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Rina Lazo: la mujer y sus muros

julio - 2010

La muralista Rina Lazo es una de las artistas guatemaltecas con mayor trayectoria internacional.

La pintura mural es la que se plasma sobre muros o techos, sobre superficies grandes con fines permanentes. Pero también es un movimiento del arte mexicano que surgió con la Revolución de ese país después de 1910, como una manera de socializar al arte para ponerlo al alcance de todos. Por tanto, ha tenido tendencias socio-políticas muy claras. Entre sus grandes representantes están Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. A ellos se une Rina Lazo, alumna del primero, quien ha expuesto en Alemania, Corea, Estados Unidos y México. En este último país se casó con otro distinguido artista mexicano, Arturo García Bustos, con quien reside en Coyoacán, México DF.

Una de sus obras cumbre es la reproducción de los murales mayas de Bonampak, realizada en 1966, la cual permanecerá expuesta en Hotel Casa Santo Domingo hasta el 22 de julio y se conserva permanentemente en el Museo Nacional de Antropología de México. En el Museo de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Musac, se encuentra otra obra suya: el mural Tierra fértil, de 1954. Muchos han sido los reconocimientos recibidos por Rina Lazo durante su carrera, como el concedido en Rumania ese mismo año. Como asistente de Diego Rivera, quien la llamó “mi mano derecha”, durante 10 años formó parte de la constelación artística de México en esa época. Conoció, por tanto, a Frida Kahlo, así como a todos los muralistas, quienes siempre reconocieron su talento. 

Con motivo de la entrega del libro sobre los murales de Bonampak, por parte del Fondo de Cultura Económica en la Embajada de México, aquí en Guatemala, nos concedió esta entrevista durante la cual recapitula parte de su carrera y comparte sus puntos de vista sobre el papel de la mujer en el arte.

Foto: cortesía Hotel Museo Casa Santo Domingo

¿Cómo llegó a estudiar con Diego Rivera?
Gané una beca para ir a México a estudiar pintura, tuve tan buena suerte que entré a la escuela Esmeralda. A los pocos meses de estar ahí me escogieron como ayudante de Diego de Rivera, realmente fue mi mejor maestro.

Hay quienes aún consideran al muralismo como arte masculino, pero usted, como mujer, lo ha desarrollado de manera incansable…
Efectivamente, hay poca obra de mujeres en edificios públicos, pero sí tenemos algunas como Aurora Reyes y podría mencionar muchas otras. Por supuesto los hombres nos han ganado porque es bastante sacrificado: hay que estar en la calle, frente al muro cuando se pinta al fresco y hasta cuando la tarea se termine, incluso si es a medianoche o al día siguiente. Entonces, esa es la razón por la que tal vez ha habido más murales para hombres que para mujeres, pero creo que ahora hemos tomado una actitud diferente y estamos en todo.

Usted, ¿se considera pionera en esta técnica?
Pionera en cierto modo porque tuve esa suerte de estar muy cerca de los grandes maestros en México e hice obras como la réplica de Bonampak, que habían hecho solo maestros como Antonio Tejeda en Guatemala o Agustín Villagra en México. La hice completa porque participé en un concurso, tuve la suerte de ganar y creo que es un trabajo que va a perdurar.

Fue un trabajo de campo muy arduo…
Fueron tres meses en la selva lacandona cuando todavía no había carretera, era selva virgen, pero claro, yo era joven y me era posible hacerlo todo.

¿Acercarse a escorpiones y jaguares, incluso?
Y también convivir con los lacandones quienes, entonces, todavía vestían su cotón de corteza de árbol. Eran personas que vivían en la selva y caminaban con sus flechas para cazar, pues de pronto nos traían un faisán y nos lo vendían por cinco centavos para que comiéramos.

Las cosas han cambiado, incluso para el arte, ¿cómo percibe usted los cambios en el arte guatemalteco?
Pienso que el arte es cambiante, como todo, porque corresponde al desarrollo de un país. El muralismo sigue vigente porque desde tiempos prehispánicos ha servido para ilustrar la historia. En los murales de Bonampak, por ejemplo, vemos el triunfo de una batalla y la celebración de ese triunfo nos muestra a los mayas de entonces. Por igual, nosotros tratamos de plasmar los acontecimientos que están sucediendo, por tanto no tiene época. Por medio de él queremos decir algo al público, es un mensaje, aunque ahora también existan las modalidades abstracta y decorativa para centros comerciales, o muralismo decorativo. Sin embargo, volviendo en el tiempo vemos que las pinturas rupestres eran más abstractas que la pintura del siglo VII de nuestra era, que ya fue muy desarrollada. Así como los mayas descubren el cero, el arte figurativo es el resultado de este desarrollo cultural.

¿Cuál es su técnica favorita para murales?
El fresco. Es muy antigua, nos la legaron tanto prehispánicos como europeos, se ha utilizado en Pompeya y en toda Mesoamérica. Además hay mural al fresco en vasijas.

Me decía que es un arte sacrificado, que toma mucho tiempo, ¿cómo conjugó su vida familiar y profesional?
Ayuda mucho cuando uno se casa con un profesionista que piensa igual. Tengo una hija, nada más, quien es arquitecta con maestría en restauración de monumentos.

Volviendo a Guatemala, al arte en general, ¿cómo la percibe?
Creo que tiene una maravillosa raíz maya-quiché, suficiente para desarrollarse grandemente. Además ha dejado un legado muy importante: los vitrales del maestro Julio Urruela y las pinturas de Dagoberto Vásquez y Guillermo Grajeda Mena que están en el Palacio Nacional desde 1944. En fin, de toda esa pléyade de artistas con quienes compartí en la Academia de Bellas Artes, donde estudié en 1944 ó 1945.

¿Se fue de Guatemala por la situación política?
No, fue porque recibí una beca de manos del presidente Arévalo, como parte de su programa de impulso a las artes y a la cultura.

Sé que México la recibió con los brazos abiertos…
Así fue, porque entré a la escuela y a los tres meses estaba ya con los grandes. Eso fue para mí una gran lección. No solo aprendí a pintar, sino a vivir y a participar en todo: un artista no puede aislarse en su torre de marfil, necesita estar en la calle, ver los acontecimientos de su país y desarrollarse con el pueblo.

En cuanto a la literatura, ¿cuál es su relación con ella?
Mi escritor más admirado es Miguel Ángel Asturias. Tuve la suerte de conocerlo aquí en Guatemala desde niña. Lo encontré de nuevo en México, en casa de Alaide Foppa en donde nos reuníamos cuando él llegaba.

¿La literatura de Miguel Ángel tiene influjo en su arte?
Indudablemente. Me fascina lo imaginativo que es y es poética, pero de raíces nacionales. Hay que ser chapín para entender sus libros por sus muchas palabras locales. Yo creo que a pesar de la globalización siempre se va a conservar el ambiente local, dependemos de la historia y del momento en que vivimos, no vamos a poder homogeneizarnos a pesar de la televisión, la radio y todos los inventos modernos.

¿Eso implica que el arte es singular?
Yo creo que sí, porque cada artista desarrolla su personalidad según donde nazca, donde viva y lo que viva.

¿Cuál es su proyecto actual?
Estoy pintando un mural de cinco por tres metros que llamo el inframundo de los mayas, una versión un tanto poética de lo que imagino era, o es, el pensamiento de nuestros indígenas en relación a la muerte. No creo que pensaran mucho sobre cielo o infierno, sino más que todo tenían la esperanza en la existencia de un mundo más bonito.

¿Cómo visualiza a ese inframundo, al Bolón Ti Kú de los mayas?
Apenas lo tengo dibujado: ahí represento a la Luna, por ejemplo, con la idea que tenían los mayas de que en el día, cuando desaparece de nuestra vista, viaja al inframundo.


Por León Aguilera Radford

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