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La calidad de salud de las mujeres será una realidad solo cuando los centros médicos sean accesibles y estén equipados con los aparatos y medicamentos necesarios, pero también cuando se trabaje con una perspectiva de género e intercultural.
Mientras las mujeres realizan funciones intelectuales simultáneas, hablan más de 20 mil palabras diarias, tienen la opción de concebir y experimentar el rol de la maternidad, su cerebro envejece más lentamente que el de los hombres y tienen mayor prevalencia de vida. Sin embargo, son quienes más se enferman y carecen de una atención sanitaria con visión de lo que implica ser mujer.
La condición biológica de las mujeres y los roles que culturalmente se les han impuesto son aspectos a tener en cuenta para atender sus necesidades. De esta forma se evitaría invisibilizar las enfermedades que las aquejan, las cuales no afectan por igual a ambos sexos y, por tanto, no son atendidas con la debida importancia.
Las mujeres presentan más patologías crónicas y los hombres, más patologías agudas. Las de ellos requieren ayuda inmediata, mientras las de ellas, al estar relacionadas con el dolor y el cansancio, se consideran marginales.
Muchos de los investigadores enfocan su trabajo al estereotipo masculino y solo toman en cuenta la salud femenina cuando se refiere a la salud reproductiva, afirma Rossana Cifuentes, coordinadora interinstitucional del Programa de Planificación Familiar, PASMO.
Cifuentes considera importante conocer cómo se desarrollan en ellas las enfermedades, cómo deben realizarse los diagnósticos y prever cuáles efectos tendrían sus tratamientos. Se necesita comprender el papel del sexo y del género en todos los aspectos relacionados con el cuidado de la salud, incluyendo la investigación, la ciencia y la atención médica.
Algunos estudios señalan que aunque se trate de enfermedades que afectan a hombres y mujeres deben ser atendidas de diferente manera, ya que su desarrollo puede ser distinto. Por ejemplo, el infarto en las mujeres no presenta los síntomas típicos en el hombre, por ello es más difícil detectarlo. Un tratamiento para hongos, como el fluconasol, no puede aplicarse por igual, ya que reduce la efectividad de ciertos métodos anticonceptivos, exponiendo a las mujeres a un embarazo no deseado y arriesgando la vida del nuevo ser, explica la ginecóloga Miriam Bethancourt, coordinadora del Programa de Salud Reproductiva del Ministerio de Salud.
Las diferentes etapas de vida que experimenta la mujer tienden a estar relacionadas con ciertos procesos orgánicos considerados normales, como la menarquia, el climaterio y la menopausia. La edad va marcando esos parámetros biológicos, lo cual facilita al médico diagnosticar parte de sus malestares. Pero esos síntomas también son similares a los provocados por otras patologías, y si no se hace un buen diagnóstico podría considerarse como un padecimiento psiquiátrico. Esto ha ocurrido con el Síndrome de Disfunción Hormonal, SDH, el cual tiende a presentarse en cualquier etapa de la vida de la mujer, desde antes de la menarquia, durante su etapa reproductiva o después de la menopausia.
Las pacientes con SDH tienden a presentar síntomas como sensibilidad en las mamas, aumento o disminución de peso, herpes labial recurrente, brotes de acné, náuseas, estreñimiento o diarrea, disminución de la coordinación y concentración, ansiedad, depresión o agresividad, baja autoestima y cambio o pérdida del impulso sexual. Algunos o todos estos síntomas se presentan antes, durante o después del período menstrual, explica el psiquiatra Carlos Gálvez, quien integra el equipo multidisciplinario que empezó a estudiar dicho síndrome en Guatemala.
La doctora Carmen Valls-Llobet, al analizar cómo las enfermedades de la mujer son marginadas, poco estudiadas y con tendencia a ser consideradas enfermedades mentales, medicándolas por sistemas, decidió escribir el libro Mujeres, Salud y Poder, en el cual afirma que: “La marginación de la mujer en el ámbito de la medicina comenzó cuando el poder médico se fundamentó en la negación de la experiencia y sabiduría de las matronas y sanadoras, quienes pasaron a ser catalogadas como brujas”.
El nuevo modelo planteaba que las enfermedades no tenían sexo y que estudiando a los hombres ya estaban estudiadas todas las mujeres, menos en el embarazo y el parto. La mayoría de las pruebas se hacían con pacientes masculinos y los tratamientos se adecuaban, principalmente, a sus características biológicas. Una corriente científica, fundamentalmente feminista, cambió el concepto hace 30 años al argumentar que la salud de las mujeres dependía de problemas sociales y culturales, de la discriminación y la violencia que habían sufrido.
Su contribución fue esencial, pero seguía negando las diferencias biológicas no visibles por temor a que fuesen usadas para discriminar a las mujeres. “Que tengamos menos hierro no nos hace inferiores. Otra cosa es cómo algunos quieran valorar esa realidad científica. Lo inaceptable es que receten ansiolíticos a alguien que necesita hierro”, subraya Valls-Llobet en su libro.
Existen evidencias científicas de que hay características diferenciadas para hombres y mujeres, no solo sociales, sino fisiológicas. Así como hay mayor incidencia de ciertas enfermedades en uno u otro sexo, algunos efectos secundarios en el consumo de ciertos medicamentos son más nocivos en mujeres que en hombres. Incluso, las mujeres son más susceptibles a ciertas adicciones mediadas por factores psicoemocionales. Se les dificulta más salir de ciertas adicciones por cuestiones relativas al género, aspectos que también deben ser tomados en cuenta en la ciencia, por las diferencias en cuanto a construcción social y fisiológica, añade Cifuentes.
En Guatemala el análisis de género es importante para la salud porque ayuda a comprender los factores de riesgo, la exposición a las enfermedades, las diferencias en la gravedad de esos padecimientos y su frecuencia. Sobre todo, por la respuesta de la sociedad, la cultura y el sistema de salud, explica el doctor Pier Paolo Balladelli, representante de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, en Guatemala.
Actualmente, uno de los avances presentados por la Universidad de San Carlos de Guatemala, en torno a la investigación, es la formación de un consejo de ética médica. De esta manera, a la hora de plantear un proyecto de investigación se deben contemplar dos aspectos importantes, el enfoque de género y la interculturalidad, ya que las condiciones humanas, geográficas y educativas son diferentes, añade Bethancourt.
La psiquiatra costarricense Bárbara Díaz, explica que a nivel cerebral las mujeres tienen ciertas diferencias que ponen en juego sus emociones, pero también pueden ser aprovechadas como una ventaja para la salud mental, evitando en muchos casos conflictos con la pareja. Por ejemplo, ellas tienen más desarrollada el área del lenguaje, su sistema límbico es más grande, por ello son capaces de hablar más de 20 mil palabras en un día, mientras los hombres se limitan a 7 mil, eso las pone en ventaja de ser extrovertidas y expresar mejor sus sentimientos. No obstante, también podrían correr el riesgo de deprimirse más, en casos extremos hasta llegar al suicidio, pero con menos agresividad que un hombre. Otra característica de la mujer es el tamaño del cuerpo calloso que conecta a los hemisferios cerebrales: en las mujeres suele ser más grande, lo que les permite ejecutar varias acciones a la vez. La idea es que hombres y mujeres aprecien sus diferencias para comprender las ventajas y debilidades de cada uno y apoyarse entre sí.
Parte de la salud es la satisfacción plena de la sexualidad. A nivel cerebral hay una hormona que tiene relación con el apego y la confianza: la oxitocina. Ésta se libera cuando tenemos contracciones uterinas (trabajo de parto), mientras hablamos, cuando creamos una conexión (especialmente al amamantar) y es importante para llegar al orgasmo; mientras los hombres logran esa conexión cuando están eyaculando. Previo a ello, cuando cortejan a su pareja y buscan conquistarla, en los hombres se libera la hormona vasopresina. Todo este juego de hormonas hace que “a veces las mujeres se sientan utilizadas, ellos terminan de satisfacerse, mientras ellas aún tienen trabajando la hormona oxitocina. Ambos deben conocer ese proceso biológico para evitar discusiones y gozar juntos esa relación”, añade Díaz.
El derecho de las mujeres a determinar su propio destino reproductivo continúa siendo un tema discutido y cuestionado. Muestra de la fragilidad de la promesa de la salud y derechos reproductivos de las mujeres es su ausencia entre los ocho objetivos de desarrollo del milenio, ODM. Esto es especialmente alarmante porque su logro depende, al menos en parte, de la salud y derechos reproductivos de las mujeres, de su capacidad de decidir en qué momento tener hijos y su espaciamiento sin temor a sufrir violencia, embarazos no deseados, enfermedad o muerte, señala Mirna Espaderos, del Centro de Investigación, Capacitación y Apoyo a la Mujer, CICAM.
La desigualdad entre los géneros compromete la autonomía sexual y reproductiva de las mujeres. Cuando se saca a las niñas de la escuela a una temprana edad para que cuiden a sus hermanos o hermanas menores, a un familiar enfermo o para que se ocupen de las labores domésticas, dejan de recibir educación sobre como protegerse de las infecciones de transmisión sexual y de embarazos no deseados.
En Guatemala tenemos la tasa más alta de fecundidad de Centroamérica, 114 nacimientos por cada mil mujeres de 15 a 19 años de edad, por año. En 2009 se reportaron 41,529 partos en niñas y jóvenes, nueve partos fueron de niñas de 10 años y 19 partos de niñas de 12 años, afirma Evelyn Morales, de la agrupación Tierra Viva.
El VIH-sida está cobrando cada vez más víctimas y, tal como lo expresó el ex Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, “el sida tiene rostro de mujer”. Actualmente, más de la mitad de las personas infectadas de VIH en todo el mundo son mujeres, su vulnerabilidad económica y baja condición social contribuyen significativamente a su situación de mayor riesgo, agrega Espaderos.
Se ha determinado que las enfermedades mentales que más afectan a las mujeres son el trastorno de ansiedad y la depresión. La primera incluye ansiedad generalizada y social, estrés postraumático, trastorno obsesivo-compulsivo, pánico y fobias específicas, asociadas a una vulnerabilidad genética o no. Las mujeres pueden enfrentarse a muchas situaciones difíciles sin que les afecte, ya que existe una fortaleza biológica y psicológica. En otros casos, cuando se padece de estrés postraumático se van dañando los circuitos y, si los acontecimientos del ambiente estimulan, disparan un comportamiento que afecta la calidad de vida.
Al surgir la depresión, luego de haber sido diagnosticada como tal, es necesario recurrir a los antidepresivos, ya que mejoran y activan el crecimiento neuronal. Además del tratamiento médico es importante desplazarse en un ambiente saludable, dejar ir todo lo que hace daño, enriquecerse espiritualmente y mantener un yo fortalecido y superior, agrega Díaz. Al respecto, no es casualidad que las mujeres se sientan más atraídas por terapias naturales, actividades religiosas y ejercicios grupales.
Actualmente se está impulsando una visión del sistema de salud a favor de las mujeres como un derecho de tener acceso a la salud sexual y reproductiva, con énfasis en anticoncepción, calidad de vida, climaterio, prevención de enfermedades, vejiga hiperactiva, fitoestrógenos, vacunas, envejecimiento cerebral, depresión, osteoporosis, nutrición, artrosis, obesidad, hipertensión, cáncer de mama, cardiovascular, migraña e hipercolesterolemia, agrega Maldonado.
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Si nos ocupamos de presentar la enfermedad y morbilidad desde distintos ángulos, encontraremos que la ocupación de las mujeres y los hombres es significativa en cuanto a los padecimientos. En el área industrial, los hombres se ven afectados por ansiedad, cuerpos extraños, esguinces o contusiones; mientras el género femenino es más vulnerable a depresiones, neurosis, infecciones respiratorias, contusiones o esguinces. Los hombres son más afectados en tareas de taller y las mujeres en el área administrativa, explica la médica general y homeópata Dora Janneth Rojas González.
Al observar la enfermedad fuera del área industrial encontramos al sexo femenino afectado por hipertensión, artritis, dolor de columna cervical y lumbar, várices en miembros inferiores, hiperlipidemia o colesterol elevado, depresión y ansiedad. Esta observación se da a nivel mundial. Mientras los problemas más comunes en hombres fuera del área industrial son bronquitis crónica y padecimientos de próstata.
Nos damos cuenta que una misma enfermedad puede afectar de manera distinta a hombres y mujeres, a medida que pasa el tiempo se advierten estas diferencias, a ellas les cuesta más dejar de fumar, se recuperan más rápido de una anestesia y de un infarto (mismo que no siempre se presenta con el clásico dolor de pecho), tienen una mejor aceptación de los analgésicos como de los opiáceos, los cuales alivian más rápido los dolores.
Un análisis de impacto realizado por el Centro de investigaciones de Estados Unidos para la enfermedad femenina sobre afecciones comunes a ambos sexos, advierte que la mujer tiende a padecer más enfermedades crónicas a medida que envejece, como depresiones, migrañas, cefaleas y osteoporosis. Sin embargo, la mujer en promedio vive siete años más que los varones y esto hace que la atención de su salud les demande cuidados distintos a medida que pasa el tiempo, concluye Rojas.
En la edad reproductiva las mujeres jóvenes tienden a presentar enfermedades gastrointestinales y relacionadas con el estrés. Al llegar a la etapa del climaterio, de los 40 a los 65 años, la mujer supera la incidencia de enfermedad cardiovascular; de hecho los infartos y los accidentes cerebrovasculares son una de las principales causas de muerte en ellas, explica la ginecóloga Sara Ortiz.
Un estudio realizado por la revista AMA enfatizó el hecho de que en Estados Unidos el cáncer pulmonar, y no el de mama, es el tumor más mortífero en las mujeres; y que la menopausia es directamente proporcional a la osteoporosis. En el caso de Guatemala, el cáncer de mama ocupa el segundo lugar entre las mujeres, así como el segundo puesto en producir más muertes, después del cáncer cervicouterino, afirma el doctor Edson Cano, ultrasonografista del Centro de Diagnóstico Biotest.
Antes de la menopausia las hormonas protegen a las mujeres de enfermedades cardiacas, aunque éstas afectan a más mujeres que a hombres y representa un 40 por ciento de muertes en las mujeres. Es importante mencionar que el hombre tiene la doble posibilidad de morir de varicela que una mujer en la edad adulta.
La publicación también indica que el 20 por ciento de los varones se ve afectado por la osteoporosis. Otra característica del varón es que presenta mayor masa muscular y músculos más fuertes, lo que permite que el organismo realice algunas funciones más eficientemente y reduce la tensión en las articulaciones. Mientras que en las mujeres los estrógenos aumentan la inflamación, lo cual exacerba la dolorosa hinchazón de las articulaciones. La distribución del peso de las mujeres es con mayor presión sobre las caderas y rodillas.
Actualmente la medicina basada en las diferencias de sexo no solo favorece los tratamientos de cáncer, sino enfatiza que tenemos más que un órgano corporal común, lo cual representa un avance. La sociedad científica actual busca ampliar la definición de la salud de la mujer más allá de la reproductiva y de los senos, conocida como “medicina de biquini”, añade Rojas.
Descubrimientos recientes indican que los genes, las hormonas y los estilos de vida pueden explicar diferencias de salud entre hombres y mujeres. Por ejemplo, que los síntomas de los ataques cardiacos no suelen producir dolor de pecho en las mujeres, que mujeres no fumadoras son más susceptibles al cáncer que hombres no fumadores, que ellas presentan tumores pulmonares a edad más temprana, pues al parecer metabolizan las sustancias carcinógenas de manera diferente, que tienen menos probabilidades de contraer cáncer oral y son más proclives a enfermedades del sistema inmunológico, el cual ataca equivocadamente los tejidos del organismo.
Los medicamentos contra el sida podrían metabolizarse más rápido en ellos que en ellas y se podrían requerir dosis específicas. Las mujeres sufren más migraña que dolores comunes de cabeza, síntomas de colitis ulcerosa y enfermedad de Cronh. Dolencias intestinales afectan a hombres y mujeres casi en iguales proporciones y requieren ajustes en la medicación. El umbral del dolor en la mujer es más alto, ya que por naturaleza está diseñada para dar a luz. Las mujeres visitan más a sus médicos y fuman y beben menos que los hombres.
Las mujeres son diferentes a los hombres no solo psicológica, sino fisiológicamente. Los cerebros de ambos sexos son desiguales en su estructura genética, y funcionan de manera distinta. Por ejemplo, la mujer tiene una función bilateral cerebral por la interconexión de ambos hemisferios, diferencia de densidad neuronal en ciertas zonas y en redes de circuitos cerebrales y sustancias químicas encargadas de transmitir mensajes entre las neuronas.
En conclusión, las mujeres enfrentan las enfermedades y las circunstancias de la vida de manera distinta que los hombres, ya que regiones diferentes del cerebro se activan ante un mismo hecho. También hay que tomar en cuenta lo cultural, que marca un permiso mayor a la mujer para poder sentir y expresar lo afectivo, mientras al hombre se le han censurado sus emociones durante siglos, señala Rojas.
Lo sociológico, las experiencias y el aprendizaje también influyen y organizan el cerebro de cada persona, originan capacidades y comportamientos propios y diferenciales, por lo que, finalmente, no hay un solo tipo de cerebro humano si no dos, cita Hannah Hoag.
Para el doctor Pier Paolo Balladelli, representante de la Organización Panamericana de la Salud, OPS/OMS, el abordaje de la salud, desde una perspectiva étnica e intercultural, es realmente clave en un país como Guatemala. Según lo señala la iniciativa de Salud de los Pueblos Indígenas de las Américas, SAPIA, impulsada por la OPS, los siguientes principios merecen importancia central: necesidad de un abordaje integral a la salud, derecho a la autodeterminación de los pueblos indígenas, derecho a la participación sistemática, respeto y revitalización de las culturas indígenas y reciprocidad en las relaciones.
Las inequidades en las condiciones de vida y salud de los pueblos indígenas se miden principalmente por pobreza, ingresos bajos, desempleo, migración, analfabetismo y deserción escolar, falta de propiedad de la tierra y necesidades básicas insatisfechas. En Guatemala el mapa lingüístico coincide en gran medida con el mapa de la pobreza, el de la mortalidad materna y el de la desnutrición infantil. Por señalar algunas inequidades, el 74.8 por ciento de la población indígena vive en situación de pobreza, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2006.
La población pobre, rural, dispersa e indígena tiene las peores condiciones de acceso a servicios sanitarios adecuados, no solo por las distancias y su poder adquisitivo, sino por la escasa oferta de salud que existe en sus territorios y por la casi inexistencia de garantías del Estado para su acceso. Referente a los sistemas de salud, no son adecuados para el contexto indígena, lo cual determina una importante barrera a la atención de la salud. En su mayoría, la población indígena no es atendida en su idioma ni con prácticas aceptadas en su cultura, añade Balladelli.
Marlyn Escobar, sub coordinadora de la Alianza Nacional de Mujeres Indígenas por la Salud Reproductiva, Alianmisar, explica que es importante atender la salud de las mujeres con pertinencia cultural, para que se puedan atender sus necesidades como mujeres mayas, ya que eso disminuirá la mortalidad materna. Permitirles el uso de su traje, porque les genera más calor que el de una bata, beber un té natural para sus malestares, elegir la forma en que desean un parto, ser atendidas en su idioma materno en un ambiente que les genere confianza y confort, y se involucre a las comadronas en los hospitales, es parte de sus derechos. Si ese buen trato prevaleciera en los centros de salud, ellas estarían más motivadas a consultar a los médicos y, por ende, lucharían porque más centros fueran accesibles y mejor equipados.
Alianmisar fue creado precisamente con esa visión, actualmente agrupa a más de 60 organizaciones de mujeres indígenas del país. Surge como una expresión de denuncia de la sociedad civil organizada de mujeres indígenas, frente a las grandes brechas observadas en el tema de salud reproductiva, en especial porque la mortalidad materna en mujeres indígenas es tres veces mayor que en la población no indígena. Esta situación se debe en gran parte al limitado acceso a la información y servicio de salud reproductiva con pertinencia cultural.
Miriam Maldonado, directora de Instituto Universitario de la Mujer, de la Universidad de San Carlos, explica que a las mujeres se les ha asignado históricamente la carga familiar (doméstica) y reproductiva. Actualmente se habla del trabajo productivo y reproductivo, esto quiere decir que las mujeres, además de salir a trabajar en el sector informal o formal, tienen a su cargo el trabajo doméstico, lo cual se conoce como doble jornada de trabajo. Si se suman los papeles de madre, esposa y ama de casa, es una triple jornada de trabajo. Y si también participan en las comunidades, como lideresas u ocupando cargos públicos, sus tareas y responsabilidades se multiplican. Por todo ello es necesario que tengan acceso a un sistema de salud integral y especializado, y políticas públicas que les faciliten jugar los diversos roles que desempeñan tanto en el ámbito público como privado.
Estos factores sobrecargan a las mujeres en lo emocional. Al estar más susceptibles a la depresión, los factores hormonales y sociales afectan con mayor fuerza, ya que se altera el sistema nervioso y se ponen en juego los estrógenos. Sus receptores están dentro de las neuronas y cerca de los receptores de la depresión, y hay más vulnerabilidad si hubo abuso o maltrato. Los cambios de estrógenos en cada ciclo reproductivo de la mujer tienen relación con todo esto.
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Respecto a la postura de igualdad entre hombres y mujeres para el tratamiento de enfermedades, se consultó a varias casas farmacéuticas con representación en Guatemala, pero pocas de ellas respondieron.
Rossana Juárez, directora médica de Sanofi-Aventis para Centroamérica y el Caribe, admite las diferencias de género durante las investigaciones farmacológicas. “Para poder evaluar un nuevo medicamento es necesario tener una historia epidemiológica de la enfermedad a tratar, esto incluye un análisis de las diferencias, si es que existen entre géneros, la investigación del medicamento debe basarse en resultados previos, es decir, en el perfil de la enfermedad y sus presentaciones. Hay enfermedades que se presentan con mayor frecuencia en mujeres que en hombres, o hay diferencias de la misma por edad, por dieta o raza”, explica.
La profesional añade que es necesario establecer, tanto en estudios pre-clínicos como clínicos, si existe una respuesta diferente con el medicamento a evaluar, ya sea entre mujeres y hombres, por edad u otros factores diferenciales que permitan estimar los resultados en diferentes personas. Sanofi-Aventis ha desarrollado una plataforma de investigación en el desarrollo de la diabetes y otra en oncología, las afecciones más importantes en el mundo. Y otras modalidades llamadas Unidades Terapéuticas Estratégicas, centradas en necesidades de salud actuales como fibrosis y reparación de heridas, antiinfecciosos, envejecimiento e inmunoinflamación. Todas estas unidades están destinadas a la búsqueda de respuestas a necesidades de enfermedades, algunas de ellas epidemiológicamente más presentes en mujeres que en hombres, incluyendo también diferencias importantes como edades y razas. "Cuando hablamos de diferencias entre hombres y mujeres debemos incluir también las características raciales, etárias y cualquier otra variación, incluso metabólica y genética del individuo. La meta es la necesidad del paciente, tomando en cuenta su edad, raza, sexo y carga hereditaria o genética", subraya Juárez.
Por su parte, la química bióloga Norma Castillo, de la gerencia Aseguramiento de calidad, de laboratorios Bonin, explica que cuando efectúan sus innovaciones de medicamentos para el tratamiento de determinadas enfermedades, trabajan con moléculas desarrolladas a nivel internacional libres de patente. Productos como antiinflamatorios, sueros, antibióticos, analgésicos o antimicóticos, así como la línea bioline-verde (medicina natural), están dirigidos a ambos sexos, solo se diferencian los productos indicados para embarazadas o lactantes.
Para Pfizer Central America & Caribbean, es importante efectuar estudios específicos de poblaciones, en el cual se incluyan grupos de los diferentes continentes, y esto es puesto en práctica en sus investigaciones, señala Gastón Solano Donato, MD, de Product Physician, de dicha casa farmacéutica.
Por Margarita Pacay
Fuentes: Dora Janneth Rojas González, de Vital Voices. Mirna Espaderos, del Centro de Investigaciones y Capacitación para la Mujer, Cicam. Rossanna Cifuentes, coordinadora interinstitucional Programa de Planificación Familiar. Miriam Bethancourt, del programa de Salud Reproductiva, del Ministerio de Salud. Miriam Maldonado, del Instituto Universitario de la Mujer, Universidad de San Carlos, Usac. Evelyn Morales, de la agrupación Tierra Viva. Bárbara Díaz, psiquiatra costarricense. Carlos Gálvez, psiquiatra. Rossana Juárez, directora médica de Sanofi-Aventis para Centroamérica y el Caribe. Norma Castillo, gerencia Aseguramiento de calidad, Laboratorios Bonin. Pier Paolo Balladelli, representante de la Organización Panamericana de la Salud, OPS/OMS, en Guatemala. Marlyn Escobar, sub coordinadora de la Alianza Nacional de Mujeres Indígenas por la Salud Reproductiva, Alianmisar. Gastón Solano Donato, MD, de Product Physician, Pfizer Central America & Caribbean. Libro: La maternidad nos hace más inteligentes, de Katherine Ellison, Ediciones Destino, S.A.