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| Máscara 160 de Tikal. |
Preciado como gema, con propiedades para curar ciertas enfermedades y una historia milenaria, el jade es el tesoro del cual todos los guatemaltecos debemos sentirnos orgullosos. Pero para ello es necesario conocer su valor en todos los sentidos.
Con una cotización de US$400 por quilate -0.205 gramos-, y una dureza de 7.5 en la escala de Friendrich Mohs -el diamante es 10-, el jade jadeíta, favorito de los mayas, es una gema que no tiene nada que envidiar a otras.
A esto hay que agregar la escasez de esta piedra en todo el mundo. Se la puede encontrar como jade nefrita en países como China, Japón, Tailandia, Estados Unidos, Alaska, Australia, Brasil y, por supuesto, Guatemala. En su clasificación como jade jadeíta solo se la encuentra en cuatro países: Myanmar -antiguamente Birmania-, Rusia, Japón y Guatemala. Más exclusivo todavía, el jade arcoiris, es posible encontrarlo solo en nuestro país. La diferencia entre todas estas variedades de jade está en su composición química, explica Byron Estrada Straube, supervisor de ventas de La Casa del Jade.
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Estas dos características, dureza y escasez, la convierten en una auténtica piedra desde la perspectiva de la gemología. Y si a ello sumamos su aporte histórico, simbólico y curativo de acuerdo a la espiritualidad maya, su valor es incalculable.
Tal vez por ello los reyes mayas eran enterrados con sus propiedades de jade, entre otras. Mientras más tesoros de este tipo tenían, mayor era su rango en autoridad y mejor su estatus económico. En algunas tumbas se han encontrado hasta más de 7,000 piezas de jade. Incluso, se tenía la tradición de colocar una bolita de jade en la boca de los nobles fallecidos, lo que simbolizaba que tendrían el alimento espiritual necesario para la eternidad, explica Tomás José Barrientos, arqueólogo reconocido por su participación en el descubrimiento del sitio maya Cancuén y catedrático de la Universidad del Valle de Guatemala.
La exclusividad en el uso del jade, era tal que no se podía comprar sino se intercambiaba a nivel de la nobleza, especialmente el jade imperial -verde esmeralda-. Eran objetos como los que usan los arzobispos o los reyes de uropa, ejemplifica Barrientos. Por ello muchos accesorios se daban a cambio de alianzas políticas o económicas.
El jade también tiene su lugar en el calendario maya, debido a que por su energía era usado por los ancestros para hacer curaciones, explica Marco Antonio Flores, sacerdote maya. Tanto el jade como el cuarzo y las plumas de quetzal tienen en común el color verde, el cual representa el esqueleto de la Madre Tierra, señala el experto en el tema. De ahí que el alto valor de esta piedra estaba relacionado con su color.
El uso de estos objetos verdes era una forma de comunicarse con los ancestros. Por eso sus rostros eran inmortalizados mediante máscaras de jade, entre ellas sobresale la encontrada en la tumba 160 de Tikal que en su parte superior tiene la forma de cruz y que, de acuerdo con Estrada Straube, representa una ceiba. El entrevistado comenta que el tono de verde variaba de acuerdo al lugar donde habitaban las culturas de Mesoamérica que veneraban al jade. Para los olmecas, que vivían cerca del Océano Pacífico, el turquesa era más representativo, que el verde esmeralda, asociado más con los reyes mayas. La esencia del verde, cualquiera que fuera su tono, era representación de la vida.
Otras formas en que los mayas hacían uso del jade era por medio de accesorios de uso personal como las orejeras. En Cancuén se halló un par de piedras con agujeros de diferentes tamaños, los cuales servían como moldes para hacer dichas orejeras, comenta Barrientos. Sin embargo, por el peso de algunas piezas ornamentales, las cuales podían alcanzar hasta 25 ó 30 libras, los collares, las pulseras y las tobilleras de auténtico jade parecían estar reservados para ocasiones especiales. De acuerdo con el arqueólogo, una evidencia de esto podrían ser las piezas de barro pintadas de verde, las cuales debieron ser imitaciones para uso cotidiano.
["La exclusividad en el uso del jade, especialmente el jade imperial -verde esmeralda-, era tal que no se podía comprar sino se intercambiaba a nivel de la nobleza". Tomás José Barrientos, Arqueólogo. ]
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| Proceso de pulido y elaboración de diferentes piezas de jade. |
No faltaron los objetos utilitarios como el vaso del gobernante Jasaw Chan K'awill con base de madera, forrado de piezas de jade, y con una pequeña escultura e inscripción en la parte superior. Este fue encontrado en el templo Gran Jaguar. Y ello puede indicar que hubo artistas exclusivos para la nobleza.
Curiosamente para los arqueólogos y con mucha lógica para los mayas actuales, trozos de jade también eran incrustados en la dentadura de mayas nobles. Esto se hacía tanto con fines curativos así como para purificar el cuerpo, explica Flores. Ejemplos de estas aplicaciones pueden observarse actualmente en el Museo de Antropología e Historia. Aún es una incógnita cuál era la exitosa fórmula que usaban para pegar el jade en los dientes, pues estos rellenos se conservan en la actualidad y odontólogos contemporáneos no han encontrado la técnica. Especulando un poco y basándose en los conocimientos de la historia maya, Flores comenta que pudo haber sido una mezcla de cebollín con sangre de pavo petenero.
Cabe resaltar que muchos objetos eran elaborados con diferentes tipos de jade, incluso hay máscaras en las cuales el jade imperial se encuentra únicamente en las orejas. Otras partes de estos accesorios, como los ojos y la lengua, eran representados con concha nácar, hueso, obsidiana o pirita, indica Barrientos.
No obstante, la historia del jade cambió y casi pudo llegar a su fin cuando llegaron los españoles. La conquista alteró la jerarquía, las formas de prestigio, la espiritualidad, los rituales y hasta las deidades mayas. Se perdió el arte de trabajar esta piedra y en muchos casos su uso fue sustituido por oro y diferentes metales.

Jade, fuente de energía
Para la cultura maya actual, el jade tanto como el cuarzo se usan en ceremonias propias de su espiritualidad y para mejorar la salud. Usamos el jade para balancear la presión y tratar problemas de riñones o de circulación. Sin embargo, para activar la energía de esta piedra y otras es necesario hacer un ceremonial en el día Kawoq y se requiere la participación de alguien que haya adquirido el conocimiento del nahual de estas piedras. Esta persona debe haber nacido también en el día Kawoq y adquirido cierta jerarquía en la espiritualidad maya.
Mientras Flores afirma que este conocimiento no ha llegado a las academias y actualmente lo tienen solo ciertas personas, en algunas ciudades de Asia, Europa, Estados Unidos y México se ofrecen tratamientos de jadeterapia, incluyendo masajes en camillas especiales desde US$50. Su aplicación parece aliviar problemas de espalda, nervio ciático, estrés, migraña, lesiones de discos y vértebras, entre otros padecimientos.
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Pasó mucho tiempo para que el valor de esta piedra fuera reconocido de nuevo. Se dice que algunas canteras permanecieron ignoradas y no fue sino hasta 1950 que extranjeros viviendo en Guatemala tuvieron la visión de explotar los yacimientos de jade.
Una industria concentrada principalmente en el diseño de joyas y la reproducción de piezas mayas ofrece ahora una variedad de colores de jade para todos los gustos. Se dice que hay alrededor de 42 tonalidades de jade en Guatemala, entre las cuales destacan el verde oscuro, el lila y el negro, por su alta demanda; y el verde esperanza -jade imperial- y el anaranjado, por su exclusividad y alto valor, indica Jennifer Leech, directora de Proyectos especiales de La Casa del Jade. Estas gemas suelen combinarse con oro blanco y plata, siguiendo los estándares de la moda internacional.
El constante descubrimiento de jade en distintos colores es una buena razón para creer que la historia de esta piedra no quedó estancada en el tiempo. Incluso, se sigue comprobando su estrecha relación con fenómenos de la naturaleza, pues el aparecimiento del jade lila se le atribuye al paso del huracán Mitch. Después de este desastre, en el valle del Motagua quedaron expuestos minerales morados y tras un estudio resultó que se trataba de auténtico jade, cuenta Leech.
A pesar de su valor como gema y el contexto histórico, el jade no es considerado un producto de exportación, sino se distribuye dentro y fuera del país mediante sucursales de las joyerías más reconocidas en La Antigua Guatemala. Para Aída Fernández, coordinadora de la Comisión de Artesanías, de la Asociación Guatemalteca de Exportadores, Agexport, la razón de que el jade no se comercialice a niveles de exportación es que no se ha identificado el nicho adecuado para este producto, pues son pocas las personas dispuestas a comprar un collar de aproximadamente US$700. Por otra parte, el jade guatemalteco no se ha promovido tanto como el jade chino, pese a que los compuestos minerales de este último -serpentina- son de una calidad inferior.
La recomendación del arqueólogo Barrientos es explotar mejor el jade, al igual que otras materias primas usadas por los mayas para la elaboración de accesorios ornamentales o utilitarios. Se refiere a recuperar el valor histórico que para los mayas tenía el mármol, el alabastro, la pirita y la obsidiana, entre otras.
En este aspecto coincide el sacerdote maya Flores, pues, en su opinión, es conveniente la reproducción de objetos como vasijas, pero es más importante que se profundice en la herencia cultural y la espiritualidad maya. Con la forma de comercio actual se ofrecen piezas bellas, pero la gente desconoce lo que compra, concluye.
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Los expertos en el tema del jade advierten que paralelo a la venta de éste se ofrece una variedad de accesorios elaborados con algunas de las 20 especies de piedras verdes parecidas al tesoro de la cultura maya.
Para comprobar su autenticidad se sugiere rayar cuidadosamente la piedra con una moneda de cobre o una cuchilla de acero, pues por su dureza el jade auténtico no debe dañarse. Otra opción práctica es comprar en un lugar confiable y solicitar al vendedor un certificado de autenticidad.
Por Alejandra Cardona
Fuentes: Tomás José Barrientos, arqueólogo y catedrático de la Universidad del Valle de Guatemala. Marco Antonio Flores, sacerdote maya. Aída Fernández, coordinadora de la Comisión de Artesanías, de la Asociación Guatemalteca de Exportadores, Agexport. Byron Estrada Straube, supervisor de ventas, y Jennifer Leech, directora de Proyectos Especiales, de La Casa del Jade. Museo Miraflores.