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Alternativas para tratar la epilepsia

abril - 2010

Aunque no se conoce una cura definitiva para la epilepsia, es alentador el avance en cuanto a tratamientos que buscan reducir la frecuencia y duración de las crisis y convulsiones.

El Buró de la Epilepsia, de la Liga Internacional contra la Epilepsia, ha calculado que en Guatemala existen unas 300 mil personas afectadas por esta enfermedad. De ellas, cerca de 100 mil pacientes siguen convulsionando a pesar de tomar una o dos medicinas, asegura Juan Carlos Lara, médico neurocirujano e integrante del Buró.

La epilepsia es un trastorno en el sistema nervioso central que consiste en descargas irregulares de electricidad por parte de un grupo de células cerebrales enfermas. Cuando esto ocurre, se producen crisis reiteradas que afectan la conducta motora y psíquica de las personas.

Quizás alguna vez hayas observado a alguien caer de repente, mientras tiembla, se muerde o sale espuma por su boca. Estamos hablando de una convulsión generalizada, el principal reflejo de la epilepsia.

Pero también al inicio de la convulsión pueden darse otras manifestaciones más sutiles, dependiendo de la zona cerebral dañada. Por ejemplo, si se trata del área de las emociones, la persona puede comenzar sintiendo miedo. Si es el área de la memoria podría haber dificultad para recordar; una epilepsia en el área visual oscurece la vista; o simplemente ocurre una desconexión al hablar si el problema está en el área del habla, entre otros.

Según la clasificación internacional existen alrededor de 30 tipos de epilepsia y las causas son variadas. Algunas epilepsias se originan de una lesión de nacimiento, o por la falta de oxígeno durante una cirugía o al momento del parto. Otras veces se deben a traumas severos, hipertensión arterial, derrame cerebral, cicatrices, infecciones e incluso a algunos parásitos. Son raros los casos de epilepsia por herencia familiar.

Los médicos afirman que una gran parte de los casos de epilepsia se produce durante la infancia. De hecho, 13 de cada 20 niños que consultan el área de neurología del hospital San Juan de Dios son epilépticos, comenta Lara.

Esta enfermedad constituye casi el 90 por ciento de los motivos de consulta en pacientes con problemas neurológicos en los hospitales nacionales, añade Patricia Vitale, médica neuróloga del hospital Roosevelt.

Hábitos saludables, epilepsia controlada

Las personas epilépticas que se encuentran bajo un tratamiento adecuado pueden ser funcionales. Sin embargo, necesitan seguir algunas indicaciones:

  • Buscar ayuda médica y seguir al pie de la letra el tratamiento y las instrucciones del especialista.
  • No fumar.
  • Evitar o no beber alcohol.
  • Dormir bien; si se desvelan, deben levantarse más tarde.
  • Controlar el nivel de estrés y manejar adecuadamente sus emociones.
  • Se recomienda a las mujeres en edad reproductiva que tomen suplemento de ácido fólico -de uno a cuatro miligramos diarios-.
  • Las mujeres en edad fértil, que estén tomando medicamentos, deben consultar a su médico antes de embarazarse.

Lesiones emocionales

En la antigua Grecia se creía que la epilepsia era un fenómeno sobrenatural desatado por la ira de un ente maligno. Los enfermos eran catalogados como “locos” o “poseídos” porque se desconocía el motivo de su alteración conductual, relata Vitale. 

En la actualidad, sobre estas personas todavía recae un estigma psicológico y social muy pesado, que se vuelve un problema mucho más importante que la enfermedad, explica la psicoterapeuta María Elena de Dardón. 

Los padres de niños epilépticos los sobreprotegen y no les permiten ir a la escuela. En los adolescentes, “ser epiléptico” les hace rebelarse, se niegan a tomar medicina y no quieren ser catalogados como diferentes. 

En términos generales, las personas se avergüenzan de su enfermedad, se sienten como una carga para su familia, tienen problemas de autoestima y depresión crónica. Muchas mujeres son abandonadas por sus parejas al enterarse de su padecimiento. 

Algunas personas cercanas suelen sentir lástima, miedo, indiferencia y la tendencia a discriminar o alejarse de alguien epiléptico. Por eso, con el tratamiento se busca integrar de forma emocional al paciente con su familia y la sociedad para que lo ayuden a ser independiente, indica De Dardón.  

Quienes están cerca necesitan comprender que deben dejar al paciente desenvolverse con apoyo psicológico y psicopedagógico. Según la psicóloga, la mejor actitud es tratarlo como una persona normal, sin juzgar su forma diferente de aprender o de conducirse.  

Como en cualquier otro caso, un diagnóstico acertado es el primer paso para encontrar la causa probable y el tratamiento más conveniente. Este lo realiza un especialista en neurología, por medio del análisis del historial médico del paciente, las referencias de la familia y usando tecnología médica moderna, como el videoelectroencefalograma, resonancias magnéticas, angiografía cerebral, espectroscopia y otras pruebas.
Hacia la mejoría

“Si desde el principio estudiamos bien al paciente vamos a tener un mejor control de sus crisis”, comenta Lara. De ahí la importancia de reducir el índice de error en el diagnóstico, pues fallar implica consecuencias graves en la salud y calidad de vida de las personas epilépticas. 


Existen diferentes métodos para tratar la enfermedad:  

Medicamentos. Han evolucionado y tienen menos efectos secundarios que antes. Se puede decir que ahora son mejores, aunque ninguno es ciento por ciento efectivo. Cada medicina actúa sobre cierto tipo de epilepsia, y su prescripción depende del diagnóstico. 

El foco epiléptico permanece, pero la medicina hará que las neuronas que están siempre descargando electricidad bajen su frecuencia y adquieran un patrón normal.

Para los casos de difícil control se utilizan nuevos fármacos de efectividad demostrada. Los resultados parecen ser prometedores, comenta la doctora Vitale.

El inconveniente es que con frecuencia es necesario sustituir un medicamento por otro, en caso de no surtir efecto o si el paciente no logra tolerarlo. Además, el tratamiento suele ser de por vida y resulta bastante oneroso. 


Maria Reneé San José

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