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Estas son las vivencias de seis mujeres quienes, en la lucha contra el cáncer, han tenido que enfrentar discriminación, desequilibrio económico y momentos de soledad. Lejos de victimizarse llevan la frente en alto y narran sus historias.
De risa coqueta, vestimenta colorida y expresión asertiva, doña Mary (Gilda Marisol Oliva) es una de las mujeres más admiradas en el mercado de San Lucas Sacatepéquez. A quienes la ven hoy les cuesta creer que un día ella entró literalmente gateando a la casa de Elizabeth de Mencos, directora de la Red de Sobrevivientes de Cáncer. “Cuando la vi me dije ‘esta señora se va a morir’, pero ahí aprendí que una no es Dios. Ese mismo día llamaron del programa de Marta Susana porque buscaban un caso de cáncer terminal, pregunté qué le ofrecían y empezamos a apoyar a esta mujer con cáncer de cérvix”, cuenta De Mencos.
Las manifestaciones del cáncer no son como la de una caries, cuyo dolor es tan intenso que obliga a buscar ayuda de inmediato. Suele presentarse cansancio y la reacción común es ‘ya me recostaré’. Doña Mary fue al médico cuando ya tenía el vientre hinchado, fuertes dolores de cintura, de piernas y de cabeza, náusea, mareos y dificultad para caminar, y entonces recibió el diagnóstico de cáncer cervical avanzado. Sin embargo, lo primero que pasó por su mente fue: “Yo no me voy a morir”.
Tenía buenas razones para luchar, aunque no imaginaba el calvario que la esperaba. “Yo soy una mujer sola, a mi esposo lo mataron hace 12 años. Tenía que luchar por mis cuatro hijos. Cuando me dijeron que tenía cáncer yo estaba ahorrando para comprar un terrenito, porque ese es mi sueño. Todo lo que tenía ahorrado sirvió para mis exámenes, porque son caros”.
No es una exageración que el terreno con que doña Mary soñaba se haya desvanecido en exámenes de laboratorio y tratamientos, pues en los casos menos serios se necesitan de cinco a siete mil quetzales mensuales para sobrevivir. “He visto fortunas caer”, agrega De Mencos, quien resalta la falta de apoyo al adulto con cáncer, a pesar de ser la fuerza productiva del país.
La descripción de los tratamientos por los que tuvo que pasar doña Mary da para una historia de terror. En su caso, pues cada enfermo es diferente, debió permanecer recluida y aislada en una habitación por cuatro días, atada a una camilla, bebiendo solo agua, sintiendo cómo un aparato en su vagina quemaba las células malas y buenas de su cérvix y alrededores (radioterapia).
Los efectos secundarios no se hicieron esperar. Aún recuerda bien el desagradable y penetrante olor de la materia quemada que expulsaba su cuerpo. De hecho, se vio en la necesidad de usar pañales desechables. Y al poco tiempo, una trombosis afectó una de sus piernas. Sin embargo, ella es una de esas personas que sobreviven al cáncer por luchar, ser disciplinada y cuidar de su alimentación, entre otros aspectos, agrega De Mencos.
Ahora se declara una “mujer de victoria”. Recientemente se convirtió en abuela, cuenta con el apoyo de su hijo, quien es un chef profesional, y disfruta la compañía de su hija más pequeña. A sus 42 años se siente con más vida que nunca para motivar a otras mujeres. Su consejo: “Que se cuiden y hagan el Papanicolau cada año. Sé que es muy desagradable, pero es peor pasar por todo lo que yo pasé”.
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La historia de Gilda Marisol Oliva está marcada por las que se podrían considerar armas contra el cáncer. De acuerdo con Luis Linares, oncólogo reconocido y fundador del centro de radiología HOPE International, los seis aspectos que influyen en una historia de sobrevivencia al cáncer son:
1. Diagnóstico temprano.
2. Manejo inicial adecuado y calidad de tratamiento.
3. Actitud del paciente.
4. Cambio de patrones y hábitos.
5. Manejo de los aspectos psicológicos.
6. Apoyo de la familia.
Linares indica que 60 por ciento de los cánceres se puede curar con una detección temprana, y autoridades de la Liga Nacional Contra el Cáncer han afirmado que esta cifra podría llegar al 90 por ciento. De hecho, en los cánceres más comunes en la mujer (cérvix y mama) y en el hombre (próstata), las posibilidades de curación pueden ser del 80 al 90 por ciento cuando se detectan a tiempo, reitera Linares.
Una de las medidas de prevención de cáncer de cérvix es la práctica del Papanicolau. Cuando se tiene vida sexual activa éste debe realizarse una vez al año y, en algunos casos, cada seis meses. Sin embargo, en Guatemala solo 32.4 por ciento de las mujeres entre los 30 y 49 años admitió haberse realizado dicho examen, según la Encuesta de Salud Materno Infantil 2002.
Las principales razones para no hacerse el Papanicolau van desde desconocimiento del examen o de dónde lo hacen, hasta vergüenza. Esto último complicó las cosas para Tomasa Hernández Solares, quien después de 11 partos con comadrona se negaba a visitar a un ginecólogo. Ella decía ‘así me voy a morir, sin que nadie me conozca’, y ahora que sufre cáncer de cérvix, la mayor vergüenza es admitir que estaba equivocada.
Tomasa vive en El Duraznal, Jalapa, y forma parte de esa gran población femenina para la cual el aspecto económico no contribuye a combatir el cáncer. La primera vez que la vio un médico, le dijo que tenía que operarla, pero ella no tenía los cinco mil quetzales que costaba la cirugía, así que regresó a su casa. Pocos días después la llevaron de emergencia al Hospital Roosevelt, la hemorragia era tal que “llenaron media cubeta de sangre, tenía las manos blancas y pegaba gritos del dolor”, recuerda. En una ocasión afirmó que prefería morirse que regresar al hospital; pero, ahora se encuentra en radioterapia y tiene muchas ganas de vivir.
En la clase media, el factor económico sigue siendo un obstáculo para hacerse el Papanicolau, señala Lisbeth Noriega, vicepresidenta de la Red de Sobrevivientes de Cáncer. “Por lo regular son Q250 de consulta, más el Papanicolau, si todo sale bien; pero si tiene una infección le dicen ‘tome esto’ o ‘hágase estos exámenes’. No digo que una no lo valga, pero a veces no tiene el dinero, entonces se deja para el próximo mes y así se va postergando”.
Un gran avance en la detección temprana del cáncer cuando los recursos económicos son escasos, es la Inspección Visual con Ácido Acético. “La técnica es utilizada para identificar las lesiones precancerosas en el cuello de la matriz. Si la mujer tiene lesiones precancerosas debe recibir un tratamiento para evitar el desarrollo de un cáncer invasivo”, explica Ana Lucía Garcés, directora de Una Voz Contra el Cáncer.
Esta técnica está dirigida especialmente a mujeres en el interior del país, ya que pocas veces tienen acceso a exámenes como el Papanicolau. De acuerdo con Garcés, la ventaja es que provee resultados inmediatos y, en caso de ser positivo, permite un tratamiento temprano, pues se logran detectar lesiones de varios meses, incluso años, antes de desarrollar cáncer.
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El manejo inicial adecuado y la calidad del tratamiento son determinantes en la lucha contra el cáncer. De acuerdo con Linares, en Guatemala más del 70 por ciento de casos se maneja a la carrera. “Cuando dicen hay que operar mañana es señal de buscar la opinión de otro médico. La cirugía no es sinónimo de curación absoluta y muchas veces complica las cosas porque ya no se puede volver atrás. Lo mejor es ir paso a paso, una semana que la paciente tome para informarse, educarse y analizar cuáles son sus opciones será una inversión de tiempo. La decisión más importante de su vida no la puede tomar el día que visita al médico”, expresa.
La experiencia de muchas mujeres como Sonia Otilia Girón de Dubón y Rosa Delia Cruz le dan la razón. Cuando Sonia detectó una bolita en uno de sus pechos pensó que se trataba de la fibromatosis que padece desde la infancia. Sin embargo, el diagnóstico fue cáncer, y el médico le recomendó la operación. Posteriormente tuvo que acudir a la Liga Nacional Contra el Cáncer, donde el médico le explicó que no había sido necesaria la operación, pues el tumor podía combatirse con quimioterapia, tratamiento que de todas maneras recibió.
Para Rosa Delia la cirugía parecía el único camino, pero las opciones se hubieran ampliado al contar con más recursos económicos. “Sentía pinchazos en el otro pecho, pero no tenía dinero para hacerme exámenes. Me hice la mamografía durante una jornada médica y todo salió bien. Pero a los pocos meses sentí una bolita, me hice otra mamografía y me confirmaron que era un tumor maligno. El médico me dijo que tenía dos opciones, quitarme la cuarta parte del pecho y recibir radioterapia o quitarme todo el pecho. Pensando que al extraer todo el pecho era más segura la cura y por el factor económico, decidí que me quitaran todo el pecho”, cuenta.
Muchas veces la mejor opción es combinar cirugía con quimioterapia y/o radioterapia, o solo estas últimas. El paciente con cáncer que es tratado de manera multidisciplinaria al final paga menos que cuando se empieza sin ningún plan, reitera Linares.
Como lo dicen quienes han pasado por estas experiencias, “el cáncer es una enfermedad cara”. Muchas personas mueren por no recibir los tratamientos (47 por ciento de casos en INCAN), pues no solo son pocas las instituciones que brindan ayuda a los adultos con cáncer, sino en el Presupuesto General de la Nación se excluyó por completo la ayuda a organizaciones como la Red de Sobrevivientes del Cáncer, señala su dirigente.
Tomasa Hernández Solares
Fue diagnosticada con cáncer de cérvix y para recibir los tratamientos de radioterapia debe dejar a su familia que vive en la aldea El Duraznal, Jutiapa. En la Ciudad de Guatemala solo cuenta con el apoyo de una amiga. Se negaba a ser examinada por un ginecólogo, sin embargo, hoy recomienda a las mujeres: “Que se hagan luego los exámenes. La vergüenza no es buena”.
Rosa Delia Cruz
Tras someterse a una mamografía y recibir un diagnóstico favorable, “jamás imaginé que fuera cáncer, pero en otra mamografía salió un tumor de más de un centímetro”, recuerda. Como consecuencia perdió uno de sus pechos y se quedó sin trabajo hace más de un año. A pesar de explicar a sus jefes sobre la enfermedad, un día éstos le dijeron que ya no había trabajo. “No podía hacer nada, como son abogados… imagínese”.
Lisbeth Noriega
Diagnosticada con cáncer de cérvix debió someterse a 46 quimioterapias, las últimas cada ocho días, sin diluir y directo a la vena. “Es el dolor más fuerte que he sentido en mi vida, ni con los partos”, recuerda. En marzo de 2010 terminó los tratamientos y actualmente trabaja en beneficio de pacientes con cáncer.
Elizabeth de Mencos
Experimentar lo que es el cáncer la llevó a fundar la Red de Sobrevivientes del Cáncer. Enfatiza la necesidad de apoyo al adulto con esta enfermedad por ser fuerza productiva del país. También habla de prevención: “Si está en riesgo de desarrollar cáncer de mama por antecedentes familiares debe hacerse chequeo desde los 18 años. Si ha tenido relaciones sexuales, ¿está segura de no tener Virus de Papiloma Humano?”.
Doña Mary
Diagnosticada de cáncer cervical, le habían dado tres meses de vida. Hace cinco años invirtió en radioterapia sus ahorros para comprar una casa. No olvida el dolor, pero agradece a Dios estar llena de vida para ayudar a otras mujeres. “Una no se debe dejar vencer por lo que está pasando, sino enfrentar la vida con valentía”.
Sonia Otilia Girón de Dubón
Perdió un pecho debido a un tumor maligno y a consecuencia de los tratamientos le amputaron una pierna. Asegura que eso no le causó tanto dolor como la muerte reciente de su hija. Prefiere concentrarse en los aspectos buenos de la vida y motivar a los pacientes del INCAN. “Ya se va a curar…, no escuche lo negativo que dicen otros pacientes…, míreme a mí, y no ando llorando…, rece el Rosario”, son sus palabras.
Así como no todos los hombres son machistas, tampoco se puede negar que en muchos casos el machismo contribuye al desarrollo del cáncer y la muerte por esta enfermedad. ¿Cómo? Elizabeth de Mencos, presidenta de la Red de Sobrevivientes de Cáncer, lo comprende desde que le tocó aprender a hacer el Papanicolau, pues en diferentes jornadas de ginecología encontró que “algunas mujeres no podían ser tocadas por hombres médicos, porque ahí estaban sus maridos”.
Sumado a ello, ha encontrado muchos casos en los que hombres protestan porque a la mujer se le debe extraer un cuarto de la mama, o por la extracción de la matriz. Temen que eso afecte su vida sexual. Afortunadamente, agrega la también sobreviviente de cáncer, en muchos casos las mujeres están unidas de hecho y no casadas, lo que les permite ser intervenidas sin necesidad de que el esposo firme como responsable, un requisito machista.
Tampoco faltan los casos de mujeres que resultan con Virus de Papiloma Humano (VPH) y la reacción de la pareja es “a saber con cuántos te acostaste”, pese a que él mismo podría ser el transmisor sin saberlo.
Y cuando la mujer con cáncer recibe los tratamientos de quimioterapia o radioterapia suele ver disminuida la libido, pero “siempre hay hombres que en la vida conyugal ponen primero el sexo sin considerar lo mal que una queda”, agrega.
Otra forma de discriminación se da en el lugar de trabajo. Mujeres como Rosa Delia Cruz han sido despedidas sin justificación alguna y sin el pago de sus prestaciones. “Solo me dijeron ‘ya no hay trabajo’, a pesar de tener seis años de laborar ahí. No pude hacer nada, como son abogados…”, comenta.
Al respecto, De Mencos asegura que si Rosa Delia hubiera buscado ayuda inmediatamente, la Red de Sobrevivientes de Cáncer hubiera podido contactar a otra institución defensora de los derechos de las mujeres, para que le diera seguimiento legal a su caso.
Desde esencias florales, hierbas silvestres, cereales en polvo y extractos de animales, hasta oxígeno líquido prometen el milagro de curar el cáncer. Muchos de éstos se venden sin ninguna regulación ni responsabilidad alguna por los efectos que puedan provocar.
Por experiencia propia, Tomasa Hernández Solares no los aconseja. Después de que le diagnosticaron cáncer visitó a un médico en Sanarate, El Progreso. “Me dio un tratamiento natural. Tenía el estómago hinchado y con las gotas y cápsulas que me recomendó se me redujo. Ya no regresé al hospital. Después fui con otro señor en Jalapa, estuve tomando algo natural pero cada vez estaba peor, hasta que vine al INCAN. Tenía gran dolor de estómago y piernas, ya no tenía sangre en el organismo, no podía ni llevarme la mano a la boca”, recuerda.
Su caso no es el único. El oncólogo Luis Linares ha visto desfilar una variedad de medicamentos que solo crean falsa esperanza a los enfermos con cáncer. “La investigación de un producto aprobado cuesta millones de dólares, y si su efecto no es comprobado, tampoco es aprobado. Entonces lo venden libremente y se convierte en negocio millonario”, afirma.
Contrario a beneficiarse, las personas que confían su salud en estos productos se arriesgan a una complicación, pierden valioso tiempo en un tratamiento adecuado y se desmoralizan al sentirse estafadas. Por lo que su recomendación es cuidarse de quienes tratan de sacar provecho de la crisis emocional de la paciente y la familia.
Por Alejandra Cardona
Fuentes: Gilda Marisol Oliva, Sonia Otilia Girón de Dubón, Tomasa Hernández Solares, Rosa Delia Cruz. Lisbeth Noriega, vicepresidenta, y Elizabeth De Mencos, presidenta, Red de Sobrevivientes de Cáncer. José Víctor Navarijo, médico. Julieta Ortiz, máster en psicología clínica. Luis Linares, oncólogo y fundador de Hope International. Ana Lucía Garcés, directora de Una Voz Contra el Cáncer. Sitio web: www.humansideofcancer.com