Editorial![]() |
Todas hemos vivido hechos traumáticos. Ya sea desde los más graves (secuestros, asesinatos, robos, violaciones) hasta los más sencillos (caídas, accidentes domésticos), todos pueden dejarnos inseguras y con temor. Esto se conoce como estrés postraumático. Los casos más serios tienen que ver con la delincuencia y la violencia en general, pero también los desastres naturales y los accidentes automovilísticos, por ejemplo, pueden cambiar la tranquilidad por una sensación constante de miedo.
Tomando en cuenta que estos hechos se repiten en nuestro país a diario, nuestra sociedad necesita mejorar su salud mental. A las víctimas recientes se les suman las del conflicto armado interno que no fueron atendidas, de modo que, sin importar la gravedad del hecho ni cuándo ocurrió, todos deben pedir ayuda profesional. De no hacerlo, las secuelas pueden ser peores y de largo alcance. Con una terapia adecuada el trauma debe asimilarse hasta ser parte de nuestra vida. El objetivo es recuperar el proyecto de vida o, si eso es imposible, plantearse otro.
Uno de los consejos de los profesionales en psicología es no estar pendiente de cada historia escandalosa que ocurre y luego divulgarla, especialmente si no nos consta su veracidad. Es mejor enterarse de manera responsable e involucrarse solamente cuando se puede ayudar, respetando los derechos de las víctimas, siendo uno de ellos su privacidad, y dándoles un trato humano. En pocas palabras, cambiar el morbo por la solidaridad.
Si te ocurre algo que deba ser denunciado, no dudes en hacerlo. Romper la impunidad es labor de todos. En este sentido debes saber que en la actualidad hay numerosas instituciones de ayuda a las víctimas (más de 300), entre estatales y no gubernamentales. Con tu activa participación podrás no solo superar el trauma y mejorar tu calidad de vida dejando atrás el miedo, la ansiedad y el insomnio, sino además contribuirás al fortalecimiento de la justicia.