ico Actualidad

Las víctimas y sus traumas, un problema de todos

julio - 2010

En un país con tan alto índice de hechos violentos como Guatemala, la salud mental está cada día más deteriorada. Si te ocurrió algo que te dejó impactada, debes pedir ayuda de inmediato y controlar las secuelas del estrés postraumático.

Todos quedamos diferentes luego de una experiencia desagradable. Sin importar la gravedad de lo ocurrido, el mundo se ve y se siente distinto, como si no hubiera manera de acomodar lo que pasó. Tal es el caso de Elena*, una universitaria que después de haber sido violada se siente sucia, por eso se baña varias veces al día. Además, cada vez que tiene que salir de su casa se apodera de ella un terror invencible. Al recordar la vida tan bonita que llevaba, se pone furiosa. ¿Por qué tuvo que pasarme esto a mí?, se pregunta.

Ella sufre de Trastorno por Estrés Postraumático, TEP. Según Adrián Vargas, psiquiatra del Hospital CIMA de San José de Costa Rica, se trata de un problema psiquiátrico ansioso que puede presentarse después de haber vivido, haber sido testigo o haber participado en un evento traumático. Según el experto, lo provoca cualquier evento en el cual la persona sienta que su integridad física y su vida están seriamente amenazadas.

Su incidencia está ligada a los índices de violencia, por lo que en Guatemala se puede hablar de un índice muy alto, aunque muchas personas no saben que lo padecen.

Principal causa

Karla*, madre de dos pequeños, sufre de un miedo casi irracional que no la deja salir tranquila desde que la asaltaron y atacaron al salir de su trabajo. Aunque las lesiones están sanando satisfactoriamente, continúa sufriendo y también siente dolor de estómago. Piensa que corre peligro en cualquier lugar y se siente paralizada.

La principal causante del TEP es la violencia. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, en los últimos años en Guatemala la violencia homicida ha aumentado más de 120 por ciento en los últimos 10 años. Según el Ministerio Público, MP, en 2009 se cometieron 324,464 delitos entre robos, amenazas, hurtos, violencia contra la mujer y lesiones. Sin embargo, estas estadísticas oficiales, según la PNUD, son solo una fracción de los delitos y faltas que suceden en realidad. Una parte importante de los hechos ilícitos acaecidos queda sin ser denunciada o registrada. De ello se desprende que el dolor humano producido simplemente no se puede medir. Atrás de cada noticia que oímos o leemos hay varias personas que han adquirido un trauma con el cual lidiar.

A las víctimas de la delincuencia actual hay que sumar las del conflicto armado interno, el cual tuvo lugar de 1960 a 1996, y quienes no han recibido ayuda adecuadamente. Como Pedro* que nunca ha podido subirse a un autobús urbano sin ponerse nervioso. En los años de 1980, cuando era estudiante de Medicina, recibió varios balazos por un ataque que se produjo en la parada de buses en la Universidad de San Carlos, siendo testigo de cómo varias personas murieron en el lugar sin que él pudiera ayudarlos. Nunca terminó su carrera universitaria, sufriendo hasta la fecha secuelas tanto físicas como emocionales.

“Como se ve, las heridas vienen de muy atrás. Todavía no se ha sanado el pasado, lo cual afecta el presente”, señala Norma Cruz, activista por los derechos de las víctimas. Según la psicóloga Irma López, quien da terapia a afectados y ha dirigido varios estudios sobre el tema, ambos fenómenos, la guerra y la delincuencia, han favorecido la presencia de sospecha, miedo y falta de confianza en las relaciones sociales.

Otros detonantes

Anabella Noriega, de la Procuraduría de los Derechos Humanos, resalta la necesidad de redefinir quién es una víctima para hacer un perfil más amplio. Se debe tener claro que además de la violencia, existen más causas.

Luego de la cena, en una noche lluviosa de sábado, la vida de Gonzalo* cambió para siempre. De pronto un alud de lodo cayó sobre las humildes casas de su barrio. La fotografía de su dolor dio la vuelta al mundo, asistiendo herido al funeral de su esposa y su pequeño hijo quienes murieron por culpa de la tormenta Ágatha a finales de mayo pasado.

Cada año se contabilizan cientos de damnificados por desastres naturales (solamente la referida tormenta dejó alrededor de 170 muertos, 148 heridos y más de 100 desaparecidos). “Además de tener las secuelas del TEP, estas personas deben lidiar con el hecho de haber perdido lo poco que tenían, así como la vida de sus seres queridos”, explica Noriega. Como se les culpa por vivir en zonas de alto riesgo, se les trata como si ellos hubieran buscado lo que les sucedió. “En lugar de recibir un apoyo en crisis, se encuentran en la calle y sin tener a dónde ir ni recursos para volver a empezar”, amplía Noriega.

Aunque en menor proporción, también quienes han vivido un accidente automovilístico pueden presentar traumas y secuelas del TEP. Según Amílcar Montejo, de la Policía Municipal de Tránsito, cada día ocurren más de 20 percances en donde hay personas afectadas. A muchas de ellas les cuesta trabajo volver a conducir un automóvil, pues al hacerlo sienten nerviosismo e inseguridad. Si hubo heridos o muertos, es posible que las secuelas sean más profundas.

Por último, existen percances en la rutinaria diaria que pueden ponernos en peligro, como caídas, quemaduras y otros accidentes domésticos.

Mercedes* no puede comer alimentos sólidos, aún cuando no hay una razón real para no hacerlo. La aterra volver a atragantarse con la comida como cuando casi muere en una cena familiar y fue salvada por un médico presente. También sufre de períodos alternos de estreñimiento y diarrea y constantemente le duele el estómago, aunque los médicos le aseguran que no hay motivos para ello.

Síntomas y tratamiento

Todas las reacciones al trauma son normales y están encaminadas a asimilar lo sucedido y aprender lo más pronto posible de dicho acontecimiento, como un modo de mejorar la supervivencia en el futuro. Según explica Vargas, aunque no se tengan síntomas de inmediato puede que aparezcan después de meses o incluso años. Afecta por igual a hombres y mujeres de todas las edades, incluyendo la infancia.

Según López, si el hecho no fue tan grave puede ser que los síntomas vayan disminuyendo rápida y paulatinamente hasta desaparecer. Pero si fue dramático, los síntomas serán agudos. Cuando el trastorno se prolonga entre tres y seis meses existen muchas probabilidades de que se haga crónico, pudiendo durar años.

Los síntomas, explica Vargas, se dividen en intrusivos (ideas recurrentes del hecho), sensoriales (ideas acompañadas de sensaciones corporales como sudoración y taquicardia) y evitativos (la persona empieza a tomar distancia de lugares, eventos o estímulos que le evoquen el trauma).

También se presentan depresión, pesadillas o sueños recurrentes, sobresaltos, miedo, aislamiento, problemas de concentración, irritabilidad, entre otros. Algunas personas llegan, incluso, a tener ideas suicidas.

“Idealmente se recomienda que los pacientes inicien su tratamiento antes de las 24 horas siguientes al evento”, afirma Vargas. La intervención en crisis busca estabilizar a la persona y darle la ayuda más urgente, incluidas la médica y la legal, así como de seguridad.

Luego debe recibirse un tratamiento de seguimiento. Vargas aclara que se trata de una psicoterapia cognitivo conductual y, si es necesario, la prescripción de medicamentos. Éstos deben usarse con un estricto control psiquiátrico, pues según la experiencia de Ivette Melgar, de la oficina del MP de atención a la víctima, una de las consecuencias del TEP es el abuso de sustancias, alcohol y drogas, usadas para evadirse en lugar de tratar adecuadamente el problema.

La idea generalizada de que es bueno contar lo que ocurrió no es equivocada, aunque hay que tener algunas consideraciones. Según Jean Uelmen, en el libro Sobrevivamos al trauma, aunque la persona no quiera hablar de lo que pasó, la historia dará vueltas en su mente. Lo que debe hacerse es ir asimilándola hasta integrarla a la visión de sí mismo.

Sin embargo, contar con detalles el hecho puede afectar nuevamente a la persona, como el día en que ocurrió. Por eso Melgar opina que debe hacerlo en ambientes apropiados y donde reciba apoyo integral.

El manejo de ideas irracionales (“se lo merecían”, “se lo buscaron”, “no escucharon las advertencias”, “es una maldición familiar”) es importante para que la víctima no se atormente más. Al inicio del tratamiento las sesiones de terapia serán frecuentes, incluso diarias si es necesario. Uelmen opina que lo más importante es confrontar el hecho, los problemas que ha causado en la vida de la persona y encontrar la manera de seguir adelante. Suena fácil pero para la mayoría es un largo proceso de avances y retrocesos.

Si te ha pasado algo que consideras terrible y que no puedes olvidar, recuerda que el sufrimiento a veces es necesario para conocer mejor la vida. El escritor y maestro espiritual Eckhart Tolle expresa que gracias a esa experiencia puedes adquirir profundidad, humildad y compasión.

¿Víctimas o sobrevivientes?

En la sala de espera de la oficina del MP de atención a la víctima una familia espera a María*, jovencita que fue violada enfrente de muchas personas. Los profesionales que la atienden tratan de estabilizarla, pero cuando ella ve a sus seres queridos llorando y gritando, vuelve a descomponerse. Melgar la lleva a su oficina para volver a calmarla, pero ella vomita.

“Cuando recién acaba de pasar el trauma los afectados tienen sentimientos muy intensos. Toca ayudar principalmente a la víctima directa y explicar al resto del grupo cómo puede colaborar”, explica la profesional. Con uno solo de los miembros de una familia que sea victimizado, su hogar se ve afectado como un todo. La profesional dice que la víctima primaria es quien sufrió la agresión, las secundarias son su familia y otros seres queridos. Las víctimas terciarias somos todos los miembros de la sociedad, según manifiesta Norma Cruz. Sin embargo, en la comunidad también hay indiferentes. “Son quienes prefieren hacer como que nada está sucediendo, quizá como un mecanismo de defensa”, expresa Melgar.

Para quienes sufren secuelas es importante saber que hay aspectos qué resaltar, como la cantidad de instituciones y personas que están ayudando en estos casos. Dinora Morales, de la coordinación de atención a la víctima, del MP, explica que en la actualidad hay 34 redes de apoyo a nivel nacional, las cuales incluyen 357 organizaciones tanto estatales como no gubernamentales. Durante la última asamblea de estas instituciones, los asistentes consideraron la posibilidad de cambiar el nombre de víctima por el de sobreviviente, para “empoderarlos” y quitarles un papel pasivo. “La sobreviviente es una persona que a pesar del horror que le tocó vivir está de pie, luchando por reconstruir su proyecto de vida. Ya no se victimiza”, menciona Cruz.

En el caso de la violencia, parte del tratamiento es buscar justicia para poder seguir adelante, pues la impunidad sigue provocando dolor.

Rosa* pasó por un infierno luego de que su hija Alba, de ocho años, fue secuestrada y asesinada en 2007. Dos años después se dictó sentencia a las dos acusadas del crimen. La justicia, explica Norma Cruz, le ayudó a seguir adelante con su vida, a cerrar ese capítulo. Fue una experiencia dura, llena de dolor pero también de aprendizaje. Al final, pudo restablecer su vida, incluso con nuevos planes y proyectos. “Pronto abrirá una oficina de ayuda a sobrevivientes en su comunidad. El dolor está allí pero ella está avanzando mucho, ahora es una activista que usará su experiencia para ayudar a otros”, concluye.  

*Nombre ficticio

Áreas a trabajar

Es muy importante que quien sufrió un hecho por el cual haya temido por su integridad, obtenga ayuda profesional. Inmediatamente debe resguardar su vida por medio del tratamiento médico de urgencia si es necesario. “En el caso de violación es de vital importancia que reciba atención especial en las primeras 72 a 120 horas”, dice Patricia Parra, de Médicos sin Fronteras. Es importante anotar que ningún médico particular debe darle tratamiento a una persona que ha sido agredida sexualmente, sino que debe remitirla al MP o un hospital público autorizado para hacerlo, según el protocolo oficial.

El tratamiento profiláctico en caso de violación puede incluir pruebas para VIH, sífilis, hepatitis B y embarazo. También se administra anticoncepción de emergencia, antivirales, antibióticos y vacunas. En caso de agresión con algún tipo de arma debe notificarse a la Policía Nacional Civil y al MP. Parra señala que luego de la atención médica debe darse seguimiento para que la víctima se recupere integralmente del TEP. Hay otras áreas igualmente importantes. La intervención psicológica en crisis, según explica Ivette Melgar del MP, se basa en escuchar y restablecer el estado emocional de la persona e informarla acerca de sus derechos. La asesoría psicológica debe continuar hasta que las personas puedan retomar su proyecto de vida o puedan plantearse otro.

Otro aspecto que no se debe olvidar es el jurídico, pues si se sufrió un hecho delictivo o de agresión hay que poner las denuncias correspondientes en el MP o PNC y darle seguimiento al caso, así se trate de un hecho aparentemente pequeño. “La impunidad es ayudada por la ignorancia de la población sobre sus derechos y las instituciones que pueden ayudarla de manera gratuita”, explica Cecilio López, abogado criminólogo. Ejemplos de lugares donde se ofrece asesoría jurídica son el Instituto de la Defensa Pública Penal y los bufetes populares, entre otros.

Otra área a trabajar es la social, pues la persona debe reintegrarse a su vida productiva, educativa y familiar. María Teresa Gómez, trabajadora social, manifiesta que muchas personas pierden su trabajo debido al incidente, o sus hijos dejan de estudiar porque deben cambiarse de domicilio o por amenazas. “En el caso de violencia intrafamiliar deben buscarse albergues y ayudas económicas para salir adelante”, explica. Si el afectado lo necesita debe pedir ayuda a los cuerpos de seguridad. 

Para tu paz mental

Con estar enterada de todos los delitos y accidentes que ocurren en el país no estarás contribuyendo a tu tranquilidad. Muchas de las historias que escuchas o lees (principalmente en correos electrónicos conocidos como “hoax”) pueden ser falsas o inexactas. La psicóloga Ivette Melgar expresa que si crees que necesitas estar informada para tomar mejores medidas de seguridad, debes elegir medios confiables y serios. Aléjate de las malas noticias a la hora de irte a acostar para poder descansar bien.

Crea una rutina para cuidarte a tí misma y a tu familia, siguiendo los consejos de los expertos y luego trata de disfrutar de tu vida. “En mi opinión debemos tener la convicción de que practicar nuestros valores nos dará paz con nosotros mismos y con Dios. Esto transmite a nuestros seres queridos confianza”, explica la profesional. 

Norma Cruz, de la Fundación Sobrevivientes, opina que en lugar de tener curiosidad por las desgracias ajenas debemos ser solidarios. Vencer el temor es difícil. Si puedes ayudar a alguien sé valiente y hazlo, a menos que tu vida corra peligro. En ese caso, por lo menos alerta a otros. Si tienes fe, la espiritualidad es de gran ayuda. Confiando en un Ser Superior podrás sentir más paz en tu alma y más amor por los demás.  

Lugares de ayuda

Además del Ministerio Público, que recibe la denuncia si el hecho lo amerita y da atención en crisis cualquier día y hora, existen muchas otras instituciones de ayuda. Son las llamadas Redes de derivación, las cuales suman 34 y funcionan en todo el país agrupando a 357 instituciones tanto estatales como no gubernamentales. Dan asesoría médica, psicológica, social, legal y de seguridad a cualquier persona que lo solicite.
Algunas instituciones y teléfonos de utilidad en caso de emergencia son:

  • Ministerio Público (502) 2411-9191 y (502) 5306-1050
  • Coordinación Nacional de Asistencia Legal a la Víctima y sus Familiares 1571
  • Policía Nacional Civil 110
  • Procuraduría General de la Nación 1546 y (502) 2248-3220
  • Procuraduría de los Derechos Humanos 1555
  • Ambulancias del IGSS 128
  • Bomberos Voluntarios 122
  • Bomberos Municipales 123
  • Comité Proactivo de Salud Mental 1516
  • Cruz Roja (502) 2232-2026
  • Centro de Atención Integral para Mujeres, CAIMUS (502) 2221-3748
  • Médicos sin Fronteras (502) 4037-2074
  • Fundación Sobrevivientes (502) 2230-4222

Si deseas conocer el listado completo de instituciones que integran las Redes de derivación de Atención a la Víctima, puedes solicitarlo en el MP.

Derechos de las víctimas

Todas las personas agredidas en su humanidad tienen derecho a:

• Ser atendidas de manera respetuosa e inmediata por los operadores de justicia durante todo el proceso penal.
• Ser escuchadas con atención, sin interrupciones y en su idioma. Expresar libremente sus opiniones e inquietudes. Colaborar en el proceso de investigación.
• Recibir información sobre el proceso legal que genera su denuncia y sobre lo actuado en su caso.
• Entregar al Ministerio Público documentos, números telefónicos y toda la información que pueda ayudar en la investigación y así contribuir a establecer la probable o plena responsabilidad del inculpado.
• Que no se publique en los medios de comunicación su nombre y fotografías cuando se trate de delitos como violación, agresión sexual, exhibicionismo sexual, secuestro.
• Que no se le exponga ante el acusado, en especial cuando se trate de un niño o adolescente víctima de secuestros y delitos sexuales, a fin de evitar la revictimización.
• Ser informadas y notificadas de las resoluciones importantes de las fiscalías y de los tribunales.
• Constituirse como querellante adhesivo.
• Solicitar la devolución de los objetos de su propiedad que no forman parte de la investigación.
• Mantener comunicación constante con el operador de justicia que lleve su caso.
• No ser discriminadas por ninguna razón.

Examínate

Si te ocurrió algún incidente traumático, ya sea recientemente o hace algún tiempo, y crees estar sufriendo el Trastorno de Estrés Postraumático, evalúate al contestar estas preguntas:

• A veces ¿sientes que lo sucedido (asalto, accidente, caída, abuso) se repite una y otra vez en tu mente?
• ¿Esa sensación te asalta a menudo sin que te des cuenta?
• ¿Tienes pesadillas y recuerdos horribles que no te dejan vivir en paz?
• ¿Te alejas de todo y todos quienes puedan recordarte ese hecho?
• Desde entonces ¿no reaccionas de buena manera a los sobresaltos y te enojas con facilidad?
• ¿Has dejado de confiar en la gente y te cuesta trabajo acercarte?
• ¿Te sientes culpable porque otras personas murieron y tú sobreviviste?
• ¿Tienes dificultades para dormir y estás siempre tensa?

Si contestaste “sí” a más de una de estas preguntas, puede ser que padezcas de Trastorno de Estrés Postraumático y debes buscar ayuda profesional.

Fuente: Laboratorio Pfizer.



Por Jessica Masaya

Fuentes: Irma López, psicóloga. Adrián Vargas, médico psiquiatra, Hospital CIMA de San José de Costa Rica. Ivette Melgar, psicóloga de la Oficina de Atención a la víctima, del Ministerio Público. Patricia Parra, de Médicos sin Fronteras. Cecilio López, abogado criminalista, Universidad de San Carlos de Guatemala. María Teresa Gómez, trabajadora social de la oficina de Atención a la víctima, del Ministerio Público. Dinora Morales, Departamento de Coordinación de Atención a la Víctima, Ministerio Público. Diva Torres Valenzuela, jefa de oficinas de Atención a la víctima Policía Nacional Civil. Anabella Noriega, Procuraduría de los Derechos Humanos. Amílcar Montejo, superintendente de la Policía Municipal de Tránsito. Documentos: Informe estadístico de la violencia en Guatemala, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Magnaterra Editores. Memoria de Labores del Ministerio Público 2009, www.mp.gob.gt. Libro: Sobrevivamos al trauma, de Jean Uelmen, Editorial Piedra Santa. Sitio web: http://periodismohumano.com http://www.cepvi.com http://conred.gob.gt Modelo: Gaby Porras, agencia de modelos UNIK.

Artículos relacionados

archivoArchivo de ediciones
cargando
fotosGalerías
Fotos
load
Videos
load