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Si bien la defensa personal no incita a pelear, prepararte para ello tiene beneficios que van más allá de sobrevivir a un atraco. Tanto la teoría como la práctica mejoran tu estado de salud física y emocional.
Tal vez has creído que tras recibir un curso de defensa personal podrás caminar por la calle sintiéndose la Mujer Maravilla, lista para atacar ante cualquier intento de asalto, secuestro, tocamiento o violación. Esta idea es completamente errónea.
Este tipo de preparación, que bien puede consistir en el aprendizaje de ciertos movimientos corporales y el manejo de herramientas especiales para protección, suele derivarse de artes marciales que promueven la templanza y la armonía.
“El objetivo de estos cursos se resume en entrenarse para defenderse en determinado momento. Pero uno debe aprender a distinguir el peligro para no exponerse. Si en la calle se ve aproximarse a dos sospechosos, sería tonto no cambiarse de acera”, explica David Pinzón, maestro de Karate Lima Lama.
La autodefensa solo debe emplearse en casos extremos, cuando el peligro sea real y la única salida sea defenderte. Saber estas técnicas es de gran ayuda, pero no es garantía de salir airosa, explica Paula Mercadal en su libro Trucos para la autodefensa y protección.
Entonces te preguntarás: ¿Para qué recibir un curso de estos si no lo podré poner en práctica cuando se presente una amenaza? Resulta que practicar las técnicas de defensa personal tiene muchos otros beneficios que finalmente redundan en la propia seguridad. “Aprender a reaccionar permite una descarga de adrenalina, agudeza de los sentidos y toda una respuesta orgánica que nos hace más fuertes, rápidos y osados ante una situación de peligro”, cita Mercadal.
En otras palabras, cuando se conoce cómo funciona el organismo y se tiene idea de cómo reaccionar ante una situación de peligro, se adquiere seguridad en sí misma. Este beneficio se traslada incluso a otras áreas de la vida, como hablar en público, comenta Alejandra Barrios, practicante de Karate Lima Lama desde hace ocho años.
De acuerdo con Barrios, la práctica de este deporte también le ha permitido reducir los niveles de estrés. En otros casos ayuda a regular el temperamento, pues cuando las personas se sienten seguras, su agresividad disminuye, afirma Rudy Guzmán, gerente de Corporación VIP Security. Esto va de la mano con aprender a controlar el miedo, lo cual es más fácil cuando has aprendido habilidades como controlar la respiración y no paralizarte ante una situación de peligro.
En el caso de niños y niñas, las artes marciales favorecen la obediencia, la disciplina y la participación de grupo, agrega Pinzón. En adultos la práctica de estos ejercicios favorece la buena apariencia física y el estado de salud.
De acuerdo con Paula Mercadal, autora de Trucos para la autodefensa y protección, hay tres aspectos básicos para controlar el miedo. Estos son:
• Controla la respiración
Inspira hasta notar que el aire llega al estómago (el estómago debe inflarse). Cuenta hasta cuatro y saca todo el aire. Practicar este ejercicio con regularidad te facilitará reaccionar en un momento de peligro.
• No te paralices
Cuando una persona se paraliza, su mente produce inamovilidad de las extremidades, lo que pone en peligro su seguridad. Para evitar que eso te suceda debes observar la situación como si fueras una espectadora, lo que hace que tu mente se ejercite y no te quedes en blanco.
• No te rebajes
Es imprescindible que mantengas la razón aunque estés físicamente limitada. Haz caso de lo que diga el delincuente, pero no dejes que domine tu mente, conserva pensamientos como “todo volverá a la normalidad cuando esto termine”.
Los temores más comunes de las mujeres adultas cuando se acercan a los instructores de estos cursos son: no estar en la mejor condición física o tener una edad avanzada. Sin embargo, para Pinzón estos temores son infundados pues entre sus alumnos han destacado personas de 70 años.
Por otra parte, cuando las personas llegan a la edad adulta sin una rutina de actividad física pierden reflejos y velocidad, por lo que se les ayuda empezando con una rutina sencilla como caminar y trotar hasta que el cuerpo se acondicione, explica el maestro de Karate Lima Lama.
En la experiencia de Guzmán, casi nadie está en óptimas condiciones para empezar un curso de defensa personal, por lo que se prepara una rutina que permita a la persona entrenarse y acondicionarse. Son convenientes los ejercicios aeróbicos, considerados por Mercadal como los más apropiados para una correcta autodefensa. Pero además son recomendables la caminata y la natación, para personas que no pueden practicar ejercicios más intensos. 
El aprendizaje de la autodefensa no se adquiere en cursos de uno, tres o seis meses, en especial si lo que se aprende es una disciplina marcial. Así que si estás pensando en inscribirte en uno de estos programas, debes saber que las primeras clases consisten en aprender las posturas correctas, empuñar y reconocer la estructura de los pies. Solo después de un buen tiempo, en los grados avanzados, se realizan competencias entre cintas verde, roja y negra.
Lo recomendable es practicar las diferentes rutinas por lo menos tres veces a la semana y actualizarse continuamente, pues la defensa abarca muchos temas como variaciones de ataques con las manos, pies, cuchillos y otros tipos de armas, concluye Guzmán.
Por Alejandra Cardona
Ilustraciones: Sergio Espada
Fuentes: David Pinzón, cinta negra y director de Samoa, Escuela de Artes Marciales La última defensa. Rudy Guzmán, gerente de Corporación VIP Security, S.A. Libro: Trucos para la autodefensa y protección, de Paula Mercadal, EDIMAT Libros.