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Una vida sin intimidad

enero - 2010

Existen personas que no tienen libido. Aunque constituyen un porcentaje mínimo de la población han provocado debate y estudio. Conoce más acerca de su condición de vida.

Se ha dicho que personajes como Isaac Newton, Steve Morrissey, Salvador Dalí y Franz Kafka forman parte de la lista de las personas que no tenían ningún interés en el sexo. Es decir, vivieron felices sin tener relaciones con nadie. Probablemente conozcas a alguien así, que va por la vida sin tener pareja, lo cual parece no molestarle.

En los últimos años se ha avivado el debate acerca de las razones de esta particularidad. Muchos piensan que es una patología, un problema, otros proclaman que se trata de una diferente orientación sexual.

¿Es un instinto?

Según el psicólogo y sexólogo Anselmo J. García, en El nuevo libro de la vida sexual, las motivaciones primarias son el hambre, la sed, el sueño y la defecación. De satisfacerlas depende la supervivencia del individuo. Entre la otra serie de atracciones ejercidas por ciertos estímulos independientes del estado de necesidad, está la motivación sexual. No es necesaria para la supervivencia del individuo, aunque sí de la especie.

Aunque la sexualidad necesita de estímulos específicos del ambiente, posee señales internas como las producidas por los centros nerviosos y glandulares que están en el cerebro y desempeñan un importante papel. Además, la necesidad de relaciones íntimas puede ser manipulada a un nivel social, por lo que los procesos de aprendizaje son muy importantes. Es decir, aunque alguien tenga estímulos externos y una reacción biológica normal, si no aprende cómo acercarse con erotismo a una persona y no acumula experiencias, no podrá satisfacer sus deseos.

García explica que en una persona promedio siempre se están generando fantasías fomentadas por los estímulos recibidos de otras personas, de imágenes e incluso de historias. Que estas fantasías puedan concretarse no depende únicamente del deseo de la persona, sino también de su entorno y su bagaje sexual.

Según el terapeuta Raúl de la Horra, sólo potenciando todos los componentes del deseo podemos funcionar en este sentido. No sólo necesitamos estar bien biológica y psicológicamente, sino también tener un objeto de deseo en un ambiente determinado y concreto. Si falla uno o más elementos puede arruinarse la vida sexual de la persona.

Cuando no hay con quien

Existen individuos que no tienen este tipo de intimidad pero lo desean físicamente, por lo que el problema puede que esté en los otros aspectos. No encuentran la oportunidad de satisfacer sus deseos por diversas razones. “Aunque biológicamente estén bien, es en lo social-cultural donde hay limitaciones”, señala De la Horra. 

Según el medio en el que se mueva, la persona debe conocer cómo funcionan los rituales sociales de búsqueda, de encuentro, de seducción y de apareamiento. En las sociedades actuales esto puede parecer difícil, pues se le da mucha importancia a la juventud y a la belleza. “He visto mujeres de 50 años, frustradas porque no es bien visto que anden buscando pareja, por lo que dan por finalizada su vida sexual”, comenta De la Horra. Sin embargo, el amor y las relaciones íntimas son aspectos de la vida que no deben abandonarse nunca.

El ginecólogo y sexólogo Margarito Castro explica que en muchos casos se confunde la falta de deseo con la represión. A algunas personas el objeto de su deseo les causa angustia o culpa, por lo que optan por reprimirse.

De la Horra también menciona que para pocas personas con deseos sexuales insatisfechos, la autocomplacencia es una opción, pero por lo menos no lo admiten. En su experiencia clínica, muchas mujeres no hablan de eso ni en la psicoterapia, por lo que es difícil saber si lo consideran una alternativa o no.

Si el deseo se ha ido

Hay personas que no se sienten atraídas por nadie, no se les alborotan las hormonas ante ninguna persona, aunque puedan tener sentimientos amorosos. A continuación se presentan tres explicaciones:


Disfunción
El deseo inhibido es una disfunción que se caracteriza por la pérdida, la mayoría de veces pasajera, del interés por el sexo, motivada por causas que van desde el estrés laboral hasta un conflicto de pareja. A veces, un trastorno médico es el que lo provoca, como problemas hormonales, una enfermedad orgánica, alteraciones en los neurotransmisores que ocasionan depresión, ansiedad, distrés y abuso de sustancias.

Se dice que todas las personas lo experimentan en algún momento de su vida y no tiene que ver con traumas por abusos o maltratos. Según Castro, muchas personas que padecen de esta disfunción ocasionalmente tienen intimidad por presión de la pareja, lo cual puede llevarlas a la aversión.

García Curado señala que para poder elegir un tratamiento efectivo debe consultarse tanto al médico como al terapeuta de parejas, pues puede incluir no solamente terapia, sino también exámenes médicos y medicamentos.


Traumas
De la Horra señala que el maltrato o abuso sexual durante la niñez afecta en la adultez al no permitir llevar una vida sexual normal. “Ese tipo de agresiones destruye la autoestima, teniendo esto consecuencias en la manera de vivir y de relacionarse íntimamente”, explica. Además, señala el profesional, existen mujeres que no fueron abusadas de niñas, pero fueron o son abusadas por sus parejas ya de adultas. “Suelen ser anorgásmicas debido al egoísmo, impotencia o la eyaculación precoz de su pareja. Estos problemas muchas veces son vinculados al alcoholismo”, señala. 

Por su parte, Castro señala que la aversión al sexo es más común de lo que se cree. “El problema es que muchas personas prefieren callar, pero sufren cada vez que su pareja se les acerca”. 

Castro opina que si la falta de deseo no viene de la educación extremadamente conservadora, del abuso de sustancias o de un problema médico, siempre hay detrás una historia de abuso, aunque no se recuerde o se niegue. En cualquier caso, estas personas deben consultar a un especialista para superar los traumas y sanar su autoestima. 


Orientación
La asexualidad es un término aplicado a las personas cuyo interés por el sexo es mínimo. En los últimos años quienes se consideran asexuales han negado que se trate de un trastorno sexual e insisten en que se trata de una orientación, igual que la homosexualidad y la heterosexualidad. Un estudio realizado por el Kinsey Institute concluyó que “los asexuales parecen caracterizarse por su poca excitación y un bajo erotismo, más que por unos escasos niveles de conducta sexual o por un alto grado de inhibición”.

Según explican en su página oficial, las personas asexuales pueden experimentar sentimientos románticos, lo cual hoy en día puede suponer un problema, pues la mayoría de la gente da por sentada la actividad sexual en la pareja. Algunas personas asexuales toleran el sexo y pueden establecer relaciones de pareja duraderas, aunque posiblemente conflictivas. No hay que confundir asexualidad con otras formas de ausencia de vida sexual por motivos morales o religiosos, como el celibato. 

¿Es dañino abstenerse?

En vista de que el sexo no es una necesidad primaria, se puede vivir sin él. Lo que muchos debaten es por cuánto tiempo. Según García Curado, si todos los componentes de la vida sexual funcionan adecuadamente, ante el estímulo apropiado la persona sentirá el deseo de tener relaciones íntimas, pero es su decisión hacer algo por ello o no.

“La sexualidad forma parte natural de la vida. Pero es un arte que se aprende y se cultiva”, señala De la Horra. “Abstenerse de dar rienda suelta a estos instintos no es tan grave como abstenerse de comer y, por supuesto, no es tan difícil. De hecho, es posible vivir largos períodos sin encuentros eróticos y esto no conlleva ningún estrago para la salud física ni psicológica”, dice De la Horra. “Sin embargo, una vida sexual activa es tan sana y necesaria como el ejercicio”, asegura el terapeuta.

En cambio, Castro cree que no es normal que alguien pueda vivir sin sexualidad de ningún tipo. “Esto puede tener consecuencias como enfermedades psicosomáticas que son muy frecuentes, así como odio social, frustración, odio hacia las mujeres -misoginia-, odio hacia los hombres -misandria-, amenaza del proyecto de vida o baja autoestima, entre otros problemas”, finaliza el sexólogo.


Por Jessica Masaya

Fuentes: Raúl de la Horra, psicólogo especializado en terapia de adolescentes y parejas. Margarito Castro Rodríguez, ginecólogo, sexólogo y psicólogo. Libro: El nuevo libro de la vida sexual para jóvenes, padres y educadores, de Anselmo J. García Curado, Editorial Lexus. Sitios web www.asexuality.org y www.elmundo.es


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