Esfera socialLas Aldeas Infantiles SOS ofrecen un hogar y el amor de madre a menores que han sido separados legalmente de su entorno familiar. Pero tras la crisis económica, el proyecto se tambalea y para seguir adelante se necesita la colaboración de todos.
Delma Ortiz tiene una de las paredes de su dormitorio llena de tarjetas y cartas que sus 10 hijos le han hecho con amor. Ella se levanta a las 4:30 de la mañana todos los días, así logra que el desayuno esté a tiempo para que todos puedan irse a estudiar a las 6:00. A mediodía, luego de realizar variadas actividades de la administración de la casa, los recibe con el almuerzo recién preparado y un gran abrazo, lo que ellos agradecen regalándole flores que cortan en el camino.
Ortiz es una de las mamás de la Aldea Infantil SOS de San Cristóbal, complejo habitacional lleno de espacios jardinizados y un ambiente tranquilo. En 13 casas viven más de 100 niños que han perdido el cuidado de sus familias, explica Sonia Biba. No todos son huérfanos, algunos han sido separados de su entorno porque no reunía las condiciones más apropiadas para ellos.
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Si los niños desamparados no son ayudados podrían enfrentar situaciones más duras, por ejemplo vivir en instituciones sobrepobladas e inadecuadas o, incluso, en la calle. En cambio aquí junto a otros niños en condiciones parecidas integran una familia dirigida por una madre SOS.
Biba señala que son admitidos únicamente con la orden de un juez competente y su estadía la determina el mismo juzgado. Además cuentan con el apoyo de trabajadores sociales y psicólogos que los ayudan a sentirse cada día mejor.
Los candidatos para pertenecer a esta institución deben ser menores de nueve años, aunque en algunos casos se admiten mayores con tal de no separarlos de sus hermanos. Ortiz recibió a su hijo más pequeño de dos años y medio. Ahora tiene ocho años y su desarrollo la llena de orgullo, al igual que el de los demás.
Sentada en una amplia y fresca sala familiar, la madre habla de los logros académicos y espirituales de sus hijos, mientras uno de ellos trae rosa de Jamaica para los invitados. Emocionada, Ortiz cuenta que el mayor, de 18 años, ya se independizó pues vive fuera de la aldea. “Trabaja y estudia el primer año de Derecho”, dice emocionada. En esta casa se ve amor, fe, orden y armonía.
El objetivo: la felicidad
Las candidatas a madres SOS son mujeres con estudios de nivel medio, capacitadas durante tres años por Aldeas Infantiles SOS. En este tiempo se involucran en una aldea desempeñando el papel de tías. Sustituyen a las mamás en sus vacaciones, días libres, por una enfermedad o imprevisto. Al finalizar su preparación deben presentar un trabajo de tesis para ser aprobadas como madres SOS.
Cuando niños y niñas les son asignados como hijos aplican todo lo aprendido en cuanto a la educación y el cuidado de éstos. “Para mí lo más importante es inculcarles valores espirituales y morales, quiero que crezcan con amor y respeto hacia Dios y la humanidad”, explica Ortiz. Si hay que corregir, lo hace, pues está convencida de que deben diferenciar lo bueno de lo malo.
La vida que tienen en esta comunidad es la de cualquier niño amado en una familia integrada. Se esfuerzan por estudiar y por cumplir responsabilidades en el hogar, tienen vecinos, amigos, van a piñatas y otras celebraciones. Fiestas como la Navidad, los cumpleaños y las fiestas religiosas se celebran en familia y de manera sencilla, pero con mucho afecto.
Cuando los niños llegan a la adolescencia, a los 15 años, pasan a vivir en las comunidades juveniles situadas en las mismas instalaciones, con chicos de su mismo género. No obstante, siguen teniendo una estrecha relación con su mamá SOS y sus hermanos. Con una asesoría especial van dando sus primeros pasos hacia la independencia, buscando su vocación para estudiar y con el tiempo poder obtener un empleo.
Ya con alguna carrera u oficio y sólidos valores morales, los jóvenes pueden independizarse totalmente, esto ocurre a los 20 años aproximadamente. La mayoría continúa visitando o llamando a su mamá SOS aun muchos años después.
El presupuesto que se estira
Quienes tienen hijos saben los esfuerzos y sacrificios que se hacen para cubrir todas sus necesidades. Además de estar pendientes de cada aspecto de su formación, hay que pagar por su alimentación, educación, salud, transporte y vestuario, entre otros rubros que suben cada día.
Cada madre SOS recibe un presupuesto mensual para cubrir los gastos de su familia. Ella debe organizarse de tal manera que todo se optimice, nada se desperdicie y así alcance el dinero. “Somos como todas las mamás, quitamos de aquí para poner allá, ahorramos un poco para darnos algunos gustos”, explica Ortiz.
Esta madre SOS, como todas las demás, es soltera y no tiene niños propios, pero disfruta cada momento de esta maternidad. A pesar de tener nueve hijos, no siente que sea un trabajo pesado y lo considera una obra de amor. “No sé cómo es tener un hijo en el vientre, pero ha de ser como esta experiencia, yo siento que ellos son mis hijos”, finaliza.
El costo de ayudar
Aldeas Infantiles SOS ayuda a más de 2,000 niños en Guatemala, la mitad de los cuales vive con madres como Ortiz en instalaciones de Mixco, Quetzaltenango, Retalhuleu, Baja Verapaz y Chiquimula. El resto es atendido, junto a sus padres, en los Centros de Fortalecimiento Familiar, también distribuidos en todo el país. Estos son espacios donde se cuida a niños menores de seis años mientras los padres trabajan. Los progenitores también reciben capacitación para tener mejores oportunidades de trabajo.
Esta institución recibe un presupuesto de la organización internacional. Además recauda fondos por medio de la responsabilidad social de empresas que aportan dinero y también productos para ser usados en las aldeas. Otra fuente de ingresos es el programa Amigos SOS, integrado por personas que donan una cantidad de dinero mensual o bimensual. “Puede ser de Q50 o más y ofrecemos varias opciones para recaudarlos”, explica. Se puede debitar automáticamente de una tarjeta de crédito o débito, también se puede donar en efectivo, en cuyo caso un recolector llega a donde se le indique. Tanto Biba como Ortiz opinan que la labor de Aldeas Infantiles SOS debe difundirse para que más personas se interesen en ayudar. Solo así se podrá seguir adelante con este proyecto.
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Con el lema “calor de hogar para cada niño y niña”, las Aldeas Infantiles SOS han trabajado desde 1949. Crean familias para infantes necesitados y los apoyan para que puedan formar su propio futuro. Es una organización no gubernamental internacional que tiene presencia en 132 países, trabajando según las características de cada cultura.
El punto de partida y la meta de su trabajo es respetar y promover los derechos de la niñez. Con su compromiso sociopolítico sensibiliza a la opinión pública e instituciones sobre los problemas de la infancia en todo el mundo, exigiendo se tomen medidas a favor de su bienestar. Paralelamente animan a los niños a participar activamente en los procesos decisivos que les atañen y a que, dentro de lo posible, ellos mismos defiendan sus derechos. Para más información acerca de como puedes ayudar comunícate al teléfono 2419-1500.
Por Jessica Masaya
Fuentes: Sonia Biba y Delmy Ortiz, Aldeas Infantiles SOS Guatemala. Sitios web: Organización de Estados Iberoamericanos www.oei.es y Aldeas Infantiles SOS Internacional, www.aldeasinfantiles-sos.org/