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En algunas ocasiones reconocer la igualdad y equidad de género ha pasado de la teoría a la práctica, es el caso de las mujeres que han decidido dejar a un lado los tacones y un atuendo femenino para tener acceso a otras fuentes de ingresos, especialmente ahora que ha aumentado la tasa de desempleo. Ellas prestan sus servicios como conductoras de algún tipo de transporte colectivo o no convencional.
Así como se ha vuelto indispensable dominar el idioma inglés para calificar en un puesto de trabajo, también poseer una licencia de conducir es un requisito importante para solicitar determinados tipos de empleo. Para la mujer, conducir un vehículo es un doble reto, en especial porque el patrón cultural ha creado falsos paradigmas que pueden limitar su ejercicio. Un ejemplo de ello son los comentarios discriminatorios y descalificantes.
Sin embargo, trabajar en ello puede llevarlas a convertir los estereotipos en una oportunidad. En especial porque está demostrado que todos venimos al mundo solo con dos temores, a caernos y a morir, afirma la instructora Waleska Hernández, del centro de capacitación Sistegra. No obstante, esos temores natos también los han sabido controlar algunas mujeres como las pilotas aéreas, quienes han puesto a volar sus sueños.
El interés y la necesidad de aprender a conducir un automóvil ha ido aumentando entre las guatemaltecas. La evidencia es clara, entre el 1 de enero y el 1 de septiembre de este año se emitieron 72,675 licencias de toda clase, cifra que implica un aumento del tres por ciento en comparación con 2008, explica Susana de Alburez, asistente de gerencia, de Maycom.
El 57.48 por ciento de licencias extendidas a mujeres fue de tipo particular. Esto expresa los requerimientos de mayor independencia y seguridad personal para el sexo femenino y, a la vez, la necesidad de contar con un vehículo como herramienta de trabajo. Asimismo, otras mujeres que han acumulado experiencia frente al volante buscan un reto mayor, al conducir ya sea un taxi, un bus escolar o un tuc tuc.
Las cifras apuntan a que un porcentaje considerable de damas está abriéndose mercado en estas áreas, y están perdiendo el miedo a controlar máquinas pesadas. Es así como vemos que de las licencias emitidas, 352 fueron de tipo profesional, 21,204 livianas, 9,340 para motocicletas y, en particular, se aprobaron tres especiales.
Luego de haber prestado sus servicios administrativos en una compañía durante 15 años, Eugenia Sandoval decidió comprar un microbús para transportar a los alumnos de un colegio. Ella necesita ingresos económicos para cubrir los gastos familiares.
Y no solo se trata de controlar el timón, también ha tenido que aprender a manejar el comportamiento de sus clientes preescolares y adolescentes, cuyos gustos son totalmente diferentes, sobre todo al escuchar música. “Su cariño y confianza me motiva a desempeñar mejor mi trabajo para que lleguen sin novedad a casa”, afirma.
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| [“He aprendido a reparar vehículos, incluso de transporte pesado: radios, luces, motores, alarmas. A muchas personas les cuesta creer que ejecuto esta tarea y me preguntan ¿eres mecánica?” Fabiola Rivas, egresada del centro de Intecap de Escuintla.] |
La satisfacción de obtener una licencia también ha empujado a algunas conductoras a especializarse en la reparación de automotores. Fabiola Rivas, de 22 años, es una de las mujeres que ha dejado a un lado el traje de oficina para lucir su overol de mecánica profesional y reparar vehículos de todo tipo, experiencia que la ha llevado a maniobrar furgones, camiones y microbuses.
Su deseo por dedicarse a este oficio comenzó desde temprana edad al ver a su padre reparando su propio vehículo, y luego afinó sus conocimientos en el Centro de Capacitación de Escuintla, del Instituto Técnico de Capacitación, Intecap. El buen desempeño de Fabiola le ha permitido ganarse la confianza de la empresa para la cual labora, y la fidelidad de clientes satisfechos.
Similar experiencia tiene Rosenda Pacheco, de 20 años, quien estudia mecánica desde hace un año y ya está poniendo en práctica sus conocimientos. Rosenda está convencida de que es importante demostrar que también el sexo femenino puede desempeñar este trabajo. De hecho, “algunos ya lo han comprendido porque hasta me felicitan cuando observan la calidad de mi trabajo en el taller de papá”, asegura.
Hugo Otoniel Cuyuch, instructor en el Intecap de Quetzaltenango, explica que en la actualidad no hay límites para que tanto los hombres como las mujeres desempeñen iguales ocupaciones o profesiones, pues en el caso de la mecánica la fuerza requerida es mínima cuando se aprovechan al máximo las herramientas de trabajo. La capacitación les permite arreglar sistemas hidráulicos, neumáticos o motores, y muchas féminas se han especializado en balanceo, alineación y revisión de llantas. A la fecha, tres alumnas han egresado del Intecap en Quetzaltenango y 15 se han especializado por medio de cursos libres.
El año pasado esta entidad capacitó a 204,502 personas en diferentes áreas del país, de las cuales 91,723 fueron mujeres. Ellas recibieron capacitación en 56 especialidades consideradas poco convencionales, por ejemplo: albañilería, mecánica automotriz, soldadura, extracción de minerales, mecánica de motocicletas, topografía y electrónica.
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| Olga Juárez, condutora de taxis para mujeres. |
La situación de violencia e inseguridad que se vive en el país motivó a un grupo de mujeres a crear una línea de taxis conducido por ellas y exclusivo para damas. El proyecto comenzó este año, luego de haber realizado una encuesta entre mil personas, a quienes se les preguntó acerca de su preferencia por un servicio confiable. Las respuestas fueron positivas, explica Olga Juárez, una de las socias.
Actualmente son cuatro mujeres las que prestan el servicio, y se caracterizan por ser responsables, educadas, atentas, pacientes y con buena presentación. Circulan por diversos sectores y solo transportan a mujeres. Por cuestiones de seguridad evitan trasladar a personas en estado de ebriedad o bajo el efecto de drogas.
Para obtener la licencia que les permite desempeñar este trabajo, tuvieron que recibir dos cursos de capacitación impartidos por la Entidad Reguladora de Transporte y Tránsito, EMETRA: Educación vial y Respeto al público. “Una de las experiencias que hemos tenido es la demanda de personas de la adultez mayor, ya que hacia ellas el trato es especial y no solo las llevamos a su destino, sino muchas veces las tenemos que acompañar mientras realizan sus compras o durante los trámites que necesitan efectuar”, explica Juárez.
Su servicio novedoso ha hecho que se mantengan muy ocupadas atendiendo a la clientela, éxito logrado también en otros países, como Inglaterra, Colombia y México, donde desde hace años se implementó este proyecto con algunas variantes, por ejemplo las conductoras han recibido cursos de artes marciales.
Juárez explica que prestar el servicio de taxista es una alternativa viable para las mujeres que buscan una fuente de ingresos. Cada una puede establecer su propio horario de trabajo y así hacer un espacio para atender a los hijos u ocuparse de otras actividades para su superación.
[“Nuestro servicio se ofrece con responsabilidad, puntualidad, educación y precaución. Lo mejoramos con las sugerencia de la clientela, por ejemplo llevamos a bordo un botiquín con medicamentos y recursos básicos”. Olga Juárez, taxista]
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| Ronda Bolaños, pilota militar. |
En la Ciudad de Guatemala 12 mujeres trabajan trasladando a cientos de pasajeros cada día, a bordo de las unidades del Transmetro. Su interés por esta ocupación surgió ante la necesidad de obtener un empleo, pero también por demostrar su capacidad para conducir este tipo de transporte público. Para ello se requiere responsabilidad, buena administración del tiempo para no fallar a los usuarios y mantener el respeto a conductores y peatones en las calles, comentan.
Tres de las féminas que asumieron el reto son Jesenia Barrios, de 35 años, estilista, con estudios universitarios en el área de administración, madre de dos hijas y quien por la falta de empleo en Estados Unidos se vio obligada a regresar a Guatemala. No imaginaba que tendría la oportunidad de trabajar como conductora. Lo mismo le sucedió a Mildred Liseth Méndez, de 34 años, casada, con dos hijos, pasó de manejar números en un banco a contar los minutos para estar a tiempo en cada estación del Transmetro; y Luisa Raquel Ramírez, de 38 años, casada, con tres hijos y un nieto, estudia Humanidades en la universidad, empieza su jornada todos los días a las cuatro de la mañana, al igual que el resto de conductoras.
Según María José Salas, asesora de Comunicación Social de la Municipalidad de Guatemala, existe un intenso interés de más mujeres por desempeñar este trabajo. Como parte del proceso de selección, para aplicar al puesto, se requiere una licencia de conducir y aprobar un curso de capacitación, el cual incluye formación en varios temas: atención al usuario, cultura de servicio, relaciones humanas, conocimiento y aplicación de la Ley y Reglamento de Tránsito, y otros aspectos, tales como mecánica básica. 
Este proyecto ha dado lugar a que, hasta la fecha, muchas mujeres formen parte de un gremio que por años ha estado destinado al género masculino y, a la vez, dar un giro a las actividades que usualmente realizaban.
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| Linda Nancy Galindo, Oficial de la Marina de la Defensa Nacional. |
También en los océanos la mujer ha demostrado su capacidad para navegar. “Disfruto mucho el mar y su clima, y por ello opté por ser oficial de la marina y desarrollar mi trabajo navegando. Soy casada y tengo un hijo de un mes de nacido”, dice Linda Nancy Galindo, de 31 años, una de las seis mujeres que trabaja como Oficial de la Marina de la Defensa Nacional, en el rango de alférez de navío. Maneja barcos tipo guardacostas, como lo son el Utatlán y Xacol; se encuentra de alta en el Comando Naval del Pacífico. Además, es licenciada en Recursos Humanos y tecnología.
El trabajo lo desarrolla en aguas guatemaltecas, del mar Caribe y Pacífico, 200 millas náuticas mar adentro, realiza patrullajes de control de tráfico marítimo, brinda apoyo a la población, vela por la conservación de las especies marinas y, en la época de formación como guardamarina, dirigió cruceros de instrucción, con destino a México, Cuba, Panamá, Gran Caymán, Costa Rica, El Salvador, Honduras y Nicaragua.
Para Linda, tener el mando de un guardacostas y controlarlo significa una gran responsabilidad y riesgo, pero también la ventaja de vivir la experiencia real de navegar. Como conductora o pilota de cualquier medio de transporte se deben conocer y respetar las reglas, tener conocimiento de los diferentes sistemas del barco y de la tripulación.
“Una experiencia que no puedo olvidar sucedió cuando era cadete naval, al poner en práctica los conocimientos aprendidos en clase disfruté de un paisaje único donde tuve la oportunidad de apreciar a delfines que seguían la estela del guardacostas, vi tortugas marinas, aprecié el brillo del sol y disfruté del silencio de la noche estrellada y la brisa del mar”, comparte Linda.
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| Annette Herbruger, pilota aviadora de transportes de línea aérea. |
Cada vez más mujeres se incorporan a la aviación, aunque son contadas las que se desempeñan como primer oficial o capitana de aerolíneas internacionales. Una de las afortunadas es Annette Herbruger Minondo, de 43 años, cuya motivación por volar empezó desde la infancia. Le fascinaba salir del colegio y dirigirse en bicicleta al aeropuerto para ver despegar y aterrizar a los aviones. Esa inspiración la llevó a prepararse como pilota aviadora de transportes de línea aérea.
En 1983 empezó como ayudante de mecánico de aviación, cinco años más tarde se desempeñó como aeromoza, y unos años después pudo obtener las licencias de piloto privado, instrumentos, comercial, bimotores y de transporte de aerolíneas. Su perseverancia, capacidad y cúmulo de experiencia volando le valieron para fungir como capitana de un avión ATR 42-300 y primer oficial de un Boeing 727. Trabajó en Tikal Jets cinco años y lleva 12 años trabajando para DHL.
También sobresalen las pilotas aviadoras militares. Esta carrera la cursan durante dos años en la Escuela Militar de Aviación, previo a obtener el título de Oficial del ejército en la Escuela Politécnica. Ronda Vannesa Bolaños Guzmán, de 30 años, es una guatemalteca que obtuvo su licencia para pilotar; es licenciada en Recursos Humanos y tecnología. Actualmente conduce aviones de ala fija: monomotor y bimotor. Hasta el cierre de esta edición llevaba 318 horas de vuelo y se encuentra de alta en el Comando Aéreo del Sur, en Retalhuleu.
Algunos estudios han determinado que el estrés transforma, en buena medida, la forma de conducir de las personas y es la causa de un número considerable de accidentes. Algunos de sus efectos negativos son:
Veintidós mujeres no pasan inadvertidas en el ingenio Pantaleón, 14 de ellas son pilotas de cabezales, siete maniobran tractores y una de ellas se encarga de la maquinaria para caminos. Este es un programa que tiene como objetivo brindar igualdad de oportunidades y desarrollo a las mujeres en tareas que comúnmente han sido exclusivas de los hombres.
Algunas de ellas son Miriam Amarilis Morán Arana, de 36 años de edad, bachiller en Ciencias y Letras, y Glendy Esther García Maldonado, de 35, secretaria comercial. Ambas conducen vehículos livianos y cabezales para transporte de caña, así como otros vehículos de transporte pesado.
Glendy opina que en ese lugar las mujeres han logrado demostrar que este tipo de trabajo también lo pueden ejecutar ellas, aunque en este caso una de las posibles desventajas es su corta estatura. “Por ser pequeñas los pedales de los cabezales nos quedan más lejos y toma tiempo acostumbrarse. En mi caso ya me adapté, ahora soy quien controlo la máquina”, dice. Por eso mismo, “uno de los trabajos difíciles para mí es el cambio de aceite en la fosa del taller, pero soy hábil para la graduación de frenos, engrasar, revisar los niveles de aceite, refrigerante, control de los indicadores, identificar los códigos de fallas del cabezal y movilizarme en las máquinas”, agrega. 
Por su lado, Miriam cuenta como es un día de trabajo para ella: “Cada mañana espero la llamada a mi celular de mi compañera de relevo, quien me despierta porque a veces se puede atrasar en el frente de cosecha y venir más tarde. Luego me baño y preparo los alimentos que voy a llevar al trabajo y también los de mi familia, después subo a mi moto y me traslado al ingenio. Al llegar procedo a revisar la máquina, paso a la gasolinera y recibo instrucciones para saber hacia dónde dirigirme. Al terminar el turno entrego la máquina a mi compañera y le informo cómo estuvo todo, después me voy a casa. Al llegar me baño y le doy gracias a Dios por otro día más de trabajo en el que todo salió bien, hago los oficios domésticos, platico con mi familia, cenamos y a descansar”.
[“las personas ven la diferencia del trato que se les da a los usuarios en comparación al que reciben del transporte convencional”. Mildred Méndez, conductora de transmetro]
Por Margarita Pacay
Fuentes: Amílcar Montejo, intendente administrativo de la Policía Municipal de Tránsito, PMT, EMETRA. César Octavio Reyes, de la clínica psiquiátrica del hospital San Juan de Dios. Waleska Hernández, del centro de capacitación Sistegra. Susana de Alburez, asistente de gerencia, de Maycom. María José Salas, asesora de Comunicación Social de la Municipalidad de Guatemala. Hugo Otoniel Cuyuch, instructor del Intecap. Fabiola Rivas. Rosenda Pacheco. Linda Nancy Galindo, oficial de la Marina de la Defensa Nacional, en el rango de alférez de navío. Jesenia Barrios, Mildred Liseth Méndez y Luisa Raquel Ramírez, conductoras de Transmetro. Annette Herbruger Minondo, pilota aviadora de DHL. Ronda Vannesa Bolaños Guzmán, pilota aviadora militar. Miriam Amarilis Morán Arana y Glendy Esther García Maldonado, del Ingenio Pantaleón. Sitios web: Muniguate.com Seguridad-vial.net