tyranny, dando a conocer los testimonios que escuchó y las fotos que tomó durante seis años, en medio de una de las etapas más duras de la guerra armada interna. El libro se convirtió en un crudo testimonio de nuestra realidad de entonces.
Después de irse de Guatemala en 1986, no volvió a tomar fotografías, dedicándose a la abogacía y luego a la docencia. Esta última profesión la trajo de nuevo a Guatemala, después de 20 años de vivir aquella experiencia, con un grupo de estudiantes que viene a aprender español y hacer trabajo comunitario. Siempre dispuesta a hablar del tema, Simon está acostumbrada a que le comenten de su libro y de la época en la que lo escribió.
¿Cómo se inició en la fotografía?
Después de estudiar periodismo, trabajé de mesera en Nueva York para poder comprar mi cámara. Salía a tomar fotografías a las calles, principalmente de protestas. Iba a instituciones no lucrativas con mis fotos para que las publicaran. Luego conocí a personas de Amnistía Internacional -AI-, por lo que decidí hacer una carrera yendo a países que tuvieran problemas políticos.
¿Cómo llegó a Guatemala?
Yo había pensado ir a El Salvador, pero en AI me dijeron que ahí había demasiados periodistas, en cambio en Guatemala no había corresponsales extranjeros. Vine cuando tenía 26 años, en 1980, cuando el gobierno de Lucas García estaba bastante desprestigiado a nivel internacional. AI estaba haciendo denuncias de las masacres y otros abusos.
¿Guatemala la encontró a usted y no al revés?
Todo el mundo huía de Guatemala. AI me mandó a hacer fotos del Palacio Nacional para un informe que se estaba preparando sobre los asesinatos políticos que se ordenaban desde allí. Yo no sabía dónde estaba Guatemala, pero al menos hablaba español pues lo había aprendido en Barcelona y Ecuador, lugares donde estudié. Tal como lo había imaginado, cuando vine nadie confiaba en mí.
¿Cuánto tiempo estuvo acá?
Al principio pensaba quedarme tres meses e irme a otro país. Pero me quedé 6 años. Hice el encargo de AI y otros trabajos para revistas y periódicos, y luego seguí mi propio proyecto. Pude ver que ser periodista en Guatemala en esos años era difícil, pues una se alineaba o se moría.
En sus fotos vemos muy de cerca a las personas y su situación, ¿cómo logró acercarse tanto a nuestra realidad?
Yo no trabajaba como los demás. Por ejemplo, en una campaña de un partido de extrema derecha, toda la prensa iba en un bus especial. Yo pensé “aquí no voy a ver nada interesante”. Así que me fui con los políticos y sus guardaespaldas -que a las nueve de la mañana ya estaban borrachos-. Fue difícil pero saqué mejores fotos.
Yo soy tímida y era más tímida en ese entonces. Creo que no ser agresiva me ayudaba. Poco a poco fui ganando confianza.
¿Sintió alguna vez que su vida corría peligro?
Yo me hice muy amiga de personas que luego fueron asesinadas o perseguidas por su lucha social. Muchos me decían que tuviera cuidado, pero pronto descubrí que por ser extranjera y periodista, me daban otro trato.
El libro está dedicado a Lucky Orellana, psicóloga y profesora universitaria que desapareció y cuyo cuerpo nunca fue encontrado. ¿Estaba aquí cuando eso ocurrió?
No. Luego del golpe de 1982 me contactaron más periódicos y revistas porque querían fotos de lo que pasaba aquí, así que iba y venía. Ella fue secuestrada en junio de 1983. Cuando volví, acompañé a su familia en sus intentos de recuperarla con vida. Los torturadores tenían el descaro de extorsionar a la familia con la promesa de ayudarla y luego soltarla. Pero eso nunca ocurrió.
Otra de sus amigas fue Nineth Montenegro y algunos miembros del Grupo de Apoyo Mutuo -GAM-. ¿Cómo surgió esa amistad?
En 1984 me tocó acompañarlos cuando mataron a varios de sus compañeros. Era horrible. Por ejemplo, Rosario Godoy, una de las dirigentes, luego de regresar de un funeral bromeó con nosotros diciendo que esperaba que por lo menos en Semana Santa los matones descansaran. Tres días después desapareció junto a su hijo de dos años de edad y su hermano. Admiro la valentía de todas esas personas que sufrieron tanto en aquellos años. Nineth sufrió el secuestro de su esposo y luego surgió como una lideresa, sufriendo persecución y amenazas. El GAM llenó un vacío, pues no había nadie que apoyara a las víctimas.
En esos años ya había más prensa internacional en el país. Además de unirme a ellos para denunciar esto, empecé a planear hacer un libro sobre Guatemala, lo que parecía una locura en ese entonces.
Además de hacer fotografías ¿qué otras actividades realizaba en Guatemala?
Human Rights Watch me contrató para hacer informes sobre Guatemala, lo cual me permitía estar cerca de la gente. Por medio de religiosos oí testimonios muy duros. También ayudaba vendiendo en Estados Unidos productos que las monjas hacían para obtener recursos para las víctimas. Y además Human Rights Watch me daba fondos que repartía lo mejor que podía.
Otra forma de ayudar era recibiendo personas que necesitaban pernoctar, sobre todo del interior. Al entrevistarlos, pude enterarme no solamente del conflicto armando, sino también de sus costumbres. Todo eso lo usé para hacer el libro.
Luego de irse de Guatemala ¿siguió tomando fotografías?
No. Se cerró un capítulo de mi vida aquí. Yo me hubiera quedado más tiempo, pero estaba muy cansada. Luego conocí a quien se convertiría en mi esposo, quien trabajaba en Derechos Humanos acá. Él me dijo que no tenía una vida normal. Me fui en 1986, reuní el material y publiqué el libro en 1987. Luego estudié derecho en Harvard pero seguí viniendo, trayendo colegas abogados. En 1991 me casé y tuve una hija y empecé otra etapa, trabajando como maestra. Pasé 15 años sin abrir mi libro.
¿Va a reeditarlo?
Después de 20 años de tomar aquellas fotografías, han vuelto a salir a la luz por medio de periódicos y así fue surgiendo la idea de reeditar el libro, esta vez en español. El Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, CIRMA, y la Fundación Soros se están haciendo cargo de todo. Tendrá más fotos y se revisarán algunos contenidos. El prólogo lo hará un periodista guatemalteco.
¿Qué le parece Guatemala ahora? ¿Qué piensa de nuestra realidad actual?
Estuve al margen de lo que ocurría aquí durante muchos años. Me había afectado, aquí había desarrollado una especie de armadura para que no te afectara tanta violencia. Ahora que regreso la veo diferente, hay avances, pero sigue existiendo desnutrición y mortalidad infantil. Hay progreso en la ciudad, pero no en el interior. Una de las cosas buenas ahora es la libertad de expresión.
Ver y leer el libro puede ser impactante. ¿Cuál es la reacción del público en general?
Se asustan, no tenían idea de todo lo ocurrido aquí en esos años. Pero nadie puede decir que no sucedió, están estas fotos para probarlo.