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Aunque compartas las comidas con tu pareja, cada sexo tiene sus propias necesidades. No satisfacerlas puede llevar no solamente a afectar el peso, sino a deteriorar la salud.
Las necesidades nutritivas constituyen uno de los aspectos en los que hombres y mujeres se diferencian, lo cual puede provocar conflictos a la hora de compartir la mesa diariamente. Según la nutricionista clínica Rebecca Rodríguez, muchas esposas quieren demostrar su amor por medio de la comida. Pero esto puede traerte consecuencias, pues por ejemplo si empiezas a comer en las mismas cantidades y lo que a él le gusta, es muy probable que subas de peso rápidamente.
Para evitar esto debes tener en mente que más allá de complacer los gustos del otro, deben llevar una dieta saludable y balanceada que satisfaga sus necesidades nutricionales. Esos platos bastante elaborados y altos de calorías, y hablamos no solamente de la comida chatarra, sino también de las recetas familiares, pueden dejarse para ocasiones especiales.
Según John Gray, en su libro Marte y Venus el libro de la dieta y el ejercicio, antes de discutir sobre gustos y porciones hay que tener claro que hombres y mujeres comen distinto, acorde a sus necesidades calóricas. Esa creencia popular de que ellos deben comer más no es del todo errónea. Cuando ya hay hijos, de igual manera deben considerarse las necesidades de cada uno, según su edad. Todos pueden comer juntos en casa, pero cuidando lo que cada quien pone en su plato.
Está comprobado que las personas que viven en pareja o en familia suelen consumir más grasas y calorías que quienes viven solas. Karla Figueroa, especialista en obesidad y dieta alimentaria, señala que quien se une con una persona con sobrepeso, tiene 30 por ciento de posibilidades de subir también.
Los esposos de hoy se alimentan de comidas más densas calóricamente y con mayor contenido de grasas y azúcares, situación tremendamente dañina para la salud. Figueroa señala que al vivir juntos, los miembros de la pareja suelen tener menos restricciones y límites a la hora de comer. Sucede también que al incrementar los ingresos, crece la cantidad de comida que se consume.
Rodríguez refiere que esto sucede más frecuentemente porque uno de los dos cambia sus buenos hábitos por otros no muy saludables, como comer alimentos pesados por la noche, dejando de lado las frutas y las verduras.
El error a la hora de alimentarse, en el caso de los hombres, suele ser el volumen de la comida, y en el caso de las mujeres inclinarse por incrementar la ingesta de azúcares cada vez que se les antoja.
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recomienda que al unirse, ambos miembros de la pareja se pongan de acuerdo y planifiquen la alimentación en el hogar, en base a un régimen saludable, variado y balanceado que satisfaga a ambos sexos.
En la lista de compras deben incluirse los alimentos necesarios para cada uno y consumirlos de manera adecuada. Además, Rodríguez recomienda comer al menos cuatro veces al día. Hay que evitar los excesos, en especial en productos como tocino, queso, mantequilla, panqueques o pasteles.
A la hora de servir las porciones en los platos, el trozo de carne de tu pareja tendrá que ser más grande que el tuyo. Sin embargo, ambas profesionales señalan que si se necesita una orientación más personalizada para saber cuánto comer hay que acudir con un nutricionista, para medir el metabolismo y actividad física, para así proponer una dieta según sus propios requerimientos.
Rodríguez recomienda aprovechar los momentos que pasen juntos para preparar alimentos bajos en grasas y carbohidratos, tales como ensaladas y platillos orientales como el sushi. Cenar más liviano ayuda a tener un mejor descanso y a cuidar la salud y figura. Si se cuidan mutuamente, se garantizan más años de felicidad juntos.
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Si han aumentado demasiado de peso deben pedir ayuda profesional. Figueroa señala que lo ideal es ir juntos, pero si no es posible basta con que vaya quien está a cargo de comprar y administrar la comida.
Ambos deben embarcarse en el proyecto de perder peso y mejorar la salud, pues es más fácil si se apoyan para seguir las indicaciones como debe ser. Si lo hace solo uno de los dos, es posible que al ver al otro comiendo como siempre, se abandone fácilmente el plan.
Tanto la alimentación como la rutina de ejercicios deben ser recomendados por profesionales de manera personalizada. No caigan en la tentación de hacer dietas que vean en revistas, libros o la televisión, ni de usar productos que ofrecen resultados inmediatos.
Según Rodríguez, es muy probable que tu pareja vea resultados más rápido que tú debido a su alta concentración de testosterona y masa muscular, lo cual le permite una pérdida acelerada de grasa y activar el metabolismo. En cambio, la mujer debe enfrentarse a los estrógenos que son hormonas acumuladoras de calorías.
Para que la pérdida de peso sea permanente es necesario no solo hacer dieta por un determinado tiempo, sino cambiar de manera definitiva algunos hábitos y hacer ejercicio como parte de su vida diaria.
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Figueroa señala que la mujer en general se preocupa más por lo que come y suele ser más presionada para ser delgada.
Las diferencias de género en la nutrición están determinadas por el sexo, la condición física y la masa muscular. La mujer tiene una composición corporal con más grasa y menos músculo, lo que implica menos gasto calórico. Además, sus características genéticas y hormonales condicionan que la grasa se reparta en distintas partes del cuerpo, como las caderas y glúteos.
Los requerimientos en la edad fértil de la mujer se basan en micronutrientes (vitaminas y minerales), como preparación para el embarazo, según Rodríguez. No debes descuidar el consumo de ácido fólico, para evitar defectos en la formación del tubo neural de los bebés. No deben faltarte tampoco los ácidos grasos esenciales (ácido linoleico – omega 6 y ácido linolénico – omega 3), presentes en aceites vegetales, soya, pescado y productos marinos.
Rodríguez recomienda que consumas diariamente de tres a cuatro porciones de frutas y verduras, igual cantidad de porciones de lácteos bajos en grasa (leche, quesos, yogur), una o dos porciones de carne roja, de preferencia magras, al menos tres veces por semana.
Otro componente importante es la fibra, por lo que debes consumir manzana, pera, papaya, banano, ciruelas, duraznos, tomate, güicoyitos, espárragos y bróculi. No deben faltarte alimentos integrales como pastas, arroz, cereales, panes y harinas.
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Nuestra sociedad, según Figueroa, suele ser menos estricta en cuanto al peso de los hombres, quienes acostumbran a consumir comidas más pesadas, abundantes y grasosas.
Rodríguez señala que él debe moderar el consumo de frituras y aumentar el consumo de cereales, frutas y verduras. Las proteínas deben suponer del 12 al 14 por ciento del total de calorías en la dieta y deben venir de carnes, pescados, legumbres, huevos y lácteos.
Los carbohidratos han de aportar del 50 al 55 por ciento del total de calorías. Se aconseja incluir alimentos ricos en hidratos de carbono complejos de absorción lenta, como papas y legumbres.
Las grasas han de suponer de un 30 a 33 por ciento del total de calorías. Se aconseja usar aceite de oliva y consumir frutos secos ricos en ácidos grasos, esenciales y beneficiosos para el sistema nervioso.
Además debe consumir pescados azules y leche enriquecida con ácidos grasos poliinsaturados omega 3, con propiedades cardiosaludables. No deben faltarle los derivados lácteos para proporcionar los niveles adecuados de vitamina D y calcio. Comer frutas y verduras le proporcionará gran cantidad de vitaminas, minerales y fibra.
Según Rodríguez, esta dieta le ayudará a prevenir enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, diabetes e hipertensión arterial, así como cáncer colorrectal.
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Algo que deben tomar en cuenta las parejas que planean pasar el resto de su vida juntos, según Francesc J. Fossas en el libro Comer bien para vivir mejor, es que en cada edad se tienen necesidades nutricionales diferentes.
En la edad adulta se ven los resultados de la alimentación que se recibió en la niñez y la adolescencia. Esta etapa es la más larga, pues según Fossas va de los 20 años a los 65. Fundamentalmente se trata de una etapa de mantenimiento, donde los aportes nutricionales deben limitarse a reponer las necesidades. Parte importante es la prevención, la cual se logra evitando alimentos perjudiciales para la salud. No esperen a tener 40 ó 50 años, mucho menos padecer de algún problema de salud, para empezar a cuidarse.
En circunstancias especiales, como el embarazo, la lactancia o algún trastorno de salud, deberán consultar al médico y nutricionista acerca de las necesidades alimenticias, siguiendo sus indicaciones al pie de la letra. Cuando ya se tienen hijos, es imperativo consultar al pediatra acerca de la dieta a seguir, tratando de hacerla parte de las costumbres familiares. No es buena idea que los niños coman lo mismo y en las mismas cantidades que los padres.
Tomen en cuenta que según la Organización Mundial de la Salud, a partir de los 40 años las necesidades de energía disminuyen alrededor de un cinco por ciento por cada década. La tendencia a ganar peso afecta a ambos géneros.
Al llegar la menopausia también hará falta hacer algunos cambios. La necesidad de calcio aumenta y la de hierro disminuye al irse la menstruación. Aquí debe tenerse más cuidado con las calorías, pues la tendencia a engordar es más fuerte en esta etapa.
La tercera edad será de mejor calidad si cuidaron su alimentación de jóvenes. Fossas recomienda reducir el aporte energético a partir de los 65 años, porque se reduce la actividad física, concentrándose más en las proteínas. Por otra parte, las necesidades de vitaminas y minerales no disminuyen, así como tampoco la de fibra.
Por Jessica Masaya
Fuentes: Rebecca María Rodríguez Jarava, nutricionista clínica. Karla Figueroa, especialista en obesidad y trastornos de la conducta alimentaria. Libros: Marte y Venus, el libro de la dieta y el ejercicio de John Gray, Editorial Océano. Comer bien para vivir mejor, de Francesc J. Fossas, Grupo Editorial Norma. Sitio web www.alimentacion-sana.com.ar