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La calidez que el amarillo y una pizca de anaranjado brindan a tu mesa va más allá de la mantelería o de la vajilla que utilices, pues las frutas y verduras de ese color también aportan dinamismo a tu dieta, a la vez contribuyen en la prevención de diversas enfermedades.
Las frutas y verduras de este color contienen nutrientes esenciales para el organismo, los cuales ayudan a mantener la piel joven y disminuyen el riesgo de padecer cáncer. Algunos de los alimentos que se clasifican con esa tonalidad son las zanahorias, calabazas, naranjas, toronjas, limones, piña y elote.
Añadir la tonalidad amarillo-naranja ayuda a que tu piel no pierda su lozanía y se mantenga siempre fresca. Gracias a los nutrientes que contienen, las defensas del cuerpo son fortalecidas y con ello aumenta la prevención de malestares.
Mónica Arriaga, nutricionista, indica que las vitaminas actúan como antioxidantes que reducen el riesgo de padecer cáncer o enfermedades cardíacas, como las coronarias. Dichos padecimientos se dan en las arterias coronarias debido a una obstrucción gradual de depósitos de tejido graso que disminuyen el paso de la sangre.
En la lista de beneficios se encuentra su capacidad de agudizar la visión y por su contenido de carbohidratos se convierten en una buena fuente de energía para las actividades que se realizan cada día. Además, mejoran la digestión, regulan la función intestinal y previenen el estreñimiento.
La nutrióloga Lidia González explica que las naranjas contienen un flavonoide llamado hesperetina, el cual tiene la capacidad para retrasar la duplicación de virus, como los que causan el herpes y la gripe en los cultivos de células. Además, si se bebe un vaso de jugo cada día, el riesgo de sufrir un derrame cerebral puede disminuir en un 25 por ciento.
Sácale el jugo a los nutrientes
Si se consumen crudos en una ensalada, jugo o cóctel se aprovechan todas las vitaminas y minerales que contienen. Pero si se incluyen en el menú con un método de cocción, González recomienda seleccionar el que garantice la máxima conservación de los nutrientes, como al horno, a la plancha o al vapor.
La cantidad recomendada consiste en cuatro o cinco raciones al día. “Cada porción equivale a una fruta mediana, como una pera o una manzana; una rodaja grande de melón o piña. También se puede optar por una taza de vegetales crudos o cocidos y un cuarto de taza de frutos secos”, explica González.
Arriaga aconseja dar variedad al menú con combinaciones como piña, papaya y mango, o preparados de zanahoria con naranja o piña y camote. Las frutas pueden comerse crudas en ensaladas o en postres con almíbar, salsas, jaleas o mermeladas; las verduras, crudas, cocidas al vapor o como acompañantes de pastas, arroz, carnes o sopas.
Alimentos atemporales
Aunque la mayoría de estas frutas y vegetales se adquiere durante todo el año, hay otros que solo pueden encontrarse cuando es tiempo de cosecha. El durazno, el mango y el melón son ejemplo de ello, pues los primeros se encuentran con mayor facilidad de octubre a abril, mientras el último es típico de los primeros meses del año.
Antes de iniciar la preparación de cualquier receta, lava las verduras con agua pero sin dejarlas en remojo. Evita utilizar bicarbonato durante la cocción, porque aunque aumenta el color también favorece la destrucción de las vitaminas. Desecha cualquier envoltorio que les impida respirar y almacénalas en un lugar fresco para conservarlas mejor y por más tiempo.
Ingredientes
2 zanahorias
2 cítricos (naranja o toronja)
1 cucharadita de jalea real
1 taza pequeña de agua
decocción de 1 gramo de ginseng
Preparación
Licúa las zanahorias y los cítricos. Añade la cucharadita de jalea y mezcla con el ginseng en una taza pequeña de agua, que haya sido hervida tres minutos y filtrada. Tómalo una vez al día durante dos semanas.