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Sin pañales, biberones, gastos de estudios ni juguetes. Este es el plan de muchas parejas que desean una vida alejada del tema de los hijos durante toda su vida. ¿Una idea extraña, un movimiento de moda, un derecho personal? ¿Qué piensan los expertos sobre el tema?
Para muchos es una sorpresa saber que su pareja no desea ser papá o mamá, se enteran cuando ya existe un compromiso de matrimonio o viven juntos, y es un tema tan delicado que podría ser una fuente de verdaderos problemas en la convivencia.
“Casi nadie habla en el noviazgo de cuándo quiere tener hijos, si los desea o no, ni se profundiza en la temática. Y cuando uno de los dos expresa su sentir, el otro cree que con el tiempo cambiará de opinión. Es un error no respetar el deseo de la otra persona”, dice Yosahandi Alcalá, psicóloga y sexóloga.
Es un asunto que debe tocarse desde las primeras citas, porque podría representar un desgaste emocional involucrarse con alguien que no tiene metas similares y no solo respecto a los hijos. Los conocedores plantean que es un ejercicio sano para todas las metas y anhelos importantes de cada uno. No se estará de acuerdo en todo, pero desde el noviazgo debe negociarse y estar consciente de las metas individuales y de ambos a corto, mediano y largo plazos.
Por otro lado, acarrea más problemas engañar a la pareja con acciones como la de no tomar pastillas anticonceptivas, no usar protección, mentir sobre los días fértiles o ejercer la violencia cuando se insiste en tener hijos.
Lo mejor es plantear el asunto, negociar y establecer con claridad los deseos, buscar ayuda profesional. Si uno de los dos quiere ser padre tiene que evaluar si está seguro de seguir o no con la relación, concluyen los especialistas.
Solos en la barca
Guatemala es un país conservador; casarse y tener hijos parecen ser etapas por las cuales todo ser humano debe pasar. Quien se sale de este esquema es señalado, dice Alcalá.
Sin embargo, aumenta el número de parejas que se inclina por compartir su vida sin pensar en procrear. En Estados Unidos se estima que existe un promedio de 30 millones de parejas que no piensan en tener hijos, según datos de la revista American Demographic.
De hecho, desde la década de 1980 existe un movimiento a nivel mundial dedicado a ello, los llamados DINK, es decir double income, no kids (doble sueldo, ningún niño, en español). Son parejas que encajan en el perfil de personas que buscan mayor independencia, estabilidad económica y no se preocupan por la descendencia.
El movimiento se promueve en páginas web que incentivan a las parejas a estar libres de niños. Y en el extranjero hay proyectos habitacionales que reciben únicamente a las parejas DINK.
Los DINK argumentan tener metas económicas, profesionales y laborales. No están listos para traer a alguien más a este mundo. También aducen que el mundo es muy violento para traer más niños, incluso lo hacen por mantener un cuerpo esbelto o vivir sin estrés.
A nivel local existen personas que siguen esta tendencia. Lilian es un ejemplo. Ella es una arquitecta de 30 años, está estudiando su primer año de maestría y vive con su pareja. Él es un hombre maduro, divorciado y con dos hijos adolescentes de su primer matrimonio. A ninguno de los dos les interesa el tema de los hijos. “Yo estoy bien así y convencida de que la maternidad no es para mí”, asegura Lilian.
Tener o no hijos es parte de los derechos sexuales de las personas. Sin embargo, Zetina asegura que deben tenerse razones válidas para tomar y mantener esta decisión, y evaluar si no existe algún trauma o problema que necesite sanar a nivel psicológico. El incesto, las violaciones o el maltrato infantil en la historia familiar podrían ocasionar, inconscientemente, que la persona tome esta medida, asegura el especialista.
¿Más riqueza sin hijos?
El dinero y dedicarse a crecer profesionalmente son aspectos de peso que rondan en la cabeza de los DINK. El punto principal es que logran un estilo de vida más holgado y libre para el ahorro.
Aunque las metas anteriores son incluso recomendadas, no significa que quienes tienen hijos no lo puedan lograr, como lo indica un estudio de 2007 sobre determinantes del crecimiento económico, realizado en Guatemala por Familia Población Desarrollo.
En éste se explica que una de las ideas más arraigadas en el consciente colectivo es que mientras más población, más pobreza. Pero se comprobó que la familia con hijos ayuda al crecimiento económico sustentable, siempre que existan políticas y leyes de país apropiadas.
Prueba de lo anterior es que el índice de necesidades básicas insatisfechas (NBI), es más bajo en hogares formados por integrantes casados (60 por ciento menos). También hay una mejor satisfacción de necesidades cuando se tiene un nivel elevado de educación y si la familia vive en áreas urbanas.
En promedio, el beneficio del matrimonio en la riqueza y en los ingresos es mayor para los indígenas que para los ladinos. Entre los ladinos, el matrimonio incrementa la riqueza en 24 por ciento, mientras que en los indígenas el 28 por ciento. De igual manera se estableció que las parejas con hijos tenían más oportunidad de obtener casa propia.
“Lo importante en las parejas es reflexionar si se desea traer un hijo o no, y prepararse física, económica y emocionalmente para ello”, dice Zetina. Explica que los bebés deben desearse para que no nazcan con una carga de negatividad.
“La mayoría de nosotros nace sin estar planificado, pero estar conscientes de ello como pareja ayudaría a tener hijos más felices”, concluye el psicólogo.
Por Ingrid Reyes
Ilustración: Gerber Sarazua
Fuentes: Yosahandi Alcalá, psicóloga y sexóloga. Juan Carlos Zetina, psicólogo de organización Gente. Sexualidad en pareja, de Juan Luis Álvarez y Gayou Jurgenson, editorial Manual Moderno. Determinantes del crecimiento económico, población y familia: El caso Guatemala, de María Sophia Aguirre, del Centro de investigación de la asociación Familia, Desarrollo, Población, FADEP.